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Ejemplos en la televisión: otro destino es posible - Araceli Otamendi
 

Mirando ayer un programa de televisión, habían invitado a un hombre joven, un homeless y se anunciaba con bombos y platillos: de famoso a indigente. Ante tal anuncio me quedé mirando el programa...

 

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

 

   Mirando ayer un programa de televisión, habían invitado a un hombre joven, un homeless y se anunciaba con bombos y platillos: "de famoso a indigente". Ante tal anuncio me quedé mirando el programa y resultó que el hombre había participado de un programa similar al de Gran Hermano, creo que era un reality show  llamado El bar o algo así,  durante más de un año, donde había estado encerrado en una casa o habitación, para el caso sería lo mismo. Luego de contar esto, la periodista le preguntó qué había ocurrido para terminar viviendo en la calle y él dijo: lo peor me pasó cuando me internaron en un neuropsiquiátrico, antes de participar del programa y luego empezó a contar detalles escabrozos de su internación. También su situación familiar había sido en extremo dramática, ya había perdido a los dos padres.  Evidentemente este hombre cuando lo contaba estaba reviviendo esa lamentable situación y además contando su problema actual: vivir en la calle. Con lo cual la periodista se puso bastante nerviosa porque el hombre hablaba con palabras soeces e inadecuadas para la televisión y desde el control le pedían que el hombre moderara el lenguaje. La periodista se había ya contagiado de la nerviosidad del hombre, y bastante alterada decía que ella no vivía fuera del mundo y que había que entender lo que él estaba contando.

El hombre necesitaba vivir bajo techo y pedía eso: un techo y un colchón.

Siempre había trabajado, dijo, en distintos oficios, desde los trece años y no había estudiado más que la escuela primaria porque siempre había sacado buenas notas y le parecía que tenía una buena capacidad para aprender.

Pienso que alguien que está viviendo en esa situación tiene que primero ser ayudada con lo mínimo e indispensable, que es eso que él pedía más ayudarlo a su reinserción en la sociedad brindándole atención y capacitación para trabajar.

El problema así expuesto en la televisión probablemente atraiga la generosidad y la atención para ayudar a este hombre a salir de esta miserable situación. De alguna manera lo ayudaron cuando expuso su caso en el programa y hasta creo se le tendió una mano. Pero lo que deja un gusto amargo es que también la miseria del prójimo sea parte de un espectáculo. ¿No se podría  haber ayudado a este hombre primero y luego hacer un programa contando su historia de vida y cómo se pudo solucionar? Donde el hombre más tranquilo pudiera reflexionar y la periodista pudiera exponer el problema y sus posibles soluciones.

Los programas de televisión, salvo excepciones, están en decadencia: gritos y más gritos,  mujeres pintadas como una puerta y casi sin ropas para demostrar que su capacidad intelectual debe ser nula, música chabacana, todo como en un gran carnaval fuera de época.

Recuerdo otras épocas donde se veía en la televisión a escritores como Manuel Mujica Lainez en un programa periodístico hablando de literatura y diciendo: esos infelices que quieren escribir y no lo hacen ahora, que no esperen diez años para sentarse a escribir, deben empezar ahora y lo que les recomiendo es que lean.

A Jorge Luis Borges diciendo: no me lean a mí, lean a los clásicos. El los había leido.

A Beatriz Guido, Martha Lynch, Silvina Bullrich hablando de libros, de escritores, de literatura, apareciendo en programas periodísticos varias veces por semana. Eran figuras notables, escritoras, mujeres inteligentes que demostraban que el destino de una mujer podía ser otro que el que tuvieron nuestras abuelas o bisabuelas.

A Ernesto Sabato, con su lucidez, recuerdo haberlo visto en un programa un 31 de diciembre. Estábamos todavía en los funestos años  del mal llamado Proceso de reorganización nacional y el periodista invitaba al escritor a brindar por el nuevo año y el escritor negándose a festejar nada: No hay nada que festejar, dijo.

A María Esther de Miguel, quien siempre contaba  su historia de vida - hija de padres inmigrantes, nació en un pequeño pueblo de la provincia de Entre Ríos - su historia podría haber sido otra, pero a fuerza de estudio, trabajo, vocación y talento, llegó a ser una de las escritoras más leidas de la Argentina y convocada a distintos programas de televisión varias veces por semana hasta casi sus últimos días de vida.

Estos escritores que nombré son ejemplos y fueron ejemplos que se pudieron ver por televisión señalándonos cosas, caminos, y otro destino mejor, con más comprensión de lo que puede ser la vida humana enriquecida por la lectura, más creativa, dándole curso a la vocación, escribiendo, realizándose.

El hombre que se presentó en un programa periodístico para revelar su miseria actual y pedir ayuda también es un ejemplo que nos está mostrando la televisión y lo primero que habría que hacer es ocuparse de ayudarlo a él y a otros casos semejantes antes de pensar en llevarlos ante las cámaras  a la televisión.

 

(c) Araceli Otamendi

 

6-11-2008

 

 
 
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