Usuario :
Clave : 
 
 administrador
Manual del administrador

 Secciones
Educacion formal de adolescentes y adultos
Proyecto Cooperativismo.
Proyecto Curricular Institucional.
Recursos Educativos
Maestra Del Ciclo Complementario: Área Ingles.
Educacion no formal.Alfabetización.
Metodo audiovisual de alfabetización
Proyecto Huerta.
Valores en convivencia ciudadana.
Educacion Media de Adulto.
Centro de Educación Media
"Deserción en la Educación Media"
Oferta Privadadel Sector.
Antecedentes en Educación de Adultos

EDUCACIÓN PARA ADULTOS

 Inicio | Foros | Participa
Buscar :
Estás aquí:  Inicio >>  "Deserción en la Educación Media"
 
"Deserción en la Educación Media"
“LA DESERCIÓN EN LA EDUCACIÓN MEDIA”

PRESENTACIÓN

Origen: www.unicef.cl



El texto que aquí se presenta corresponde al debate “La Deserción en la Educación Media”, que tuvo lugar en UNICEF el día 14 de enero de 1999. Esta actividad se enmarca dentro del ciclo de discusiones denominada “Desafíos de la Política Educacional”, que UNICEF ha desarrollado como un modo de contribuir a fortalecer, mejorar o corregir algunos aspectos relevantes de la Reforma Educativa Chilena.



El ciclo completo ha incluído los siguientes temas:



· Tensión entre derecho a la educación y libertad de enseñanza



· Financiamiento de la educación: implicancias sobre la equidad



· La renovación de la profesión docente



· Socialización en los primeros años: repercusiones y alternativas educativas.



· Impacto educativo de la enseñanza preescolar: resultados, causas y desafíos



· Claves de la inequidad en la educación básica



· La deserción en la educación media



Nuestro objetivo, con este ciclo de debates, es generar y difundir interés, conocimientos y acuerdos sobre dimensiones claves del proceso de cambio educativo en curso. Para este fin UNICEF quiere constituirse en un espacio disponible para la discusión plural y constructiva.



Pensamos que la política educacional debe poner en el centro de su agenda el compromiso del estado de asegurar a todos los niños y jóvenes el derecho a una educación de la mejor calidad. Este es el desafío que UNICEF ha hecho suyo, a partir de la convicción de que una sociedad desigual encuentra en la educación una de las principales herramientas de su democratización.



Para garantizar a todos el derecho a una buena educación, es preciso identificar y remover los obstáculos económicos, sociales, culturales e institucionales que impiden su distribución equitativa y perpetúan las desigualdades de origen. Pero éste no es sólo un problema técnico, es también un desafío social y político. Ejercer una vigilancia crítica orientada por estos principios, y promover la participación y la discusión en espacios cada vez más amplios, son parte de la contribución de UNICEF a esta tarea. Se trata nada menos que de convertir la perspectiva de la educación como un derecho de todos en parte del sentido común.



Creemos que sólo la difusión del conocimiento, la generación de discusiones en diferentes ámbitos de la sociedad y la apropiación de este desafío igualitario más allá del mundo de los expertos y las autoridades, podrán modificar una realidad que todavía no nos es satisfactoria.











Mario Ferrari



Representante de Área para Argentina, Chile y Uruguay







INTRODUCCIÓN

Con el debate sobre la deserción de los jóvenes de la Educación Media, queremos abrir una discusión sobre un fenómeno no suficientemente estudiado ni comprendido en Chile, y que sin embargo posee enorme interés desde el punto de vista de la equidad social y educativa.



En efecto, a partir de la constatación del aumento explosivo de cobertura en el nivel secundario en las dos décadas anteriores, la Reforma Chilena no se planteó como un objetivo directo la disminución de los índices de abandono escolar de los jóvenes. Sin embargo, los estudios muestran persistentemente la enorme importancia de completar el nivel educativo secundario en cuanto a la distribución de las oportunidades laborales y educacionales posteriores, que se abren o cierran a los jóvenes. Al mismo tiempo se reafirma la clara asociación entre el nivel socioeconómico y las trayectorias educacionales secundarias y universitarias de los jóvenes, que perjudican sensiblemente a quienes provienen de familias de menores recursos.



Es decir, estamos ante uno de los núcleos de la inequidad socioeducativa en el Chile de hoy y con importantes consecuencias para el Chile de mañana.



Los participantes en la conversación fueron:



Mariana Aylwin, Coordinadora Nacional del Programa MECE-Media del Ministerio de Educación



Cristián Belleï, Consultor UNICEF



Vicente Espinoza, Consultor del Instituto Nacional de la Juventud



Arturo León, Consultor de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL



Sergio Martinic, Subdirector del Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación, CIDE



Livia de Tommasi, Consultora UNICEF



José Weinstein, Coordinador del Área de Educación de la Fundación Andes



El debate realizado abordó desde diferentes perspectivas el problema de la deserción escolar en el nivel secundario. Un primer nivel de análisis lo constituyó la clarificación de los “principios de política” que debieran orientar la acción pública y en general la preocupación social por la educación media en Chile; una segunda preocupación fue clarificar el “diagnóstico” de los factores que están a la base de los altos índices de deserción secundaria existentes en nuestro País; finalmente se plantearon diferentes “soluciones” que podrían diseñarse e implementarse para abordar de manera efectiva el problema, a fin de aumentar la retención de los jóvenes en el liceo. Proponemos una síntesis (organizada en torno a estos tres ejes) que, por supuesto, no recoge ni la riqueza de los argumentos ni la diversiad de opiniones vertidas, pero que esperamos sirva de introducción y estímulo para conocer el texto completo.







Principios

· La deserción en educación media es un problema relevante: según la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional, CASEN 1996, 142.000 jóvenes estando en edad escolar, no asistían al liceo. Es preciso, por lo tanto, dejar de usar como indicador exclusivo en estas materias el índice de cobertura total de la educación media (85,9% ese mismo año), puesto que éste oculta las fuertes desigualdades sociales y la enorme cantidad de jóvenes con educación media incompleta.



· Hoy día en Chile, quien no alcanza al menos 12 años de escolaridad (egresado de Educación Media), tiene muy pocas chances de insertarse en el mercado laboral en empleos de calidad, que le permitan mantenerse fuera de la situación de pobreza. A su vez los desertores tienen mayores probabilidades de entrar en dinámicas excluyentes y socialmente desintegradoras (cesantía, drogadicción, falta de participación, etc.). Finalmente los desertores también empobrecen el capital cultural que luego transmiten a sus hijos, reproduciendo intergeneracionalmente la desigualdad educativa.



· Este problema no ha estado en las prioridades de política en los noventa, tanto porque no se le consideró relevante (se estimaba que los índices de cobertura global eran satisfactorios) como porque se pensó que se resolvería automáticamente como efecto del mejoramiento del sistema. Se debe cuestionar ambas premisas y posicionar la deserción como una prioridad de política.



· En último término, el nivel de escolaridad de la población y el tipo de educación que recibe, es una discusión que debe hacerse vinculada al tipo de sociedad y de desarrollo que queremos para Chile. En esa discusión se debe considerar siempre el valor prospectivo de las decisiones de politica educativa: éstas no pueden limitarse al mero análisis de las necesidades del mercado laboral del momento o a las demandas socialas más inmediatas.







Diagnóstico

· En la deserción influyen múltiples factores, que si bien se asocian con mayores niveles de pobreza familiar, dan al fenómeno una complejidad mayor que la aparente. Por ello las soluciones que se creen deben ser capaces de hacerse cargo de dicha complejidad. En definitiva, se asume que en la deserción secundaria concurren factores de “expulsión” del sistema (inadecuación de la oferta educativa) y de “atracción” de otros campos (necesidades sociales y de trabajo).



· Hay una dosis considerable de “decisión” de abanadonar el liceo, por la atracción de otras alternativas, principalmente vinculadas al mundo del trabajo, pero también al consumo. Sin embargo hay que cuestionarse las condiciones en que es tomada esa “desición”, puesto que en las expectativas profundas de los jóvenes está consolidado el seguir estudiando y ojalá a un nivel postsecundario.



· Entre las causas de abandono, asociadas a contextos de pobreza, está una incapacidad del propio sistema escolar de acoger y dar respuesta a jóvenes con algunas dificultades o necesidades especiales. Otro tanto ocurre con la presión familiar hacia las mujeres y la realidad del embarazo de muchas jóvenes.



· La inadecuación de la educación media alcanza a las formas organizativas, las prácticas pedagógicas, la forma de convivencia, normatividad y disciplina escolar, la atención a la diversidad de intereses y vocaciones, etc. que no asumen la realidad vital y la especificidad cultural de los jóvenes de hoy.



· La manifestación externa de esta inadecuación son los altos niveles de repitencia de la educación media y el manifiesto desinterés por el liceo de muchos jóvenes.







Soluciones

· Se requieren acciones específicas para resolver el problema, focalizadas temática y poblacionalmente. Buena parte de la deficiencia de la educación media es justamente no hacer diferencias, no contener una discriminación positiva hacia los jóvenes con mayores necesidades socioenómicas o de aprendizaje. Desde el sistema de financiamiento hasta la oferta curricular, la educación media es enormemente homogénea, y esto es lo que se debe modificar. Sin por ello derivar en tipos de educación media segmentados: ése es el desafío.



· La deserción en educación media genera simultáneamente un problema de “flujo” y de “stock”. Resolver el problema de “stock” (los que ya desertaron y están fuera del sistema escolar), obliga a replantearse la “educación de adultos”, que no es sino (en la mayoría de los casos) una manera eufemística de denominar la educación de los jóvenes desertores.



· Para abordar el problema del “flujo” (evitar que dejen el liceo los potenciales desertores) se plantearon algunas ideas concretas, en un contexto en que lo importante es aumentar el valor social de la educación media:



1. implementar, en los contextos de mayor pobreza donde hay más probabilidades de desertar, sistemas de monitoreo y tutoría a los jóvenes, que permitan abordar preventivamente los potenciales casos de abandono



2. flexibilizar la oferta curricular y de organización horaria de los liceos, dando cabida al desarrollo de intereses vocacionales de los jóvenes y aumentando la vinculación con el mundo del trabajo y con otros campos sociales en general



3. aumentar la diversidad socioeconómica de los jóvenes que asisten a un liceo, evitando la segmentación estructural (existente hoy en día y que parece reforzarse aun más) y la creación de liceos “basureros” (para los “jóvenes problema”)



4. implementar un sistema de registro, seguimiento y estudio de los alumnos, que permita precisar mejor el diagnóstico respecto de las cantidades, ubicación, pertenencia institucional y trayectoria escolar de los alumnos desertores



5. diseñar un programa focalizado de apoyo a los liceos más pobres del país (especie de P-900 de la educación media), que aborde explícitamente el objetivo de aumentar la retención en el sistema







Esperamos que la lectura de este documento enriquezca estas ideas preliminares y haga surgir muchas más, a fin de asegurar a cada joven, independiente de su situación de origen, el derecho a una educación media completa y de calidad.











DEBATE









CRISTIAN BELLEI: Un primer asunto de política tiene que ver con una apuesta implícita de los gobiernos de la concertación, que no está totalmente discutida pero que subyace a este debate, que es la idea de si la educación secundaria en Chile debiera o no tener un carácter universal. Hay consenso en que la educación básica lo tenga, pero en las orientaciones de política del gobierno militar la verdad es que la educación secundaria fue planteada como “de excepción”. Por su parte en la política de la concertación en los ’90, implícitamente se ha sostenido la idea de que no debiera haber barreras para acceder al liceo. Sin embargo, el Programa MECE-Media, que es el que abordó el mejoramiento de la educación secundaria en Chile, no se hizo cargo explícitamente del tema de la deserción ni de la cobertura. El diagnóstico a inicios de los 90 es que los niveles de cobertura en Chile en la educación secundaria son satisfactorios y éstos eran de un 80%. Entonces, ¿la Educación Media debiera ser “de excepción”, “masiva” o “universal”?



Hay una segunda cuestión al interior del tema mismo de la deserción: quienes desertan y por qué. Esto tiene dos visiones distintas y sobre las cuales las investigaciones no son totalmente claras ¿los desertores los hace el sistema escolar o los hace la atracción de campos externos al sistema escolar? Una dimensión sería averiguar cuales son estos procesos internos, cuales son estas trayectorias escolares que hacen a ciertas personas más probables desertores que otras. La segunda es cuales son los atractivos extra sistema escolar que operarían como factores colaboradores de la deserción. Ahí básicamente parecen haber tres temas: asumir responsabilidades en el ámbito familiar (más fuerte en las mujeres que en los hombres), la necesidad de trabajar por razones económicas (más fuerte en los hombres) y el atractivo del consumo (que pasa a través del trabajo pero no por razones de necesidad básica). Consecuentemente, programas destinados a disminuir la deserción se diferenciarán sensiblemente según se ponga énfasis en una u otra de estas tres motivaciones.



JOSE WEINSTEIN: A mí me parecía muy interesante partir de un “dato duro”, fuerte: según la Cassen 96, son 142.000 los desertores de la Educación Media (jóvenes entre 14 y 17 años, no incorporados al sistema escolar), 93.000 urbanos y 49.000 rurales. Se debe también considerar las causas que ellos manifiestan para haber desertado. Hay aquí una base de realidad importante para hacer la discusión propuesta.



CRISTIAN BELLEI: Lo interesante de esa categorización hecha por la CASEN, algo que también está en los estudios, que es el tema de cuáles son los factores de deserción: razones de acceso son claramente marginales (500 personas en ciudades y 4.600 en el caso rural); razones socioeconómicas son las principales (dificultades económicas, estar trabajando, ayudar en la casa, etc.), en esta categoría está poco más del 50% del total de casos (en el área urbana se tiene 48.000 personas y en el caso rural 30.000); hay otra categoría que agrupa limitaciones personales (enfermedades o discapacidades) que es también cuantitavamente marginal (5.000 urbanos y 2.600 rurales). Finalmente, y esto es muy interesante, están razones de conducta y rendimiento, las que se relacionan con la trayectoria escolar (repitencia, no le interesa, problemas de rendimiento y conducta) que sería la segunda causal en importancia (26.000 jóvenes en el caso de las ciudades y 8.700 en el caso del campo), es decir, un total de 35.000 jóvenes dicen no estar en el liceo por razones propias del proceso escolar, que tienen que ver con su relación personal con el liceo.



VICENTE ESPINOZA: Pienso que los datos son muy coincidentes también con los que tenemos en la Encuesta Nacional de la Juventud, es decir éstos son datos duros. Quiero resaltar este aspecto, porque a juicio de quienes analizamos la encuesta de la juventud los problemas económicos como razón de deserción tienen cada vez menos peso, y hay a cambio un elemento de decisión que está influyendo. Si bien es cierto permanecen los problemas socio económicos, “buscar trabajo” o “decidir trabajar” (como preguntábamos nosotros en la encuesta) a mi juicio lo que hace más peso es una decisión de abandonar: hay una decisión de abandono porque el mercado de trabajo atrae más u ofrece recompensas acordes con las expectativas de los jóvenes, sin haber completado su ciclo de enseñanza media.



ARTURO LEÓN: Una de las cosas que me llamó la atención y que me parece que concuerda un poco con la sensación que uno tiene, con lo que se puede palpar y que se puede ver, es que si bien es cierto que el conjunto de los factores o el grueso de las razones por las cuales la gente deserta, tienen que ver en definitiva con factores socio económicos, la interpretación de que son los factores socio económicos los que en grueso determinan la deserción es una cuestión mucho más compleja que decir “falta plata en la casa”. Y la otra cosa interesante -apoyando lo que dice Vicente- es ver cómo aumentaron en dos generaciones estas razones que no tienen que ver directamente con lo económico, sino con “decisiones personales”, decisiones en cuanto a la visión que tienen los jóvenes sobre lo que les puede servir y qué es lo que significa para ellos terminar la educación media hoy en Chile. Este tipo de razones para desertar aumentaron de un 14% a un 25%, en cambio motivos directamente económicos bajaron de un 74% a un 63%. ( Encuesta “Chile lee su futuro”)



Esto hace bastante más complejo el asunto puesto que cualquier idea de política que vaya por un diagnóstico muy elemental, en términos que se trataría de dar un “voucher” a la gente para que no tenga un atractivo en el mercado, por la complementación que significa el ingreso que llevarían al hogar, esa idea está, en una proporción muy elevada, destinada al fracaso como mecanismo de retención en el sistema escolar. En lo referido a las causas hay mucho más que mirar, pero me parece que esta idea un tanto primitiva de que son sólo factores socio económicos no basta.



Pero tal vez sería interesante volver a la pregunta inicial, porque partir del hecho de que hay que llevar al 99% la cobertura de la educación media, en todos los estratos sociales, es una postura que necesita ser discutida, o por lo menos entender las razones que están detrás de quienes afirman esto.



Nosotros en Panorama Social (CEPAL), desde hace un tiempo hemos examinado el vínculo entre los ingresos que tienen los jóvenes en el mercado de trabajo con el capital educacional con que llegan a este mercado (lo que se llama la eficiencia externa del sistema educacional), y empezamos a mirar en varios países una información que se repetía: encontrábamos que hoy en América Latina el que no tiene diez o al menos doce años de instrucción escolar (sobre todo en los países de más alta cobertura educacional) no tiene ninguna chance de quedarse fuera de la condición de pobreza a nivel individual; o sea, como fotografía a mediados de los 90, se puede decir que en las zonas urbanas de la mayoría de los países de América Latina, quien no cumple doce años de educación tiene bajísimas chances de tener ingresos razonables, de llegar a conformar hogares que están fuera de la situación de pobreza, etc. Esa es una información que se repite en los distintos países, y de ahí –supuestamente- se empieza a deducir esta idea, este mensaje grueso, “hay que terminar los doce años de educación, la educación secundaria”. Ahora, esa es una primera lectura, bastante obvia, extraída de esta constatación. El punto es tener una mirada de largo plazo: una suma de fotografías no hacen una película.



La pregunta es: ¿Qué ha pasado en Chile cuando se ha venido desplazando en el mercado de trabajo los niveles de instrucción necesarios para acceder a ciertas ocupaciones? Es el conocido tema de la devaluación de la educación: si antes necesitabas seis años (educación primaria) para ingresar a ciertas ocupaciones, hoy día se requieren doce, más aún, quien no tiene el certificado de educación media completa ni siquiera postula a ciertos empleos. Pero pensar que es necesario aumentar la cobertura en la educación media no es simplemente dar un mensaje individual “usted tiene que terminar la educación media o si no no tiene oportunidad”, eso puede ser cierto para un conjunto en un momento determinado o para una persona en términos individuales, pero en términos de una cohorte, moviéndose en el tiempo, lo que estamos haciendo simplemente es contribuir a desplazar esta frontera mínima para incorporarse razonablemente al mercado de trabajo con ingresos razonables. Creo que éste es el primer punto planteado, si hay que hacerse cargo sin más de la deserción, si el problema es que hay que intentar elevar las tasas de cobertura en todos los estratos, si ésta es una cuestión que simplemente se da por sentada sin mirar las consecuencias de largo plazo en el sistema educacional en su conjunto.



Por ejemplo, si se mira el último informe de la OECD, en la sección educación, el planteo fundamental es similar al nuestro: los países europeos dicen que es necesario elevar la calidad de la educación básica y aumentar las tasas de cobertura secundaria y terciaria. Si se toma eso y se lee los documentos sobre educación en Chile, estamos en lo mismo (el tema de la calidad y el tema de la ampliación en la secundaria), y uno dice ¿estamos en lo mismo efectivamente? Si se mira indicadores de lo que pasa con los jóvenes en la educación secundaria -de primero y segundo nivel-, se ve diferencias esenciales.



Por eso hay que hacer una reflexión, ligada al interés de aumentar la cobertura y bajar la deserción, con una mirada de conjunto, por lo menos para tener una idea de qué es lo que se está pensando como sistema educacional. El sistema nuestro de alguna manera es bien peculiar y está fuertemente orientado a la universidad. Reitero, me parece que no es cuestión de dar por sentado que es necesario bajar la deserción, descubrir las causas y hacer una especie de ingeniería, de programas de apoyo, etc. Antes de entrar en esos programas mirar el tema de la deserción obliga a hacer alguna reflexión sobre las características, el sentido de la educación media, y las diferencias que tiene con los sistemas educativos de otros países. No para copiarlos, pero por lo menos entender que en este mundo globalizado hay gente que tiene estructuras de educación muy distinta a la nuestra.



SERGIO MARTINIC Estaríamos hablando de una deserción acumulada de alrededor de un 40% en Educación Media, la cual es bien alta. Estamos frente a un problema, no se puede decir estamos bien en cobertura, quizás estamos bien en acceso a primero medio, pero lo que vemos como deficiencia del sistema -y sobre todo en los sectores más pobres- es un problema de deserción bastante fuerte. Hay que hacerse cargo de lo duro y lo fuerte del dato. Ahora, a partir de lo que planteaba Vicente Espinoza, en los datos que tenemos nosotros (todavía no publicados) hay una visión un poco distinta en el sentido que los jóvenes quieren seguir estudiando. No sé como interpretar esta idea de opción, de que en un momento ellos decidan: si es realmente una opción dentro de otras posibilidades o están obligados a tomar esa decisión. Por los datos que hemos trabajado (a partir de grupos focales y encuestas de opinión) acerca de cómo se ven ellos hacia adelante, la gran mayoría quiere verse estudiando. Incluso más, ellos ven el mercado como algo muy difícil y piensan que requieren más preparación, más educación y no tan solo como un “pasaporte”, sino que las competencias necesarias hoy día para tener un buen desempeño laboral y hacer carrera son más complejas y requiere de más años de estudio. En síntesis, sobre este tema de la decisión: es verdad que hay una decisión, pero debiéramos pensar si es una decisión o forzada, porque en su expectativa profunda le gustaría seguir estudiando.



Con respecto al tema socio económico, también planteo la idea de cómo interpretamos esto, porque es verdad que hay interrelaciones pero esa interpretación esconde la ineficiencia del sistema para poder retener a jóvenes que tienen estas características, es decir, jóvenes que están en otros procesos, que tienen problemas económicos, que combinan lo laboral, etc. No es por ser pobre que se deja la educación, hay un factor estructural, pero también es que el sistema no da respuestas adecuadas para que este tipo de jóvenes se quede. Pienso que hay que hacer ver también el peso que tiene el sistema en la deserción, no es tan solo la trayectoria o el antecedente previo de la inserción social, sino que es la interacción que esa realidad tiene con el sistema que hace que éste sea ineficaz en darle una respuesta adecuada a este tipo de joven. Lo mismo ocurre con el Simce, en que los malos resultados se atribuyen a la situación socio económica, esto es verdad, pero en realidad lo que hay más de fondo es que existe un tipo de pedagogía en el sistema que en esa realidad no funciona bien. Entonces yo asumiría que por la complejidad del mercado y sus evoluciones y las competencias que se necesitan, la educación media debiera ser universal y obligatoria, pero del mismo modo no debe ser homogénea: debe haber una formación básica lo más elevada posible y procurar las máximas competencias, pero después una diversidad, en términos de una polivalencia, que haya conexión con mundos laborales y con carreras académicas.



En definitiva, comparto lo dicho en el sentido que ha habido una devaluación de la educación, eso es verdad, pero no es tan sólo eso sino que también las competencias requeridas son más complejas, entonces yo ampliaría el tema, no sólo es la cobertura sino también existe un tema de calidad bien profundo en la enseñanza media, que tiene que ver con cómo se transmite esa formación dura en realidades donde el joven está en la tensión de trabajar o lograr pronto una inserción económica. Ese es el gran desafío que tenemos.



JOSE WEINSTEIN Sobre la pregunta, haciendo un poco de historia acerca de cómo efectivamente se ha ido trabajando este tema en los gobiernos de la concertación, tengo la impresión que se ha sub valorado este tema, no ha sido un problema, y ése ha sido el discurso implícito, nadie puede decir que esto no es problema, pero en el fondo se ha dado por hecho que esta realidad no es relevante y que ése no es el problema principal de la educación media. Más aun, se pensó que de alguna manera se iría resolviendo mecánica o espontáneamente (mejorando el nivel de la educación media) y que no necesitaba de una acción adicional o específica. Esto ha estado presente con cierto conformismo al hacer comparaciones con los otros países latinoamericanos, comparaciones en la región, donde efectivamente estamos 20 ó 30 puntos porcentuales arriba. Pero creo que esto es un conformismo muy insano. ¿En qué sentido? Uno puede cuestionar si tenemos que compararnos con los otros países de América Latina o no debiera ser con nuestras necesidades de desarrollo y quizás con otras regiones.



En este punto claramente tenemos un problema y el problema no es sólo tener esa deserción, no es sólo -como decía Arturo León- la mantención en el circuito de pobreza, es decir que quienes están desertando ahora podemos hacer un pronóstico de que van a permanecer en el círculo de la pobreza, y por lo tanto esos desertores nos están garantizando hoy día la permanencia de una pobreza larga en el tiempo. Sino probablemente más que eso: pobreza en otras dimensiones. Probablemente si seguimos a esos desertores nos vamos a encontrar conexión con conductas riesgosas, encontraremos núcleos duros de drogas, nos vamos a encontrar también con temas de delincuencia, con un conjunto de conductas complejas para ellos y para la sociedad. De esto la sociedad tiene que hacerse cargo, de no haber aprovechado estos años en la escuela para operar sobre estos jóvenes que tenían más probabilidad de caer en esas conductas, la escuela es una gran retenedora. Pero sin duda también en el tema de ciudadanía (y en eso conectando con el interés de UNICEF), aquí también va haber un déficit. En síntesis, estos jóvenes que desertan de la enseñanza media si hiciéramos un estudio de seguimiento se podría apostar que van a ser trabajadores peor calificados, cesantes, van a ser pobres, probablemente estar metidos en conductas de riesgos o drogadiccion y probablemente también en términos de ciudadanía van a tener déficit y van a manifestar pobreza política en su capacidad de insertarse en la actividad política y participar de organizaciones y liderazgo, etc.



Creo que el perfil de los desertores que van quedando fuera es un perfil muy complicado para ellos y para la sociedad, y por lo tanto me parece que es un desafío muy fuerte que esté presente el tema, y en ese sentido concuerdo totalmente que esto debiera estar en futuras decisiones en términos de ponerlo como un nivel educativo obligatorio y universal, pero probablemente también requiera una acción específica, y no dar por supuesto una suerte de “chorreo” en que mejorando el sistema educativo los jóvenes van a permanecer o van a estar incorporados naturalmente. Se ha manifestado que no es así: el sistema educativo ha ido mejorando, se han invertido recursos muy importantes en la enseñanza media, ha habido programas -como el MECE-Media- tremendamente valiosos y bien valorados además por las comunidades escolares, y sin embargo esto no significa que vaya aumentando necesariamente la cantidad de jóvenes que se mantienen en él. Nos podríamos preguntar, en ese sentido, si no llegamos a un punto en el cual se superó una suerte de “retención fácil” o automática, y tenemos un nivel en el cual necesitamos medidas específicamente orientadas a ella. Reitero, hay acá un problema fuerte, del cual no nos hemos hecho cargo en el pasado, y creo que para hacerse cargo eficazmente se requieren acciones específicas y no sólo confiar en las medidas generales.



MARIANA AYLWIN Comparto que lo que hace falta es una reflexión sobre el sentido de la educación media, de hecho me ha llamado la atención otro fenómeno (que es bastante interesante también hacerse cargo de él): el crecimiento, yo diría espontáneo, de la educación técnico profesional, que en la última década a aumentado de un 29% a un 46% de la enseñanza media. Tengo la impresión que aquí espontáneamente se están dando ciertos resultados. A partir de estas cifras de deserción, que me parecen bastante preocupantes, un tercio de jóvenes “se queda en el camino”, del resto que continúa espontáneamente un tercio más o menos se va al mundo del trabajo, un tercio a las universidades y un tercio a las Centros de Formación Técnica, pero no hay una reflexión sobre todo esto, es espontáneo. ¿Qué es lo que queremos?, ¿qué queremos como País?, ¿queremos que la educación media sea un paso a la educación superior? Si este fuera el caso, por ejemplo, esta demanda espontánea por lo técnico profesional no tiene una salida en el sistema post secundario. Por eso yo comparto lo planteado en términos de la necesidad de una discusión sobre el sentido de la educación media, insertar estos temas en ese marco más global. En la experiencia de otros países (por ejemplo el caso escocés) se liga la educación media muy estrechamente al desarrollo productivo del país, pero acá tampoco eso es un tema (en nuestra educación técnico profesional cada uno decide y cambia todos los años). En resumen, ahí existe una temática que es más global, y el problema de la deserción debiera insertarse en una reflexión más global sobre el sentido de la educación media.



Por otra parte, pienso que existe la necesidad de hacerse cargo de algunos aspectos muy concretos del problema. Por ejemplo la alta deserción que se produce en primer año medio, pareciera ser que la mayor cantidad de desertores son jóvenes que ingresan a primer año medio y que no terminan: esto es un fracaso del sistema escolar. Acá tenemos un tema eminentemente educativo, referido al paso de educación básica a educación media, algo que requiere de una política particular, porque si una fracción importante de los que se van lo hacen en primero medio, quiere decir que ésas personas desean estar en la educación media y es el sistema escolar el que está fracasando.



Sobre el tema más general, de si la Educación Media debe o no tener un carácter universal, me parece que si los años de escolaridad muestran una diferencia en las posibilidades de acceso al trabajo y en los niveles de remuneraciones que las personas obtienen después, y considerando que en Chile no hay otras alternativas de movilidad (como podría ser por ejemplo la capacitación en las empresas), es el sistema educacional el que tiene que hacerse cargo de prolongar el número de años de escolaridad para que las personas puedan insertarse mejor en el mundo del trabajo posteriormente. Más aun, si se toma en cuenta el impacto que tiene el nivel de escolaridad de los padres en los resultados de las pruebas SIMCE, queda claro que aquí no sólo estamos ante un problema de años de escolaridad, hay una prolongación de la pobreza dura en el tiempo. Por lo tanto ahí hay un punto del cual es necesario hacerse cargo.



Por otra parte también creo que hay que hacerse cargo de otras diferencias que me parecen significativas. Si se miran los niveles de cobertura en la educación media entre el ‘90 y el ‘96, donde ésta aumenta menos significativamente es en los primeros quintiles (además del último en que está prácticamente universalizada), lo que confirma que ahí hay un núcleo más difícil. Lo que estamos haciendo en el sistema, por lo menos desde las políticas de educación, no es una distinción muy significativa en cómo tratamos esos núcleos y el resto, que tiene resultados obviamente mejores (si se compara con el III y IV quintiles). Pero además creo que es relevante ver las diferencias por regiones y por comunas, porque existen desigualdades muy significativas entre algunas regiones. Por ejemplo la cobertura es mucho más baja que la media nacional en las regiones novena y décima. Pareciera haber nichos geográficos también, los cuales habría que abordar.



Finalmente, para la reflexión es importante cómo se presentan los datos: es muy distinto decir “la cobertura en la educación media en Chile es de un 85%, estamos relativamente bien comparados con otros países y hemos aumentado en el último tiempo”, que afirmar que hay casi 150.000 adolescentes que han quedado en el camino del sistema de educación media. Creo por lo tanto que hay que trabajar más estas cifras, entenderlas bien, entender dónde están, ver las diferencias por quintiles, diferencias por dependencia, por región, etc.; pero estudiar además, como se dijo, cuánto depende del sistema escolar y cuánto no. Como señalé antes, por ejemplo, pienso que la deserción de niños en primero medio depende claramente del sistema escolar, ahí no es un factor externo: si hay jóvenes que ingresan al liceo y se van en primero medio, no es por motivos socioeconómicos, es porque el sistema escolar no los está reteniendo, no se ve porqué el joven de primero medio tiene un abandono mucho mayor que el de octavo básico o el de segundo medio. Repito, en este caso no son puramente factores externos, lo que hay es un problema del sistema escolar del que nos tendríamos que hacer cargo.



VICENTE ESPINOZA Considerando el asunto de la cobertura, el problema de terminar o no la enseñanza media, hay evidentemente un tema de diferencia de oportunidades. De acuerdo a los datos de la Encuesta sobre Juventud, en el estrato socioeconómico bajo, en jóvenes de 15 a 30 años, el 41% tiene menos que educación media (vale decir han abandonado el sistema escolar antes de terminar la enseñanza media) mientras que en el estrato medio sólo el 18% tiene menos que enseñanza media y en el estrato alto sólo el 3% tiene menos que enseñanza media. Es decir, como se quiera mirar la situación -ya porque se piense que la escolaridad es un camino de movilidad social que permite superar la pobreza o que los jóvenes están en esa situación debido precisamente a que pertenecen a núcleos duros de pobreza que se reproducen- aumentar la cobertura sin duda tiene que ver con un problema que está asociado prioritariamente a los estratos bajos. Es decir, cuando hay un tercio de los jóvenes que no han terminado la enseñanza media, ésta sigue siendo un filtro en el acceso al mercado de trabajo y no creo que estemos en situación de hablar que se está devaluando la enseñanza media. Lo que en verdad devalúa la enseñanza media es la mala calidad de su educación y ésa es la queja más grande de los jóvenes. En la Encuesta Nacional de Juventud preguntamos sobre el clima educacional de los colegios: el 25% de los jóvenes no le ve sentido estudiar, lo encuentra aburrido, “latoso”; el 16% reporta problemas de violencia física entre los alumnos, el 14% robo entre los alumnos, un 11% problemas de alcoholismo dentro del establecimiento educacional, etc. Evidentemente ese tipo de problemas son los que desvalorizan el sistema escolar.



En segundo término el tema de las razones del abandono del sistema escolar. Aquí quiero hacer una distinción que no se ha hecho acá: la situación de los hombres y la situación de las mujeres. Según esta Encuesta, una cuarta parte de los hombres abandonan fundamentalmente por problemas de rendimiento o por problemas de interés, otro grupo importante -cercano a un tercio- abandona porque decide trabajar y los restantes -otro grupo importante- por problemas económicos. En síntesis: tenemos aproximadamente dos tercios de la deserción por razones socioeconómicas y un tercio por factores de rendimiento y falta de interés. Pero esto es entre los hombres, porque entre las mujeres las razones son muy distintas, de hecho ningún hombre deja de estudiar porque se casó o porque fue papá, en cambio un tercio de las mujeres están fuera del sistema escolar porque se casaron o porque quedaron embarazadas, y éste es un elemento que hay que introducir como diferenciador. No obstante, es interesante también hacer notar que entre las mujeres está creciendo la decisión de trabajar como una razón para abandonar la enseñanza media.



Por último, como señalaba Sergio Martinic, una de las razones que explica la retención en el sistema escolar es que, para algunos jóvenes, hoy día hay más expectativas de poder continuar estudios postsecundarios; la oferta de Institutos Técnico Profesionales y la oferta de universidades permite que hoy día la educación media para muchos jóvenes no sea un callejón sin salida. En ese sentido (aunque peque de optimista) creo que si se miran los datos por cohorte de edad hay buenas razones para esperar que los jóvenes de 15 a 19 tendrán niveles de permanencia mayores que los jóvenes de 20 a 24, es decir, creo que la deserción escolar está disminuyendo y la retención en la enseñanza media ha sido más alta en los últimos 5 ó 6 años que en los años anteriores. Pienso además que las razones para desertar se están especificando bastante más, se están desplazando hacia decisiones económicas en el caso de los hombres o problemas asociados al ámbito escolar, y en el caso de las mujeres en el peso grande del embarazo y del matrimonio, una cultura patriarcal que pesa mucho en que las mujeres no puedan completar la enseñanza media.



ARTURO LEÓN Hay que aclarar el concepto de "devaluación". Cuando hablábamos de "devaluación" en el Panorama Social del año pasado, se apuntaba a una cosa bien sencilla: en países como Chile (y el caso de Chile es notable dentro de América Latina), donde hay una expansión de la cobertura en la Educación Básica y Media muy rápida en poco tiempo, "devaluación" significa simplemente que tú necesitas de dos a tres años adicionales de educación para tener un valor de ingreso comparable en el tiempo. Ahora, el problema es que la devaluación funciona perversamente para los sectores bajos, porque existe una especie de automaticidad cuando en un país se está expandiendo rápidamente la cobertura de la educación secundaria. Los dos o tres quintiles superiores aumentan y el de más abajo queda rezagado, entonces la devaluación es clarísima respecto de ese quintil o de ese estrato socio económico bajo.



Desde otro punto de vista, es evidente que es bueno un aumento en la educación de calidad y un aumento de productividad, pero también hay un mercado de trabajo que está "descalificado" y requiere trabajadores de distinto nivel de calificación. Si se toman los datos gruesos y se compara lo que está produciendo el sistema educacional en términos de calificación y lo que está demandando el mercado de trabajo, no por casualidad se empiezan a encontrar ciertas cosas que funcionan bastante bien: existe más o menos un 20% de gente que no tendría o tendría bajos niveles de calificación (digamos entre 8 y 10 años de estudio), si uno va a la estructura del empleo encuentra que hay entre un 20 o un 25% de la fuerza de trabajo que no requeriría -en las condiciones de productividad media de esas empresas y en las funciones que desempeñan- más calificación que esos 8 ó 10 años de escolaridad. Es decir, hay una suerte de oferta y demanda que de alguna manera funciona bien en ese sentido. Es cierto que a largo plazo se tiene que promover calidad y cobertura, y eso supuestamente va a mejorar la productividad, pero tal como está funcionando el sistema hoy en día no existe un desorden brutal entre la oferta educativa y una demanda que requiere una cantidad enorme de gente super calificada y que no la encuentra. Hay cierta simetría entre lo que pasa en el sistema educacional y la estructura del empleo, lo que hace que los niveles de cobertura en la Educación Media no sean un problema, si se mira la cuestión en su conjunto. Reitero, eso no quiere decir que no se tenga que mejorar la calidad de la educación, que no se busque igualar las oportunidades y poner énfasis en que los estratos bajos tengan las mismas chances de los estratos altos de completar doce años.



Hay que mirar el lado de la demanda de calificaciones del mercado de trabajo, cómo está funcionando ese mercado y cuáles son las capacidades que tiene de retribuir. Si no va al paso de las mayores calificaciones, es un asunto complicado. Cuando un país tiene una expansión educacional muy rápida, una persona que hizo nueve años de educación, invirtió y el estado o la sociedad invirtieron una cantidad enorme de recursos que después si no hace tres más -en término de retorno individual- se pierde. Si se miran las curvas de ingreso por año de instrucción, son planas hasta cierto número de años y después crecen, en Chile el crecimiento se observa a partir de doce o trece años de educación.



En síntesis, me parece que hay que mirar los dos lados (educación y trabajo, oferta y demanda) y por otra parte sujetarse a ciertos principios en término de igualdad de oportunidades, es decir tendríamos que buscar llevar al mínimo la adscripción.



JOSE WEINSTEIN: Respecto de este punto creo que hay que apuntalar bien la función de la educación como transformadora, está bien la educación en tanto herramienta para igualar oportunidades, pero también para desarrollar el país. En ese sentido me parece que es muy importante lo que Arturo León decía, acerca de mirar prospectivamente la educación, efectivamente si se empieza a ver qué se requiere para el mercado de trabajo de hoy y la cesantía de hoy, etc., podemos llegar a conclusiones muy pesimistas. Pienso que la función de la educación es ir un poco más adelante que eso, no porque vaya a reformar el mercado de trabajo por sí misma, pero sí porque tiene un conjunto de otras externalidades, en función de la ciudadanía, en función del desarrollo individual, igualar oportunidades, etc., por lo tanto me parece que la educación tiene una función prospectiva , una función civilizatoria, una función de desarrollo del país, y aquí hay que ponerse una vara más alta que "lo que está demandando el mercado de trabajo hoy día". De alguna manera esto así operó en el pasado también, cuando Chile tuvo un sistema robusto y fue capaz de desarrollarse fuertemente fue porque puso la vara en la educación. En ese sentido me parece muy lícita y muy buena la pregunta, y decir: queremos doce años de escolaridad para todos, queremos educación media para todos. Eso no significa que se van a acabar inmediatamente las inequidades, que va a cambiar la remuneración de la gente; habrán nuevas formas de ordenar el mercado de trabajo, nuevas formas de desigualdad (quizá empezarán después en la educación post secundaria), pero hay un mínimo que hay que hacer para garantizar el desarrollo del país y para que la educación cumpla una función más prospectiva, más de palanca de desarrollo más integral.



Sin embargo, en este mismo sentido, hay que incorporarle un componente de equidad muy fuerte a la educación, es decir, hay que hacer un trabajo en la educación para que no sea homogénea, acá retomo el tema de la diversificación de la educación que mencionaba Sergio Martinic. No sólo en el sentido de diversificar la educación media y dar salidas distintas, sino también empecemos a hacer un aporte diferencial en educación para los que tienen menos, empecemos a compensar los déficit de entrada, empecemos a hacer una discriminación positiva fuerte en la educación media, de tal manera que haya igualdad de oportunidades. Y eso hoy día no se ve. Lo que van diciendo de alguna manera estas cifras es que durante estos años los que se han beneficiado básicamente con la expansión en educación son sólo las clases medias y si se mira un poco más allá en la educación universitaria esto es más dramático: en los quintiles I y II no vemos ni de lejos eso. Es decir, la distribución homogénea, automática, de recursos claramente va dejando rezagados en el camino.



Lo anterior lo vincularía con una cosa de que sí hay que hacerse cargo también, en el sentido de que la educación no puede ir sola, no puede ser la única herramienta, tendría que ir acompañada de medidas que favorezcan el empleo, de medidas legislativas, de otras políticas sociales, si no se puede ir creando un desfase muy complicado. Me explico: la apuesta por educación es una apuesta central y me parece válida ética, política y socialmente, pero me parece que tiene que ir acompañada de otras apuestas, y lo que se echa de menos hoy día en Chile son las otras apuestas, creo que la educación por sí sola tiene límites y en ese sentido recojo lo dicho por Arturo León.



LIVIA DE TOMMASI Me parece que hay un discurso valoriza la educación porque permite tener expectativas de vida mejor, pero en realidad no es así, y es por eso que los jóvenes valorizan tan poco la educación media, porque saben que no van a tener las posibilidades ofrecidas (esto pasa en Europa también a nivel de la educación superior) y pensando que la educación en perspectiva te da otras herramientas, que no es solamente el insertarte en un puesto de trabajo y tener mejores ingresos, sino que también te da herramientas de ciudadanía, me parece que en esta sociedad se decide que de hecho una cohorte de gente no sigue la escolarización y se queda en la marginalidad. Como que se aceptara de alguna manera que hay una población que no se va a poder insertar y por lo tanto es también inútil levantarle expectativas, siendo mejor que se queden afuera, y después nos preocupamos de ellos a través de otras políticas sociales compensatorios o de prevención, pero que no tienen que ver con lo que se reserva a las grandes cantidades, son canales que se reservan a los excluídos. En ese sentido me pregunto qué significa el no preocuparse por esa cuestión por parte de los gobiernos, aceptar que hay una fracción que nunca va a entrar en el sistema y que justamente deberá ser objeto de otras políticas sociales, "focalizadas".



SERGIO MARTINIC Arturo León nos coloca en la realidad y vemos que hay una desigualdad estructural que persiste (idea que yo comparto), pero pienso que la educación tiene un campo propio y ese campo tiene más que ver con la dimensión social, con la ciudadanía. Tiene relación con el mundo del mercado y la organización productiva, pero también hay una lógica propia de los mercados, entonces no todo depende de la educación. Por eso me parece un poco riesgoso decir "bueno, hay tales demandas y hagamos una educación en función de eso", porque como se ha dicho la educación trasciende a eso, pero también porque el mismo mercado de trabajo va evolucionando en términos de sus requerimientos. Un joven en algún momento de su vida puede estar apretando tuercas, el desafío es que no siga ahí sino que tenga la posibilidad de pasar a otros niveles superiores, no sé cuánto tiempo se dura en los puestos de trabajo porque hoy día en el mercado se entra y se sale con mucha facilidad. La educación tiene que ver con la seguridad, con la integración del país, con la ciudadanía, y con la oportunidad de mejorar, "ser alguien en la vida".



Ahora, pienso que León tiene razón en que ésta es la realidad estructural, y es más grave si consideramos el tema de la integración o de la globalización, es decir, muchos puestos que hoy día consideramos "altos" mirados internacionalmente son como el que "apreta tuercas" a nivel local, ¿quiénes de estos son los que van a integrarse a un cierto mercado regional de modernidad laboral y de nuevas conversaciones? son todavía menos. Entonces creo que no se trata de dar educación en distintas velocidades, en función de la estructura laboral, sino que hay una cierta autonomía que tiene la educación y que apunta a generar mejores posibilidades para que, en su conexión con el mundo laboral, esa persona también tenga posibilidades de crecer, mejorar, de ser competente en un mercado que también va cambiando. Esto tiene una dimensión ética bien fuerte, ética no sólo en el sentido de que deberíamos hacerlo, sino que considerar el campo en el cual la persona tiene su rol principal, que tiene que ver con funciones culturales de integración, de ciudadanía, y que eso requiere más calidad.



VICENTE ESPINOZA Creo que lo que dice Arturo León no es "la realidad". En primer lugar, es la situación al momento presente, pero los resultados de la educación nunca se pueden mirar al momento presente. Además en casi todos los espacios de trabajo existe una estratificación bastante grande y marcada entre los trabajadores manuales y los trabajadores más calificados, por ejemplo en la construcción el jornal de un obrero no es el mismo que el de un electricista.



Uno de los aspectos que me resulta más atractivo del planteamiento de la transformación productiva con equidad que sostiene CEPAL, es la necesidad de superar la "competitividad espúrea" que se sustenta precisamente en la explotación de la fuerza de trabajo y en la depredación de los recursos naturales: evidentemente un trabajador con menos escolaridad es más fácil de explotar y eso genera sociedades que son mucho más injustas; no es un problema de "crisis de expectativa" exclusivamente, es un problema de injusticia en la distribución de los recursos. Por eso me parece difícil sostener un argumento en virtud de una supuesta "visión de la realidad" que es la realidad del momento presente. Pensemos que las economías se están moviendo hacia economías de servicio, hace diez años atrás un mecánico arreglaba los autos mirando cómo lo hacía el vecino, hoy día tú no arreglas un catalítico así, definitivamente necesitas hacer cursos y capacitarte mucho más. Este cambio afecta incluso la producción de servicios que involucran trabajo manual, son muy calificados, y más aún hay una cantidad de servicios que involucran el manejo de símbolos (servicios de secretaría, bancarios, financieras, servicios de publicidad) que requieren un sistema educacional que progrese de esa manera. Por lo tanto, indudablemente para eso hay que mantener en primer lugar a la gente en el sistema escolar y mejorar la calidad del sistema escolar.



En este sentido, lo que más me preocupa es la polarización que se puede producir: estamos de acuerdo que quienes están más afectados por la deserción son los estratos socio económicos bajos y recuperar a alguien que ha desertado es muy difícil. Ahora bien, empezar a buscar trabajo a los quince o dieciseies años -con 1° ó 2° medio de escolaridad- te condena a condiciones de trabajo bastante degradadas, ése es el panorama y de ahí es muy difícil salir, mientras quienes se mantienen en el sistema escolar tienen la oportunidad de acceder a trabajos mejores. Ahí se está produciendo una polarización, un distanciamiento social creciente.



Por último, respecto de las funciones de la educación, tengo la visión de que hoy día se han separado bastante los tres principios que tradicionalmente (por lo menos en la época en que yo estudiaba) estaban bastante más alineados: el principio de integración a un proyecto nacional formaba parte de la educación, junto con el de mejorar las calificaciones para una inserción laboral y junto al desarrollo de una cultura juvenil propia (que se expresaba en el movimiento estudiantil). Cuando, por ejemplo, les pregunto a los estudiantes en la Universidad por qué estudian sociología, son muy pocos quienes van -como en la época en que nosotros estudiábamos- por cambiar el mundo o por tener una filosofía de vida, ellos van porque les interesa mejorar su posición en el mercado, ésa es una motivación muy fuerte, y la cultura juvenil "pasa por fuera". Esto también pasa en la escuela, por consiguiente tratar de incluír todos esos objetivos en la escuela parece ser pedirle demasiado.



CRISTIAN BELLEI Quería hacer unos comentarios un poco más sueltos a propósito de los análisis de Arturo, de sus datos. Hoy día, cuando pasas el primer umbral -que es la escuela básica- si no agregas los cuatro años siguientes, si no terminas el segundo ciclo, es casi lo mismo, porque "te quedaste en el camino". Esto es muy interesante porque efectivamente el argumento económico es implacable: si no aseguramos el egreso final de la secundaria, perder alumnos en el 9º, 10º ó 11º años es lo mismo y por lo tanto económicamente hay un gasto que está demás. Si a esto se le suma el hecho de que en este momento el mercado laboral no tiene una demanda de calificación mayor, se cierra el círculo del argumento. Yo lo pondría de otra manera, en el sentido de decir "hay que tomar una decisión": si te la quieres jugar por estos sectores, si te la quieres jugar por desanclar de alguna manera la reproducción intergeneracional de la pobreza (en el sistema escolar, por lo menos del capital cultural, sabemos que habrán otros capitales que se reproducirán), es imperioso tomar una decisión en el sentido de hacer llegar a los jóvenes hasta los doce años de escolaridad. ¿O acaso habría que socializar a los niños antes de ir al liceo para que no pierdan uno o dos años, si finalmente serán parte de ese 30% ó 40% de desertores? Estimo que ese dato pone efectivamente el tema de que hay que tomar una decisión política en este sentido.



El segundo argumento, sobre esta misma línea de porqué creo que hay que ir a la universalización de la Educación Media, es que para mí el dato de las desigualdades de cobertura por quintil de ingresos, por estrato socio económico, en sí mismo llama a una reflexión, además de cuestionarnos éticamente. Cuando un bien valorado como la educación secundaria, los sectores más ricos acceden casi universalmente, mientras que los más pobres solo lo hace la mitad, es justo que ese bien que debiera distribuido equitativamente. Porque sería distinto si tuviéramos una cobertura del 80% pero con niveles de deserción más o menos homogéneamente distribuidos entre la población; la pregunta tendría un carácter muy distinto y quizá los argumentos de vinculación con necesidades del mercado laboral serían los decisivos. En efecto, de algún modo así es la pregunta sobre la educación superior, que tiene un nivel de selectividad y vinculación con las capacidades personales más o menos incuestionado, y en que aumentar sin más su cobertura provoca externalidades negativas claras. Pero cuando el quintil de más altos ingresos tiene niveles de cobertura en educación superior que superan el 50%, en tanto el quintil más bajo no llega al 10% de cobertura, se hace evidente la vinculación con haber terminado o no la educación secundaria para este otro capital que es la educación superior, en que no se reclama universalización pero sí democratización. En definitiva, son las diferencias por ingresos económicos las que ponen la pregunta (ética y política imperativa) sobre la cobertura del liceo y no los niveles de cobertura absolutos, porque el argumento no se basa sólo en las necesidades del mercado laboral sino disminuir las desigualdades sociales



Para terminar, un tercer argumento. A partir de estudios también de CEPAL se obtiene otro dato muy interesante, no sólo en términos de las externalidades culturales o económicas que la educación secundaria tiene, sino que pensando en la propia lógica del capital escolar. Familiarmente la probabilidad intergeneracional de aumentar los años de escolaridad están altamente asociadas a la propia escolaridad como una dinámica interna, es decir, si a un joven hoy la educación secundaria no le hizo una diferencia para efectos de su inserción laboral, a su hijo probablemente le haga una diferencia que su padre o su madre hayan tenido más años de escolaridad respecto a las probabilidades de que él si tenga una carrera escolar más exitosa (que incluye la posibilidad de acceder a la educación superior). Es decir hay una lógica reproductiva del propio capital escolar que, aunque no tenga un impacto inmediato respecto al sujeto en su inserción laboral, sí la tiene subterráneamente como forma de herencia a su hijo. Entonces, la educación secundaria universal se fundamenta también en términos de las mayores oportunidades de los hijos de aquellos que acumulan un capital escolar superior.



ARTURO LEÓN Hablado en términos de conjunto, por las condiciones del mundo y las condiciones políticas -y no en Chile solamente- creo que ha ocurrido que la educación pasó a ser una bandera muy central de la transformación de las sociedades, y hay razones esenciales para ello como la globalización o los cambios tecnológicos. Creo que todo esto ha hecho poner el énfasis en la educación, empujar el carro de la educación ha sido super atractivo para todos, es algo en que todos vamos a estar de acuerdo, ¿cómo no vamos a estar de acuerdo en que la educación tiene que ser mejor y no tiene que depender de las condiciones familiares? Eso ha hecho muy atractivo el campo de la educación y que todo el mundo esté de acuerdo que éste es el punto central en los gobiernos, y me parece que eso se está haciendo bien, pero esto nos ha llevado a olvidar la otra parte en que nos hemos jugado antes, el tema del excedente y de cómo se distribuye, el tema de las condiciones del mercado de trabajo. Esto último empezó a ocupar un lugar bastante secundario porque sabemos que ahí la capacidad de intervención es bastante menor. Mientras por un lado estamos empujando el carro de ampliar la cobertura, mejorar la calidad educativa, por otra parte los defensores de la flexibilización del mercado de trabajo están haciendo apurar la devaluación de la educación. Es el tema de la precarización: hoy día los datos son brutales para América Latina, alrededor del 50% de la fuerza de trabajo de los países en promedio es del sector informal. Decir que dos tercios de ellos requieren menos escolaridad no quiere desconocer que la educación tiene funciones integradoras, cohesionadoras, de construcción de ciudadanía, etc. que hay que fortalecer, pero creo que olvidar "la otra cara de la medalla" me parece que es una postura un poco simplista.



Creo que el tema es qué capacidades de intervención se tiene, por dónde van las necesidades de intervención fundamentales. Por la capacidad de acción que debería tener el Estado, en términos de mejorar la equidad, sobre todo el acceso, haciéndolo menos adscriptivo y terminar con este escándalo que se ve en las cifras hoy. Ahora, si el 90% de la gente termina la educación secundaria, el otro tema que hay que discutir (en el marco global de la sociedad) es en qué modalidad de estudios debe ser, y esto tiene que estar vinculado con el tema del mercado de trabajo y con el modo de inserción en la economía internacional.



JOSE WEINSTEIN Estoy de acuerdo con que hay límites a lo que la educación puede hacer en términos de equidad, de que incluso si resolviéramos los problemas de deserción y el 95% de los jóvenes terminara la educación media en Chile, no tendríamos una sociedad equitativa. Creo que tenemos todos claro de que esto no es así, pero pienso que es igualmente claro que sería una medida en pos de la equidad. Más aun si nos preocupáramos de la calidad, es decir, no sólo que terminen sino que terminen en una educación que les puede abrir más puertas, que tengan mejores conexiones con la educación superior, que tengan cierta calificación profesional y acceso a mejores empleos, sería indudablemente un avance en la equidad. Pero pensar que esa medida va a transformar la sociedad chilena sería totalmente ingenuo, y me parece importante el argumento de León porque creo que ha habido una cierta "ingenuidad ambiente" en el tema, no sé si interesada o no, pero cuando sólo se toca la educación como "palanca de equidad" y no se tocan las otras palancas, hay una cierta falacia. Tanto porque la educación misma no puede resolver todos los problemas de equidad y tiene que ser acompañada de otras medidas de democratización y equidad en otros campos, como también porque la educación es una apuesta a largo plazo, que no es inmediata.



SERGIO MARTINIC Estoy de acuerdo en que este tipo de integración colocó la educación como tema clave pero dejó oculto el que esto tiene un límite, y hay otro tipo de cambios -redistribución del ingreso, transformaciones propias de la economía- de que no se habla públicamente, que no están en la discusión, y si hay problemas la culpa la tiene la educación. Creo que el argumento coloca la necesidad de conversar y problematizar esta "otra cara de la moneda". Pero además hay una dinámica propia del sistema educativo que hay que considerar. Cuando se inició la Reforma de Educación de Frei Montalva, en el año '65, y se creó el concepto de educación media, nadie se imaginó lo que significaría como presión para el sistema 20 ó 30 años después, que es el problema que tenemos hoy día. Por lo tanto colocar el esfuerzo en mejorar y redefinir la educación, genera una lógica de cambios propia del sistema que no sabemos lo que va a significar en diez años más, en términos de presión social. Si no se aborda el problema de conjunto se va a producir un desajuste inmenso. Ahora bien, el argumento no es decir que esto no hay que tomarlo en cuenta, pero tampoco se puede transmitir la imagen de que hay un techo para ciertos sectores que no deben ir más allá. De alguna manera esto está internalizado en la cultura del sistema, porque el profesor de la escuela municipal tiene muy bajas expectativas con respecto a lo que pueden ser sus alumnos, entonces les exige menos e incluso regala notas. Una vez me tocó ver en un acto de despedida a un director que decía "total, ustedes nunca van ser grandes personas, pero han pasado por esta escuela". Esto es grave como señal para la equidad.



Con respecto a lo que hay que hacer a futuro, se requiere una gran política frente al tema de deserción, y más aun si asumimos -según los datos- que estamos en una deserción acumulada cercana al 40%. Creo que la estrategia de diseñar políticas de capacitación tiene un sesgo compensatorio y no tienen el efecto deseado, aquí hay que pensar una gran política de reinserción al sistema escolar de este grupo, que tiene ya 20 años y es muy complejo que se reinserte a la educación media, es decir tiene que haber una política de educación de adultos o de cambio de modalidades en la enseñanza media que implique recuperar al joven, con los años que implica eso, porque el tipo de competencias educativas no se adquiere en un taller de tres meses, que es una salida de emergencia.



VICENTE ESPINOZA Para la sociología de la educación, lo que hace la masificación de la escolaridad es profundizar las desigualdades sociales, por eso el problema que estamos planteando de cómo mejorar la calidad educativa para que ofrezca más oportunidades, probablemente está tratando de resolver algo que no tiene solución. En el nuevo concepto de consenso (que tiene a los empresarios como referente) las políticas sociales tienen que cumplir con la condición de no tocar la distribución del ingreso, y la política educacional tiene el atractivo de que aparentemente puede resolver los problemas de acceso, oportunidad y desigualdad sin tocar la distribución del ingreso. Yo creo que eso es discutible, al menos desde la tradición de la sociología de la educación.



MARIANA AYLWIN Con respecto al tema de iniciativas que aporten a disminuir la deserción, veo -al menos desde el sistema escolar- dos puntos que es importante abordar y en que siento que estamos entrampados. Uno es el diseño de políticas de discriminación positiva hacia estos sectores, en el Programa MECE-Media hemos buscado alternativas para ver cómo focalizamos y la verdad es que no sabemos cómo focalizar, es decir por lo menos en educación media no hay claridad respecto a cómo hacerlo. Hay sin embargo algunas experiencias que son interesantes, por ejemplo lo que está aportando el MECE-Rural, con intervenciones más focalizadas con bastantes buenos resultados. Estimo q
 

Diseño y desarrollo por: SPL Sistemas de Información
  Copyright 2003 Quaderns Digitals Todos los derechos reservados ISSN 1575-9393
  INHASOFT Sistemas Informáticos S.L. Joaquin Rodrigo 3 FAURA VALENCIA tel 962601337