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Ulrico Schmidel en derrotero y viaje a España y las Indias- Hugo Matías Zeoli
 

Ulrico Schmidel en derrotero y viaje a España y las Indias
La retórica de un subalterno

por Hugo Matías Zeoli, desde Buenos Aires
Ulrico Schmidel en derrotero y viaje a Espña y las Indias
La retórica de un subalterno

por Hugo Matías Zeoli, desde Buenos Aires

Introducción


Al leer el prólogo de Bartolomé Mitre, edición que conserva la Biblioteca Nacional, éste confirma la postura inicial de este ensayo; al decir lengua subalterna, se piensa que la obediencia al mando de la expedición, el orden jerárquico vigente, la idea de una cultura renacentista con su patrones éticos y, teniendo en cuenta la obediencia que Schmidel experimentaba debido a su posición social, determinó los límites de la enunciación de este texto; la constitución de los sujetos de su relato, estilo brevedad y concisión, pero acentuando una sumisión a los cánones establecidos, definió el estilo de su texto.
Si se compara el punto de vista de los grandes capitanes (1) con el de Schmidel, los primeros e incorporan muchos elementos a sus historias personales, pero nuestro Lansquenete, escribió una obra fruto de la espontaneidad.

Sin imaginación, breve y conciso, eclipsó la narración, prefiriendo la seca noticia;del nombre de la tribu y el número de sus integrantes, así como las armas que tenían los miembros de la expedición, Schmidel, además anotó la cantidad de muertos de ambos bandos; mirada desde abajo, pero omitió decir como miraban los nativos de esta región, a la Pampa, sus mujeres; qué sonido tenían sus palabras al hablar con el cielo y sus animales.

Sueños, pesadillas, humor, no hay en este relato suyo, así como también falta saber que impresión produjeron en los nativos, las herramientas de labranza, las armas de fuego y la entronización de una imagen venerada al fundarse la ciudad cerca del río.

También hay que destacar que el manuscrito original de la obra, así como el sepulcro de su autor, no se hallaban, al momento en que los investigadores realizan la lectura del texto en la versión latina.

Dependiente de comercio, alistado como soldado, estas ocupaciones evocan al testigo de hechos inmemorables, creer que Schmidel escribió sin saber la importancia de su obra agradará al erudito que lo descubre por vez primera.

También debemos disentir con el prólogo de Mitre y la sensatez de un símil con la escritura homérica.La razón es muy simple; odisea, hechos descarnados, además del incendio de otra Troya y el regreso del héroe al hogar, ¿Qué más se puede agregar?.

Sí, que esta no es poesía, no hay lírica ni está el aeda, pero está el registro de hechos que se repiten sin fatigar al lector y éste es un gran mérito del autor que se dedicó al “arte de la herrería”, martillando con la palabra, la misma serie de objetos, las acciones similares.

En este sentido, cabe reflexionar que valor asignarle al laconismo de Schmidel y sin duda tener noticias de los errores ortográficos y el fino trazo de su tinta no embarga a los que aún valoramos la escritura que refiere desde el derrumbe indio como una lengua suplantó durante siglos a la nativa, aunque leemos a Schmidel porque en su lengua sólo quiso contar como conquistaba al continente americano, su raza, la europea.

Conviene aclarar que la justificación de este ensayo se halla en el citado pròlogo.Allì se alude que el autor fue un soldado de escasa instrucción; no hallará el lector, la alusión de la avidez económica, Schmidel evitó relacionarse con el deseo mercantilista;el espacio, ese ir de un lado hacia otro construye una aventura ansiosa porque el autor omitió escribir que la ilusión de la empresa era el hallazgo del oro.




Primera parte

En un prólogo de Enrique de Gandia, corresponde a la edición de 1947, se puede saber que Paúl Groussac se mofaba del texto de Schmidel diciendo que adolecía de errores. Esto debióse a que nuestro autor escribía de memoria, diez o hasta treinta años después de los sucesos descriptos, dándose luego, a crear con arte simple su manuscrito.

Tampoco se lo puede considerar el primer historiador de estas tierras, Alvar Núñez lo precedió con holgura; llamado en los primeros escarceos filológicos, “sordo, ignorante, desmemoriado”, el apodado Utz ha relegado a la ignorancia a sus traductores.

Sobre su evocación calculada o fría, no posee el encanto poético de Bernal Díaz; este ensayo cree que el “derrotero” obedece a una costumbre de la época:”no contradecir la empresa mercantil con exabruptos”.

La obra de Schmidel ofrece algunos riesgos: la primera edición, la de 1567 se publicó en dos volúmenes o partes, sin numeración de tomos, pero con distinta foliatura, pero ambos llevaron diferentes títulos, sutileza a la que se tiene acceso después de comparar las distintas versiones.

En la segunda foliatura, Schmidel encabeza la primera página de modo similar; llamará la atención que ha agregado “interesante”, este atributo no es innecesario, pero esta pericia demuestra que el buen Lansquenete conocía el adjetivo y sabía como usarlo, sólo que no gustaba abusar de los adornos y su gusto por la denominación del objeto lo llevó a elaborar largas series donde los sustantivos constituyen el soporte textual de su texto de travesía:”verídica e interesante descripción de algunos países indianos e islas, que no han sido mencionadas anteriormente en ninguna crónica, explorados por la primera vez en el viaje de navegación de Ulrico Schmidel de Straubing con mucho peligro, y descriptos por el mismo con mucho esmero”

Para cotejar esto, no aparecerá, la consabida ripiosidad, sino que el investigador hallará que de esta edición se dice que “es tan rarísima que pocos la han visto en el espacio de tres siglos, según Mitre, y que le faltaba el preámbulo y el epílogo del autor.

Para dispensar tanta errata, al benemérito Utz le cabe el derecho a mostrar que sus errores ortográficos pudieron tener origen en lo siguiente: Alemania dividida en reinos no poseía unidad ortográfica y cada comuna escribía a su “albedrío”, esto lo dice Wernicke, quien en la edición de 1947,declaraba haber trabajado con fotocopias del original, alrededor del año 1938.


Sirva de ejemplo saber que Dios y Nosotros se escribían de siete formas distintas en regiones diversas de Alemania.

En forma transversal para hallar el rastro, según escribe Wernicke (2), se debe saber que la obra del Sargento Utz estuvo casi cuatro siglos arrumbada y que en la actualidad se lee con inusual interés y que después de su lectura, noveles escritores, sin leer la advertencia de la edición de 1903, de Lafone Quevedo, se han constituido en clásicos, interpretando esta obra y sin tenerla en cuenta como fuente original de errores.




Segunda parte

“Lo que erige a la palabra como tal y

la sostiene por encima de los gritos

y de los ruidos es la proposición

oculta”.

Michel Foucault




La crónica de sucesos elabora una clasificación de acontecimientos, elige que decir y lo oculto parece ser aquello que no es necesario decir porque carece de trascendencia.

En la obra de Ulrico Schmidel “Derrotero y viaje a España y las Indias”, la serie de embarcaciones que se desplaza por el continente americano, no representa un paralelo con el catálogo de las naves que Homero detalla en la Odisea, el Lansquenete prefiere ser breve y conciso, lo suyo es llevar una libreta de anotaciones precisas, una especie de diario de a bordo, escrito a reconstituir por un memorioso subalterno de la expedición, en la cual no fue proclive a la rebelión, pero registró los hechos, a los cuales legitimó con esa precisión que evita la majestuosidad y miniaturiza algunos sucesos.

Schmidel elige decir que la flota se compone de “catorce barcos”, pero no hay una tradición marítima, elusión de detalles, como en la referida descripción homérica.No se describe el resplandor de las armas ni se habla de las maniobras para salir mar adentro. En ningún momento se despliegan pendones ni el lector llegará a conocer que colores lucía el estandarte español.La detallìstica es rudimentaria y su visión lejos de ser poderosa opta por una morosidad que utiliza una lengua descarnada.

Los acontecimientos son registrados desde el lugar del soldado; llegada a una población, recepción, conflictos, matanza, avasallamiento, nueva partida, y un proceso circular de acontecimientos se suceden en este prisma aventurero.

La resignación parece campear en el suceso, se resignan palabras, Y no hay construcciones hiperbólicas, pero el relato legaliza la acción del colonizador y por resquicios brevìsimos asomará un nativo generoso y cruel.

El proceso colonizador no es cuestionado, si se pasa de un espacio a otro, todo parece ser fruto de una reglamentación ineludible.

Los colonizadores van ocupando espacios como si por obra de la fortuna hallasen pueblos constituidos como sujetos libertarios y no seres de derecho.

Las palabras que desde los tiempos arcaicos tienen gran desplazamiento, Schmidel las subordina a la toponimia,

esta aparece en pequeñas parcelas:es la perspectiva de un subalterno que obedece al poder y lo reconstituye con laconismo y obviedad.

La justificación de la matanza, el dominio del nativo, los excesos cometidos son justificados en esa travesía por una toponimia a la que nunca se la ve en su totalidad porque el colonizador siempre esta tomando posesión de algún territorio.

El procedimiento retórico parece estar en la clave de sol del colonizador, los primeros escritos exhibían hallazgos que pasaron a ser temas culturales; exuberantes iluminaron con corona áurea a los textos que pasarían a ser considerados clásicos, mientras en la sombra permanecían las crónicas de hechos,pero en las páginas del Derrotero, lejos de cautivar con el derrumbe indio, se denomina con un registro administrativo, el avasallamiento de los aborígenes, a quienes el poder va aniquilando.

La perspectiva del narrador de estos sucesos es reducida porque es la extensión del espacio dominado aquello que construye la lengua del subalterno, la deconstitución del universo indio siempre es lo oculto, porque se compartía una visión y esta consideraba al nativo como a un ser inferior, incivilizado.


En este sentido, el hábito de llegar, exigir alimentos y avasallar, son hechos que consolidan la posesión de tierras por parte del monarca europeo y sus milicias; la lengua que cuenta la dominación se estructura con una gramática que representa la función miniaturizadora:el espacio dominado no está jerarquizado por los superiores de una civilización a la que Schmidel sirve y reverencia. Como obediente hombre de infantería la sintaxis que utilizará es reducida porque es en este espacio dominado donde se construye la lengua del subalterno.

Este tiene armas, sabe compartir el deseo de dominio y dispone el reduccionismo en su escritura, asì Schmidel estarla demostrando su fidelidad a las autoridades.

No hay hazaña en su relato, no es el colonizador que profiere el exterminio o sufre largas agonías. Este relato dice que sucedió al llegar y encontrar a otro que allí estaba.

La controversia acerca de derechos y adversidades se eliden por el lado del recuento de hechos concretos: posesión, dominio, exterminio.

Se puede leer que los hombres que invadieron al territorio americano deben proceder contra la adversidad porque es incuestionable que debieron venir y al encontrarse en un territorio diferente al europeo, la adversidad estalla porque el otro es distinto, y no comprende y los combate.

Esta sintaxis destaca fuerzas espontáneas que deben combatir distinto suelo. El alma y los sentidos de los hombres no aparecen nominados y esto parece ligarse a una visión que obtura a las gentes, a las que se ve casi desnudos o pueden ser hasta “generosos” pero no civilizados.

Este texto funciona la enunciación de un sujeto de dominio, la escritura a través de los detalles de obtención de comida y el término que exige el relevamiento toponímico, al ser apresado en un espacio reducido es presa del laconismo porque su interlocutor espera pocos comentarios.

Ante el espacio a ocupar, la inmensidad de la empresa exigiría una justificación, sin embargo la ausencia de una reflexión sobre la conquista padece de gran significación.

Si se lee la conquista a través del texto de los escritores americanos, la diferencia es notable. La enunciación de los objetos, la detallistica persiste, pero el relato es como un grito acallado, la oscuridad es el tono de los relatos indianos. El arte descriptivo de Ulrico Schmidel no tiene más que un deliberado cromatismo: siempre se elide el aparato retórico; la luz del monarca, su ornato no està;el aventurero y la muerte que el narrador ve, tienen el claroscuro de la hoja en la que escribe.Si se pierden vidas se parte a otro sitio, nada màs.La traslación, la continua jornada de hambruna y muertes son la coloratura porque las pasiones y los juicios no se registran.

Esta es una prosa propia del principio del mundo. Se designan objetos, naves, muertes, cantidad de indígenas, y de muertos propios en combate.

No hay estilo refinado ni abundan recursos de la oratoria, aquí un nombre se vincula a una cosa y nunca a una disposición acertada, basada en posiciones disímiles, etc.

¿Por qué este texto carece de sinécdoque, metonimia, catacresis?.

Esto es porque el autor eligió experimentar en un lenguaje directo que lo eximiera de cualquier connotación, poder poético, asomo de una lectura duplicada. El espacio está, pero no así las voces contradictorias ni las ideas.

La desrealizaciòn del espacio resulta del desplazamiento repetido.Una sociedad en trayecto continuo registra lo que va dejando a su paso porque tiene poder para nominar un trayecto.

La enunciación de objetos no se detiene en la representación de la sociedad que va a ser atacada, su escaso valor de representación padecerá de simbolización porque Schmidel aprendió a desarrollar la visión jerárquica a la cual sirve como asalariado, sólo renuncia a la toponimia porque el ser que vive allí es un detalle, un numero: todo es trayecto y el texto elude detenerse en una comunidad devastada.

El diario de a bordo es claro, no permite juegos virtuosos.

Restringe clasificar la agonía de un pueblo, la lengua del poder se propaga en la decisión de partir hacia otro espacio: cerca de un río habrá otra tribu y un combate, y casi siempre es inevitable porque el dominio opera sin mesura, o gesto magnánimo.

Un programa de exterminio dictó el vasallaje de los indios, Ulrico Schmidel acata, registra y obedece. Entonces, su escritura es descarnada, sumisa, subalterna.

Eligió un lenguaje de acción, lengua que identifica al español y ausenta al oprimido callando el sonido y la significación del vocablo indígena, el que se despliega brevemente.

En este pliegue del texto; la totalidad es la del colonizador, la otra relación es breve: el otro es un ser inferior incluso al subalterno Utz.

En este pliegue del texto es la lengua que ve al espacio constituido en dos partes, ambas con perspectiva distinta, la totalidad es la del colonizador, la otra relación es breve: el otro es, y vive en un mundo inferior al subalterno.


La determinación topográfica es el producto de una decisión política, obedeciendo a un trayecto diseñado para cumplir en un plazo adecuado, la empresa colonizadora que se origina en un progresivo desplazamiento por pueblos y sitios en los que la lengua del colonizador tiene a su escriba.

Esta lengua exenta de tropos y espacios reflexivos elude inventariar la desdicha indiana, el próximo lugar oculta el exterminio.

Esa progresión geográfica es un relevamiento afín al esquema del colonizador. El narrador decidió contar y exceptuar el padecimiento del colonizado, el texto exento de sensaciones de dolor se puede recorrer como dato contable, mesurado, porque el administrador lexical opera a favor de la empresa de dominación sobre el suelo indígena.

En los anales de violencia territorial americana figurará el padecimiento de los del lado de Schmidel; una matanza de animales “a palos” se nomina como efecto de los padecimientos porque en esta travesía el colonizador estaría obligado a hacer lo necesario para subsistir.

Esta enunciación adolece de la exhibición de unas exequias poco exploradas:la capacidad léxica es exigua;la cultura del autor de pocas luces ilustradas o hay un deliberado corte semántico; estagnación, solo se debate lo residual.

Hay un procesamiento de miniaturización y esto resalta en el siguiente razonamiento lógico:el lenguaje debería experimentar un progreso. Sin embargo se detiene, expresa un estancamiento y es que solo apela a reiterar constantemente un régimen de nominaciones, la cosa en sí, es la que cubre todas las expectativas de la escritura y el narrador es un recolector de objetos y hechos.

En el plano de la cosidad también están los hombres a los que el narrador describe con una frialdad llamativa no sin explicitar el exterminio bajo invocación altísima.

En este sentido, este escrito descubre que Schmidel, lejos de ser un erudito prefirió cumplir su rol de soldado.

En sus anotaciones, los instrumentos de guerra abundan y aunque no alcanza la majestuosidad de la obra de Felipe Huamàn Poma de Ayala hay en su relato una inclinación a referir con exactitud; evitar la ambigüedad del comentario es la sumisión a una preceptiva que un subalterno entiende como una representación obstinada de lo que sucede en su presencia.Esto garantiza el trabajo testimonial y afecta a la posibilidad de algo oculto, que está denegado en la prosa estudiada.

Hay un mundo único y el autor no lee una duplicidad, la mirada es fija y encierra cada referente en su mundo descifrado por un ente individual que limita al horizonte de sucesos como recorte de hechos y conflictos.

Esa limitación es la prosa del que obedece a una sintaxis predeterminada por los usos de la lengua. Es época en la cual la industria de la conquista triunfa sobre el lenguaje de la travesía.

Ulrico Schmidel no es extravagante ni eludió el comentario exacto, la meticulosidad, y esto le permitió decir como un testigo fiel lo que sòlo se podía decir desde un rol sumiso a la lengua vulgar, común, subalterna.

Sus palabras, a pesar de ser obstinadamente fácticas, desplazan las ironías, las invenciones; todo sucede como si no fuera posible una trama interna que enlaza las inflexiones en las cuales los hechos se traman.

Su misión carece de ese mandato y el trazo no es artístico pero al menos se solaza en registrar la épica del avasallamiento indio “sin atribularse de ello”.

Dice su verdad sin propósito ilusorio. De esta Crónica, no se atribuye la hazaña a los españoles aunque subyacen momentos variados en los que asoman cierto material para la ficción y es cierta grieta textual en las que la desventaja y la justicia las posee el bando colonizador.


En este texto se desarrolló una escritura de viajeros porque realiza un trayecto en base a los apuntes que son el resultado de aquellos hechos que tienen por testigo al autor, quien está más próximo a los hechos y puede legalizar este escrito como testimonio o prueba válida desechando la narración ficcional, adjetivación o la descripción que pudiera ser vista como subjetiva.

Este texto, constituido como un diario de a bordo, toponimia, suceso reiterado, son apuntes al estilo de un rudimentario observador que no medita acerca de la muerte: es un registro de cuentas, pero en lugar de monedas se suceden cadáveres; los muertos son los bandos en pugna pero la contienda no es decodificada por el sargento Utz porque existe la posibilidad de constituirse como respuesta ante un interrogatorio porque carece de dilaciones, ambigüedades o frases oscuras, pero sobre

todo, se accede al contenido como prueba de que los colonizadores actuaron de buena fe y ante tamaña adversidad tuvieron que ser obligados a contestar con las armas para defender la vida. El testimonio de este documento es una justificación más de la empresa colonizadora; la función de Schmidel consistió en elaborar una prueba legal de que la cultura de los españoles, aún en inferioridad numérica sobrevivió porque creía en un orden establecido, en el cual, el poder descendía de Dios a los Adelantados y a la monarquía:”Así acampamos delante del pueblo por no más tiempo que sólo desde la mañana hasta la noche; entonces el Todopoderoso Dios nos dio su gracia que nosotros fuimos vencedores de nuestros enemigos y tomamos el pueblo y matamos mucha gente”. (3).

En conclusión, ante la referencia citada, se puede leer que el paradigma cristiano es el que regía desde la Edad Media como un núcleo intocable determinando los destinos de la sociedad que se hallaba subordinada al poder espiritual.

De acuerdo a este particular paradigma, los destinos debían servir para extender los dominios de la cristiandad.

El texto pretexta la forma; se dice todo acerca de las cosas que aparecen ante el escritor, pero se ha relegado el destino y la condición humana de los Querandíes, tupís, etc.

Todo el texto es una descripción de escenas en un punto límite, pero la escritura ha desplegado objetos y muertes, privándonos del dramatismo testimonial de la comunidad avasallada.

Creo que en este texto subyace el principio de composición propio de los artefactos legales para presentar el testimonio de lo realizado. La justificación de la matanza no se recusa porque en el sistema feudal que América importaría a la fuerza de Europa, se necesitaban estos textos que eran el ius gentius;el derecho de posesión de tierras puede traer este antecedente. Según el Derecho Germánico no se requeriría la apología de un ser extraño, inferior, pero a nivel de prueba no se cometieron asesinatos: el testigo repara siempre en lo siguiente: “Fuimos atacados”.

Este texto sobreentiende que el error lo comete el otro, es que en las cortes nadie impulsaría un juicio contra el texto como apología del delito porque la sociedad no debía ser perturbada por individuos distintos.

La caracterización de belicosidad, ignorancia, son determinantes. El pacto social que legitima a la empresa incluye la eliminación de aquél que posee el territorio donde se debe encontrar el oro.

En conclusión, la objetividad de Schmidel, tan elogiada por nuestros estudiosos, en realidad, encubre una de las empresas más crueles de la humanidad.

Este estudio arribó a una conclusión soslayada mucho tiempo.

El buen Utz fue un sumiso escriba del exterminio de América, quien por este motivo siguió la costumbre de adoptar el estilo de una prosa subalterna al poder de la conquista.

(c) Hugo Matías Zeoli


Bibliografía

1.Mitre, Bartolomé, en Ulrich Schmidel primer historiador del Rìo de la Plata, en site de la Biblioteca Nacional de la República Argentina.

2.Schmidl, Ulrico, Derrotero y viaje a España y las Indias, en Dos palabras por el traductor Espasa Calpe, 1947, pàg. 28.

“...obra rehabilitadora del sargento Utz Schmidel autor de un libro arrumbado durante casi 380 años en su verdadero original, y, por lo tanto, es admirable la obra de Lafone Quevedo y el general Mitre...”.

3.Schmidl, Ulrico, pàg. 104.

“Así acampamos delante del pueblo por no más tiempo que sòlo desde la mañana hasta la noche; entonces el Todopoderoso Dios nos dio su gracia que nosotros fuimos vencedores de nuestros enemigos y tomamos el pueblo y matamos mucha gente. Pero antes que los atacamos, ordenó nuestro capitán que no matáramos ni mujeres ni niños, sino que las cautiváramos, así que nosotros cumplimos su orden y cautivamos mujeres y niños y matamos los hombres que pudimos alcanzar”.


sobre el autor:
Hugo Matías Zeoli es Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires y profesor




























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