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Temas pendientes por Araceli Otamendi
 

El actual mercado de arte está dirigido casi completamente por especuladores financieros, víctimas de la moda y ricos ignorantes, sostiene el filósofo Félix de Azúa, en su Diccionario de Artes, y estoy de acuerdo. Y también dice: el coleccionista, como conocedor, ha sido expulsado

Temas pendientes

 

Faltan pocos días para terminar el año y me decido a escribir estas líneas pensando en algunos proyectos para el 2006. Soy consciente de que quedaron temas pendientes para tratar en la revista. Ya sea por el ritmo agitado con el que se vive en una megaciudad como es Buenos Aires o por distintas ocupaciones hay algunos temas que me preocupa desarrollar en la revista el año próximo y me encantaría que surgiera un debate acerca de todo esto.

Uno es la falta de representación de las madres, encarado por Victoria Sau en su libro que lleva como título: "El vacío de la maternidad"  donde indaga en la problemática de la falta de reconocimiento social de las madres. Las guerras siguen en el siglo XXI y las madres no tienen un reconocimiento social como para alzar su voz y ser escuchadas para que los hijos no sean carne de cañón.

En la Argentina, han sido las Madres de Plaza de Mayo quienes tuvieron en sus manos la principal resistencia política a la dictadura militar. Ahora, las madres reunidas con el nombre de Madres del Dolor, luchan para que haya justicia.

Tampoco la situación de las mujeres en distintos países denominados subdesarrollados ha cambiado mucho, desde hace varios años. Seguimos relegadas en la mayoría de los casos.

Otro de los temas es el arte. A menudo voy a ver muestras que se proclaman "de pintura", "de arte", y también con otros nombres. Ni siquiera Marcel Duchamp imaginó, seguramente, que muchos años después intentarían emularlo con tan poco imaginativos recursos.

El actual mercado de arte está dirigido casi completamente por especuladores financieros, víctimas de la moda y ricos ignorantes, sostiene el filósofo Félix de Azúa, en su Diccionario de Artes, y estoy de acuerdo. Y también dice: el coleccionista, como conocedor, ha sido expulsado del mismo. El conocimiento no es más que una traba a su progreso. El objetivo del mercado es borrar todos los valores que puedan impedir que cualquier cosa se transforme en una "obra maestra". El mercado está obligado a destruir todo aquello que pueda dificultar que la basura se transforme en oro, dice el filósofo. Y también estoy de acuerdo con esto.

Por otro lado, el mito de la belleza. En el libro Historia de la Belleza de Umberto Eco dice: hasta que los artistas no representaron personas vestidas, cabañas y utensilios, no podemos pensar que nos dieran alguna información acerca del ideal de belleza de los artesanos de su época, y ni siquiera así, podemos estar completamente seguros.

El libro de Eco está documentado con obras arte y el autor lo explica así: han sido los artistas, los poetas, los novelistas, los que nos han explicado a través de los siglos qué era en su opinión lo bello y nos han dejado ejemplos.

Entonces me pregunto, por qué, si esto es así y estoy de acuerdo en que es así, en tantas revistas llamadas femeninas y destinadas a las mujeres se pone como ideal de belleza a mujeres escuálidas, seguramente con problemas de bulimia o de anorexia, muchas veces envueltas en pieles de animales que seguramente se han sacrificado con mucho sufrimiento para el animal. ¿Por qué? si estos ejemplos, de modelos que se consumen en el gimnasio, que apenas prueban bocado a costa de su salud, llevarán a otras mujeres a imitarlas y a dañar su cuerpo y a deteriorar su calidad de vida.

Creo que hay razones que van más allá de las que fijan empresas que anuncian su publicidad en estas revistas. Razones más poderosas para que las mujeres estén ocupadas en comer lechuga o remolacha y no tener fuerzas para emprender otro tipo de proyectos para su desarrollo personal.

(c) Araceli Otamendi

Buenos Aires, diciembre de 2005

 

 

 
 
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