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Estás aquí:  Inicio >>  Ensayos - Crónicas >>  Rosa Parks por Jaume D ´Urgell
 
Rosa Parks por Jaume D ´Urgell
 

Reflexión en memoria de Rosa Louise McCauley(1), más conocida como Rosa Louise Parks, activista en pro de los Derechos Humanos y luchadora por la abolición de las leyes norteamericanas que todavía en 1955 propugnaban la segregación racial. Rosa Parks falleció a los 92 años, el 24 de octubre de 2005.

(Madrid) Jaume d´Urgell

 
 
La llamaban Rosa Parks y hacía cerca de un par de años que –de algún modo, ya no estaba con nosotros–. Aquí en España apenas si sabíamos de su existencia, de su gesta y de su ejemplar lucha en pro del reconocimiento de los derechos de la población afroamericana. 
 
Faltaban apenas tres semanas para la navidad de 1955, en un recóndito lugar del estado de Alabama, una mujer se disponía a tomar el autobús de Montgomery para regresar a casa tras una larga y penosa jornada de trabajo. Le dolían las piernas, pero por fortuna, logró ocupar uno de los asientos que todavía se encontraban libres. Era un asiento como todos los demás, junto al pasillo, en la tercera fila. 
 
Rosa saludó una mirada cortés a su compañero de asiento, se deshizo de su vieja chaqueta de lana –algo humedecida por la llovizna que caía en el exterior–, ubicó su pesada cesta bajo las piernas y esperó pacientemente a que el resto del pasaje subiera abordo. Nada hacía ese día especial, y sin embargo, tras ese velo de aparente cotidianeidad se gestaba una de las jornadas más importantes de la historia de los derechos humanos en los Estados Unidos de América. 
 
A falta de breves instantes para que el vehículo arrancara hacia un barrio obrero de las afueras, cuando el que parecía el último de los pasajeros se disponía a abonar el importe de su trayecto, ocurrió algo que hoy día nos parece insólito: todavía una persona más accedió abordo, todos los asientos se encontraban ocupados, pero ese muchacho, un joven de unos 25 años, alto y bien parecido –que sería un estudiante o quizá un oficinista–, consiguió acceder al autobús. El conductor, tras atenderle, se levantó se dirigió a Rosa y con expresión áspera, sin mediar preámbulo ni saludo alguno, le ordenó que se levantara a fin de que el muchacho –que era de raza blanca– no tuviera que hacer el viaje de pie. 
 
Entonces, Rosa se acordó de las historias que su abuelo le habíacontado: de cuando era joven y solía hacer frente a los desfiles del Ku Kux Klan frente a su hogar; largas horas erguido en el pórtico, armado con un viejo rifle, obligado a presenciar tensas y repetitivas escenas de dolor y humillación. Resistiendo los embates a numerosos grupos de exaltados, protegiendo su familia y sus bienes. Solo ante la historia. Manteniendo vivo –pero latente– el honor de quienes únicamente pretendían vivir en paz, entre iguales. 
 
Pero volvamos al momento que nos interesa: ese día, Rosa miró a la cara del joven –sin odio–, le miró a los ojos y –como si el tiempo se hubiera detenido–, echó un también vistazo a su alrededor: exploró las miradas inexpresivas del resto de los congregados… fueron apenas tres segundos, poco más. Y entonces, la idea de la libertad, cobró firmeza: 
 
Rosa se dirigió a su interlocutor, le saludo y le anunció que no pensaba cederle el asiento, porque éste se encontraba libre cuando lo ocupó, ella estaba muy cansada y además –y por encima de todo–, ella era una persona, no se trataba de un animal doméstico, ni siquiera una mascota; se trataba de una persona, alguien igual que él, pero un poco mayor, una mujer trabajadora, fatigada y que había llegado antes. 
 
La legislación en vigor en 1955 señalaba que las personas de piel negra debían ceder su asiento a la población blanca; igualmente, no podían ocupar las primeras cuatro hileras en los transportes públicos, pese a que el importe de los billetes era el mismo para cualquier viajero. 
 
Rosa Parks fue detenida y juzgada, lo que provocó una lucha judicial que se prolongó durante algunos meses, hasta que una soleada mañana del verano de 1956, poco antes del cuatro de julio, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América decretó la eliminación de la norma que segregaba a negros y blancos en los autobuses y cualquier otro transporte público norteamericano, con efecto en todo el territorio nacional, en todos los estados. Se trataba de la misma Corte Federal que dos años atrás, el 17 de mayo de 1954 había dictado una declaración de inconstitucionalidad contra la segregación racial en la escuela pública. 
 
Simultáneamente, el reverendo baptista Martin Luther King(2), intensificó una inexorable campaña de acciones de presión pacífica, destinadas a conseguir la plena igualdad entre personas de cualquier origen étnico, lo que le llevaría a ganar el Premio Nobel de la Paz en 1964 y asesinado cuatro años más tarde, en Menfis, a manos de un fanático racista ultraconservador. 
 
En julio de 1964, el presidente americano Lyndon Jonson prohibió la
discriminación racial. Hoy la igualdad es un hecho consolidado, aceptado y defendido por la inmensa mayoría de los ciudadanos, tanto norteamericanos como a escala global. Es más, la mera idea de discriminar por razón de raza provoca repugnancia en cualquier persona de un nivel cultural mínimo. 
 
Las circunstancias que Rosa Parks tuvo que afrontar deben servir para recordarnos que los derechos jamás se conceden… deben ser conseguidos, y que la libertad no es gratis, no es automática, y –aunque todavía no es perfecta–, depende de nosotros para su conservación y mejora. 
 
La heroicidad de aquel hecho aislado, las dificultades que Rosa Parks sufrió por su empeño en la defensa de los Derechos Humanos, le valieron posteriormente la concesión de la más alta condecoración de los Estados Unidos de América: la Medalla Presidencial de la Libertad, otorgada en 1996. Tres años después, se le concedió la Medalla de Oro de Honor del Congreso y el reconocimiento público como icono viviente de la libertad. Cerca de cincuenta universidades le han concedido el doctorado Honoris Causa. 
 
Rosa Parks nos demuestra que no hace falta ser famoso, ni estar en la cúspide de grandes organizaciones –muchas veces vacías de significado o sustraídas de sus auténticos fines a manos de personas de dudosa honradez–, no hace falta tener una gran preparación académica ni ser una celebridad para poder intervenir decisivamente en pro del bien de todos. 
 
 
 
_________
(1) Rosa Louise McCauley, activista en pro de los Derechos Humanos. http://es.wikipedia.org/wiki/Rosa_Parks 
(2) Martin Luther King, activista en pro de los Derechos Humanos. http://es.wikipedia.org/wiki/Martin_Luther_King
 
(c) Jaume D´Urgell
 
 
* Jaume d'Urgell es escritor e ingeniero informático.  mailto:jaume@durgell.com http://www.durgell.com
  Disponible en formato DOC de Microsoft Word: http://www.durgell.com/media/1/20051026-rosaparks.doc
   
 

 
 
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