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Estás aquí:  Inicio >>  Ensayos - Crónicas >>  Delmira Agustini por Jaro Godoy
 
Delmira Agustini por Jaro Godoy
 

Desde Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, República Argentina

(Mar del Plata) Jaro Godoy

Delmira Agustini

El poema inconcluso.

Muero de ensueños; beberé en tus fuentes
puras y frescas la verdad; yo sé
que está en el fondo magno de tu pecho
el manantial que vencerá mi sed.

Los pies apurados de dos padres pisaban la escarcha mientras evitaban un viento asustado, la nena nacería una hora más tarde, la madrugada de un 24, que recorría los territorios de octubre del siglo diecinueve.

Niña precoz y atrevida navegó por su juventud y se desprendió de un tirón el vestido mal calzado de la adolescencia. Ya a los diez años escribió sus primeros poemas, y cinco años más tarde, con su desparpajo tan natural en ella, publicó sus escritos dentro y fuera de su Uruguay natal.

Publicó con la misma vertiginosidad con la que vivió "El libro Blanco" de 1097,

"Cantos de la Mañana" de 1910, y "Los Cálices Vacíos" de 1913, en su Montevideo natal.

Nunca tuvo fronteras para lo que quería, mucho menos para sus palabras,

Gaviotas buscando el mar.

Escribía como un ángel, y cincelaba el erotismo con manos de artesana,

Sorprendió al mismo Rubén Darío, quien la proclamó como la nueva Santa Teresa, al leer sus poemas de música entre sagrada y pagana,

la sensualidad de una ninfa recién estrenada

De una extraña pureza nacieron sus poemas, siempre en la búsqueda

De la palabra que acompañara su caminar.

Niña encantada de extremada ingenuidad y perfeccionada por los dioses

Oscuros que la llevaron de la mano,

Por los territorios de la belleza y la desnudez.

Camino a la felicidad.

Todo empezó como un juego, así empiezan estas cosas, me miró y sonrió,

Correspondí a su sonrisa, era hermoso, era la reencarnación de mis poemas,

Era el cielo y sus Ángeles, era increíblemente irreal,

Nos enamoramos rápidamente, y dos noche después dormíamos bajo la sombra de las estrellas,

Enrique Reyes, descendiente directo del gran adonis, hasta su nombre suena a realeza,

Me trata como a su reina, me lleva mis flores preferidas, y hoy logro conseguir el perfume del que tanto hablamos,

Pasan las noches y nosotros con ella, hablamos y nos amamos, nos deseamos,

El me habla de sus sueños, yo leo mis poemas en su oído, el ríe.

No hay mayor felicidad en este día, hoy me ha pedido casamiento,

y no lo dudé un instante,

nos casamos bajo Dios y sus bendiciones en una iglesia hermosa,

hoy todo está hermoso,

creo que no podría pedir nada más ya.

Pisando las piedras del infierno.

Enrique ya no es el mismo, está cambiado, ya no habla conmigo,

Está como ausente, dice que dedico más tiempo a mis poemas que a él,

Pero eso es mentira.

Es él quien está portándose de una manera extraña.

Hoy tuvimos nuestra primera discusión, demasiados gritos,

Y un portazo pusieron final a las palabras,

Salí corriendo detrás de el, pero ya no escuchaba mis ruegos.

Lo amo demasiado para perderlo,

Hoy no vino a dormir a casa, y pasé toda la noche esperándolo,

No quiero perderlo.

El mundo está desintegrándose a pedazos afuera, la lluvia arrecia,

Pero adentro el clima es mucho peor,

La discusión es acalorada y no hay freno posible,

Al fin lo ha confesado, tiene otra mujer, no puede haber infierno peor,

Este es el fin de mi vida, no podría sin él,

Por qué, le pregunto y nada contesta, sólo atina a decir que fue culpa mía,

Que estaba siempre ocupada, que soy una artista,

Y que necesito estar sola para la creación.

Intento que no se vaya pero me detiene con un golpe seco en la cara,

Vuelvo adentro por un pañuelo, ya no  qué hacer.

Me pidió el divorcio y al final se lo di, es ahora libre y también yo,

Pero no sé qué hacer con esta libertad hecha de pesadas cadenas,

Hace tiempo largo ya que apenas lo veo pasar, me estremezco, aún lo deseo,

Nadie me contenta, nadie es él, ningún hombre podrá superarlo,

Ni siquiera el que duerme ahora en mi cama, sólo es un pasatiempo de mi soledad,

Hoy salió publicado mi libro "Cantos de la Mañana", está dedicado por supuesto

A Enrique, he logrado en este libro plasmar muchas de aquellas noches,

También algunos de mis miedos, pero sobre todo, el extraño deseo de que me abrase y vuelva a encenderme en sus hogueras,

Hoy lo vi, vino a la presentación del libro, y junto a unos amigos, salimos a

Festejar, se acercó a mi, y me tocó suavemente,

Fuimos a mi casa y la noche desapareció, he vuelto a la vida.

El diablo en la mesa.

Ya llevamos tres años de vernos a escondidas, y estoy cansada,

No quiero compartirlo, él es solo mío,

Lo necesito, a toda hora a mi lado, y muchas veces no está,

Hoy salió mi libro "Los Cálices vacíos" así me siento, vacía como un Cáliz

Que ha sido roto sin posibilidades de recomponerse.

No vino a la presentación, estoy de mal humor, no quiero ver a nadie más,

Me encierro en mi casa, sola a llorar,

Estoy triste, últimamente mi tristeza empieza a superar mis ganas de vivir,

No entiende cuánto lo amo,

He dedicado casi todo el libro a su figura, están mis miedos, mis gritos de

Soledad, mis ansias de algo mejor.

Paso las noches en constante vigilia, pero estoy triste,

Dibujé un poema donde hacíamos el amor, una noche de Abril,

Cuando nadábamos en pasión.

Estamos en Julio ya, el tiempo pasa tan apurado que nunca se detiene,

Ni por mis lagrimas, ni por la ausencia del amor,

Hoy me dijo que venía, trataremos de hablar, empezar de nuevo,

Tengo un vino tinto, y también quizás una nueva vida,

Afuera la vida ríe, el sol espléndido anuncia su melodía,

Hoy me dijo que venia,

Aun que el diablo este sentado a la mesa, luminoso, intacto, transparente.

La muerte citada en tu cuerpo, a la hora sin luna, donde las hilanderas

De las sombras, van destejiendo la noche,

A la hora justa en que el suicida anuncia su próxima victima.

Hoy dijo que venía.

En mi alcoba agrandada de soledad y miedo,
taciturno a mi lado apareciste
como un hongo gigante, muerto y vivo,
brotado en los rincones de la noche
húmedos de silencio,
y engrasados de sombra y soledad.

Y esperaba suspensa el aletazo
del abrazo magnífico…
¡y cuando
te abrí los ojos como un alma, y vi
que te hacías hacia atrás y te envolvías
en yo no sé qué pliegue inmenso de la sombra.

24 de octubre de 1887-6 de Julio de 1914.

Delmira Agustina murió un seis de Julio a mano de su marido-amante,

A la corta edad de 27 años, quien minutos después de observar el cadáver de su ex mujer, decide matarse con el mismo arma, aunque sobrevive tres horas.

Dejó solamente tres libros impresos, precursora del erotismo en su belleza pura, Dejó su estigma en toda las mujeres y hombres que todavía disfrutan sus poemas.

(c) Jaro Godoy- Todos los derechos reservados

 
 
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