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Más prejuicios por José Repiso Moyano
 

Desde España
Por mi parte, yo puedo ser un asesino, un ladrón, un paranoico, un psicópata, un mentiroso, etc., pero primero con un algo de decencia humana habrá que demostrarlo. Si se demuestra, o se argumenta bien, pues entonces lo seré y lo aceptaré, ¿por qué no?, como siempre he aceptado lo racional.
Si una persona piensa que no lo he aceptado, en seguida, debe decir dónde, en qué caso -ejemplo- no lo he aceptado. Así de sencillo.

No puede haber maltrato psicológico si no hay un trato previo; aunque si lo hay, es decir si a mí por ejemplo se me acusara de ello, pues hay que demostrarlo con alguna prueba, alguna, y aplicando las mismas reglas que se utilicen a mi favor, "mirando" ya mi parte con un poquito de vergüenza.

Los hechos pueden ser interpretados porque afectan emocionalmente, o sea son usados a través de las emociones; pero la existencia de que son hechos con unas consecuencias físicas determinadas no. Por ejemplo, todo el mundo habla de una guerra, pero no se puede negar su existencia como tal y asimismo las muertes que se demuestran empíricamente o las manifestaciones -en persona- que se hacen en contra de ella.

Yo no digo -ni he dicho- que lo que diga sea algo irrebatible, la verdad única (cuando sí es única, pero puede ser alcanzada por muchos; de hecho, de todo lo que sé es aprendida una gran parte de otros), sino que mientras no sea rebatida debe ser válida por principio de racionalidad. Por ello, parto de que soy imperfecto, soy consciente de lo humano que soy.


Nunca he tenido ironía como un rasgo esencial o predominante en mi carácter, más bien es así: lo que tenga de humor (negué que no lo tenía, como intención, pero es propio de todos los seres humanos en una dosis por muy pequeña que sea) lo tengo como humor irónico, a sabiendas de que también todos poseen ironía; y si se ha de hacer una crítica de verdad, ¿cómo poder afrontarla sin ella?, ¿en quién ha sucedido?

Tener desconfianza sólo significa el tenerla, al igual que la desesperanza o la desilusión. Sin embargo, no se puede deducir que no se haya de tolerar o que implique un peligro ante el mundo, a sabiendas de que todos la tienen en algo, en algo concreto. Yo tengo mis confianzas en unas cosas y en otras no.
Lo que nunca se debe hacer éticamente es obligar a alguien -o aplicarle una retorcida deducción- a que sea ilusionado en algo.

Nunca he afirmado que exista una conspiración contra mí, luego si no lo he afirmado es evidente que no lo he asegurado como objetividad.

Algunas de mis manifestaciones, cuando trato de mi relación personal con algo o alguien, son subjetivas por supuesto. No lo considero de otra forma; porque también tengo la necesidad de manifestaciones subjetivas, a mostrar lo que siento y por qué lo siento ante algo que sí demuestro que es objetivo, o lo pretendo. Conforme a que nunca especulé una bonita imagen o prestigio.

De una persona que se aísla las causas pueden ser diversas, por gusto, porque lo necesita simplemente o porque lo aíslan o porque no puede ser de otra manera. Por ejemplo, uno debe aislarse siempre de su maltratador o de aquello que ya le ha dañado bastante, en hechos -y lo considerará él, no el vecino-.

Por último, uno de los mayores prejuicios que depara la sociedad es que si la violencia es colectiva -si es apoyada por una mayoría- tiene una impune aprobación ética. Por ejemplo, si un millón de personas que pasan hambre se manifiestan violentamente no se llevan nombres y apellidos a ninguna desaprobación ética, pero  -en cambio- si es uno que pasa mucha hambre y sus hijos se mueren de hambre ya su nombre y apellidos acarrean todos los reproches habidos y por haber. ¿Linchamiento quizás a una cabeza de turco?

(c)José Repiso Moyano

 
 
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