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Más sobre los quechwas y sus dioses - Enrique Garrido
 

Llamar “incas” a la población originaria social y politicamente organizada de Sudamérica es una convención. Si su denominación fuera moderna y agrupada por el idioma común, serían los quichuas o queshwuas (vulgarmente: runasimi – el habla de la gente) o fonéticamente algo muy similar...

Más sobre los quechwas y sus dioses.

 

(Buenos Aires) Enrique Garrido*

 

Llamar “incas” a la población originaria social y politicamente organizada de Sudamérica es una convención. Si su denominación fuera moderna y agrupada por el idioma común, serían los quichuas o queshwuas (vulgarmente: runasimi – el habla de la gente) o fonéticamente algo muy similar.

 Tal como se afirma, Wiracocha era el Señor. Hasta el hoy existe la costumbre de llamar al jefe de algo: Wiracocha “tal”, donde el primer vocablo sería el equivalente a nuestro palabra “señor”.

Ellos tenían una religión muy compleja donde existían deidades que me siguen pareciendo de una hermosura poética propia de la gente que vive como un solo ser con la naturaleza.

Los cerros enormes de nieves eternas, a quienes en fechas fijas se les rinde culto especial, son los “sumaj machu apus” que traduzco como los dioses más bellos y viejos. Toda característica geográfica o ser viviente podría ser un apu.

 Esto les hace poseer una elaborada y compleja mitología donde tenían participación todo lo que constituye la pachamama, sea una marca geográfica o ser viviente o fenómeno meteorológico o astronómico, incluyendo el sol (inti) y la luna (quilla). Todos ellos conviven y se comunican con las personas participando en historias que explican los origenes de las cosas o moralejas para guiar la acción cotidiana dentro de los tres mandamientos. El zorro (atoj) es un comunicador eficiente en estas historias. La serpiente (katari) con más de una característica es otro personaje importante. La brisa fresca (huayra) de la mañana que levanta las semillas aéreas de sus capullos. Las nubes (fuyu) que brillan como soles en la atmosfera andina libre de humedad. Todos conforman el concierto mitológico de dioses o semi dioses especiales.

La fiesta de alrededor del 21 de junio entre los quichuas, se debe al sol, pues se trata de festejar el solsticio de invierno del hemisferio terrenal del sur. Es una fecha movil dentro de un período aproximado de una semana y era fijada por los astrónomos. El Inti Raymi, celebra el día mas corto del año y el venidero período de cosechas de los cereales y tubérculos y reproducción de auquénidos. El sol, a partir de ese día, alarga su estadía en la tierra, se derriten las nieves, llueve y las plantas reaccionan a las frecuencias de rayos infrarojos para producir la floración y fructificación. En el otro hemisferio, los europeos antiguos la consideraban la fiesta más importante de la naturaleza. Por eso el momento de la celebración pagana mayor del solsticio de invierno norteño fue utilizado por el cristianismo para marcar la desconocida natividad de Jesús.

Sí, Wiracocha era el señor, que regía con la pachamama que representa el todo que sustenta la vida. El monoteísmo occidental lo trató de ungir -el dios- pero ni los cerros, ni el colibrí señor de la nieve (joyllur riiti), ni la brisa suave de la mañana, ni el murmullo de los arroyos, dejaron de estar presentes hasta hoy en el elaborado pensamiento de nuestros hermanos quichuas, hijos de la pachamama, como nosotros.

 Esto les hace poseer una elaborada y compleja mitología donde tenían participación todo lo que constituye la pachamama, sea una marca geográfica o ser viviente o fenómeno meteorológico o astronómico, incluyendo el sol (inti) y la luna (quilla). Todos ellos conviven y se comunican con las personas participando en historias que explican los origenes de las cosas o moralejas para guiar la acción cotidiana dentro de los tres mandamientos. El zorro (atoj) es un comunicador eficiente en estas historias. La serpiente (katari) con más de una característica es otro personaje importante. La brisa fresca (huayra) de la mañana que levanta las semillas aéreas de sus capullos. Las nubes (fuyu) que brillan como soles en la atmosfera andina libre de humedad. Todos conforman el concierto mitológico de dioses o semi dioses especiales.

 

La fiesta de alrededor del 21 de junio entre los quichuas, se debe al sol, pues se trata de festejar el solsticio de invierno del hemisferio terrenal del sur. Es una fecha movil dentro de un período aproximado de una semana y era fijada por los astrónomos. El Inti Raymi, celebra el día mas corto del año y el venidero período de cosechas de los cereales y tubérculos y reproducción de auquénidos. El sol, a partir de ese día, alarga su estadía en la tierra, se derriten las nieves, llueve y las plantas reaccionan a las frecuencias de rayos infrarojos para producir la floración y fructificación. En el otro hemisferio, los europeos antiguos la consideraban la fiesta más importante de la naturaleza. Por eso el momento de la celebración pagana mayor del solsticio de invierno norteño fue utilizado por el cristianismo para marcar la desconocida natividad de Jesús.

 

Sí, Wiracocha era el señor, que regía con la pachamama que representa el todo que sustenta la vida. El monoteísmo occidental lo trató de ungir -el dios- pero ni los cerros, ni el colibrí señor de la nieve (joyllur riiti), ni la brisa suave de la mañana, ni el murmullo de los arroyos, dejaron de estar presentes hasta hoy en el elaborado pensamiento de nuestros hermanos quichuas, hijos de la pachamama, como nosotros.

© Enrique Garrido*

 

Enrique Garrido es peruano, reside en la Argentina.

(con la colaboración de los Sres. Ocampo y Aurelio) 

 artículo enviado por el escritor peruano Carlos Arturo Llanos Solís

 

publicado el 1°-12-2009

 

 
 
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