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La sonrisa del monstruo marino
 

La sonrisa del monstruo marino
Director: Till Endemann
Guión: Till Endemann
Fotografía: Félix Cramer, Montaje: Rebecca Khanide, Productores: Thorsten Flassnöcker, Elke Ried.
Intérpretes: Jacob Matschenz, Alice Dwyer, Adrian Topol, Peter Kurth, Victoria Mayer, Benjamin Meyer. Premios: mejor actor revelación en el Festival de Saarbrücken

La sonrisa del monstruo marino

Director: Till Endemann

 

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

La vida de un adolescente de diecisiete años, Malte en un pueblo turístico de Alemania - Ahlbec, en la isla báltica de Usedom, cerca de la frontera con Polonia- podría sintetizar el argumento de este film del director Till Endemann.

"La sonrisa del monstruo marino" se exhibió en el marco del Festival de cine alemán en Buenos Aires, en el mes de Septiembre y principios de octubre.

Malte trabaja como vigilante en la playa durante el verano y además contrabandea tabaco durante todo el año. El joven protagonista ha quedado solo, viviendo con el padre alcohólico, de quien debe ocuparse. La madre ha muerto y la hermana mayor se ha ido.

La vida en el pueblo es sumamente aburrida y Malte ha aprendido a manejar y pronto obtendrá el registro de conductor. Malte tiene un amigo, compañero de experiencias. En los ratos libres, el joven protagonista pinta con aerosoles paredes, muros en la calle, como una manera de desahogarse. Las pinturas de Malte, que aparecen en los muros son semejantes a los grafittis de los punks en los años ´80 - grandes pinturas murales que los jóvenes punks hacían con aerosoles en los muros de algunas ciudades de Alemania, como en la ciudad de Hamburgo - y también se relacionan con el arte expresionista alemán.

Hasta ahí nada parece alterar la rutina de Malte. Pero un día llega a instalarse en la casa, sin aviso, la hermana recién divorciada con su hijo, un niño de unos cuatro o cinco años.

Ahí cambia la historia. Las relaciones familiares se vuelven más complejas.

También aparece una turista, Annika, con la que Malte vive una historia de amor.

En el marco de las historias personales, el film narra también las vicisitudes de la localidad turística. Malte vive con su padre en una casa antigua, casi en ruinas, que no han podido restaurar y los inversores quieren el terreno para edificar nuevas casas, nuevos edificios. El desalojo es inminente y dará lugar a una nueva tragedia familiar.

La casa en ruinas, metáfora de una Alemania rural que fue desapareciendo, tal vez se conservaba como atractivo turístico, es arrasada por una nueva época. Se construyen nuevos edificios y ahí deberán vivir los protagonistas de la historia.

Malte se identifica con el niño, hijo de su hermana, y vive nuevas experiencias.

El film tiene una visión esperanzada en una época de mucho cinismo, con escenas estéticamente bellísimas y una de las características del film es la ternura con la que el director trata a sus personajes.

Se destacan la actuación de Jacob Matschenz como Malte y de Alice Dwyer como Annika.

(c) Araceli Otamendi- Archivos del Sur.

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