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Estás aquí:  Inicio >>  Ensayos - Crónicas >>  Arlt, la ciudad de las aguafuertes porteñas
 
Arlt, la ciudad de las aguafuertes porteñas
 

Un ensayo de Hugo Matías Zeoli

(Buenos Aires) Hugo Matías Zeoli

La experiencia social de Arlt es notablemente intensa y al leer las Aguafuertes porteñas se adquiere la certeza de estar leyendo la producción de un escritor genial que parte de unas percepciones de callejeo.El autor, al recorrer el Buenos Aires del veinte construye sus crónicas con ingredientes expresionistas, abundantes en contrastes ; cromatismo que sabe evocar y reunir lo melancólico y el sarcasmo; su rigor aunque no exento del refranero popular es un conocimiento avezado del rincón marginal y el outsider; Arlt utilizó la sustantivación inédita, sorpresiva, para contrastar curiosos personajes, lugares opuestos a la actual globalización porque están definidos por la presencia de un habitante muy particular.

Arlt sabe diagnosticar la incerteza de unas relaciones urbanas que están sufriendo desplazamientos y erradicaciones y masificación; los hacinamientos dan lugar a pinturas cuasi hiperrealistas, la interpretación de los cuadros colectivos de estos seres hacinados o deconstituidos, como lo dice Murena, son pintados con crudeza pictórica al estilo del aguafuerte testimonial; hondura y crudeza por proximidad y sabiduría de la interioridad de un hombre evoca en estas aguafuertes, que ofrecen constituir el rápido icono y la imagen del ojo periodístico, mostrándonos esa especie de existencia monótona denominada "Modernidad".

Las figuras que el autor nombra se instalan en la galería de arte local con notable inscripción en la producción periodística.La idea de ciudad en estos textos arltianos se presenta como una serie definida de cuadros de costumbre en los que abunda la estructuración de una pintura nítida, elaborada con paleta de colores definidos.

La evocación de la ciudad que se destruye y da paso a otra es una pátina esencial sobre la cual el artista ve comprometida su imaginación y se identifica con recursos expresionistas matizados con el sarcasmo y la ironía ante la edificación.

Estos textos contienen a la desmesura arltiana, aquél que observa sentidos y estructuras, para avizorar con inusual espontaneidad a otro ser que tiene pocos anclajes con el devenir de esa ciudad, a la que se ve irregularmente levantada, como fruto de una falta de regulación o programa racional.

Si bien la idea de que una transformación de las ciudades deviene en otra urbe en donde la técnica, el mundo de las ideas y la alternancia y convivencia de grandes proyectos de poder surgen desde elites y son pensadas por esos sectores sociales, no es posible decir que sólo un proyecto arquitectónico edilicio de esta ciudad devino en una infructuosa construcción del sitio urbano porque otros factores importantes como la economía, los problemas políticos- sociales y la irrupción de nuevos habitantes también dificultó la constitución de un estilo homogéneo.

Los habitantes de la ciudad, contemporáneos del autor, al ver el horizonte de sus expectativas y al sufrir los espacios de condensación simbólica, aunque se ven inmersos en nuevos fenómenos culturales y en el curso de grandes modificaciones realizan actos que están en consonancia con un marco social violento e injusto; aquellos que vienen a reemplazar a la civilización orillera y portuaria, consolidada como identidad , llegaron como resultado de dificultades económicas surgidas después de la segunda guerra mundial; ante la expulsión sufrida la oleada inmigratoria muy pronto se identificaría con el tango, el baldío y la habitación precaria;en casitas y conventillos, estos inmigrantes se constituyeron como vecinos, viviendo en refugios precarios en fragmentos edilicios, dispersos, sin terminar.

Allí estaría surgiendo mas allá de los planos de la polis porteña, una idea de ciudad, que por contrapartida estaría configurando, frente a la modelizacion urbana, una carencia que sugiere a través de sus mismos límites, una actitud marcada por la dispersión, el ritmo angustiante de lo que está en movimiento.

Esto nos está alertando acerca de una nueva percepción, una interpretación de los espacios posibles de sensibilización como fractura y disociación, correspondiéndose con la alternancia de esos tiempos y espacios disímiles y contrapuestos.

En ese sentido, las aguafuertes porteñas delimitan un momento de transición, entre la ciudad que fue colonial, en algunos aspectos de su edificación, y la nueva urbe que se está gestando a través de nuevos proyectos sociales, políticos y económicos.(1).

En grandes líneas, esa sería la ciudad que simboliza Roberto Arlt en sus observaciones y apuntes callejeros;¿ en las antìpodas de la pose de flaneur?, pero mirada mordaz, severa y risueña a la vez, el callejeo arltiano a través de los barrios porteños es el trazo riguroso de un dibujante que retoma a diario el contacto con la realidad (2), cambiante y violenta, que lo circunda, relación conflictiva, amarga y crítica; el apunte y el callejeo devienen en aguafuerte porque el impresionismo y el empaste con trazo riguroso se recorta utilizando colores dramáticos y restallantes; la elección por esta tamización de lo real pasa por la aceptación de un estilo originado en la superficie de lo corrosivo elevado a gran arte espontáneo.

Las Aguafuertes constituyen la metaforizaciòn de una ciudad de donde emergen las estereotipos marginales, la ciudad es sotànica: individuos y masificaciòn. Este último término se produce por segregación de actitudes proclives al encuentro del colectivo urbano pleno de anonimato y oscuridad pictórica, dilución de lo enfermizo, falta de diálogo, reciedumbre arrabal y amargo desdén por la condición sumisa de los seres del vecindario opacado por la multitud no periférica, central, aldea incipiente, lupanar, o vidriera lujosa, conviviendo en lujosa novedad global.

El narrador recibe una aplastante herencia visual que emerge de sitios degradados, pensiones y buhardillas, catacumbas.(3) .

David Fisby, en ese sentido, nos ilustra acerca de estas escenas de la modernidad, el mundo exterior aparece como un flujo incesante, todos son momentos contradictorios que, indefectiblemente serian incorporados por los habitantes, interiorizando estas experiencias que afectan a sus conductas y su vida íntima.(4)

Así lo registra Arlt en la aguafuerte que trata de los Ladrones de ladrillos.Allí se destaca una focalización muy subjetiva, la caminata y la fragmentación son los ingredientes del textual , la fantasía incesante introduce hallazgos retóricos y aunque la dispersión edilicia y social reditúen una visualización urbana incierta, el mundo degradado y bajo e irregular ; lo que se está construyendo permite gran variedad de enunciados, la superficie irregular del espacio permite una exuberancia de hallazgos porque el autor se destaca con sapiencia al citar los dichos y refranes de los individuos que están sufriendo y creando un saber cotidiano que los hará inmortales.

La evocación en las calles de Flores, la remembranza de los molinos,(5), un monte de eucaliptus, como "locus amoenus", frente a una comunidad que se va sumergiendo; la pequeña sociedad que poseía elementos arcaizantes llega a convertirse en un conglomerado de desplazados.

La ausencia de un tiempo previsible, pautado por las técnicas artesanales (6) y una división del trabajo injusto, permiten construir los subterfugios, la prosa original y plena de aristas dramáticas e histriónicas, melancólicas, léase, Aspas de molino, sala de cine barrial, diálogos espaciados, convivencia de individuos de distintas aldeas del mundo que argumentan acerca del conocimiento de cómo ganar en un negocio, viviendas amplias donde el sol simboliza un vivir feliz, la propiedad de un sitio añorado por la posición social, espacio de protección con referencias líricas insoslayables (7), etapa de cambio y desplazamientos sociales producto de la improvisación y el deseo de constituir una ruina en lugar de un producto arquitectónico. La pampa es el paisaje, el horizonte o perspectiva siempre inmediata, aquello que aún está sin edificar y contrasta como límite de la ciudad arltiana, así lo aclara el autor cuando nota con precisión que a diez cuadras de la avenida Rivadavia comenzaba la pampa:"la gente vivía otra vida más interesante que la actual, quiero decir con ello que eran menos egoístas, menos cínicos, menos implacables.Justo o equivocado, se tenía de la vida y de sus desdoblamientos un criterio más ilusorio, más romántico.Se creía en el amor".(8).Ibid,pag,cit.14.

En un espacio urbano que el no diseñó, el porteño sufría desvalorizaciones, por un lado estaba acostumbrado a las inscripciones en los carros, el saludo desde los pescantes, el trabajo en algunos talleres de artesanía, el lenguaje heredado de la comunidad y sentía que estos hábitos y percepciones iban a sufrir transformaciones.Estos cambios lo dejarían inmerso en una nostalgia de lo autóctono, afín a algunos pasajes evocados en Adán buenosayres:Los cambios edilicios implican el desplazamiento de seres al ser derivados hacia esa pampa circundante, marginalidad urbana; la melancolía, el fuerte claroscuro elegido destaca la ausencia más que la llegada de la nueva arquitectura implantada a gran altura porque el espacio de la gauchesca ha cedido un lugar a la metrópolis y su puerto modernizador:" Ya no están más ni el molino ni el mirador ni el pino.(9).

Todo se lo llevó el tiempo.El lugar de la altura esa, se distingue la puerta del cuchitril de una sirvienta. El edificio tiene tres pisos de altura".

En la aguafuerte denominada, El hombre del azar, se muestra como un personaje perteneciente a la clase social más pobre quiere realizar la utopía de salir de villa Soldati y mudarse a barrio norte."El fenómeno se extiende a las más diversas clases sociales "(10) dice refiriéndose al pato, aquél que solo dispone del azar como certidumbre para pasar de un hábitat a otro.

"Y no crean que pasea", dice para después negar la arquitectura sólida y pasada, y es que los proyectos de la fantasía parecen estar caracterizados por la dispersión sin posibilidades de objetivarse.

La falta de espacio para un gran garage cierra las posibilidades de un tránsito social desmesurado y la presencia del juego, la lotería y el mágico billete denotan la ambigüedad de un ser humano que deambula por una ciudad fantasmagórica.

El desprecio por la normalización de las relaciones, desprecio por los que ahorran y aspiran a un espacio mínimo está sufriendo una marca de degradación por parte del autor quien no parece resignarse a prescindir del espacio de la antigua ciudad, aunque nunca lo declare y utilice el recurso de la ironía y hasta cierta crueldad para identificare con la miseria circundante y casi apócrifa y a todas luces, irremediable catástrofe y derrumbe de una tradición suburbana, ciudad nueva que se avizora como determinada por la transitoriedad, el intercambio de relaciones furtivas, propias de la modernización como el goce la de los espacios donde se ve a las multitudes sufriendo un tiempo y su aceleración alterando las relaciones sociales de los habitantes resignados a sufrir el deterioro de la antigua edificación.

 

Luego elige un espacio aristocratizante o al sector sacrificado , aquél que se hacina en casas con techo de cinc, muy por el contrario, elige la calle corrientes, sitio donde la movilidad es máxima y se puede ver, por esta causa, a todos los sectores sociales cumpliendo todos los roles posibles de la marginalidad.

Estos son hombres a los que Arlt percibe observando escaparates, en actitud de ensoñación frente al último producto de una marca de automóviles.

Estos son sectores que desean obtener dinero y sueñan con un ascenso social: abogados, periodistas, canillitas, prostitutas, inmigrantes, macros.Enmarcados siempre en la vorágine de la aceleración y la transitoriedad que comienzan a caracterizar a as ciudades con fuerte ligazón con las grandes metrópolis y sus centros bursátiles, núcleos financieros internacionales, determinantes para la vida en la modernidad y la actual etapa globalizadora, unipolar.

Secuencias muy densamente logradas, párrafos atiborrados de empaste cromático definido están logrando una agudización y una marcación de los grados de ansiedad, amargura corrosiva, degradación, que experimentan seres angustiados por proyectos desmesurados e inabarcables ya que la pertenencia a un barrio de la periferia solo es permite recorrer a pie un trayecto de unas 15 cuadras para arribar a ese puerto de ilusión constituido por una vidriera a la que el desclasado observa como producto inalcanzable.

Ese hombre de los suburbios y que arlt contempló en el espacio céntrico es el mismo que desea construir una vivienda y que con la ayuda de sus hijos roba silenciosamente ladrillos y chapas de cinc, proyecto mínimo de aquél con quien el autor no se solidariza.

Los que siempre están vistos en calidad de cómplices del autor son aquellos que están sumergidos en el avatar del centro de la ciudad, los que participan y aceptan luchando denodadamente en diversos oficios, quienes tratan de sobrevivir en el marco de una ciudad que admite a esta especie de antihéroes.

En la aguafuerte, El próximo adoquinado, el retraso urbano nos está demarcando un límite claro.Los espacios de la ciudad febril se advierten en aquellos sitios en os cuales la experiencia de cambio es asumida por los hombres de los barrios mas hacinados y marginales como la esperanza de obtener un asfalto que los incorpore al centro de la ciudad.(11).

Este espacio, calles de barro (12) y carros airados por caballos, identifica a los mercachifles y inmigrantes que con pequeños balancines ofrecen verduras a las amas de casa que cocinan con kerosén y de noche se alumbran con luz mortecina y velas de sebo; espacio que lejos de ser vistos como homogéneos muestra el principio de un suburbio definido por carencias extremas, no participantes de lo moderno del centro, alertándonos acerca de los costos de encumbramiento para ese ascenso tan deseado por los que transitan los dos sectores diferenciados de la ciudad.

En este sentido, un trabajo de la municipalidad de buenos aires, obras del arroyo Maldonado, (13), realizadas en 1929, y testimonios que nos indican que los últimos corralones, por ejemplo, el de Francisco Acuña de Figueroa y Avda Corrientes desaparece a fines de la década del 50, este último dato hace mucho más creíble ese referente llamado visita al Tattesal reo.

En la aguafuerte Casas sin terminar (14) , completa el panorama de una ciudad que no termina de edificarse y alberga a seres que busca refugio porque son desplazados,producto de la incipiente ola inmigratoria que busca refugio y sufre el desplazamiento en estructuras abandonadas.

Esta aguafuerte recordará a los lectores lo escrito por Murena acerca de la imposibilidad de superar esa destitución que ha sufrido el habitante de Buenos Aires. En el Pecado original de América este autor dice que los edificios carecen de significación, nominación aceptable.

Los seres que habitan esta ciudad, como otras de América, no tienen un ser dado porque han sido desposeídos, "Somos unos desposeídos" clamaba el autor citado., en El pecado original de América.

 

Las grúas abandonadas en la Isla Maciel (15) muestran a una población que habla idiomas diferentes y vive cerca de estructuras metálicas abandonadas metaforizando la muerte.

En el sector céntrico de la ciudad,Arlt sitúa al desplazado aquel que elude las obligaciones de la ciudad mercantil; el autor le da un rol protagónico al adulador y a la música callejera que este personaje canturrea, llámese tango a la melodía aludida como identidad incipiente.

Las aguafuertes porteñas desechan como material literario aquellos sectores protagónicos de los cambios materiales de la ciudad y prefiere adoptar un punto de vista sotánico al aliarse a un habitante, quie en plena época de expansión añora el pasado de aquellas casas abandonadas y se ha instalado en el centro de una ciudad que transitada por sectores diversos, se muestra asumiendo una especie de complot al asumir vagancia y la corrupción.

Estos seres marginales no están adscriptos a ningún plan político subversivo y solo realizan paseos que culminan en un escaparate en donde ven algún objeto, algo que les parece motivo de ensoñación.Estos personajes provenientes de lodazales, barrios anegados, se dirigen al centro de la ciudad en donde sólo son rostros furtivos perdidos en una multitud que también esta pugnando por ser admitida en un proyecto diluido de modernización ya que el proyecto de ciudad es absolutamente inconexo y carece de salidas económicas para sus habitantes.

Un panorama de angustia y desolación, el de la periferia, es el eje de perspectivas de la aguafuerte denominada Ventanas iluminadas (16); allí se describe algunos conventillos que poseen varios pisos, habitáculos en donde los hombres conversan asolados por el sonido de crujientes tranvías que atraviesan la ciudad.

Un texto que sabe preludiar con una armonía plena de contrastes no está exento de crítica y desmesura, estilo del autor, debido a que elige expresarse con contrastes , aquellos que parecen rozar lo discordante; Arlt, es un cronista que sabe apresar la fugacidad, la melancolía del desocupado y algo de esa violencia que reunía en las calles, a las bestias azotadas por los mercachifles, y aquellos paseantes que acuden a un lugar incierto como lo es la vidriera con objetos de lujo. Las líneas en las que expresò como la obra de Goya es su referencialidad más notable, confirman cual era la intención del autor y que perspectiva tenía para evocar a la ciudad en la que vivió y paseó, disfrutando de una especie de "grotesco" o" zarabanda infernal".

BIBLIOGRAFÍA

 

1. Amicola, José, Astrología y fascismo en la obra de Roberto Arlt, Edic. Weimar, 1981, nota 25.

2. Guerrero, Diana, Arlt, El habitante solitario, edic. Folios, Bs.as, 1985, pág.53

3. Arlt, Roberto, Aguafuertes porteñas, en Molinos de viento en flores, pág.12, Losada 1976, pág.12.

4. Fisby, David, Fragmentos De la modernidad, Visor, Madrid, 1992, Pág.94.

"A su vez, el elemento esencial del mundo exterior queda reducido a un flujo incesante y todos, sus fugaces, fragmentarios y contradictorios momentos quedan incorporados a nuestra vida interior".

5. Arlt, Roberto, Aguafuertes porteñas, Losada, bs.as, 1976, Pág.12

"Hoy, callejeando por Flores, entre dos chalet de estilo colonial, tras de una tapia, en un terreno profundo, erizado de cinacinas, he visto un molino de viento desmochado.

Uno de esos molinos de viento antiguos, de recia armazón de hierro oxidada profundamente".

6. Ibíd., Pág. 12.

"Algunas paletas torcidas colgaban del engranaje negro, allá arriba, como la cabeza de un decapitado; y me quedé pensados tristemente en que bonito debía de haber sido todo eso hace algunos años, cuando el agua de uso se recogía del pozo.Cuántos han pasado desde entonces!

7. Ibíd., Pág.13.

"En aquellos tiempos todo el mundo se conocía. Las librerías Es de reírse! En todas las vidrieras se veían los cuadernillos de versos del gaucho Hormiga Negra y de los hermanos Barrientos. Las tres librerías importantes de esa época eran las de los hermanos Pellerano, La linterna, y la de don Ángel Pariente."

8. Ibid, op.cit.14.

"La gente vivía otra vida más interesante que la actual, quiero decir con ello que eran menos egoístas, menos cínicos, menos implacables. Justo o equivocado, se tenía de la vida y de sus desdoblamientos un criterio más ilusorio, más románticos. Se creía en el Amor"

9 .Ibid.pág.14.

Los cambios edilicios implican el desplazamiento de seres que al ser derivados hacia esa pampa circundante, marginalidad urbana; la melancolía, el fuerte cromatismo elegido destaca la nueva arquitectura implantada porque el espacio de la gauchesca ha cedido su lugar a la metrópolis y el impulso modernizador "Ya no están más ni el molino ni el mirador ni el pino.

Todo se lo llevó el tiempo.En el lugar de la altura esa, se distingue la puerta del cuchitril de una sirvienta. El edificio tiene tres pisos de altura."

10. Ibíd., Pág.156.

"El fenómeno se extiende a las más distintas clases sociales"

.

11. Ibíd., Pág.81.

"…El adoquinado es una especie de salvación para esta gente. Es la civilización, el progreso, acercando la ciudad a la pampa disfrazada de ciudad, que es nuestra urbe.

12. Ibíd., pág.82.

"La municipalidad o el gobierno o el diablo se olvidaron de que en esas calles vivían cristianos y cuando llueve se la regalo. Hay que entrar con zancos o con un hidroavión, pues de otra manera no hay caso de comunicarse con los vivientes".

13. Cuadernos de Buenos Aires, Historia y leyenda del Arroyo Maldonado, 1971.

14. Ibíd., Pág.62/63.

"Todo es singular en la casa interminada.Los muros se levantan desolados, la tierra hace montecillos en los interiores de las habitaciones destechadas; un montón de mezcla se ha solidificado lentamente…y es que esa casa, sin techos, sin puertas, sin reboque, es el exponente de un fracaso de ilusiones, la demostración más evidente de que su dueño fue sorprendido por algo terrible cuando menos lo esperaba"

15. Ibíd., pág. 34.

"Y por donde se mira, en torno de estas veinte grúas, enfiladas como condenadas a muerte, o patíbulos, no se comprueba otra realidad que la paralización de la vida .En los carriles, las ruedas parecen petrificadas sobre sus ejes…"

16 Ibid, pág.73.

"Ciertamente, no hay nada aún llamativo en el cubo negro de la noche que ese rectángulo de luz amarilla, situado en una altura, entre el prodigio de las chimeneas bizcas y las nubes que van pasando por encima de la ciudad, barrida como por un viento de maleficio"

(c) Hugo Matías Zeoli

 

 

 
 
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