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Estás aquí:  Inicio >>  Ensayos - Crónicas >>  El autor y su universo -Elida Graciela Farini
 
El autor y su universo -Elida Graciela Farini
 

desde Córdoba, Argentina
El autor y su universo

                                                                             
 

    Así como el universo real está formado por una gran variedad de elementos diferentes: astros, constelaciones, satélites, planetas, etc, de igual manera el universo de un autor está conformado por sus vivencias, sus ideas, sus experiencias, el ambiente donde se desarrolló, las lecturas que se fueron decantando a lo largo de su vida, su propia personalidad.

    Todo ello, unido, va formando a lo largo del trabajo realizado en sus obras,  un cúmulo de pensamientos que luego han de constituir su propio estilo literario. Esto vale, seguramente, para cualquiera de las demás manifestaciones artísticas.

    Desde los tiempos bíblicos el autor ha buceado en su existencia y en sus propias experiencias, para la realización de sus obras.

    El trabajo de un escritor o de un artista, no escapa a su propia sagacidad e ingenio, para la concreción de aquello que busca, siendo posible que inserte en sus obras algo de su existencia.

    Ya desde  Homero, padre de la poesía, y luego Platón, maestro de la filosofía, uno de los símbolos de la sabiduría, el ser humano fue descubriendo en su interioridad, en conjunción con la naturaleza y la propia esencia humana, las manifestaciones de su propia personalidad a través de sus palabras, las claves de su quehacer artístico o de su capacidad creadora.

    Siempre habrá en cualquier obra, poco o mucho de su autor, pero ella no tiene por que ser autobiográfica. En algunos narradores hay escasas manifestaciones de su vida y si expresiones  de su aguda imaginación.

    Pasar por los grandes pensadores, filósofos, escritores, de todos los tiempos, sin olvidar a Virgilio, mucho más adelante a Dante y más acá en el tiempo a magníficos autores, gloria de las letras universales, como Shakespeare o Cervantes, es introducirnos en un mundo de vigorosos pensadores, maestros en su quehacer literario, que brindaron obras maravillosas , verdaderos baluartes de las letras del mundo, donde  manifestaron  su ingenio, su sapiencia, su personalidad, su imaginación creadora, su erudición, su arte.

    Y allí irán, en alas de la imaginación y de la pluma de sus autores, la ductilidad cervantina o la riqueza expresiva de Shakespeare, el ingenioso hidalgo,  Don Quijote de la Mancha, por los caminos de España  y el príncipe Hamlet envuelto en las nubes de sus dudas y de la imaginación shakesperiana.

    Magia y misterio de la mente. ¡Loados sean los grandes maestros!

    El tratamiento de la obra literaria, cuando se trata de escribir prosa o cuando se escribe poesía, es diferente. Para éste último caso, es posible partir de una palabra que  resultó importante en ese preciso momento, de una sensación, o de una frase que surge de repente, tal vez de una imagen, de un recuerdo, etc. Una situación que conmovió e impactó al poeta,

    En la escritura del poema se da un hecho singular: raramente se trabaja sobre algo determinado con anterioridad, porque, en general, la poesía es una impronta, que surge sin que se la busque.

    ¿Y cuál es la herramienta que utiliza el autor para el desarrollo de su trabajo?

    Indudablemente, la palabra, ese don poderoso que posee la humanidad, porque ella constituye el lazo que une la vida de los pueblos, aunque lamentablemente también puede llegar a desunirlos.

    Todo escritor valora la voz literaria, la expresión poética, porque el artista es capaz de representar lo más bello de la existencia y desear expresarlo con sus propios verbos.

    Se dice que las imágenes son más poderosas que las palabras, pero también se sabe que muchas de ellas son tan fuertes, que pueden mostrar un verdadero cosmos con sólo nombrarlas.

    ¿Sugiere la palabra UNIVERSO, la inmensidad celeste?

    ¿El vocablo AMOR nos propone descubrirlo en todos los tiempos, en todas sus manifestaciones y en todos los lugares?

    Y si se nombra a DIOS ¿se invita a encontrarlo en la enormidad de lo creado?

    Decir: MADRE, ¿distingue la expresión del sentimiento más puro de la humanidad?

    No se debe olvidar que cada vocablo puede tener un significado tan grande, que con sólo nombrarlo se ensancha el alma de los seres sensibles. De igual manera podrían encontrarse tantas voces extraordinarias como la imaginación lo desee.

    Así, dice Platón, en uno de sus “Diálogos”, a través de Crátilo: “el que conoce los nombres, conoce también las cosas.”

                 Cuando se escribe poesía, generalmente no se tiene una idea exacta o aproximada de lo que se va a escribir, se parte sí de algo que surgió, pero de allí en adelante el final será una incógnita. A veces el resultado es algo totalmente diferente de lo que podía decir al comenzarlo.

    Se puede finalizar la poesía con una idea que no es la principal, ya que no  siempre se llega con el concepto o la imagen que surgió al comienzo, porque suele aparecer lo inesperado, lo no reflexionado, lo impensado.

    Es muy difícil saber en qué va a terminar el poema.

    Con la poesía se trabaja aportando otros factores que tienen que ver con los sentimientos, con la emoción, con los vínculos afectivos, con las sensaciones.

    El poeta francés Andre Chènier expresa que “el arte hace versos, pero sólo el corazón es poeta”.

    ¿Qué se puede interpretar con esta frase? Es posible que se logren versos perfectos en cuanto a la métrica y sus reglas, pero si no afloran los sentimientos, la emoción, lo que guarda el corazón del poeta, no existirá la poesía.

    Con la palabra se logra la comunicación, pero eso no quiere decir que se logre el entendimiento, porque con ellas se consiguen  obras extraordinarias, pero también terribles experiencias.

    Los escritores escarban dentro de sí mismos, en el fondo de sus corazones, para expresa en sus trabajos aquello que sus sentimientos  y su mente desean expresar

    Posiblemente al escribir poesía tiene mayor fuerza la emoción, o tal vez lo inconsciente.

    Lo reflexivo es secundario a lo emocional, porque sin emoción no hay poema.

    No sucede lo mismo con  la narrativa, que es un hecho más pensado, más elaborado desde el punto de vista del tema a abordarse.

    Hay que establecer las diferencias cuando se trata de narrativa, donde impera lo reflexivo.

    En prosa lo que se escribe puede estar basado en una realidad concreta, en algo absolutamente imaginado, o en algo que ha impactado directamente al autor. Hasta es posible utilizar sueños o experiencias metafísicas.

    Las posibilidades son infinitas, tantas como autores existan y lo permita el don maravilloso de la imaginación.

    Quien escribe, ya sea narrativa o poesía, quien hace de alguna manera literatura, siente real satisfacción por su tarea, por su admiración ante las cosas, los elementos de la naturaleza, la humanidad o el mundo, y produce su obra  más allá de que la misma llegue o no, a ser publicada.

    Lo hace en definitiva por una inclinación personal muy grande, por una real vocación que suele aparecer en la infancia.

    Hay una frase hermosa de Martín Luter King que dice:” Aunque supiera que el mundo se termina mañana, igual plantaría mi manzano”.  La obra está más allá de la edición. Pero ésta es necesaria para que los lectores tengan la oportunidad de disfrutarla.

    El escritor debe madurar su obra antes de darla a conocer, ello es muy importante, ya que muchas veces llegan los arrepentimientos tardíos.

    Quien escribió algo ayer no  será el mismo que es hoy. La vida lo habrá cambiado. Lo que se escribió en un momento determinado, tal vez no tenga el mismo valor después. El tiempo es un gran maestro.

    Muchos autores delatan una gran influencia de otros, a través de sus lecturas, ya sea extranjeros: europeos, orientales, americanos, siendo o no conscientes de ello.

    Es posible y también muy importante que, en general, la incorporación de diferentes autores a su intelecto, vaya ubicando al nuevo escritor en la búsqueda su camino, para así cimentar el estilo propio y sus propias características.

    Tanto la literatura como el arte pueden tener también un carácter revolucionario, de donde surgieron obras totalmente diferentes, las que se fueron acomodando a los cambios sociales del mundo.

    Está el ejemplo de Rubén Darío, que modernizó las viejas estructuras poéticas, la obra del pintor español Pablo Picasso que rompió con todos los cánones pictóricos de su época, la de los artistas impresionistas, en el siglo XIX., quienes, cuando nadie creía en ellos, cambiaron la historia de la pintura.

    Así podría citarse a muchos autores, literatos, músicos, artistas, que buscaron sus singulares maneras de expresarse y lo hicieron con total valentía y seguridad, sabiendo qué era lo que deseaban expresar.

    Existen temas arduos, difíciles para tratar en la literatura como lo político, lo esotérico, lo sexual, etc. Se pueden tratar todos los temas, algunos como los fantásticos u oníricos, permiten dar rienda suelta a la imaginación, sin límites, ni medidas.

    En lo político sólo aquellos que están muy interiorizados de algo tan complejo y complicado lograrán hacerlo. En la narrativa es común encontrar temas de índole sexual, en estos casos lo interesante sería no caer en lo grosero, lo chabacano, las sutilezas en el lenguaje muchas veces dicen más que otras expresiones.

    Se debe conservar la rigurosidad de las palabras, guardando la armonía del idioma que habría que preservar, utilizado los vocablos justos que correspondan a cada caso, porque cada una tiene su propio y valioso significado. 

    En una de sus bellísimas poesías el siempre ejemplar Borges expresa: 

    “Si (como afirma el griego en el Crátilo)

    el nombre es arquetipo de la cosa,

    en las letras de la rosa está la rosa

    y todo el Nilo en la palabra Nilo”. 

    Por tal motivo se tendría que rescatar el propio valor de las palabras, con la sana intención de elevar el lenguaje, de intentar enaltecer su uso, su manejo literario, y aunque se sabe que los idiomas son herramientas vivas de la humanidad, que van cambiando y modificándose, como los ríos, sería importante preservar su buen manejo. De esta manera se podrá estimular el buen decir, el buen hablar y el buen escribir.

    El ideal de todo escritor sería interesar a diversos tipos de lectores, llegar al gran público para que lea sus producciones,

    Vale la pena intentarlo.

    Hay autores que siempre dejan una huella profunda, que motivan a las generaciones que le siguen. Ellos son los que marcan el camino.

    (c) Elida Graciela Farini

    Córdoba

    publicado el 24-10-2008

 
 
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