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Estás aquí:  Inicio >>  Cine/Video/Televisión >>  Ciclo de cine en el Malba organizado por la revista El Amante
 
Ciclo de cine en el Malba organizado por la revista El Amante
 

El Amante en Malba
Durante todo el mes

(Buenos Aires)

Para celebrar los 15 años que la revista El Amante Cine cumplió en diciembre, malba.cine invitó a sus redactores a programar  el ciclo principal de junio y julio, a partir del acervo de la Filmoteca Buenos Aires, que contiene unos 3.200 largometrajes catalogados.

Cada crítico de la revista –que sigue gozando de buena salud, un hecho inédito en la historia de la crítica cinematográfica argentina– eligió dos films y, además, debió justificar la elección. El resultado es un ciclo ecléctico que no sólo revela los gustos contradictorios (pero complementarios) de la revista, sino también la tendencia cinéfila de una generación.

Films

El hombre de Arán (Man of Aran, Reino Unido, 1934), de Robert J. Flaherty, c/Colman "Tiger" King, Maggie Dirrane, Michael Dirrane, Pat Mullin, Patch "Red Beard" Ruadh. 76'.
La quintaesencia del cine documental según Flaherty es un viaje íntimo, expansivo y lírico al corazón de un pueblo de pescadores de las costas irlandesas. Rodada a lo largo de dos años en condiciones por completo alejadas de las prácticas industriales de los años 30, El hombre de Arán es un prodigio narrativo y fotográfico que hoy, a más de sesenta años de su estreno y en plena era de las imágenes generadas por computadora, se revela como poderosa herramienta de reconciliación con el realismo cinematográfico.

Diego Brodersen

El crimen del señor Lange (Le crime de Monsieur Lange, Francia, 1936) de Jean Renoir, c/René Lefevré, Florelle, Jules Berry, Marcel Lévesque, Odette Talazac. 80’

Pese a que existe un asesinato como asunto central a El crimen... no se lo puede calificar de policial. Tampoco es un drama por sus varios momentos cómicos y tampoco es una comedia por sus varios momentos de dramatismo. El género que más se le acerca es el romántico puesto que esta película es, ante todo, un conjunto de historias de amor. Amor entre una novia que huye con la persona que quiere pese a que sea prófugo de la justicia (el señor Lange

del título), amor entre un joven que esta dispuesto a hacer cualquier disparate para obtener el afecto de una mujer, amor entre un conjunto de empleados y la cooperativa que han formado para salvar la empresa y amor sobre todo de un director hacia sus personajes, personajes de los que intenta comprender su personalidad y sus acciones sin emitir un juicio moral y a los

que filma con una cámara virtuosa y moderna. Una de las mejores películas del director y uno de los grandes films de todos los tiempos.

Hernán Schell

La gran ilusión (La grand illusion, Francia, 1937) de Jean Renoir, c/Jean Gabin, Pierre Fresnay, Erich von Stroheim, Marcel Dalio, Dita Parlo, Gaston Modot. 117’.

Jean Renoir estuvo siempre convencido de que son las diferencias de clase las que separan a los hombres, más que nacionalidad, la religión o la raza. Es esa la convicción que atraviesa buena parte de su obra y en particular a este magnífico film ambientado en la época de la Primera Guerra Mundial. Una película antibélica que elude convenientemente el escándalo y el tremendismo, igual que La regla del juego, su obra maestra, filmada en los albores de una nuevo conflicto internacional y con un acento mucho más amargo.

Alejandro Lingenti

Conciencias muertas (The Ox-Bow Incident, EUA, 1943) de William Wellman, c/Henry Fonda, Dana Andrews, Mary Beth Hughes, Anthony Quinn. 75’.

Uno de los ejes principales de muchos westerns es cómo esa civilización que llega al oeste con sus leyes, crucifijos e instrumentos para arar, inexorablemente barre con la forma de vida que allí encuentra, probablemente más heroica y menos reglada. Esta fuerza arrolladora de la historia que modifica o directamente suprime determinadas formas de sociabilidad puede ser retratada con tristeza (porque un mundo más romántico es dejado de lado a la fuerza), con alegría (porque la civilización vence a la barbarie) o con ambigüedad. Conciencias muertas, que no es un western pero que comparte algunos de sus rasgos y espacios, retrata la llegada de la civilización al oeste con un optimismo y una potencia dignos del Facundo de Sarmiento. Contar el argumento de la película es anular el placer de ver cómo se van desarrollando los acontecimientos; de cómo se ponen en juego dos formas de derecho, la justicia por mano propia y la penal.

Ezequiel Schmoller

Perfidia de mujer (Beyond the forest, EUA, 1949) de King Vidor, c/Bette Davis, Joseph Cotten, David Brian, Ruth Roman, Minor Watson. 97’.

Bette Davis estaba convencida de que el papel de la malvada Rosa no había sido la mejor elección de su carrera. Pero la fuerza romántica del personaje y la intensidad de su maldad convirtieron a este melodrama en un clásico de culto entre muchos cinéfilos. Aburrida de la vida pueblerina, Rosa es capaz de torturar a su sufrido esposo y planear su propio asesinato para no dar a luz un hijo no deseado, convirtiendo este gesto en un motivo de celebración camp. El Vidor de la posguerra delineó personajes magistrales cuya pasión y desmesura los llevó a los más cruentos arrebatos, como el enfrentamiento final de los amantes en Duelo al sol (Duel in the sun , 1946) o la corrida de la Davis para alcanzar a su amante en el último tren de este film. Nunca editada en la Argentina, es una gran ocasión para ver a la gran Bette en uno de sus papeles menos recordados.

Paula Vázquez Prieto

Cita en las estrellas (Argentina, 1949), de Carlos Schlieper, c/María Duval, Juan Carlos Thorry, Analía Gadé, Osvaldo Miranda, Héctor Calcaño. 85’.

Carlos Schlieper fue, junto con Manuel Romero, el mejor director de comedias de la historia del cine argentino. Ambos compartieron una mirada de avanzada respecto a los roles / relaciones sociales y sobre todo respecto a la mujer; le reconocieron no sólo derechos y liderazgos, sino también deseos motivantes arrolladores. Schlieper tenía una visión más cosmopolita, un poco más sofisticada que su brillante contemporáneo, y con mujeres más conscientes del poder de su sensualidad. Después de su época la comedia cinematográfica se volvería, en la mayoría de los casos, retrógrada e idiota, conforme con el sentido común construido por una mirada política más antipopular que consolidaba una contraofensiva. Como si la comedia cinematográfica también hubiese sido un territorio de disputa. Cita en las estrellas parecería ser, de algún modo, una particular comedia de rematrimonio.

Agustín Campero

 

Esposa último modelo (Argentina, 1950), de Carlos Schlieper, c/Mirtha Legrand, Angel Magaña, Felisa Mary, Osvaldo Miranda. 86’.

Carlos Schlieper fue el rey de la comedia del cine de los estudios y el que mejor entendió los mecanismos del género. Tuvo entre sus influencias al cine de Preston Sturges, Howard Hawks,

Leo McCarey y cualquier screwball comedy de la gran Meca. Uno de sus grandes títulos (junto a La serpiente de cascabel y Arroz con leche) fue Esposa último modelo, sofisticado film genérico con una inusitada velocidad en situaciones y diálogos entre un posible e hipotético

matrimonio (Mirtha Legrand y Ángel Magaña) y una galería extraordinaria de personajes secundarios (tías, abuelas, sirvientes). Contada desde las torpezas del personaje femenino y desde los equívocos y las sustituciones clásicas de la comedia, la película dejó una de las mejores interpretaciones de Mirtha Legrand, heredera nacional y popular de algunas adorables revoltosas u otras pícaras puritanas del celuloide.

Gustavo J. Castagna

Cuando besa mi marido (Argentina, 1950), de Carlos Schlieper, c/Ángel Magaña, Malisa Zini, Juan Carlos Thorry, Susana Campos, Alberto de Mendoza. 69’.

Vaya en la elección de ésta, una de las grandes comedias de Carlos Schlieper, una dedicatoria a Santiago García, amante del ayer, porque gracias a su entusiasmo muchos lectores de la revista descubrimos a un director de comedia "extraordinario". ¿Qué significa aquí esa palabra-comodín? Cosmopolita, desprejuiciado, vertiginoso, gracioso y elegante, para empezar a hablar. Cuando besa mi marido es una notable screwball comedy argentina (acaso la mejor), y gira sobre un gran tema del género en general, enriquecido aquí por el sabroso twist Schlieper: las escenas de la vida amorosa seguidas por nuevas, de ser posible diferentes, escenas de la vida amorosa.

Marcelo Panozzo

Corona de estrellas (Stars in my Crown, EUA, 1950) de Jacques Tourneur, c/Joel McCrea, Ellen Drew, Dean Stockwell, Alan Hale, Lewis Stone. 89’.

La fama merecidamente adquirida por las películas de Jacques Tourneur encuadradas dentro del cine fantástico ha provocado que varios títulos formidables realizados en otros géneros pasen prácticamente desapercibidos. Así ocurre por ejemplo con sus geniales westerns (Canyon Passage, A Great Day in the Morning, Wichita) o con Anne of the Indias, el mejor film de piratas que se haya hecho jamás. Esta película –uno de sus títulos menos vistos- está entre las más atípicas de su filmografía y se puede ubicar dentro del subgénero "americana", en el cual la acción transcurre en pequeños poblados, en relatos corales con una variada y rica gama de personajes tanto principales como secundarios. De todos modos, quienes añoren sus tramas elusivas encontrarán compensación en la ambigüedad de los caracteres. También la obsesión por los contrastes de luces y sombras, tan caros al director, podrá apreciarse en más de una escena, confirmando el inequívoco carácter autoral de Tourneur. Jorge García.


Página negra (Scandal Sheet, EUA, 1952) de Phil Karlson, c/Broderick Crawford, Donna Reed, John Derek, Henry (Harry) Morgan. 82’.

Versión de El ciudadano con los límites de las quickies clase B, Página negra también es una mirada crítica sobre la industria del tabloide, visión feroz sobre el amarillismo y la ética de la representación del crimen. Y el máximo crimen del periodismo es que la "moderna vehemencia gótica" de Phil Karlson no sea hoy tan valorada. Cineasta de márgenes, Karlson tuvo apenas dos reconocimientos dignos. El primero es un artículo lúcido del crítico Manny Farber que sostiene que Karlson "posee una brillante exactitud documental y una excitante y explosiva belicosidad", frase perfectamente aplicable a esta película. El segundo es el documental de Scorsese sobre el cine de EE.UU., donde pone a Karlson a la altura de Jacques Tourneur, Hitchcock, André de Toth y Edgar G. Ulmer. Página negra está basada en una novela de un casi alumno de Karlson, Sam Fuller. Acá hay, por supuesto, dosis de ferocidad fulleriana y la relación entre locura y periodismo adelanta en una década a la imprescindible Shock Corridor. Diego Trerotola

El hombre quieto (The Quiet Man, EUA, 1952), de John Ford, c/John Wayne, Maureen O'Hara, Barry Fitzgerald, Victor McLaglen, Ward Bond. 129’.

Se dice que cuando Ford y Wayne le presentaron el guión de esta película al jefe de Republic Pictures, éste les espetó algo así como que se trataba de una "tonta historia irlandesa que no ganaría ni un centavo". Por suerte (para el productor de la Republic, ya que la película terminaría siendo un éxito enorme, y para el cine en general), el director y su estrella tenían a

esa altura algún as en la manga y, a cambio de Río Grande, pudieron filmar su "pequeño y personal" relato sobre un hombre que regresa a la Irlanda rural (e idílica) de sus padres tras pasar buena parte de su vida en Estados Unidos. Aunque no tuviera más que esa legendaria escena protagonizada por Wayne, la hermosa O’Hara y el viento, y el adictivo leit motiv musical compuesto por Victor Young, El hombre quieto seguiría siendo una de las obras más encantadoras –sí, es Ford, pero es encanto lo que sobra acá- en una filmografía repleta de obras maestras.

Mariano Kairuz

El angel blanco (L’Angelo bianco, Italia, 1955), de Raffaello Mattarazzo, c/Amedeo Nazzari, Yvonne Sanson, Enrica Direll, Alberto Farnese, Flora Lillo. 100’.

Para quienes piensan que el cine italiano se reduce a los grandes nombres surgidos en la posguerra y algún talentoso realizador aparecido aisladamente en las últimas décadas, el nombre de Raffaello Mattarazo seguramente no les dirá nada. Sin embargo, este realizador, quien hasta fines de los años 40 se destacara esencialmente en el terreno de la comedia costumbrista, realizó a partir de fines de esa década una serie de melodramas que están –y me hago cargo de lo que digo- entre los más importantes del género en el cine mundial. Este film es uno de los siete que realizara con Amedeo Nazzari e Yvonne Sanson como pareja protagónica y es uno de los mejores de una serie caracterizada por desarrollar sus historias en ambientes populares. Un auténtico caso de un realizador a descubrir. "Raffaello Mattarazo es, después de Rossellini, el más importante director del cine italiano" (Miguel Marías).

Jorge García

La flor de la mafia (Party Girl, EUA, 1958) de Nicholas Ray, c/Cyd Charisse, Robert Taylor, Lee J. Cobb, John Ireland. 99'.

Más de uno ha visto una secuencia de Party Girl -film olvidado- en Los Intocables -recordado film de Brian De Palma-: esa donde Al Capone revienta la cabeza de un subordinado con un bate de béisbol es una reescritura gigante de otra, más modesta e igualmente salvaje. Lee J.Cobb, capo mafia con pretensiones mayores, toma un pequeño bate de oro y lastima a un segundo. Ese es un extremo de la ecuación: el otro es la corista Cyd Charisse, objeto de perdición y deseo de un abogado primero fullero y luego noble por amor (o por deseo anárquico, que esto lo dirige Nicholas Ray), interpretado por Robert Taylor. Taylor, un hombre que debía delatar a un capo mafia en la ficción y lo había hecho con colegas suyos en el Comité de Actividades Antiamericanas. Party Girl es, además de un film de mafia, una mirada lúcida y desencantada a una sociedad -y un Estado- sumidos en la paranoia y el sarcasmo de los ventajeros. Y todo en forma de metáfora, entre las piernas rectas de la Charisse.

Leonardo D'Espósito

Mamma Roma (Italia, 1962) de Pier Paolo Pasolini, c/Anna Magnani, Ettore Garofalo, Franco Citti, Lamberto Maggiorani, Silvana Corsini, Luisa Loiano. 110’.

Ecos neorrealistas junto a ruinas romanas. Síntesis pasoliniana. Dos mundos, dos morales: el capitalismo de posguerra, y el pasado pagano. En el primero el sexo es prostitución, la iglesia no ampara a los pobres y es escenario inmóvil de la jerárquica división social; en el segundo la promesa de un sexo más libre, alguna otra forma de vida y erotismo en un ayer idealizado, parece escenificarse en la cercanía de las ruinas. Pasolini narra a pura elipsis, despreocupado por la continuidad o la coherencia. Anna Magnani como la prostituta Mamma Roma, en búsqueda estéril de redención para ella y su hijo adolescente, es puro nervio dramático que no asciende a lo trágico porque existe la política, y Mamma es incapaz de comprenderla: ella descree de las luchas sociales y busca la desesperada salvación del amor. Si al fin Mamma Roma es eterna como la ciudad, tironeada entre las ruinas paganas y el Vaticano, una mujer que puede perder a sus hijos pero jamás destetarlos.

Eduardo Rojas

Tierra en trance (Terra em transe, Brasil, 1967), de Glauber Rocha, c/Jardel Filho, Paulo Autran, José Lewgoy, Glauce Rocha, Paulo Gracindo. 106’.

"Como el caudillo, el artista populista se siente padre del pueblo: 'hablar con simpleza para que el pueblo entienda', (...) 'crear cosas simples para un pueblo simple'. El pueblo no es simple. Aún estando enfermo, hambriento y analfabeto, el pueblo es complejo. El artista paternalista idealiza los tipos populares como sujetos fantásticos que aun en la miseria poseen su filosofía y, pobrecitos, tienen sólo la necesidad de formarse un poco de 'conciencia política'. El arte populista trata de justificar su primitivismo con una 'buena conciencia'. El artista

populista afirma siempre: 'no soy un intelectual, estoy con el pueblo, mi arte es bello porque comunica', etc. Pero ¿qué comunica? Comunica las alienaciones mismas del pueblo. Comunica al pueblo su mismo analfabetismo, su misma vulgaridad, nacida de una miseria que lo lleva a

considerar la vida con desprecio." Esto dijo Glauber Rocha en 1968. Un año antes había filmado ese antídoto cinematográfico que es Tierra en trance.

Tomás Binder

Hermanas diabólicas (Sisters, EUA, 1973), de Brian de Palma, c/Margot Kidder, Jennifer Salt, Charles Durning, William Finley. 92’.

Más allá de las obvias referencias hitchcockianas por parte de un director a quien siempre le gustó homenajear al maestro del suspenso, esta película parece más un film de Buñuel en el que, con un tono no exento de humor, se narra una tragedia que se desencadena no por malas sino por buenas acciones y sentimientos que a menudo están asociados con lo puro, como el enamoramiento. Toda esta obra maestra del cinismo viene envuelta, además, por una partitura tenebrosa de Bernard Herrmann y con una escena (la del corte de las siamesas) que bien podría figurar entre las mejores de la historia del cine de terror. En resumen, una de las grandes pesadillas cinematográficas de todos los tiempos; y a las pesadillas hay que verlas como corresponde: en pantalla grande y con un sonido que nos taladre los oídos.

Hernán Schell

Luna de papel (Paper Moon, EUA, 1973), de Peter Bogdanovich, c/Tatum O'Neal, Ryan O'Neal, Madeline Kahn, John Hillerman, Randy Quaid. 103’.

El señor Pray (plegaria) recorre los extensos campos americanos puerta por puerta vendiendo Biblias. Lo acompaña Addie (¿añadida?), una niña huérfana que decide sumarse al viaje. Adaptación de la novela de Joe David Brown titulada "Addie Pray", Addie es la combinación perfecta de la caridad y los negocios, o el New Deal encarnado: la niña cita a Roosevelt como un predicador a Jesús cuando recorren esos caminos en donde el bienestar es un estado que ya nadie recuerda. Así es ella, además de su aire angelical, su ceño fruncido y el humo de los cigarrillos que exhala con aire filosófico.

Filmada en un cálido blanco y negro, las adversidades de los tiempos y la soledad de la niñez son apenas algunas sombras que a la pálida luz de una luna de papel sólo trasuntan pureza. Es que el director parece haber transformado la plegaria que abre la película en una declaración de principios; para contar la historia de este padre huidizo y esta niña obstinada parece haber lavado sus manos en inocencia.

Marcela Ojea

Dark Star (EUA, 1974), de John Carpenter, c/Brian Narelle, Cal Kuniholm, Dre Panich y Dan O’Bannon. 83’.

Es la opera prima de John Carpenter pero también es una película poco vista y subestimada. Historia de astronautas-hippies perdidos en el espacio, estamos frente a una idea inusual para la época (pre-Star Wars y obnubilada por las propuestas de 2001): el cosmos no es ningún milagro ni paraíso perdido ni espacio de reflexión trascendental. Las estrellas son un lugar detestable y aburrido, lugar para la nostalgia, para extrañar la casa y lo cotidiano que ya no vuelve. Hay que superar un prejuicio: el acabado casero y clase B del asunto no impide que Carpenter destile poesía por el tiempo-espacio perdido: por eso el surfeo final (¿por qué no?), el más inspirado y triste de la historia del cine. Y en tanto Dark Star es el cuento moral de un destierro, entendemos su justo final: los destierros se resisten con los objetos amados y con canciones, como si todo pudiera volver, por última vez.

Federico Karstulovich

El tirador (The shootist, EUA, 1976), de Don Siegel, c/John Wayne, Lauren Bacall, James Stewart, Ron Howard, Richard Boone. 100’.

Don Siegel, responsable de más de un western junto a Clint Eastwood, elige hacer una película con el legendario John Wayne en el papel de un legendario, un pistolero. Esta es la última película de Wayne y en ella representa a un hombre afectado por cáncer, la misma enfermedad que el actor padecía en la vida real. El estoico cowboy se muestra cándido y apagado, tan temeroso a la muerte como al profundo cambio social que trae la civilización y el nuevo siglo. Pero la película no se limita a este osado juego de coincidencias y confesiones; erige sobre la figura de su protagonista (y de James Stewart, con quien Wayne había hecho El hombre que mató a Liberty Valance) una reflexión sobre el Hollywood que murió y el que ha

 

surgido en su lugar, sobre los mitos y los héroes, y sobre las nuevas generaciones, encarnadas por un jovencísimo Ron Howard actor, muy lejos aún del mediocre director que es hoy en día.

Guido Segal


Polyester (EUA, 1981), de John Waters, c/Divine, Tab Hunter, Edith Massey, David Samson, Mary Garlington, Ken King. 86'.

Antes de cruzarse casi definitivamente al terreno del mainstream -o algo así; con Waters las "corrientes principales" no suelen serlo del todo-, el Rey del Vómito entregó otra de sus miradas a la disfuncionalidad como motor de la familia americana. Polyester fue el último protagónico del travesti Divine para su mentor, encarnando a una ama de casa que ve amenazado el preciado equilibrio de su vida cotidiana. Las proyecciones originales iba acompañadas de un cartón para "raspar y oler", el incomparable sistema Odorama.

Diego Brodersen

Aullidos (The Howling, EUA, 1981), de Joe Dante, c/Dee Wallace, Patrick Macnee, Dennis Dugan, Christopher Stone, Belinda Balaski, Kevin McCarthy. 91’.

En su segundo trabajo a partir de un guión de John Sayles (el primero fue Piraña), Dante insufló nueva vida al mito licantrópico con una película que fue tributaria tanto del ciclo de terror de la Universal de los ’30 como de la Hammer. Si bien cargó a esta historia ambientada en una extraña comunidad en las afueras (y referida, con oscuras resonancias, como "la colonia") de una sexualidad más cercana a la casa inglesa del horror que a su antecesora norteamericana, volcó sus guiños a unos y a otros en los nombres de los personajes. Su puesta en escena atmosférica y su enorme sentido del humor le ganaron, con los años, el favor de los cinéfilos por encima de El hombre lobo americano, y muy por encima de Wolfen, ambas del mismo año, y reafirmaron lo que a esta altura es más que una sospecha: que los creadores de la generación ’70 que verdaderamente podrían haber salvado a Hollywood eran aquellos que tenían su corazón puesto en la clase B.

Mariano Kairuz

Christine (EUA, 1983), de John Carpenter, c/Keith Gordon, John Stockwell, Alexandra Paul, Christine Belford. 111’.

Ésta es una de las películas más subvaloradas de la carrera de John Carpenter. Incluso él mismo reniega de ella, que aceptó luego de haber sido despedido de la Universal -estaba a punto de dirigir Llamas de venganza (Firestarter) que, al igual que Christine, era la adaptación de una novela de Stephen King-, debido al fracaso de crítica y público que significó El enigma de otro mundo (The Thing). Pero si aquella película es considerada hoy como una de sus obras maestras, no puede decirse lo mismo de Christine, que ha sido bastante olvidada. Es una lástima, porque se trata de una excelente película, donde Carpenter logra –como siempre- narrar una historia atrapante y a la vez hacer un gran estudio de personajes. Y Christine tiene, además, una de las mejores bandas de sonido carpenterianas, que mete miedo por sí sola. Juan Pablo Martínez

Confidencialmente tuya (Vivement Dimanche!, Francia, 1983), de François Truffaut, c/Fanny Ardant, Jean-Louis Trintignant, Jean-Pierre Kalfon. 110’.

El tono lo es todo. Leve, aéreo, las cosas más graves no importan o, en definitiva, las cosas más graves son: cómo Trintignant agarra la cara de Fanny Ardant y la besa, cómo los desmedidos labios de ella sonríen y la hacen salir corriendo como una fuerza de la naturaleza. Confidencialmente tuya no se pude encajonar en un género. Toca varios y los desborda. Juega con ellos para nutrirse y salir hacia otro lado. Pasa de un principio manchado por el más negro policial, a la comedia romántica, para terminar entre felicidad y ecos trágicos. En Confidencialmente tuya el último Truffaut encontró el equilibrio justo. A fuerza de cortes de montaje y una cámara espía logró que la Ardant -pero sobre todo sus piernas- estuviera más deseable que nunca. Transformó al cine en una maquinita que sirve para visitar la vereda luminosa de la vida. Y todo, gracias al tono.

Manuel Trancón

Beetle Juice, el súper fantasma (Beetle Juice, EUA, 1988), de Tim Burton, c/Michael Keaton, Alec Baldwin, Geena Davis, Jeffrey Jones, Catherine O`Hara, Winona Ryder. 92’ .

Cuando "el señor doctor Ralph" (un tal Voltaire) escribió el cartoonesco Cándido, o el optimismo fue para satirizar la premisa de Leibniz: "todo en este mundo ocurre para el bien de la humanidad". Voltaire, al igual que el señor doctor (por actitud, corazón y creaciones de

científico loco) Tim Burton, es ateo de un bienestar "contra viento y marea" pero fundamentalista de cierta justicia universal, basada en la razón y el instinto. Un ideal que Burton (un Edgar Allan Poe dulce y melancólico, salido de un Topolino) extiende hacía ultratumba, junto con su contraparte: la burocracia. En ese doble filo, la joya de la corona de Burton es un fantasma mitad Guasón mitad Bugs Bunny, llamado Beetlejuice (el gran Michael Keaton, actuando a 300 km. por segundo). Un personaje, que sin manos de tijera o novias cadavéricas y con sólo 17 minutos de presencia en el film, se transformó en la representación más salvaje y optimista de las inconscientes pulsiones de la sociedad americana, los cuentos de hadas y el dibujo animado. Beetle Juice, el super fantasma, o el Ello burtoniano.

Juan Manuel Domínguez

Corazón salvaje (Wild at Heart, EUA, 1990), de David Lynch, c/Nicolas Cage, Laura Dern, Diane Ladd, Isabella Rossellini, Willem Dafoe, Harry Dean Stanton, Sherilyn Fenn, Sheryl Lee, David Patrick Kelly, Crispin Glover, Grace Zabriskie, John Lurie, Freddie Jones, Jack Nance. 127'.
Mucho antes de convertirse en el Vengador Fantasma, Nick Cage ya echaba fuego en este incendiario melodrama rocanrolero, en el que se prueba la piel de Elvis (y una chaqueta de piel de víbora que representa su individualidad y su fe en la libertad personal) para descabezar, a mano limpia, el American Way of Life. Abrazados por las llamas, abrasados, en llamas, Sailor y Lula atraviesan el encantador infierno lyncheano rumbo a la tierra prometida de Oz. En el camino bailan, cogen hasta más allá del arcoiris, encienden mil cigarrillos, son perseguidos por la Bruja Mala del Este, y se llevan puestos a algunos de los lunáticos / deformes más memorables que haya dado la imaginación del director, lo que es decir. Mención especial para la archivillana histérica interpretada por Diane Ladd –madre de Dern tanto en el film como en la vida real- y, especialísima, para el perturbado(r) Bobby Peru de Willem Dafoe. El primer cruce entre el novelista Barry Gifford y Lynch –luego co-escribirían el esotérico guión de Carretera perdida- es, al cabo, una pesadilla con final feliz, o la prueba de que el mundo entero es salvaje de corazón. Y encima, está loco.

Agustín Masaedo

Testigo fatal (Blue Steel, EUA, 1990), de Kathryn Bigelow, c/Jamie Lee Curtis, Ron Silver, Clancy Brown, Elizabeth Pena, Louise Fletcher. 102’.

Una película de las que hubo centenares en su época. Se trata del típico thriller en el que un personaje es acosado por un asesino completamente demente. Pero claro, ésta es una película de Kathryn Bigelow, que venía de hacer el genial western vampiresco Near Dark, y resulta otra muestra de que es una de las directoras que mejor sabe trabajar con los géneros. Aquí, lo que en otras manos pudo haber sido algo convencional y sin vuelo, se convierte en un thriller realmente aterrador. Bigelow logra construir grandes climas y mantener un suspenso constante, mientras estiliza la imagen al máximo mediante ralentis varios y una predominancia del azul del título. Jamie Lee Curtis está excelente como una mujer policía perseguida por un empleado de Wall Street con serios problemas psíquicos, y lo mismo puede decirse de Ron Silver, quien interpreta al villano en cuestión.

Juan Pablo Martínez


El rey de Nueva York (King of New York, EUA, 1990), de Abel Ferrara, c/Christopher Walken, David Caruso, Larry Fishburne, Victor Argo, Wesley Snipes. 103’.

En los primeros minutos de El rey de Nueva York, Steve Buscemi y Laurence Fishburne compran un cargamento de cocaína y pagan con un maletín lleno de tampones, "para tapar los agujeros de las balas" dicen, mientras descargan sus semiautomáticas. Ahí ya quedaba claro que El rey de Nueva York iba a ser una película polémica y de culto. Abel Ferrara es un cineasta moral como pocos, pero que desdibuja la diferencia (y los límites) entre lo bueno y lo malo. Christopher Walken lleva al límite su mirada gélida y sus gestos impávidos en la composición del capomafia Frank White. No es un dato menor que White añorase ser alcalde de Nueva York en aquel 1990. Ferrara y Walken, dos neoyorquinos en el mejor momento de sus carreras, son amos y señores de una Nueva York cinematográfica pre-Giuliani sobre la que todavía valía la pena reinar, con sus grafitis, homeless, prostitutas, dealers y pandilleros, bien lejos de la imagen pasteurizada de la ciudad que se ve en el cine actual.

Nazareno Brega


 

 

Grilla de programación

Jueves 7

16:00 Beetlejuice, de Tim Burton

18:30 Cuando besa mi marido, de Carlos Schlieper

20:00 Tierra en trance, de Glauber Rocha

22:00 Mamma Roma, de Pier Paolo Pasolini

Viernes 8

14:00 Conciencias muertas, de William Wellman

16:00 El tirador, de Don Siegel

22:00 Página negra, de Phil Karlson

00:00 Beetlejuice, de Tim Burton

Sábado 9

14:00 Mamma Roma, de Pier Paolo Pasolini

22:00 Dark Star, de John Carpenter

00:00 Christine, de John Carpenter

Domingo 10

13:30 Luna de papel, de Peter Bogdanovich

15:30 Cita en las estrellas, de Carlos Schlieper

22:00 Tierra en trance, de Glauber Rocha

Jueves 14

16:00 Cicatrices, de Patricio Coll (Jornadas Saer) *

18:00 malba.cortos: Preludio, de Ignacio Avalos*

00:00 200 Moteles, de Frank Zappa

Viernes 15

14:00 Perfidia de mujer, de King Vidor

16:00 El ángel blanco, de Raffaello Matarazzo

18:30 El crimen del Sr. Lange, de Jean Renoir

00:00 Hermanas diabólicas, de Brian de Palma

Sábado 16

13:00 Cita en las estrellas, de Carlos Schlieper

14:20 Esposa último modelo, de Carlos Schlieper

15:40 Cuando besa mi marido, de Carlos Schlieper

00:00 Aullidos, de Joe Dante

Domingo 17

13:30 El crimen del Sr. Lange, de Jean Renoir

15:10 La gran ilusión, de Jean Renoir

22:00 Confidencialmente tuya, de François Truffaut

Jueves 21

16:00 Tres de corazones, de Sergio Renán (Jornadas Saer) *

18:30 El hombre de Arán, de Robert Flaherty

20:00 La flor de la mafia, de Nicholas Ray

22:00 Corona de estrellas, de Jacques Tourneur

Viernes 22

14:00 El crimen del Sr. Lange, de Jean Renoir

16:00 Confidencialmente tuya, de François Truffaut

18:30 Luna de papel, de Peter Bogdanovich

20:00 Corona de estrellas, de Jacques Tourneur

00:00 Aullidos, de Joe Dante

 

Sábado 23

15:00 La flor de la mafia, de Nicholas Ray

00:00 Dark Star, de John Carpenter

Domingo 24

13:30 Testigo fatal, de Kathryn Bigelow

15:15 El rey de Nueva York, de Abel Ferrara

22:00 Corazón salvaje, de David Lynch

Jueves 28

16:00 Palo y hueso, de Nicolás Sarquís (Jornadas Saer) *

18:30 El hombre quieto, de John Ford

22:00 El tirador, de Don Siegel

Viernes 29

14:00 Ese oscuro objeto del deseo, de Luis Buñuel

16:00 La última ola, de Peter Weir

18:30 El hombre de Arán, de Robert Flaherty

20:00 Conciencias muertas, de William Wellman

00:00 Polyester, de John Waters

Sábado 30

13:00 La última ola, de Peter Weir

15:00 Ese oscuro objeto del deseo, de Luis Buñuel

00:00 Polyester, de John Waters

Domingo 1

13:00 La gran ilusión, de Jean Renoir

15:00 Confidencialmente tuya, de François Truffaut

22:00 Corazón salvaje, de David Lynch

 

Entrada General: $7.- Estudiantes y jubilados: $3.5

* Entrada libre y gratuita hasta completar la capacidad de la sala.

 

 

 

 
 
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