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Un homenaje al amor por Luis Buero
 

A pesar de estar en pleno invierno, éste podría ser considerado uno de los períodos más cálidos del año. Sea o no la más piola estrategia a la que pudo echar mano alguna cámara de minoristas de golosinas o la de mayoristas de regalos y afines, indirectamente resultamos beneficiarios de esta “parada de pelota”, que nos permite reflexionar sobre los sentimientos y sobre nosotros mismos como portadores o receptores de los mismos. Sí. En este mes de Julio elegido para la dulzura, los amigos, los encuentros, besos y reconciliaciones, propongo además un homenaje al amor. Una suspensión de frases tipo: “es fácil morir por una mujer...

(Buenos Aires) Luis Buero

A pesar de estar en pleno invierno,  éste podría ser considerado uno de los períodos más cálidos del año. Sea o no la más piola estrategia a la que pudo echar mano alguna cámara de minoristas de golosinas o la de mayoristas de regalos y afines, indirectamente resultamos  beneficiarios de esta “parada de pelota”, que nos permite reflexionar sobre los sentimientos y sobre nosotros mismos como portadores o receptores de los mismos. Sí. En este mes de Julio elegido para la dulzura, los amigos, los encuentros, besos y reconciliaciones, propongo además un homenaje al amor. Una suspensión de frases tipo: “es fácil morir por una mujer, lo difícil es vivir con ella” o “las lágrimas de una mujer son la fuerza hidráulica más poderosa que se conoce”.
Si, no se rían. Los  redactores que escribimos  sobre los vínculos afectuosos de hoy, le  pegamos siempre muy duro al “otro sexo”, en un reclamo permanente de cambio, y en una demanda incesante de “completud”.   Nos convertimos en especialistas en arrojar piedras al río, o expertos en gritar quejas frente al valle del eco; pero si todos los varones fueran tan necios, obtusos, misóginos, y estructurados como son pintados por mis colegas de la columna izquierda, y todas las minas se comportaran de manera egocéntrica, histérica e insaciable, como  yo las retrato, podríamos preguntarnos:  ¿cómo es posible que todavía sigan existiendo parejas que caminan por la calle,  contentas, sonriendo, y de la mano?”
0bviamente se debe a que la imagen que proyectamos es parcial, y la anécdota contada por nosotros está puntuada sólo a medias, poniéndonos como observadores o jueces y no como partes del relato.
Pero además hay algo más importante que no consideramos: el amor existe.
Así es: al narrar las vicisitudes de la vida cotidiana señalamos los defectos sociales que son comunes a cada género, pero no tenemos en cuenta el ingrediente del amor, que está tan distante de la cordura como un soneto de Bécquer de una tabla de multiplicar.
Si, el amor en cada instante y también en ese minuto de gloria inexplicable que nos hace vivir ese otro ser que nos colma el alma.  Ese amor que habita en el cuerpo que nos recibe y nos lleva a probar el infinito. Es la caricia que nos despierta y la voz que incita el fuego y luego lo calma. Y la sensación, como diría Mario Benedetti, que codo a codo somos dos para enfrentar un mundo donde nadie tiene permiso para ser feliz.
Por eso también es parte de nuestra obligación de comunicadores decir que la media naranja existe, y también el medio pomelo y la media sandía.
Y la de recordar que esos amores que tuvimos en el pasado podrían haber sido más fructíferos y menos conflictivos si nosotros mismos hubiéramos actuado de otra manera. Por el contrario, en este mes de la dulzura, digamos a quien nos ama hoy y a quienes alguna vez lo hicieron: gracias por todo lo que me diste, perdón por lo que no supe darte.
(c) Luis Buero

www.luisbuero.com.ar

 
 
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