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Poesía y humor por Paulina Juszko
 

...En la obra de Oliverio Girondo el humor es un rasgo permanente, y podríamos decir constitutivo. Según Enrique Molina, se trata de una manifestación paradójica del deseo de absoluto: “Un humor al que no vacilo en llamar negro – ese grado supremo del humor poético – pese a su contenido de voracidad sensual...

(Buenos Aires) Paulina Juszko

 

La comicidad, el humor se dirigen a la inteligencia pura, según Bergson. En tanto que la poesía se dirige a la sensibilidad.¿Será ésta la razón de que tan pocos poetas practiquen actualmente la poesía humorística, salvo como divertimento doméstico?

Antaño estaba permitido y hasta era frecuente reír en verso, porque existían géneros poéticos reservados al humor, como la sátira y el epigrama, con sus reglas propias.

La antigua Grecia nos legó una Batracomiomaquia [Guerra de las Ranas y los Ratones], poema cuyo autor – anónimo – parodia la Ilíada. Este tipo de composición, la epopeya bufa, fue muy imitada posteriormente, entre otros por Nicolas Boileau (Francia, s. XVII) con su Lutrin [El pupitre], que se basa en un hecho real de la época y fue el resultado de una apuesta que le hizo al escritor el Presidente de la Corte, su amigo Lamoignon. Boileau sostenía en su Arte poético que el poema épico debía tener poco argumento y dejaba librada a la imaginación del autor la invención de peripecias para prolongarlo (un poco como las telenovelas actuales). Lamoignon lo desafía entonces a escribir un poema tomando como punto de partida una querella que le había tocado dirimir en el tribunal, querella entre dos clérigos de la Sainte-Chapelle por un pupitre que tapaba a uno de ellos en el coro de la iglesia. Boileau gana la apuesta escribiendo un desopilante poema “heroicómico” en alejandrinos y seis cantos.

De los romanos nos quedan las Sátiras de Horacio, Persio y Juvenal y los Epigramas de Marcial, que fustigan a personajes y costumbres de la Roma imperial.

No te extrañe, Néstor, / que la oreja / de Mario huela mal: / tú le hablas en ella. [1] (Marcial)        

Muchos versos de Juvenal quedaron inmortalizados en forma de máximas, v.gr.: ¿Qué importa la infamia, si se salva la bolsa?/ La virtud es la única nobleza / Cuando te hayas puesto el casco, será tarde para arrepentirte de la guerra / La censura perdona a los cuervos y sacude a las palomas.

El lírico Catulo también escribió sátiras, muchas de ellas licenciosas.

Dicho género poético siguió vigente durante siglos. En Francia lo cultivaron  Mathurin Régnier en el s.XVI y Boileau en el XVII. De las doce Sátiras en alejandrinos del segundo, las más conocidas son las  literarias ridiculizando a los malos escritores de la época.

 

 

 

En el Siglo de Oro español no faltó un Quevedo, maestro de la caricatura en sus punzantes sátiras políticas y literarias (estas últimas sobre todo contra Góngora), sus sonetos burlescos, letrillas, romances y jácaras. He aquí la primera estrofa de la letrilla cuyo refrán se hizo famoso: Madre, yo al oro me humillo; / él es mi amante y mi amado, / pues de puro enamorado / de contino ando amarillo: / que pues doblón o sencillo / hace todo cuanto quiero, / poderoso caballero / es don Dinero. No menos conocido su soneto A una nariz, que comienza así: Érase un hombre a una nariz pegado. / érase una nariz superlativa, / érase una nariz sayón y escriba, / érase un peje espada muy barbado [...]. A don Francisco le debemos asimismo una parodia del Cantar de Mio Cid, titulada Pavura de los condes de Carrión: Medio día era por filo / que rapar podía la barba / cuando, después de mascar, / el Cid sosiega la panza; / la gorra sobre los ojos / y floja la martingala, / boquiabierto y cabizbajo, / roncando como una vaca. Y un Memorial al Rey Felipe IV donde pinta los desaciertos de su gobierno y que le costó la prisión. Lo más gracioso del caso es que, si comparamos la situación de España en ese momento con la coyuntura actual de nuestro país, encontramos muchos puntos de coincidencia, lo que prueba cuán poco cambió el ser humano a lo largo de los siglos.

También Lope de Vega fue autor de muchas “letrillas jocosas” que introducía en sus comedias, y de sonetos humorísticos como el dedicado a la dama que lo toma por un mendigo, o aquel otro donde un cortesano viejo aconseja a un amigo novato, o el tan conocido que comienza diciendo: Un soneto me manda hacer Violante, / que en mi vida me he visto en tanto aprieto, / catorce versos dicen que es soneto, / burla burlando van los tres delante. [...]

En la Edad Media dice el Arcipreste de Hita refiriéndose a su obra, de la que sólo se conservó el Libro de Buen Amor: Fise muchos cantares de danzas e troleras / para judías e moras, e para entendederas... / Cantares fise algunos de los que dicen ciegos, / e para escolares que andan nocherniegos, / e para otros muchos, por puestos andariegos, / cazurros e de burlas, non cabrían en diez pliegos. Y le pide a Dios: Que pueda de cantares un librete rimar. / Que los que lo oyeren puedan solaz tomar. Menéndez Pidal – que tenía al Libro de Buen Amor por una Comedia Humana del s.XIV – comenta: “La obra del Arcipreste refleja la vida entera, aunque desde sus aspectos menos serios y nobles; pero, en medio de la misma fidelidad del detalle, que en cada página hace recordar las bambochadas y los bodegones flamencos, pasa un viento de poesía entre risueña y acre que lo transforma todo y da un valor estético al nuevo realismo, haciéndonos entrever una categoría superior, cual es el mundo de lo cómicofantástico. En este género brilla principalmente el Arcipreste y es lírico a su modo, con opulencia y pompa de color, con arranque triunfal y petulante verso, sin dejar de ser fidelísimo intérprete y notador de la realidad”. Memorable el combate de don Carnal y la Cuaresma, parodiando el estilo épico en cuaderna vía (estrofas de cuatro versos alejandrinos con una sola rima consonante).

Y no podemos dejar el Medioevo sin citar a François Villon – el mayor de los poetas de este período en Francia – que tan bien supo mezclar la lírica con la sátira y el humor negro. Sin descartar las formas tradicionales de la balada, el rondó, el “lay” y la octavilla, Villon renueva la temática haciendo reír aún hoy con sus burlas, sarcasmos, chistes y zafadurías. Este “chico malo”,que conoció la prisión y hasta una condena a la horca (conmutada por destierro), hace a los treinta años un testamento literario cuyos legados están llenos de humor y picardía: a uno le deja tres fardos de paja para que le sirvan de colchón en el oficio amoroso, que es el único que conoce; a otro, el derecho de hacer el amor hasta cien veces sin pagar; al barbero, los recortes de su pelo; al zapatero, sus zapatos viejos; hasta la  tierra es su heredera: Idem, mi cuerpo se lo dejo a mano / a nuestra gran madre, la Tierra; / no hallarán mucha grasa los gusanos / pues el hambre le hizo dura guerra. [2] A Villon le gustaba hacer malabarismos con las palabras, jugaba con proverbios, frases hechas, contra-verdades, oximorones... No pocos de sus versos se incorporaron al acervo popular francés, como: La danse vient de la panse [La danza viene de la panza]. Il n’y a bon bec que de Paris [Para buen pico, el de París]. Mais où sont les neiges d’antan? [¿Dónde quedaron las nieves de antaño?]. Etc. Poesía no exenta de ternura, de nostalgia y filosofía. Nunca más acertado que en este caso lo que decía Isidoro Blaisten del humor: es la penúltima etapa de la desesperación.

En cuanto a la épica, los grandes poemas clásicos no están desprovistos de pasajes cómicos y satíricos, v.gr.: la locura de Orlando en el de Ariosto, o la impotencia del viejo eremita que quiere violar a Angélica dormida, o el mundo de la Luna. En el Orlando furioso proliferan toquecitos de humor, cf. la muerte de Moschino, “adorador del vino”, en el foso que rodeaba a París sitiada: Y ahí fallece; y lo que más le duele / es sentir que en el agua se muere ; cf. la liviandad de los cuernos: Los ve casi toda la otra gente / y el que los lleva no los siente.

Por otra parte, el teatro – como todos saben – comenzó a escribirse en verso. La comedia surgió de los himnos al gran falo que se llevaba en procesión durante las fiestas báquicas, llamadas “komos”. Podemos considerar al griego Aristófanes (s.V a.C.) como el más grande satírico de

la Antigüedad; nadie retrató mejor que él al pueblo de Atenas: frívolo, olvidadizo, venal, ignorante, impresionable y sentimental; nadie  igualó su lirismo en los cantos del coro; sus comedias son obras maestras de lo que se dio en llamar “ironía ática”.

Más tarde (s.III a.C.) Plauto adaptó originales griegos al gusto romano, condimentándolos con chistes vernáculos y elementos farcescos; sus obras son una especie de operetas, con partes cantadas y recitativos. En el s.II antes de nuestra era aparece Terencio, que deleita a Roma con una comicidad más refinada.

La tradicional forma versificada se mantiene todavía en el s. XVII con Molière en Francia, Lope y Calderón en España, Shakespeare en Inglaterra. Después va cayendo en desuso. Actualmente la ha revivido un dramaturgo inglés, Steven Berkoff, cultivador del humor negro, que suele escribir sus sátiras dramáticas en verso libre o rimado, con una ferocidad raramente sobrepasada en la escena inglesa; de él vimos Decadencia en la temporada del 96 del Teatro Municipal San Martín (Bs.As.).

 

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Cuántas más cosas se decían antes en verso... ¿Por qué...? Tal vez se le daba más importancia a la musicalidad de la frase, había una predilección por el sonsonete que tiene una virtud mnemónica: hay frases que quedan grabadas a fuego, gracias al ritmo y a la rima, y esto puede representar una ventaja en el caso de la poesía didáctica, por ejemplo. Pensemos en las moralejas de las fábulas de La Fontaine, ¿qué francés no es capaz de repetir algunas de ellas, por más que en su época de escolar haya detestado la lectura de ese autor?

El hecho es que, a medida que se avanza hacia los tiempos actuales, el humor se va alejando de la poesía, se va prosaizando. Salvo manifestaciones esporádicas. Ya en el s.XX, la poesía se reduce práctica-mente a la lírica. Y este género se nutre principalmente de la angustia del ser humano enfrentado a su destino, de los sufrimientos y placeres que acompañan al amor, de sensaciones estéticas, de emociones... Y si el humor  funciona como un catalizador de la angustia existencial, como un exutorio, no le presta ningún servicio al poeta lírico, al contrario, porque anula el efecto que él quiere provocar. Sería como pedirle que se cure a un enfermo a quien, de alguna manera, su enfermedad le reditúa.

No hay que olvidar tampoco que en la actualidad – y sobre todo en nuestro país – la literatura humorística es considerada una literatura de segunda. No lo veía así un Rimbaud, que produjo poemas como El corazón robado, Lo que se le dice al poeta a propósito de flores, El ídolo, Lirio, Los labios cerrados, etc. Ni Alfred Jarry, el creador de la Patafísica y autor de la célebre  Canción del Descerebramiento, que hace las delicias de los amantes del humor negro.

A lo largo del s.XX encontramos todavía algunos espíritus juguetones que hicieron buena poesía. En las primeras décadas Guillaume Apollinaire anticipa el surrealismo en Francia con su invención y deformación de vocablos, sus innovaciones formales, sus metáforas delirantes y sus fórmulas de hechicera musicalidad. De su Bestiario, El pavo real: Esta ave al desplegar su cola, / cuyo plumaje toca el suelo, / aparece aún más hermosa, / pero se descubre el trasero. [3] Y de Poemas reencontrados, Sombrero-tumba: Anidamos / En su tumba /El pájaro posado / En su sombrero // Él vivió / En América / Ese culito / Or / Nitológico // Pero me cansé / Voy a mear [4]. Apollinaire era muy aficionado a los caligramas y los acrósticos; entre los primeros – poemas cuya estructura gráfica responde al título – se cuentan El autito y La paloma apuñalada y el chorro de agua.

Como es de suponer, los postulados del surrealismo favorecieron la “rentrée” del humor en todos los géneros. No es casual que uno de los jefes de esta escuela literaria y autor del Manifiesto surrealista (1920), André Breton, nos haya dejado una Antología del Humor negro, en la que figuran – entre otros – Benjamin Péret con Tres cerezas y una sardina y Hans Arp con Bestiario sin nombre.

Tristan Tzara, creador del dadaísmo (movimiento que precedió en algunos años al surrealismo), reclamaba la supresión de todo lazo entre pensamiento y expresión, idea que se aproxima a la escritura automática de los surrealistas, creando así un terreno propicio al humor. Veamos, como ejemplo, su Canción dada: la canción de un dadaísta / que no estaba ni alegre ni triste / y amaba a una ciclista / que no estaba ni alegre ni triste // pero el 1º de año el marido / se entera de todo, los amasija / y los cuerpos han salido / para el Vaticano en tres valijas // amante / y ciclista / no estaban más ni alegres ni tristes [...].

Poco después de la Segunda Guerra Mundial aparecen en Francia algunos escritores que vienen a desacralizar la poesía, ridiculizando las convenciones y los valores consagrados y dándole derecho de ciudadanía a la lengua popular. Uno de ellos es Raymond Queneau, que escribió una autobiografía en verso, Roble y perro, una Pequeña cosmogonía portátil sobre el origen del universo y un Canto del estireno que cuenta en alejandrinos el nacimiento de los plásticos. No hay trangresión que este escritor no se haya permitido, tanto de fondo como de forma: jugó con la ortografía, la gramática, la sintaxis y el vocabulario; usó rimas sincopadas, juegos de palabras y toda clase de pastiches literarios. Si alguien se divertía escribiendo, ése era Queneau. Su obra es una mezcla de seriedad y humor, que pinta un universo insólito, bizarro e irrisorio. Del poemario El perro de la mandolina, una receta que resume su arte poético: Tomen una palabra tomen dos / cocínenlas como si fueran huevos / tomen una pizca de sentido / luego un buen trozo de inocencia / calienten a fuego lento / el fuego lento de la técnica / viertan la salsa enigmática / espolvoreen con algunas estrellas / pimenten y ya pueden zarpar / ¿adónde quieren llegar?/ a escribir / ¿de veras?/ ¿a escribir?

En la misma época y con métodos parecidos manifestaba su inconformismo Jacques Prévert , pero con un fuerte matiz social. Su ironía apunta a la injusticia, al fanatismo religioso, al patrioterismo: Padre nuestro que estás en los cielos / Quedate ahí / Y nosotros nos quedaremos en la tierra / Que a veces es tan linda... [...](Pater Noster) – En lo de un escultor / donde lo encontré / se hacía tomar las medidas / para la posteridad. (El gran hombre) – [...] los pies del jefe de familia están rojos / pero los zapatos bien lustrados / Es mejor dar envidia que compasión. (Día de lavado)

Otro que se rebeló contra el aparato pretencioso y soporífero que rodea a muchos poetas, fue Boris Vian, que publicó en  1949 sus Cantilenas en gelatina, donde campea un humor sarcástico, iconoclasta y que no se priva de emplear términos considerados “groseros”. Cito el final de la Cantata de las Cajas, que apareció en los Cuadernos del Colegio de Patafísica: CAJAS / Las amo a todas ustedes, las amo / Se bastan a sí mismas / Y nunca nos molestan // Pues para acomodar las CAJAS / las CAJAS / las CAJAS / las ponemos en CAJAS / Y podemos guardarlas. (Alain Goraguer le puso música a este poema, que se cantaba, salvo la palabra CAJAS que debía ser gritada).

La poesía de Charles Bukowski, en EE.UU., también es irreverente, sin pelos en la lengua, pero de un humor más negro: [...] cuando pienso en mí mismo muerto / el aire se vuelve blanco // las cucarachas en mi cocina / tiemblan // y alguien tendrá que tirar / mis calzoncillos sucios / y los limpios.

Antonio Machado, en España, se recreaba inventando poetas apócrifos y sus respectivos Cancioneros. Una cuarteta de su Abel Martín: ¡Qué fácil es volar, qué fácil es! / Todo consiste en no dejar que el suelo/ se acerque a nuestros pies. / Valiente hazaña, ¡el vuelo!¡el vuelo!¡el vuelo!  Un epigrama del incisivo Juan de Mairena: Pensando que no veía / porque Dios no lo miraba, / dijo Abel cuando moría: / Se acabó lo que se daba.

Y no quiero dejar de aportar un ejemplo de ironía en esa poesía nórdica que tan poco conocemos; del finlandés Claes Andersson, su poema El buen burócrata (1991): Fue el abajo firmante el que se precipitó en su ayuda. / Le lancé el salvavidas a usted y a sus hijos justo antes de que ustedes se ahogaran. / Era más pesado de lo que había calculado y le dio en la cabeza. / Usted perdió el conocimiento y arrastró a sus hijos al fondo. / Ya no se fabrican salvavidas de ese tipo. / El que la policía comenzase a disparar indiscriminadamente al agua pudo haber dependido de que alguien viese una aleta de tiburón. / No es fácil el trabajo de la policía. / La autopsia del médico forense parece indicar que usted y los niños estaban muertos antes de que los alcanzasen las balas. / No habrá pues proceso por causar la muerte a otro / Ya hay una comisión investigando el caso y se calcula que presentará su informe en breve. / Si usted y los niños viviesen todavía podrían denunciar el caso al Defensor del Pueblo.

 

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¿Y en nuestro país?¿cómo se da esta relación entre poesía y humor? La alianza fue fructífera para la gauchesca, en el s.XIX; produjo el Fausto de Estanislao del Campo y no pocos pasajes del Martín Fierro. Del siglo pasado citaré el Soneto a tus vísceras de Baldomero Fernández Moreno, médico y poeta con una abundante producción humorística (sobre todo en su poemario Yo, médico. Yo, catedrático, de 1941):  Harto ya de alabar tu piel dorada, / Tus extremas y muchas perfecciones, / Canto al jardín azul de tus pulmones / Y a tu tráquea elegante y anillada. // Canto a tu masa intestinal rosada, / Al bazo, al páncreas, a los epiplones, / Al doble filtro gris de tus riñones / Y a tu matriz profunda y renovada. // Canto al tuétano dulce de tus huesos, / A la linfa que embebe tus tejidos, / Al acre olor orgánico que exhalas. // Quiero gastar tus vísceras a besos, / Vivir dentro de ti con mis sentidos... / Yo soy un sapo negro con dos alas.

En la obra de Oliverio Girondo el humor es un rasgo permanente, y podríamos decir constitutivo. Según  Enrique Molina, se trata de una manifestación paradójica del deseo de absoluto: “Un humor al que no vacilo en llamar negro – ese grado supremo del humor poético – pese a su contenido  de voracidad sensual. Justamente, esa exigencia desmesurada desemboca en la fatalidad de amar sin remedio algo que jamás responde a la totalidad deseada. El humor se abre entonces como una salida de fuego de la realidad mediocre.[...] Ese déficit entre el deseo y su objeto, del que nace el humor, se traduce por el sentido de lo grotesco en la poesía girondiana”. El poeta comienza jugando con el lenguaje para terminar creando un universo verbal cuyas leyes impone (En la masmédula, 1956). Veamos su poema Nubífero anhelo, de la serie Embelecos: ¿Si intentara una nube, / una pequeña nube, / modesta, / cotidiana, / transportable, / privada?// Quizás con el recuerdo, / el cansancio, / la pipa, / después de algunas noches / y de mucha paciencia. / ¡Qué alivio el de sentirla debajo del sombrero, / o saber que nos sigue / como si fuera un perro!

Si no he mencionado hasta aquí a ninguna mujer que haya practicado el humor poético, es porque sólo tengo noticia de una: la norteamericana Dorothy  Parker, a quien Mirta Rosenberg llama “la lengua más rápida  del verso ligero” y que, según Somerset Maugham, “descubrió una verdad devastadora pero saludable: que hay algo irresistiblemente cómico en nuestro dolor más profundo”; escribió tres libros de poemas: Suficiente soga (1926), La pistola del ocaso (1928) y La muerte y los impuestos (1931); aunque ella declaraba escribir versos y no poesía ( nuevamente la desvalorización del humor): Cuando estoy en Roma, no sé qué me pasa, / Pero daría un ojo por estar en mi casa, / Aunque siempre que estoy en mi suelo / Italia se vuelve mi mayor anhelo. // ¿Y por qué si estoy contigo, mi vida, / Me siento espectacularmente aburrida, / Pero si me dejas y te vas, después / Pido a los gritos tenerte otra vez? ( Sobre ser mujer).[5]

 

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¿La poesía humorística es verdaderamente de segundo orden? Pienso que la calidad de una obra literaria está determinada por el talento de quien la escribe y no por el enfoque del tema o la temática en sí. ¿Por qué sería más noble el sufrimiento que la risa? Rabelais dijo justamente lo contrario: Es mejor escribir de risas que de lágrimas / Porque la risa es lo que caracteriza al hombre. Si bien el humor tiene mucho de juego y a éste se lo desvaloriza frente al trabajo como cosa poco seria, no olvidemos que la actividad lúdica es más necesaria que las lágrimas, la tristeza y la melancolía en la formación del individuo. Que yo sepa, nadie se enfermó por exceso de risa y los neuropsiquiátricos están llenos de gente depresiva. Pero – como lo decía más arriba – tal vez esté aquí la clave: hay una tradición que exige poetas atacados del “mal de vivre” y una lírica basada casi exclusivamente en el sentimiento y la sensación. El lector está acostumbrado a eso. Traigo a colación aquel poema de Antonio Machado: Mas si digo: hay coplas / que huelen a pesca, / o el mar huele a rosas, / sus gafas más negras / se calan los doctos / y me latinean: Risum teneatis?/ con gran suficiencia. // Y las nueve musas / se ríen de veras.

Lo cierto es que, en nuestro país,  el humor se fue rarificando en la poesía, en tanto que ganaba terreno en la narrativa del último cuarto del s.XX . Por mi parte, disfruto enormemente cuando doy con un poema que me provoca esa risa (o esa sonrisa) “con coeficiente filosófico”, como decía Juan Filloy hablando del arte verdadero. Y quisiera terminar estas modestas reflexiones con el interesante parangón que establece Isidoro Blaisten entre humor y poesía: ambos son inexplicables y ambos dan lugar a la metáfora, mediante la cual la poesía desgarra el velo de la belleza y el humor, el de la estupidez. Lástima que estas paralelas se cruzan cada vez menos en el infinito de la literatura.

 

© Paulina Juszko

 

                                                                          

 

 

BIBLIOGRAFÍA  CONSULTADA:

 

Apollinaire, Guillaume: Poèmes – Paris, Poche, 1956.

Arcipreste de Hita: Libro de Buen Amor – La Habana, Ed. Arte y                                                            Literatura, 1992.

Bergson, Henri: La  risa – México, Espasa- Calpe, 1994.

Blaisten, Isidoro: Cuando éramos felices – Bs.As., Emecé, 1992.

Boileau, Nicolas: Le lutrin – Paris, Classiques Larousse.

Breton, André: Anthologie de l’humour noir – Paris, Poche,1996.

Bukowski, Charles: Cien poemas – Bs.As., Emptybeercan Ediciones, 1993.

Fernández Moreno, Baldomero: Antología – Bs.As., Espasa-Calpe, 1948.

Filloy, Juan: Yo, yo y yo – Río Cuarto, 1971.

Girondo, Oliverio: Obra – Bs.As., Losada, 1996.

Lope de Vega , Félix: Poesías líricas – Bs.As., Espasa-Calpe, 1942.

Machado, Antonio: Los complementarios – Bs.As., Losada, 1957.

                                 Abel Martín – Bs.As., Losada, 1953.

                                  Juan de Mairena – Madrid, Castalia, 1971.

Prévert, Jacques: Paroles – Paris, Poche, 1963.

Quevedo, Francisco de: Antología poética – Barcelona, Edicomunicación S.A., 1994.

Rimbaud, Arthur: Poésies complètes – Paris, Poche, 1960.

Roy, Claude: Anthologie de la poésie française du XXe. siècle – Paris, Gallimard, 1983.

Uriz, Francisco: 101 poemas nórdicos – Tarazona, Casa del Traductor, 1995.

Vian, Boris: Cantilènes en gelée – Paris, Union Générale d’Éditions, 1972.

Villon, François: Poésies complètes – Paris, Poche, 1964.

 

O

 

 

Abstract:

-         Humor versificado en siglos anteriores, géneros humorísticos:

·        La parodia: Batracomiomaquia – El pupitre de Boileau.

·        La sátira: Horacio, Persio, Juvenal, Marcial – Mathurin Régnier – N.Boileau, Quevedo, Lope de Vega.

-         Edad Media: Arcipreste de Hita – FrançoisVillon.

-         El humor en la poesía épica.

-         La comedia en verso de Aristófanes a Molière.

-         El humor  se hace prosaico – Características de la lírica moderna – Excepciones: Rimbaud, Jarry, Apollinaire.

-         Resurrección del humor poético con el dadaísmo y el surrealismo.

-         La posguerra en Francia: Queneau, Prévert, Vian.

-         Ironía y humor negro en algunos otros poetas del s.XX: Bukowski, Antonio Machado, Claes Andersson.

-         En Argentina: B.Fernández Moreno, Girondo.

-         Una mujer: Dorothy Parker.

-         Desvalorización del humor literario.

 

O

 

 

 

 

 

 



[1] Las barras de separación  corresponden al final de los versos. Se utilizarán dos barras para separar las estrofas.

(N.de la A.)

[2] Traducción del francés: Paulina Juszko.

[3] En el original rima consonante  ABAB

[4] En el original rima consonante ABAB // CDCD // AA.

[5] Traducción: Mirta Rosenberg.

 
 
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