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Reloj - Guillermo Bravo
 

Desde París, Francia

...El poeta está condenado cada mañana a salir a decir una palabra. Y no es nada fácil...

Reloj

Recordemos el breve y bello poema de Alejandra Pizarnick publicado en Los trabajos y Las Noches, Reloj:

Dama pequeñísima

moradora en el corazón de un pájaro

sale al alba a decir una palabra:

No.

Una primera lectura nos causa un frío estremecimiento, las imágenes son preciosas y alarmantes: Una pequeña princesa que vive adentro del corazón de un pájaro, es condenada a salir cada mañana a repetir una sílaba. Una segunda lectura nos muestra que no es escritura mecanica ni surrealismo, si no que hay una íntima relación entre los elementos que conforman estas lineas. ¿Por qué se llama reloj? Hace poco se publicó en Francia "La Mecanique du Coeur" donde a la heroína principal le implantan un reloj en el lugar del corazón.

Borges hablaba de las metáforas esenciales, decía que las metáforas eran limitadas y que eran reales solo si había un estrecho vinculo entre dos realidades: Por ejemplo la metáfora que relaciona a la mujer con una flor, o la muerte con el sueño, o la vida con un teatro.

Posiblemente aquí se encuentra otra metáfora esencial: Corazón-Reloj (Es por eso que cito La Mecanique du coeur). Hay algo en común entre el tic-tac de un reloj y el batir de un corazón. Además el corazón determina nuestro tiempo (que es la tarea del reloj), cuando el corazón se apaga, nuestro tiempo se ha terminado. Un reloj es un corazón. Y un corazón es un reloj.

Entonces encontramos totalmente esperable que este poema se llame Reloj. Ella vive en un corazón, vive en el reloj, vive obsesionada por el tiempo que pasa. Es pequeñísima frente a la inmensidad del tiempo, que es virtualmente eternidad, y es limitado para ella. Sale al alba a decir una palabr. Es decir que sale cada mañana a repetir esa palabra, es marcar un ritmo, que es lo que hace un corazón con su constante tic-tac. Además es metáfora del poeta: El poeta está condenado cada mañana a salir a decir una palabra. Y no es nada fácil.

¿Qué palabra dirá esa pequeña dama? Si observamos bien no hay muchas opciones. Cualquier otra palabra abriría los horizontes del poema y lo destruiría. Para que el poema pueda terminar y formar una suerte de biografía, de objeto autónomo, cerrado sobre sí mismo, tiene que decir No. De lo contrario el poema se abriría a una historia, a una esperanza que no puede tener lugar en esta estetica.

Decirle No al alba es decirle No a la vida. Si saliera cada noche a decir No, el sentido seria otro (podemos imaginar que dice No a sus amantes, o a sus deseos oscuros). Vemos que cada palabra está donde debe estar. La ultima palabra debe ser No.

Las puertas del poema se cierran. El tiempo del poema se cierra. Nos queda completo en la memoria. La dama pequeñísima ha muerto con esa palabra en la boca: No.

(c) Guillermo Bravo
 
 
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