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Estás aquí:  Inicio >>  Cuentos, poemas, relatos >>  En los ojos de un extraño - Manuel Coronado Ruiz- desde México
 
En los ojos de un extraño - Manuel Coronado Ruiz- desde México
 

...Si me preguntan quién era Derek, respondería que no sé. Hoy lo veo como un extraño. Y duele recordarlo de esa forma. Lo único que recuerdo es que mamá llegó hace tres semanas a visitarme a casa y me contó que había regresado...

EN LOS OJOS DE UN EXTRAÑO

All alone now
Except for the memories
Of what we had and what we knew
Every time I try to leave it behind me
I see something that reminds me of you
Every night the dreams return to haunt me
Your rosary wrapped around your throat
I lie awake and sweat, afraid to fall asleep
I see your face looking back at me

-EYES OF THE STRANGER-

QUEENSRYCHE

The time is close now, the end is a near.
My walk through the valley, trails of fear.
I feel empty, my penance overdue,
I guess it's too late now to be with you.


I'm extremely frightened of what will surely be.
I sold myself, the death of me.
I know you can't forgive me. I know I'm on my own,
I've betrayed you

I walk alone.

ICED EARTH

Der Andere ist der erste Mensch, nicht ich...©

HUSSERL

Pa´ The Mirror Black

I

Aquella tarde pase a visitar a Alicia a su casa. Recuerdo que había tenido un aburrido día. Me sumergía en mi cotidianidad que me ayudaba a sobrellevar las clases finales del colegio, así que necesitaba concentrarme y terminar de una forma aceptable mi bachillerato. Sin embargo no podía. Algo, o tal vez alguien, impedía que pudiese encontrar aquella calma que me ayudara a encontrar cierta pasividad que hiciera pensar que era feliz. Creo que en esos días me era difícil. Mi tiempo se detenía en lo habitual que experimentaba al salir de las aulas. Y lo habitual se entretejía con mis visitas a la casa de los Conrados y mi romance con D. Aunque últimamente, mi relación amorosa se dirigía aun vacío incompresible para mí en ese momento. Y la única explicación que le encuentro ahora era el saber que viviría “perpetuamente” con ese alguien cuya vida iba estar sujetada a mi espacio e irremediablemente me llevaba a no desgastar nuestro compromiso, y prefería saber quién era Derek como una curiosidad que invita a portarme mal. De allí que me detuviese con Alicia y buscara el pretexto para dibujar el alma de su hermano. Mamá sabía aquello: había descubierto mi gran interés por aquella familia, por así decirlo. Me observaba y se reía de mí cada vez que llegaba del colegio: correría a la otra acera de la calle para buscar a su hermana y pasaría largamente las horas en su casa. Regresaría contenta de no se porqué y me observaría entrar. Con su mirada me recriminaría mi juego absurdo. Había algo que no le gustaba de Derek. ¿Nunca me dijo qué era lo que le inquietaba? Hoy noté eso y mamá me cuestionaba hacia dónde llevaría las cosas y qué tanto beneficiaria mi relación con D.

Era difícil contestarle algo sensato que pudiese entenderme. Tomo la desviación hacia la Misión del Sol. Cruzar la glorieta y llego por fin a la colonia. Mamá me había encargado algunas cosas para la cena. Me detengo en el estacionamiento de la carnicería de Los compadres y todo se vino como un reflejo. Entro al lugar. Saludo a la cajera, tomo mi turno y mientras observo cómo el carnicero atiende a los clientes. Me acuerdo de Derek. Cómo olvidar su rostro cuando le mencioné que me iba a casar con D.: ví cierto brillo extraño en sus ojos. Aunque, sólo escuche decirle algo así como “Felicidades”. Por un momento pensé que tal vez Alicia podía saber qué era lo que hacia mirar de esa manera a su hermano y me hacia acerca a su mundo de una forma ingenua y torpe. Era cierto, había caído en un juego silencioso con Derek. Indiscutiblemente se reía de mí. Mi comportamiento le daba indicios de que lo había convertido en mi pasatiempo preferido: Programaba por horas ese encuentro del diario: a la una de la tarde saldría rumbo a la escuela. Lo encontraría tres minutos después al bajar las escaleras, sonreírle no era nada difícil. En ese instante que nuestros ojos se cruzaban olvidaba a D. Se hacia un lado para que yo pasara. Subiría hasta el tercer piso donde vive su familia y antes que su madre me abra la puerta, lo veré desaparecer al dar vuelta en la esquina. Me quedaré parada viendo desde la ventana del pasillo donde se encuentra su apartamento y cinco minutos después observaré pasar el camión. sé que terminará regresando a las diez de la noche, si es que no se pierde en el billar con sus amigos de su colegio.

No tardé más de quince minutos en la carnicería. Dejé la despensa en la casa y crucé la calle. Subí como de costumbre a su departamento. Sabía que estaba Derek, ese día no fue a la escuela. Así que tuve que tomar como pretexto la tela para mi vestido de graduación. Toqué el timbre y la señora Conrado me abre la puerta: me recibe con un beso y señala que Alicia se encuentra en su habitación. Al cruzar el hall, Logro escuchar una risa. Veo a Derek parado de perfil riendo como niño ingenuo. Su hermana lo ve con cierta gracia. Siente mi sombra. Voltea y me ve. Me sonríe y sale de la habitación y entra a la suya que se encuentra enfrente a la de Alicia. Le pregunto por qué se estaba riendo y me dice con cierta ternura: una admiradora anónima le habla en la madrugada. Lo despierta y las primeras líneas que le dice es: “¿te desperté?” Y él le responde: “¡creo que sí!” Y cuando quiere saber más de ella., le cuelga. Y después de algunos días, cuando ya no recuerda nada de ella, le vuelve hablar. Creo que es la única que ha sabido encontrar su lado romántico, su lado oscuro. Deja el libro de Gabriel García Márquez que tenía en sus manos.

Me pide que me siente. Le muestro la tela que compré para mandar hacer mi vestido de graduación. Le menciono que el color es un azul extraño, más oscuro que el azul cielo. Nos interrumpe Mayra, la hermana pequeña. Se acerca hacia mí y me abraza. Veo que trae en una de sus manos un avión a escala. Enojada por que Derek no pudo llevarla al cine, nos pide que le tiremos a la basura uno de sus aviones que acostumbra armar cuando quiere evadirse por un momento de su amargura –por lo menos era lo que decía su papá-. Tomo el avión y le juro que cumpliré mi promesa. Alicia la regaña, le pide que no sea grosera con Derek. Veo salir a Mayra molesta. Indiscutiblemente tiene ciertos rasgos de Derek, creo que esa mirada extraña, esa forma de expresarse a través de sus ojos. Continúo charlando con Alicia. Mientras ve la tela, me quedo callada por un momento e irremediablemente le pregunto por qué siempre tenía la mirada triste su hermano. Deja a un lado la tela. Se queda pensativa. Ve el libro que estaba leyendo y me responde con cierta duda, cómo si ella también se hiciera la misma pregunta: “Así nació, con ojos de perro azul”. Nos reímos. Y seguimos hablando de la tela que había comprado. Aunque, siempre mi mirada se perdía en la puerta del cuarto de Derek. Alicia me ve: comprendía que me había atrapado Derek. Y me dice: “Ya te enamoraste de su sonrisa”. Inmediatamente le cambiaba la conversación, le comentaba los planes de D. y la posibilidad de casarnos ese año. Me decía que era afortunada: “D. es un hombre apuesto y con un futuro prometedor”.

En la otra habitación se escuchaban las notas de Yellow ledbetter de Pearl Jam: ¡Vámonos!, me dice Alicia. Ya empezó con su ruido Derek. Salimos de su casa rumbo a la colonia Herrera, allí vive doña Josefina, la costurera. Fue la última vez, después de cuatro años, en que no supe nada de él: se abrió un silencio donde su rostro se mantuvo en la distancia, de cualquier forma siempre estaba allí.

II

Hoy me acuerdo que tenía quince días de haber terminado mi bachillerato. Mis visitas a la familia Conrado ya no eran tan frecuentes. Intentaba no distraerme en preparar mi examen de admisión a la universidad. A mamá se le hacía extraño que ya no pasara tiempo con Alicia. Aunque en cierta forma eso la tranquilizaba. Aquella noche fue algo extraño mi percepción de Derek, por así decirlo. Alicia llegó llorando a mi casa. Me dijo que su papá había discutido con su hermano y lo había corrido. Creo que se habían agarrado a golpes <>. Tenía tres días buscándolo y no lo encontraba, así que me pidió que la acompañase a la casa de algunos de sus amigos. Tomé el auto de mamá y fuimos hasta el otro lado de la ciudad. No fue difícil encontrar a ese amigo. Preguntamos por él. Nos dijo que le prestó dinero y creo que se había ido a Alaska, estaban reclutando en San Isidro trabajadores para un barco pesquero, o al menos fue lo que le dijo a su amigo. Alicia estuvo un poco más tranquila. De cualquier forma sabía que Derek resolvería su situación en cualquier lugar que estuviese. Para aligerar el ambiente le dije que no se preocupara, tal vez sería feliz viviendo entre osos polares, sirenas, esquimales y lobos marinos que en su casa. Diez meses después recibimos noticias de él. Estaba trabajando como auxiliar de cocinero en un barco de investigadores extranjeros. Sólo supimos eso. Fue breve su carta. Sólo una foto donde se encontraba con amigos y atrás, en el fondo, una bandera de un país del cual nunca reconocí.

Ya lo había olvidado. No me acordaba de él. Inclusive, ahora pienso que fue un ser ordinario. Y que nuestro juego se debe a mi inmadurez de juventud que nos invita a portarnos de una forma absurda y estúpida. Tenía y tengo todo con D. Sé que su carrera como abogado se va a iniciar, y por qué no, una carrera gubernamental que nos permita realizarnos. En este momento suena el timbre ha llegado D. Tenemos tres meses de habernos casado. Tuve que irme a vivir a casa de sus padres. Así que durante ese tiempo supe poco de la familia Conrado. Aunque recuerdo que hace un mes vi a Alicia con Mayra, estaban en Burger King de San Isidro. Ese día sentí la presencia de Derek, no sé por qué. Mayra me mostró un dije en forma de Dragón que le había dado él antes de irse. Estaba emocionada porque pronto regresaría. No me dejó platicar con Alicia. Me hablaba de las historias que le había escrito en la última carta su hermano. Salí de ahí prometiéndole que las iría a visitar pronto. Aunque al tomar el freeway y cruzar la línea me olvidé de ellas, ya no existía un pretexto para verlas. Mamá pasaba la mayor parte en nuestro departamento”.

Hoy siento que cuando nos acercamos demasiado a las personas, irremediablemente nos encontramos con un tiempo mutuo que nos envuelve en recuerdos e imágenes que no permite evadir los lugares comunes. Es difícil olvidar abruptamente algo o alguien.

III

Si me preguntan quién era Derek, respondería que no sé. Hoy lo veo como un extraño. Y duele recordarlo de esa forma. Lo único que recuerdo es que mamá llegó hace tres semanas a visitarme a casa y me contó que había regresado. Me platicó lo que le había contado la señora Conrado. Hablaba que su hijo pasó la mayor parte de los cuatro años en la Antártida y que el frío era intenso. Lo veía más tranquilo e inclusive tenía planes de estudiar la Universidad. En cierta forma me alegré por él, a pesar que aquella vez que lo vi, al ir a visitar a mi madre, lo noté distante, aunque nunca nos dirigimos una palabra: escucho un auto estacionarse. Me asomo a la ventana pensando que es D. quien queó de comer con nosotras antes de irse a su clase de Derecho. Sin embargo, es la hermana menor de Derek, Mayra. Se baja del auto y le grita a Derek. Abren la ventana y veo el rostro de la señora Conrado que se asoma: sus manos se mueven de una manera que reflejan cierto enfado con ella. Cierra la ventana. Mayra se voltea eojada y me ve. Se tapa la boca con la mano y se ríe conmigo. En unos minutos veo a Derek bajar del edificio: entrega la lonchera de la niña a Alicia. Se suben al auto y Derek ve como desaparecen a lo largo de la calle. Su mirada se pierde por un instante en el piso y voltea a mi casa. Me ve con ojos de perro azul. Me sonríe con ojos de perro azul. Me saluda con ojos de perro azul. Llega un auto y se detiene enfrente de él. Habla con el conductor. Veo en un instante como sus facciones cambian. Ya no son esos ojos de perro azul. Se transforman en algo que no es él –o al menos quiero creer que no es él-. Creo que empieza a discutir con el conductor. Se sube al auto y cierra la puerta molesto”.

Era extraño, volvía a estar Alicia y Mayra con él, sin embargo, aquella ocasión noté cierto distanciamiento con ellas. Era más frío. Parecía que le angustiaba algo. Siempre desconocimos el círculo de amigos que frecuentaba. Nunca supimos en qué estuvo metido, en aquellos tiempos crecimos juntos e inevitablemente algo nos unía. Sin embargo, el tiempo borra la esencia de las personas. Mi tiempo borró rastros de él: hoy empieza a salir el sol en Tijuana, aunque para la familia Conrado el sol se había ocultado: quién iba a pensar que encontrarían a Derek tres días después de la última vez que lo vi en las afueras de la ciudad encajuelado.

Veo salir a mamá de casa. Llegué a recogerla, vamos a ir al velorio de Derek. Se habla mucho de él. Realmente se desconocen los motivos de su muerte. No me duele verlo terminar de esa manera. Hoy lo recuerdo y desde ese día lo vi como un extraño y me preguntaba cómo era posible que ojos de perro azul se me hiciera tan ajeno, tan desconocido. Era cierto, esos últimos cuatro años no supimos nada de él: en ese silencio era posible todo. Hoy sólo podría pensar que él no me conoció y que al igual que la mujer que lo despertaba por teléfono en la madrugada intentaba conocerme, saber quien era: inevitablemente me veía reflejada en los ojos de un extraño, en los ojos de Derek.

© Manuel Coronado Ruiz

imagen: (de la muestra Fotografía subjetiva, Museo Nacional de Arte Decorativo. 2007)


 
 
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