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El maniático virus del escribir - Luis D. Gutiérrez Espinoza
 

Ponencia de Luis D. Gutiérrez Espinoza durante el Primer Congreso del Consejo Hispanoamericano de artes y letras realizado en Piura (Perú), en las instalaciones del Museo Vicus y durante los días 15, 16 y 17 de agosto de 2008, que contó con la participación de poetas, escritores, pintores, guionistas y actores de teatro de Ecuador, Perú y Argentina, donde en la fecha inaugural el autor participó como Ponente con el tema: "El Maniático Virus del Escribir",


El Maniático Virus del Escribir



(Arequipa/Perú) Luis D. Gutiérrez Espinoza

Lo diré en serio y en reflexivo divertimento y sin ninguna recomendación que lo anule o mitigue, por cuanto La Escritura, El Escribir y El Escritor, representan esa típica afección que cura y sana desde supinas ignorancias hasta noches en blanco y además y sin excluir edades, todos esos raros males del alma, llámense: Curiosidad, intriga, esparcimiento, placer, entretenimiento, conocimiento, cultura, complicidad, dolor, aventura, etc., etc., que suelen aquejar al lector e incluso al autor mismo de todas esas tramas, realidades, mitos o ficciones que subyugan a cuanto hombre o mujer cae en sus redes.

Ciertamente, de cabo a rabo y en todos los confines de la tierra, se desconoce cuándo el hombre comenzó a escribir, si es que por escribir entendemos la graficación lógica de las ideas, la opinión y el pensamiento y más todavía, si estas dimanan una fina y/o ruda estética que de hecho nos atrapa y nos cautiva.

Pero, escribir, ¿acaso no lo es y similarmente la antigua pintura rupestre?, máxime si ella y con distintos signos a los hoy conocidos, igual constituyen una clara manifestación de las ideas y el pensamiento, los deseos y la voluntad de quienes en su momento la realizaron.

Y típico ejemplo de ello y en nuestra región sur peruana, tenemos a los Petroglifos de Toro Muerto en el Valle de Majes y las Cuevas de Toquepala en Tacna y en otros reconocidos lugares, las Cavernas de Altamira en España o el Valle del Coa en Portugal o la Cueva de las Manos en Argentina. Indudablemente algo expresan, algo dicen. Y eso es escritura y eso es escribir.

En tal sentido y respecto esta ancestral manía nuestra, el hombre genéticamente está condenado o signado a expresar sus actos y sus ideas, su imaginación y su creatividad, sus perspectivas y sus aspiraciones, sus sueños y sus devaneos, básicamente mediante el lenguaje oral o escrito y cuando éste, se transforma en Literatura, mejor aún, por cuanto ella es una de las bellas artes que contribuyen a elevarlo y enaltecerlo, convirtiéndolo así en más humano, más sensible y visionario y sobre todo, más dueño de sí, especialmente de su progreso y de su propio desarrollo personal, que por beneficioso efecto de rebote, redunda además en el de su entorno y en el de la sociedad misma. Es decir y quiérase o no, la Literatura actúa como un válido instrumento evolutivo y un positivo generador de cambio.

Florituras aparte, uno escribe, al menos en los inicios y ni recto ni en renglón torcido, de puro ingenuo y romántico y quién sabe, súbitamente atacado de púber o adolescente amor y poesía. Y aunque probablemente la lectora (musa esquiva, ajena o anuente) de nuestros sueños nos voltee la cara o ni se entere ni se interese, siempre a ella enfilaremos nuestras baterías y nuestros desvelos, ¿qué si entonces es la poesía o la epistolaria las primeras en socorrernos?, pues a ellas nos aferramos y con ellas nos orientamos, ¿qué si luego les agarramos gusto y del solo gusto seguimos escribiendo?, pues qué le vamos a hacer, ya estamos con la enfermedad encima y el virus, hasta parece bien entornillado en el alma, de esta manera convencidos de nuestro destino y generalmente en solitario, cual auténticos y leales escribidores, muy diestros y decididos avanzamos y cargamos nuestras luces y nuestras sombras.

Así las cosas, descubierta ya la literatura y el escribir convertido en febril vicio y después mutado en sano oficio, con la soleada palabra en mano y libros en bandolera, nos vamos de guerra, nadamos contracorriente, aramos en el mar y arremetemos contra molinos de viento que alguien, vaya uno a saber y tampoco interesa si con buena o mala leche, interpone en nuestro andar y nada señor, que seguimos adelante y continuamente escribiendo, que si para bien o para mal, no lo sabemos, sin embargo y de repente, sí el hoy o la posteridad… y cual un bravo Antonio Machado cantor, decimos y nos decimos: “Caminante no hay caminos, se hace camino al andar…”. Entonces y ya harto afectos a nuestro sino y las más de las veces, ilusos y con precaria alforja y con gastadas sandalias, alegres salimos a las sendas y hasta las reconstruimos y las renovamos, ¿qué importa nos persigan, nos aplaudan o se persignen a nuestro paso?, la cuestión es que somos libres y la libertad es nuestra voz y nuestra bandera, por eso y a modo de Violeta Parra, también solemos decir: “Gracias a la vida, que me ha dado tanto…”.

Irreverentes o no, razonantes o no, objetivos o no, boquiflojos o no, transgresores o no, polémicos o no, controversiales o no, ilustres o no, imaginativos o no, contestarios o no, escribir es pensar para hacer pensar, vivir para hacer vivir, es entregar cuerpo y espíritu al ideal de un mundo mejor, es servir y no servirse, es echar aromas y sazones al aire para que al respirarlo, siquiera algunos gusten y regusten la vida, es dibujar en el viento caballos de colores (pegasos, centauros y unicornios) y quien quiera corra y vuele en ellos, es Juan Salvador Gaviota horadando nubes y tiempos, es Pedro Páramo abriéndonos las puertas de lo incognoscible y lo súbito, es Madame Bovary y sábanas desatadas, es El Profeta hablándonos de las cosas simples de la vida… porque quien escribe transmite la ilusión de su pluma y pinceles para que otros y viendo por sus ojos o con sus propios ojos, sigan creyendo e insistiendo, a punta de absurdos, insomnios y avidez, que la magia, la realidad y las maravillas existen y subsisten, pese muros, contradicciones y tropiezos.

Y el gran Gabo es posible nos sople al oído sus “Cien Años de Soledad” o Gao Xingjian, nos lleve a escalar con él “La Montaña del Alma” o Anthony de Mello y en lo íntimo de nuestro ser, nos haga escuchar “El Canto del Pájaro”… lo sustancial, es que el escritor ya no es el Yo ahí en sus líneas, es el Tú, es el Nosotros, es el lector mismo que soy yo, que eres tú, que son todos. Es el espíritu que desprendiéndose de sí, nos cobija y nos enriquece.

En consecuencia y qué duda cabe, La Palabra nos acerca al ideal de la existencia, a lo eterno, porque su sonido pasa, pero su sentido queda y nos marca con su indeleble mensaje, trocándose de esta manera en la expresión simultánea del hombre y su trascendencia. Aprendida así, manifestémosla sencillamente, sin el academicista rigor y encasillamiento, perifollo retórico y hermético, que al final oscurantiza el camino o no dice nada, porque La Palabra, dinámica del pensamiento, es la accesión al entendimiento, de tal suerte que el poeta o el escritor, faciliten y promuevan su comprensión, porque de una forma u otra, ellos portan e interpretan el sentir ajeno, logrando concentrar en sí toda la fatalidad o tragedia personal o histórica. ¿Qué quiero decir?, que la Literatura se alimenta del lenguaje comunicante, de los sueños, las realidades, los mitos, los asombros y las imágenes de su tiempo, transmutándolas todas en un acto lúcido y libre, liberalizante y humanizante, por lo que conlleva, ineludible e indudablemente, una pasión, un compromiso, una utopía.

La Palabra es cuestionante, es la imaginativa, incansable búsqueda de la verdad, es el derecho a ser honestamente nosotros mismos y en contrapartida, la obligación de serlo con el lector, es la pertinaz interrogante que posibilita encontrarnos con nuestras ilusiones, con nuestros sentires, con el costado que nos duele. Razón y corazón develando el arcano y lo cotidiano y así, descubrimos que la primera virtud del escribir, tanto para el autor como para el destinatario, consiste en la revelación del propio ser, porque la conciencia de las palabras engendra la conciencia de uno mismo, del conocerse, del reconocerse, ya que irremediablemente uno habla por todos y para todos. Válida empatía concediéndonos ver fondos y formas, por cuanto, reitero, el Arte en general, debe contribuir a enaltecer valores y relievar principios, suscitando el pulimento y desarrollo de nuestro mundo interior, creándonos un ser y brindándonos, una proyección, un crecimiento.

Y tal vez además, inmanipulante y dialogal, siempre La Palabra y la obra literaria en sí, nos ayuden a encontrar nuevas respuestas, nuevas preguntas o nuevas inquietudes y alternativas a estos nuestros enigmas o nuestras quimeras, la inesperada sorpresa en la Caja de Pandora, porque de hecho constituyen un nexo entre la realidad y lo onírico, entre la posibilidad y las aspiraciones, entre lo creíble y lo increíble, entre lo que es y lo que no es, entre lo aparente y lo concreto, de ahí el espíritu mágico maravilloso de la Literatura y la belleza, mensaje y hondura, verosimilitud o credibilidad de nuestras páginas y nuestras visiones.

Y de esa propuesta y relación obra-autor, pensándose comúnmente que es nato don e inspiración y vista ella como un celestial estado de gracia y etérea suspensión, que hacen de los poetas y escritores seres fuera de este mundo y la realidad, es dable remarcar cuán pegados a la tierra viven y están, caso contrario, nada tendrían por realista, concreta y metafóricamente expresar, especialmente si ellos se nutren del mundo y hacia el mundo generosamente van, por tal causa, ahora y bien sabemos, una obra o un libro son y representan 10% de inspiración y 90% de transpiración. Sangre, sudor y lágrimas que convierten al autor, en todo un hombre pensante y persona de acción, muy distante de esas apreciaciones de pusilánimes, snobs o frívolos, divagantes u obsecuentes, ultras o reaccionarios, románticos, sofisticados o ególatras y extravagantes en continua ensoñación o pretensiones de artificiosa potenciación u optimización neuronal o sensorial en paraísos de cruda bohemia o sombría soledad, a lo Charles Bukowski, representativo escritor de la cultura beatnik en los Estados Unidos de Norteamérica, allá por los años ’70 del siglo pasado y que corrientemente y en muchos, creo y espero, más es una pose, protagonismo o desubicación (sociopatía, neurosis o crisis existencial, decimos) y no una convicción o real estilo de vida dignos de emular y mitificar.

Maniática manera esta de destazar al autor, lector exigente y caníbal que en tres o cuatro trazos, se aviene a buscarle el alma y encontrándole razones le descubre espíritus y sentidos, errores y sinsabores que siendo suyos o ajenos, son el espejo de una época, de una sociedad o de un mundo. Lugar, tiempo y acción, desentrañando circunstancias y pareceres, pasos y realidades

Maniático virus este de escribir y narrar, a tiro de libro y casi con risueño humor, los mil y un avatares hechos palabras y médulas, vivencias y caminos, que haciéndose historias, nos introducen dentro de ellas y luego igualmente contagiados, las vivimos, las sufrimos, las transmitimos.

Maniática escritura esta de plantear análisis y conclusiones, para que obviando el “Por tanto”, arribemos a opiniones cuyo fondo y forma y sin pontificación alguna ni presunciones de suprema verdad revelada, cada quien en su singularidad, libre y soberano pensamiento, habrá francamente de consentir o corregir:

Ø La escritura, es comunicación y empatía, es rumbo, visión y horizonte.

Ø El escritor es pasión e incondicional entrega, porque amando lo que hace, lo hace desinteresadamente y de igual modo, lo brinda y se brinda al lector.

Ø La escritura es ancestralmente aprendida y ya connatural al hombre. Es atávica y es característica e integradora del medio, con sus particulares códigos e ideogramas.

Ø El escritor, es investigación y estudio, es discernimiento y conciencia y a la vez, reflexivo y ponderado objetor de conciencia: la política, la social, la religiosa, la jurídica, la económica, la cultural, etc.

Ø La literatura, es un arte que requiere originalidad y belleza, diálogo, universalidad y contenido, la verdad, mucho contenido, sin dogmas ni sectarismos, ya que es verdaderamente inclusiva e integradora.

Ø La literatura, no es frío intelectualismo al servicio de una causa, es humanidad libre y nunca sometida, en toda su dimensión y acepción.

Ø La literatura, propicia conocimiento, arrojo e iniciativa, creatividad, desarrollo y progreso individual y colectivo.

Ø La literatura, sobrepasando la temporalidad, devela misterios, descubre arcanos, asienta la Historia, de ahí que la ficción supere la realidad.

Ø La literatura, sabe ser precognositiva y clarividente, porque ocasionalmente prevé y suele adelantarse a las circunstancias y a su tiempo.

Ø El escritor, es mente abierta y solidaria, rebelde y librepensador por naturaleza, es un dínamo innovador y un sólido elemento promotor.

Ø El escritor, no nace, se hace. Aporta y soporta el peso y sentido de sus propias responsabilidades éticas y estéticas, morales y sociales, crea cultura y genera proposiciones y acciones de cambio y de futuro.

Y es en este contexto que los Gobiernos Locales y los Gobiernos Regionales han de saber involucrarse, para que en concordancia con sus ideales y funciones, fines y objetivos, deberes y obligaciones previstos en sus correspondiente Leyes Orgánicas y las normas que los rigen, hayan de apuntalar sus acciones y su participación en pro del bienestar, progreso y desarrollo de sus propias áreas de influencia, territorio y gobierno, al amparo de las mismas necesidades y posibilidades que el entorno les presenta y les requiere a fin de que como parte de una positiva política cultural y social, asuman realmente la promoción de la industria editorial y la producción bibliográfica y literaria y así, masificar y abaratar sus costos, consumos y prácticas mediante el establecimiento de Fondos Editoriales, Concursos Literarios y/o Talleres de Escritura y Creatividad tanto en la entidad pública, como en la empresa privada u otras instituciones, basándose en lo previsto y prescrito por La Ley General del Libro y su Reglamento y Ampliatorias y Modificatorias, Ley Nº 28086 del 11/10/03, Decreto Supremo Nº 008-204-ED del 19/5/04 y el Decreto Supremo Nº 010-204-ED del 3/6/04 respectivamente, para que precisamente en el Perú y con un claro horizonte y efecto multiplicador, propician y apuntan a que se complementen o sinergicen labores y esfuerzos y se aboquen a la tarea de fomentar lectoescritura y conocimiento, cultura y criterio y por ende, desarrollo y entendimiento, paz y progreso, integración e interrelación que eso sí es construir nación y sobre todo, hacer país, porque de nada valen las mejores proyecciones y/o perspectivas si es que se carece de sólidos referentes y/o cimientos y fuertes lasos socioeducativos: Eticos, morales y estéticos especialmente.

Como ven, predispuesto y largamente ejercitado en el maniático virus este, el de escribir digo, pisando las solemnidades y cuidándome de los solemnes, fuera de turbas y manadas, tecleando ávidamente en el procesador, prendido al monitor con Bob Dylan, Bethoven o Joaquín Sabina sirviéndome de compañía, me aquieto, revuelvo y pienso y tras un sorbo de café y una larga pitada, comparto lo que suelo compartir con quien buenamente quiera oírme y amablemente departir:

Dicen que frotando las palabras contra un papel, algo mágico sucede. Dicen que así el espíritu se alivia y los ojos se abren. Luego, dicen ocurre, el hombre se hace poeta, también escritor. Y son la pluma, los andares y los libros su alimento más preciado… así entonces, yo vivo y escribo: Tercamente humano y humanizante,.

(c) Luis D. Gutiérrez Espinoza


publicado el 23-6-2008

 
 
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