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Hasta lastimar un mundo que cae (con las genealogías del viento)
 

HASTA LASTIMAR UN MUNDO QUE CAE [CON LAS GENEALOGÍAS DEL VIENTO
Prólogo a Kantos de Ishpingo, de Gloria Dávila Espinoza-

Por Manuel Lozano


Hasta lastimar un mundo que cae (con las genealogías del viento)








I- Un poema -transfiguración de la poiésis hasta la poiésis- debería introducir siempre un anfiteatro de pavor, de inminente escalofrío en el cerebro. ¿Acaso ese anfiteatro no debería ser, contra toda lógica o vestigio de lógica, un banquete de posesiones monstruosas? Sí. El monstruo 'advierte', 'predice'. No hay poseso más luminoso que el poema, aun descubierto bajo sus propias ruinas.

II- Tampoco puede pensarse en un nacimiento que, al mismo tiempo, no sorba la muerte de lo que deja atrás: fragmentos de piel, líquido amniótico, veladuras de memorias en fuga creciente. Gloria Dávila Espinoza, poeta de la selva desnuda [pero también de todo desierto que la incluye], indaga en 'Kantos de Ishpingo' el mismo instante inaugural de sí misma y de la especie, es decir la ficcionalidad de las mutaciones de un mundo, los arduos caminos al simulacro de lo irreal.

III- El banquete somete a los invitados a un espejo pérfido, como quiere Robert André. O sospecha, como en Paradiso XXXI, 108, de Borges, que 'los hombres han perdido una cara, una cara irrecuperable'. No es azarosa o arbitraria la presencia del viento en la poesía de Gloria Dávila Espinoza: subrepticiamente, el viento está 'rondando un único ágape sin retorno', sobrevive 'repleto de pieles crudas'. Hay fuego aquí. Hay un páramo carcomiendo a una selva espectral como si fueran dos deidades incestuosas del origen en cópula y batalla perpetuas. Hay fuego de desierto. Hay fuego de selva. ¡Y siempre la multiplicación! Esfinges elementales: hijastras de la Madre-Diosa-Tarántula del Mundo intentando reconstruir [a pesar de la parodia, aun a costas del error y de sus reversos, como la Venus de Villendorf o la Gran Madre-Vaca de las tradiciones indoiraníes] el comienzo helicoidal del enigma.

IV- ¿Cómo se nombró por primera vez al llanto? La pregunta es retórica. Tal vez no tuvo nombre, o acaso un impreciso objeto lo designara, un objeto-totem para su vigilia. El nombre se dirige hacia la pérdida: la fuerza consiste en su transcurrir, la acción sucede a pesar de las prohibiciones. Por eso nunca podremos dejar de escrutar al nombre como alegoría del viaje. ¿Y que [nos] ofrenda esta travesía, sino la milenaria conciencia de la inmolación de la palabra por la palabra? De su temblor insidioso y pertinaz, de la rebelión desatada hasta los límites del cuerpo, resucita una nueva tentación: jauría del deseo contra mudez, túnel de visión caleidoscópica. Imago mundi.

V- En 'Llantos en pliegues ancianos [para ser cantados con humos de toé y entre cerbatanas heridas]', Dávila Espinoza une los lazos en rotación de un idioma irisado que celebra y enarbola en medio de la selva:

'hijos del grito primitivo
de mis dioses
de tus dioses
de mis mundos
y tus mundos
que son mundo de mi mundo.'

Pero también sospecha que ese idioma escapa con la misma intensidad espiralada con que quiere ser retenido cada vez, como en el poema 'En el desequilibrio de tu exactitud':

'Somos pactos de un rostro sin rostro
que ahuyenta en garrras
y tinieblas
y luz sin luz.
Eso, somos...'

VI- Cada lenguaje abre un espacio incontable de mutaciones: genealogía del crimen. La escritura, entonces como largo laberinto de perplejidades, muestra su corazón doble. Los griegos hablaban de tháumata, los latinos de mirabilia. Yo preferiría advertir sobre la llaga abierta en el gran basural de la memoria. ¿Y qué llaga nombra y desnombra Gloria Dávila Espinoza en sus Kantos de Ishpingo?
Nombra un herida que se somete -panteísticamente- a las temperaturas más disímiles. Esa herida transcurre por las llamas, por el hielo, por lo tibio y hasta lo candente [Cfr. 'Fuego del cadalso a ojos vacuos de Amburan Cearensis.'] Pero también es una herida de crueldad y de alarido, como en 'Yo no me corro en cúspides de hielo':


'No, yo no me corro de la noche hambrunal
niños en llanto madrigueras
de los ojos rojos de la ira por la pútrida vida
que llaga mis alforjas sonajas.'

VII- Los Kantos de Ishpingo quieren labrar un exorcismo. Y ese exorcismo argumenta la posibilidad de una restauración: la de cavar en la selva para encontrar la más despiadada llaga del desierto. Conviven, entonces, el murmullo y el grito tribal encarnándose como guardianes votivos o augurales de nuestras huellas por el mundo.
El exorcismo vale aquí por un canto y conversa con los muertos.

VIII- Gloria Dávila Espinoza sabe de los peligros, de las alimañas reales y simbólicas -a veces coinciden- del desierto de este mundo, y no duda en enfrentarlos con inevitables cerbatanas hechas de carne de imaginación y de despavoridos misterios.
Aprende que hay que pararse en medio de este desierto y celebrar una gran fiesta, como advertía Nietzsche en su 'Humano, demasiado humano'.

IX- La noche, desnuda y ciega para Empédocles de Agrigento, puede caer sobre las comarcas. Abrigarse y esperar deviene en ley, incluso esconderse hasta extirpar las falsas certezas. En 'trenzando el hilo de la vida a PachaqPillta', la rueca regresa como actor y testigo omniscientes de todo nacimiento:

'escóndeme al desierto llano
de la mano que trasvasa
el umbral de recuerdos amputados.'

Un Déjà Vu planea sobre las genealogías de crudas pieles de Ishpingo. Gloria Dávila nos sumerge por la historia, transmutada en poiésis, para ver un genocidio que hace propio: 'Ahí van mis gentes y mis restos sin conciencia...' [Cfr. 'Bacanal en autopsia'.]

X- En esta creciente selva, ¿quién osa establecer fronteras entre las máscaras de un yo personal y las del universo, desdeñando de antemano -para este último- previsibles categorías axiológicas, al mismo tiempo demasiado evidentes? Ni siquiera el Ojo Avizor de Berkeley y sus núcleos de conciencia, satisfacen dichos límites.
Cito al Borges de 'El Aleph': ...Gradualmente, el enigma concreto que me atareaba me inquietó menos que el enigma genérico de una sentencia escrita por un dios. ¿Qué tipo de sentencia [me pregunté] construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda la palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito sino explícito, y no de un modo progresivo sino inmediato [...] Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo.'

XI- Con este nuevo libro, Gloria Dávila Espinoza revela cómo escrutar y exorcizar la crucifixión de la selva y del desierto: dos máscaras para una misma verdad. Aquí el viento convoca al viento, la lluvia llama a la lluvia, la piedra lame su dinastía de relámpago.
Jacob Boehme, con su mysterium magnum, preside este misal de sed y manicomio que es nuestra especie. ¿Por qué no aceptar este anacronismo? La escritora, a cada paso, recoge piedras de la hoguera. Hace con ellas juguetes de escalofrío. Se los traga. Los respira. Los vuelve vértigo.

(c)  Manuel Lozano

Buenos Aires, octubre de 2007


 

 










 
 
 
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