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Mariátegui y su proyección en la obra de Arguedas por Hugo M. Zeoli
 

Primera parte

Mariátegui y su proyección en la obra de Arguedas

por Hugo Matías Zeoli

Introducción

La rica y profusa producción modernista se había difundido entre los escritores que no problematizaban la dependencia política y económica que sufría América Latina respecto de los Estados Unidos de Norteamérica.

El Modernismo, con sus últimos estertores de magnificencia pretendía difundir obras como formidables templos de estructura helénica u opcionaba por un decadentismo, pero su objetivo era siempre solamente estético.

La ausencia de un eje problemático; independencia de la América del Norte había sido obviado y el cierre definitivo a esta deserción del campo de las letras, como campo cultural afín a las luchas populares, fue operado por una generación de escritores que colocaron en el centro de la discusión al campesino, indígena; aquéllos que reducidos a una servidumbre ancestral vivían, aún sometidos a una explotación cruel y despiadada, característica en todas las estructuras del sistema medieval que consagra a estas formas de sometimiento del hombre esclavizado en ancestrales dominios feudales.

En este enfoque particular del problema indígena se destacó un grupo de escritores indigenistas, aquellos que se constituyeron en lectores de la publicación llamada Amauta, creada por Mariátegui, quienes a partir de una reflexión motivada por los escritos polémicos del teórico nombrado, ingresaron a la literatura que problematizaba la figura del indio peruano como aquél que seguía subsistiendo a pesar de que su cultura había sido desplazada por los centros hegemónicos y una burguesía local, incipiente, cómplice y aliada a la empresa de colonización mercantil emprendida en el Perú, por los españoles y otros aventureros, mercantilistas europeos.

Estos agentes locales van a ser denunciados por José María Arguedas y otros intelectuales que se reconocieron como discípulos de Mariátegui;sus enunciados ideológicos, claramente formados en la producción social de denuncia aclaraba con persistente lucidez que la burguesía local, aliada, al capital foráneo, había articulado un saber de elite, el que se constituía como empresa ligada a fundamentar la empresa de colonización:el dogma corrosivo que estos círculos adscriptos al poder autocrático preconizaba, era la creencia en la inferioridad del campesino y en consecuencia quiso implantar el enmudecimiento del indio.

José María Arguedas, en su discurso de aceptación del premio Inca Garcilazo de La Vega, nombra a Mariátegui como al más meritorio antecedente de su producción literaria, luego nombra a otro peruano ilustre:Tupac Amaru (1).

José Carlos Mariátegui aportó conceptos marxistas al problema socioeconómico que el Perú soportaba, fue Arguedas quién reelaboró sus lecturas de Lenin y otras del marxismo, agregándole a esta ideología un fuerte contenido ficcional con la definición del mundo indio y un ser humano concreto: Felipe Maywa, el Mak tillo Pantaleoncha, un danzante de tijeras, los comuneros de Lucanas, el pueblo de Abancay y el Cusco, etc.

Mariátegui es insoslayable, un punto de inflexión en la teoría que a Arguedas lo llevó a producir obras como Los Ríos profundos, Yawar fiesta y la novela Todas las sangres.

La visión de éste se hace más compleja al denotar los componentes culturales heterogéneos que actúan como factores de disolución cultural del nativo; la explotación denigrante a la que es sometido el indio, en las haciendas y minas, su odio y el disimulo que lo constituyen; el misti o blanco, aquél que lo somete, la magia del mundo andino, etc.

En un mundo cultural que integra al ser andino y lo destituye, el indígena realiza trabajos enormes, pero se lo juzga inútil e inoperante porque su gravitación cultural y económica ha sido degradada por el proceso económico gestionado por el poder político y económico.

Este, subordinado al capital inglés y americano es el eje de aquella economía medieval que se implanta en el Perú y lo constituye como dependiente y subordinado, política y económicamente, a la corona española, al proyecto capitalista europeo, aventura mercantil y esclavista con objetivos inhumanos, protegidos en una fachada o rostro cruel de la empresa salvacionista de redención cristiana.

Esta aventura que posterga y dificulta la experiencia de liberación andina aún sigue definiendo los procesos sociales de la tierra peruana y este estudio es válido en los cruces textuales que comprueba en estos dos creadores.

En este proceso liberador incrustado en una serie de contradicciones, la sociedad actual enfrenta con inusual crudeza un proceso infrecuente de cruciales dependencias capitalistas.

Estas, enunciadas por Mariátegui son las que Arguedas utiliza para dar un marco contextual riguroso a la ficción que produce.

El mismo problema que atormentó a Mariátegui y Vallejos rigió la estética de Arguedas, pero para penetrar en el mundo indio, en su Amor mundo, e ingresar en la comunidad de ofendidos que describe en Los serranos y otros relatos, ya célebres, es necesario recordar que el andamiaje ideológico de su obra procede de una lectura previa de Amauta y los postulados de su director:"Fue leyendo a Mariátegui, después a Lenin que encontré un orden permanente en las cosas;la teoría socialista no sólo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aún más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo" (2).

Esas enseñanzas de Mariátegui son las que este trabajo destacará para comprobar que el mundo contradictorio de la ficción producida por Arguedas tuvo un fuerte enclave en las posturas ideológicas que Mariátegui expuso en base a su observación de una sociedad conflictiva y caracterizada por el esquema opositivo; primero, esencial duplicidad simbolizada por indios y blancos, luego, el mestizaje, la mixtura: hibridación y traición, también componentes de estas dicotomías.

Mariátegui analiza la realidad peruana en estos términos:"sobre una economía semifeudal no pueden prosperar ni funcionar instituciones democráticas y liberales" (3).

Luego, teoriza sobre las capacidades de la mano de obra que construyó el Tawantisuyu y al elogiar la organización del Inkario, ambos coinciden.

Los dos escritores despliegan elogios para hablar del poblador de los Andes, Mariátegui dice:"Los canales de irrigación de la sierra y de la costa, los andenes y terrazas de cultivo de los Andes quedan como los mejores testimonios del grado de organización económica alcanzado por el Perú incaico" (4).

Arguedas, refiriéndose a ese mundote los Andes ha dicho en su conferencia llamada No soy un aculturado:"Pero los muros aislantes y opresores no apagan la luz de la razón humana y mucho menos si ella ha tenido siglos de ejercicio; ni apagan por tanto, las fuentes del amor de donde brota el arte" (5).

Es notable el conocimiento que ambos autores tienen de la problemática indígena, pero la profundidad de sus conceptos deberá hallarse después de saber que si Arguedas respeta la tesis de dominación enunciada por Mariátegui.

Ángel Rama, dice que además de esa lucha por liberarse de la opresión capitalista, también existe la doble intención de que además de ser comprendida por las masas revolucionarias de América, es el hemisferio desde donde se ejerce la dominación, aquél que recibirá una réplica, la textualidad que reivindica el derecho a la insurgencia que protagonizarán las clases oprimidas por los Estados Unidos (6).

Esta última idea se puede relacionar con toda la ficción que tuvo al indígena de América Latina como a su protagonista principal.

La última producción de Arguedas, también se relaciona con la ideología marxista. La individualización del enemigo de la América Latina lo llevó a cantar el pueblo vietnamita, así como antes lo había hecho al Apurimac, pero se debe tener en cuenta que sin Mariátegui no se concibe a Arguedas.

El mismo autor lo recordó con estas palabras:"Yo declaro con todo júbilo que sin Amauta, la revista dirigida por Mariátegui, no sería nada…" (7).

Además, los contemporáneos de Mariátegui, como dijera Salazar Bondy, constituyen una generación que hizo una magnífica gesta de reivindicación e inserción del materialismo histórico en el repertorio doctrinario del pensamiento nacional y que sin estos conocimientos ideológicos no se puede concebir, en su verdadero tamaño, a la sed de reivindicación que escritores como Arguedas enarbolaron, después de aceptar el magisterio ejercido por Mariátegui en Amauta y emprender el análisis ideológico de los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana.

Se puede objetar, que Arguedas no escribe Los ríos profundos para combatir a los Estados Unidos.

En primer lugar, debe leerse que la tarea destructiva del capitalismo de Occidente se articuló como obsecuente y pertinaz extracción de las riquezas de América y que el indio que cultivaba en terrazas de altura fue aplastado por el conquistador, quien habituado a ejercer jerarquías militares; portador de técnicas y armamento de destrucción masiva, emprendió la aniquilación de una sociedad sumamente estratificada y del individuo al que definió como "ser inferior".

En segundo lugar, debe leerse que el personaje principal de la obra de Arguedas, es aquél indio atento a las profundidades de las voces de altura, el canto de las aves, la altura del cerro al que implora, etc.

Este ser humano, habitante al que el colonizador visualizaría como ser improductivo, atrasado e ignorante, sólo tiene en las páginas del narrador referido un profundo amor por el mundo que lo rodeaba, su reducción al vasallaje y a la servidumbre a la que lo sometió el invasor sucedió porque carecía de una tecnología con poder de fuego para impedir su derrota y aniquilación.

El indígena, al que Arguedas construyó como hombre lleno de contradicciones, representa una promesa de desencadenamiento de las luchas sociales y gestas de reivindicación frente a la expoliación que América sufre; su protagonismo futuro, en el proceso de liberación americana, estará inexorablemente ligado a esta perspectiva artística forjada en Los ríos profundos, Yawar fiesta y su vinculación con las tesis de Mariátegui como punto de partida para un camino intransferible de liberación.

 

 

 

 

 

 

 

PARTE I

El proceso de destrucción y la masacre de la población del Tawantisuyu, planificada por España y las instituciones mercantilistas europeas, tuvo su respuesta crítica en algunos intelectuales peruanos como Arguedas y otros escritores, intelectuales críticos, quienes dedicaron su vida para estudiar y representar las consecuencias del derrumbe indio; la aniquilación de los seres humanos de Indoamérica; su degradación y su recolocación actual: mano de obra barata dentro del sistema mundial capitalista.

Las reflexiones de Mariategui son certeras y tienen validez de ley porque en estos ensayos acerca del Perú, su capacidad asertiva se corrobora en los hechos reales, y su rigurosidad es fehaciente porque se vislumbra un método de indagación que le permite inaugurar un sendero productivo que compromete de modo ineludible a los intelectuales de América Latina.

Una de las tesis fundamentales de Mariátegui dice que la empresa de colonización no sustituyó al sistema económico implantado por el Inca y que en su lugar no supo colocar a otro de estructura productiva superior y sólo lo reemplazó por una producción ineficaz.

Mariátegui sabía que la aristocracia del Inkario fue reemplazada por otra deficiente e inorgánica y que destituir a la sociedad que existía en el Perú le había llevado al colonizador todos los recursos.

También conocía que por haber carecido de un plan productivo, el conquistador español, condenó al hambre y la miseria, a una población de diez millones de habitantes (9) porque las empresas de colonización se caracterizaron por la negación del valor económico del hombre (10).

Mariàtegui atacó los conceptos racistas que enarbolaban las clases dominantes locales, aliados de las empresas trasnacionales para quienes "Los indios no son más que una masa inerte y degenerada, objeto para experimentos filantrópicos" (11).

Las tesis que se desarrollan en Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana son una acertada enunciación y un diagnóstico de la verdadera situación que atravesaba el Perú de esa época.

Arguedas se relaciona con esta postura en cuanto explora e indaga en el ideario de su ancestro y logra en la ficción representar simbólicamente aquello que tanto preocupó al director de Amauta.

La novela de Arguedas puede hallarse ligada indisolublemente a la ideología de José Carlos Mariàtegui y de esta relación se puede verificar, que las ideas del teórico son seguidas fielmente, al menos su sustrato ideológico, sirviéndoles al narrador para construir una trama argumental, en donde el indio aparece explotado económicamente y denigrado espiritualmente.

El autor de Los ríos profundos representa a una etapa posterior de la literatura indigenista y a un desprendimiento de las teorías literarias que se limitaban a repetir al decrépito arte burgués.

Esta imitación, también repudiada por Mariátegui, sustancia al discurso de recepción del premio Inca Garcilazo de La Vega -Arguedas lo pronunció en la Universidad de San Marcos-, aunque su inmersión en lo popular se debió a otros circuitos teóricos, como por ejemplo, sus conocimientos de antropología y etnología, por los cuales pudo construir personajes locales en los que el peruano podía reconocerse por primera vez.

El papel de las comunas indias en la transformación revolucionaria del Perú, el planteo de que éstas comunas Indias y diversas formas colectivas de trabajo podían acceder al socialismo (12) preocupó a ambos intelectuales.En ese sentido, una de las propuestas ficcionalizadas en Yawar fiesta se estructuraba al contar los esfuerzos del Ayllu, célula comunitaria, la que seguía existiendo como forma de comunidad india, a pesar de que sus miembros se hallaban, en la época de producción arguediana, bajo la dominación del misti o blanco, regida por un varayok indio, jerarquía también estudiada y revalorizada por el teórico peruano.

En Yawar fiesta, el sujeto del relato es la masa indígena, tal como lo apunta en una publicación de Casa de las américas, cuando estudia el cuento Los serranos (13), contenido en dicho volumen.

El relato cuenta como la extensión de una carretera que atraviesa la cordillera llegando desde la sierra peruana, Puquio, hasta la costa, posibilitará la llegada de los serranos a la capital del Perú, esto lo llevaría a Arguedas a elaborar una ficción que recalcara la poderosa decisión del comunero indio, quien enfrentado a los proyectos de los blancos, dejan a éstos reducidos al papel de simples espectadores.

La parte final del relato muestra como la clase dirigente europea no sabe dirigir a la empresa de construcción de la carretera y en lugar de ello es proclive a tejer sucios manejos burocráticos y es incapaz de realizar la carretera con la misma velocidad y prontitud de los indios serranos.

Esta incapacidad de la clase dirigente adscripta a la burguesía local no ha sido capaz de reemplazar a la dirección solidaria de los indígenas y esto que en Mariátegui es un poderoso argumento, en Arguedas pasa a ser la trama de una ficción para comprobar cuanto hay de cierto en las palabras del ideólogo. Este ha comentado en sus tesis que el ayllu (14), eje de la vida del imperio incaico contenía los gérmenes del comunismo y agregó que la burguesía local era una clase dirigente incapaz; el autor de Los serranos coincide con este concepto y en este cuento se dedicó a destacar como en veintiocho días, los comuneros del ayllu de Puquio construyeron una carretera desde Lucanas hasta el puerto de Chala, hazaña que les permitiría a los comuneros llegar a Lima en cinco días.

Para construir este relato, la sintaxis que el autor trabajó fue el resultado de un arduo y complejo vía crucis.El habla de los personajes es un difícil castellano en donde se percibe la estructura del keshwa andino:

-¡jajaylas! Puquíos abriendo calle en cerro grande, como manteca no más!

-¡Común de Puquío es mando! (15).

Este trabajo lingüístico representa indudablemente al proceso de dominación y muestra como éste se transparenta en la lengua de los dominados, en donde aparece, como una estructura subyacente a pesar de que la sintaxis del colonizador pretende postularse como universo válido en una materia que no le pertenece.

Respecto a la tesis de Mariátegui sobre la incapacidad de la burguesía para constituirse en vanguardia del proceso social, este relato ilustra como los comuneros deciden llevar a cabo la construcción de la carretera sin la dirección de los "mistis", quienes adoptan el papel de mudos espectadores ante la potencia y el ímpetu de la masa de trabajadores indígenas, entre los cuales se destaca el rol que le cabe al varayok, alcalde institución pretérita y autoridad nativa reconocida por la comunidad indígena.

En el relato denominado Los serranos, éste, alcalde, les dice a los mistis:

-¡Yastá…camino taytakuna…werak ochakuna! Aquistá camión.

Ayllu cumple palabra.¡Comunero es mando, sempre! (16).

Una serie de intereses y la extensión, a través de los tiempos, del dominio feudal, corrompen la empresa original del ayllu y su iniciativa solidaria pronto es transformada por el accionar de los propietarios, en una acción ineficaz, por la serie de trabas burocráticas que los blancos urden en su accionar lento y plagado de

egoísmos particulares.

El ayllu como origen de la comunidad es objeto de reflexión.

En Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, el autor, destacó que bajo el imperio del Inka regía un sistema social muy diferente al impuesto por los españoles.

Uno de los pilares fundamentales de la empresa conquistadora fue la adquisición de tierras por la fuerza, un sistema económico individualista y explotador, muy por el contrario, la sociedad donde mandaba el Inka era un sistema social de propiedad y producción distribuida solidariamente.

Destacar la supervivencia de estos conceptos ideológicos fue la tarea de Arguedas, quien construyó una ficción narrando y expresando como el indio peruano sentía al mundo que lo rodeaba: amor por los Andes, nieves de altura; el odio hacia los gamonales y hacendados, dueños de minas y sus agentes locales, ingenieros, capataces, completan el horizonte crítico, pleno de furiosas contradicciones, mundo aislado y terrible en el que el comunero seguía viviendo y creando, sin desfallecer.

Coherentemente, Mariátegui pudo escribir:"en la sociedad inkaica no existía el robo porque no existía la propiedad" (17).

Reafirmando estos conceptos, la narrativa de Arguedas está demostrando que el sistema de propiedad instalado por el colonizador es alienante para el habitante de Los Andes y es por eso que la novela indígena ha funcionado alrededor de estos temas en los cuales los intereses y las jerarquías urdidas por el capitalismo han sido siempre proclives a mantener el status de aquellos que aceptan ser agentes serviles del colonizador.

Otra tesis de Mariátegui enuncia que en el Perú conviven estructuras europeas y economías indígenas, "la propiedad indígena comunal; el desarrollo del capitalismo agrario criollo; la explotación del indio, no como individuo racial, sino como trabajador del campo y de las minas; el gobierno centralista y su maquinaria política que destruye al indio para apoderarse de su propiedad o vendérsela al extranjero; la iglesia protector del político y del gamonal; el papel de los intelectuales en las reformas políticas y económicas destinadas a reivindicar al indio (18).

La supervivencia del régimen feudal consolidó el vasallaje y este orden jerárquico se prolongó en las haciendas y en los establecimientos mineros en los cuales el misti explotaba y condenaba hasta la inmolación a los trabajadores indígenas que por carecer de una legislación que los amparase se veían privados de ser tratados como seres humanos.

En las décadas siguientes, Arguedas, después de leer a Mariátegui comprueba que la hacienda sigue siendo señorial y que en el latifundio no rige otra ley que la del hacendado; aquél que se pasea con cinto y pistola, visita y viola niñas; en el relato Agua, el indio se sabe impotente ante el abuso y entiende que la ley no rige para él.

Warma kukay relata el amor de un niño, Ernesto, hacia Justina, una niña de la hacienda de Don Froylan, que es violada por el propietario; amor desesperado y prohibido que lo hace exclamar a Ernesto:

-¡Don Froylan!¡Es malo! Los que tienen hacienda son malos; hacen llorar a los indios como tú;se llevan las vaquitas de los otros, las matan de hambre en su corral.(19).

La oposición en un mundo de contrastes violentos agudiza la explotación y la voz que el narrador ubica entre las más doloridas por la injusticia asume una actitud desafiante; Ernesto le dice al cerro: "-Tayta:¡Que se mueran los principales de todas partes!" (20).

Una de las tesis enunciada por Mariátegui llamada de la deficiencia de la raza española profundiza las causas de la deficitaria empresa de colonización incapaz de liberarse de sus hábitos medievales.La raza española establecida en el Perú ha seguido portando tendencias oscuras y retardatarias, no pudiendo desarrollar un proceso de industrialización y acelerar las etapas de inversión tecnológica con la llegada de capitales y tecnología en el suelo del antiguo Tawantisuyu.

Pésimamente dotada, dice Mariátegui, en contraposición a la empresa de pioneros que en el norte se dedicó con pujanza y poderío a construir los Estados Unidos, obra del puritano y el judío (21).

Mariátegui advirtió una encrucijada inexorable cuando escribió acerca de la perentoria opción que se estaba produciendo en el Perú. Esta exigía que el país debía pronunciarse por alguno de los dos grandes bandos en pugna; uno de ellos, organizado descendiente del grupo colonizador dominante, el otro, domeñado, esclavizado; el indio condenado durante siglos a servir al misti: dos sujetos económicos en pugna, el indio y el gamonal.

Para Mariátegui, este era eldilema: No existía un tercer camino y por ello escribió:"Lo que les importa primordialmente a los hombres nuevos es que el Perú se pronuncie contra el gamonal, por el indio" (22).

Toda la obra de Arguedas sigue este enunciado y demuestra que es una hipótesis crucial; trama enrevesada a la que muestra en los conflictos sociales mediante un complejo análisis del problema social.

Arguedas agrega que este conflicto de clases tiene un fundamento cultural además del económico y es el que le otorga un matiz violento a la lucha de clase.(23). Esta tesis de la disyuntiva crucial del Perú, que el gran ideólogo peruano advirtió, se corresponde con la ficción que Arguedas tituló Agua.

En este cuento, Arguedas explicó que se reflejaba la oposición que Mariátegui halló en la sociedad peruana.:"Agua si fue escrita con odio; con el arrebato de un odio puro; aquél que brota de los amores universales; allí en las regiones del mundo donde existen dos bandos enfrentados con primitiva crueldad"(24).

Asimismo, ficcionalizando el rencor entre ambos campos enfrentados, el narrador los identificó con el esquema económico reinante en la sierra peruana y cuenta como su ambición lleva a los mistis a cometer atropellos contra el indio.

Este es visto como una entidad cultural que ha devenido en servidumbre y aceptación del dominio que el gamonal ejerce en el latifundio:

"-Los indios son buenos ayudan entre ellos y se quieren.Todos miran con ojos dulces a los animales de todos:se alegran cuando en las chacritas de los comuneros se mecen, verdecitos y fuertes, los trigales y los maizales…Principal es malo, más que Satanás; la plata nomás busca tiene carabina, revolver, zurriagos, mayordomos, concertado; por eso ...

(continúa en la segunda parte)

 
 
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