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Estás aquí:  Inicio >>  Cuentos, poemas, relatos >>  Posible & imposible - José Respaldiza Rojas
 
Posible & imposible - José Respaldiza Rojas
 

desde Lima, Perú
Posible & Imposible

                                               

 

El verano alcanzó lo máximo de su volumen. Una bella doncella de unos veinticinco años arreglaba su jardín y por querer terminar la tarea que se impuso le ganó la noche, como hacía calor se echó en el pasto para descansar pero le venció el sueño. Con el lucero del alba sintió un ligero vaho cerca de su cara, entreabrió los ojos pero prefirió continuar durmiendo.  A eso de las diez o diez y media el calorcito la despertó, se puso de pie para ir a bañarse y cambiar vestido cuando reparó en unas huellas en el piso, nunca vio algo igual, las siguió, llegaban hasta la tapia fronteriza y desaparecían. ¿Sería acaso un venado? 

Entró a casa, procedió a su aseo corporal, se puso vestido limpio, algo de fragancia. De allí pasó al comedor, notando la falta de pan, entonces tomando una bolsa salió a comprarlos. De regreso recordó lo de la huella, así que se encaminó a la parte trasera de su casa y buscando con detenimiento reparó en cuatro huellas muy marcadas. Efectivamente, un  animal saltó de dentro de su casa para salir, pero qué animal era ese que estuvo esa noche, ella no lo sabía.                  

Durante cuatro días continuos prosiguió hallando huellas similares pero al quinto vio algo que le llamó la atención, a un lado había excremento de caballo. En su casa no los criaban, tampoco sus vecinos, entonces ¿de quién eran? Las pisadas no correspondían a un corcel, entonces ¿quién defecaba? 

Ella decidió volver a pasar la noche en su jardín. Cuando la tarde comenzaba a declinar, en casa encendieron el lamparín a querosene. Tomaron un vaso de hierba buena endulzada con miel de abejas, unas tostadas con un poco queso fresco y consumieron algo de mashica. Todos fueron a sus dormitorios pero ella se las ingenió para deslizare hacia el jardín, llevaba consigo apenas una manta ligera, buscó un lugar aparente y se recostó. Primero pensó en qué animal podría ser, luego se dio cuenta del descuido de no traer algo de soga para atraparlo, pero luego se dijo que mejor seria dejarlo libre y de tanto pensar le ganó el sueño.  

Casi a la madrugada sintió algo caliente por su mejilla, abrió con mucha delicadeza un ojo y se sorprendió al ver. ¿Qué creen usted que vio? Pues nada menos que un hermosísimo corcel blanco, con unas barbas algo ralas, como de chivo, pero lo más raro era que tenía un cuerno en espiral que le brotaba de la cabeza. Cerró sus ojos, apretó con fuerza los párpados, con su mano hizo la señal de la cruz y llamó a la madre: Dios te salve María, llena eres de gracia..al terminar levantó un párpado pero la aparición continuaba allí, ahora invoca al padre: Padre nuestro, que estás en los cielos.. y cuando concluyó respiró hondo, fue soltando con lentitud el aire, antes de atreverse a mirar estiró su brazo con algo de cautela y al tocar una cara con pelos comprendió con claridad que no era el diablo disfrazado, entonces lo fue acariciando de a pocos hasta que no pudo resistir más y abriendo los ojos vio al animal que tenía al frente. 

El animal miró con mucha ternura a los ojos de la dama, sobó con gran delicadeza su cuello con el brazo de la dama y sin querer los dos se pusieron a acariciarse. Ella se sentó

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en el césped para poder levantar un poco mas su brazo y asiendo el cuello del animal lo trajo hacia un lado de su rostro. Así se quedaron un largo rato. Luego en un impulso irresistible le dio un beso en el cuello instante en que se escuchó un muy leve relincho. Ahora  estaba totalmente convencida que era un tierno animal aunque ignoraba su nombre. La mañana ya estaba encima y el animal volvió a relinchar, trataba de indicarle que era hora de retirarse pero ella no soltaba su cuello. Con suavidad inició un movimiento para comenzar a caminar, recién ella parece que comprendió la intención  pero antes de soltarlo volvió a darle otro beso. En animal se fue caminando lentamente y al llegar a la tapia dio un gran salto y desapareció. 

Ella no contó nada en casa, no fuera que a su padre, el señor Díaz, bueno ella trataba con mucha solemnidad a su padre, se le ocurriera cazarlo y llevarlo a un circo para ganar dinero, pero a pobre animal lo privarían de su libertad. No, eso nunca, era tan tierno, tan bello que no merecía semejante crueldad. Su madre, era muy apegada a su padre y por eso era incapaz de contradecirlo. Mejor era mantener todo en secreto. Mientras tanto fue a la biblioteca municipal a ver si lograba encontrar el nombre de ese animal. 

  • No me digas que se trata de un...
  • Si, estás en lo cierto – me respondió Alfredo – es nada menos que un unicornio.
  • Pero si el unicornio es un ser mitológico.
  • Claro, eso yo también lo sé, pero ella no.
  • ¿Y cómo llegó allá?
  • Eso no lo se, ni creo que alguien lo sepa.
  • ¿Cómo saben que se trataba de un unicornio?
  • Ten paciencia, todo a su tiempo – me dijo Alfredo,  tranquilizándome.
 

Todas las tardes sacaba una hoja vieja de cuaderno para hacer un cucurucho, le echaba un chorrito de azúcar y lo cerraba. Había aprendido que su caballito recién se mostraba al amanecer, por eso, se retiraba a su dormitorio para acostarse, de manera que todo se veía normal, pero amaneciendo, abría la ventana que daba al jardín y salía a su encuentro. Apenas lo divisaba su corazón empezaba a latir con más fuerza, abría el cucurucho y le ofrecía su contenido. El unicornio metía su lengua embarrándola de azúcar, un relincho muy suavecito salía de su garganta en agradecimiento. Ella lo acariciaba, a veces se montaba en el y él le daba un paseo corto. También solía sujetarlo del cuerno y el dejaba oír agradables sonidos guturales. El tenía sólo el cuello y la cabeza para acariciarla pero ella disfrutaba pasándole sus palmas por la grupa, por las ancas, por todo su cuerpo.  La unión entre la joven y el unicornio se estrechaba cada vez más. 

Mientras tanto el verano hacía su efecto calórico, en unos de esos días caniculares ella se fue al río para bañarse. Llegó y como estaba desolado el paraje se desvistió y ¡chuás¡ se hundió en las aguas procediendo a bracear. Como los unicornios tienen una vista muy aguda, por eso la divisó desde lejos y a pesar de ser de día trotó al encuentro de la muchachita. Ella al verlo se levantó, mostrándose de cuerpo entero, lo llamó para invitarlo a que entrara al agua. 
 

2

  • No me digas que.
  • Aunque no lo creas, aquello que parece imposible, el amor encendió el encuentro.
  • Pero, no sé como decirlo para que no parezca grosero, los caballos tienen tremendo pistolón.
  • Pero en las cosas del amor todo consiste en saber acomodarse.
  • No, eso no lo puedo creer.
  • Que impaciente eres.
 

Las idas al río para bañarse se hicieron mas frecuentes, pasó el verano y el otoño hizo su ingreso, cuando a la muchachita le empezó a dar mareos, algunas comidas le provocaban vómitos y de pronto su barriga le fue creciendo de a pocos. Sus padres la acosaron a peguntas pero ella guardaba estricto silencio, quien le iba a creer que tuvo amores con un hermoso caballito, se iban a reír en su cara, la acusarían de mentirosa ¿dónde se ha visto algo semejante? En ninguna parte ¿y por qué  tendría que suceder por primera vez en Omas? No, imposible hablar.  

  • Ves, te dije que  lo imposible se hizo posible.
  • Pero pude ser cualquier vecino y ella lo encubrió.
  • Muy pronto lo sabrás.
  • Si, porque soy como Santo Tomás, ver para creer.
 

Ella tuvo un embarazo normal y al final alumbró un varón al que le pusieron por nombre Constancio, si él era Constancio Díaz Rodríguez  nacido en 1924 en Omas, en la sierra de Lima. Creció como todos los niños, fue a la escuela, creció, jugó. Tancho, él era muy alegre, conversador. Si, Tancho de niño pasó a joven y de joven a adulto, no muy alto, su altura es de un metro y medio, con un rostro agradable. Se hizo mecánico, chofer, pescador, el trabajaba en todo, si algo no sabía pronto lo aprendía, la vida se le presentaba laboriosa pero grata. 

Al cumplir treinta años, más o menos un buen día sintió un ligero dolor en la cabeza, creyendo tener piojos, machucó semillas de ruda, ese polvo lo disolvió en agua y con ella se lavó los cabellos. A la semana, al peinarse notó que el peine chocaba con algo, corrió al baño para mirarse la cabeza y vio que tenía pegado algo, se rascó pero no se desprendía. Entonces se dejó crecer los pelos, pero aquello no dejaba de crecer, muy pronto se erguía siendo imposible cubrirlo. Con una escofina se lo limó casi al ras. Respiró aliviado mas la tregua duró poco pues aquello pugnaba por crecer. Sus padres lo llevaron al médico para que lo examinara. Le cortaron el pelo para ver con claridad y el diagnóstico fue que le estaba creciendo un cuerno. 

  • Te lo dije. No te olvides que yo crecí escuchando y viendo todo aquello. Tancho es apenas un poco mayor que yo.
  • Que le crezca un cuerno es una rareza de la naturaleza pero nada más.
  • Pero una amiga de colegio de su mamá contó lo que ella le confesó.
  • ¿Y qué pasó?
 
 

                                                                                                                                           3

  • Los médicos la escucharon pacientemente pero no le creyeron nada.
  • ¿Por qué no le creyeron?
  • Porque los unicornios son seres mitológicos, segundo, porque no es posible fecundar un óvulo humano con esperma de caballo y tercero porque el miembro viril de caballo no puede penetrar a la mujer.
  • No te dije, eso no puede ser.
  • No estás obligado a creer, yo te cuento lo que vi y escuché en mi juventud.
 

La vida se tornó desagradable, ya no podía trabajar, el cuerno continuó creciendo hasta alcanzar los veintidós centímetros, se refugió en su casa. Salía de cuando en cuando, dejó de bañarse para no ver su cuerpo, temía le fueran a crecer patas o rabo. Los vecinos le regalan ropa pero el prefiere cambiarse sólo dos veces al año. 

Amable lector, soy compañero de labores, en la universidad como catedráticos, con Alfredo Ponce y además pariente lejano por el lado de mi abuelo materno. El es psicólogo y jamás ha mentido pero aún así, ingresé a Internet y mediante Goglee puse Pueblito de Omas, y pude ver fotografías de Constancio  Díaz Rodríguez, cariñosamente llamado Tancho. Hay además declaraciones de las autoridades de la localidad. Solo así es como me decidí escribir la presente historia.  

¿No me cree? No es cuestión de fe, ingrese usted mismo a Internet, escoja el buscador que le ofrezca mayor garantía,  ponga Pueblito de Omas y usted mismo vea al hijo del unicornio. No está obligado a aceptar a rajatabla todo lo dicho pero por lo menos entérese.


(c) José Respaldiza Rojas

Lima - Perú

publicado el 4-4-2009

 
 
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