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Estás aquí:  Inicio >>  Cuentos, poemas, relatos >>  Quehaceres por Samuel White
 
Quehaceres por Samuel White
 

Desde Villa María, Provincia de Córdoba

Quehaceres

 

- ¿Qué debo hacer para que no se vaya?

- ¿Perdón...?

Ganar tiempo le dicen. Escurro los cincuenta en el bolsillo e inicio la despedida mirando hacia abajo y entornando la puerta pero ella sigue parada en el mismo lugar. Entonces abro de nuevo y salgo al pasillo. Mientras caminamos hacia el ascensor pongo una mano en su espalda. En la puerta del ascensor luego de pulsar el botón la miro:

- No hay que presionarlos.

- ...¿Cómo?

- No lo sé... no hay que llevar a su casa más que un cepillo de dientes. No hay que llamarlos a cada rato. No hay que sugerir cortinas nuevas para el dormitorio y tener la bolsa con las cortinas escondida en el palier. No hay "te quedaría mejor lacio" y correr a plancharse el pelo para darle el gusto. No hay que planear matrimonio ni media docena de niños sin antes avisarle. ¿No ha pensado que en unas de esas el tipo no quiere? Hay que vivir y dejar vivir.

- Pero... eso no es vida.

El ascensor ya tiene la puerta abierta y no respondo mientras ella me cierra la puerta. Llora desconsoladamente. Lo que acabo de decir forzando brutalmente los límites del trabajo analítico es del orden de la muerte. ¿Qué puede hacer ella si no hace todo eso? Nada. Me quedo cabrero. Muy encabronado. Tendría que haberme callado la boca. Uno de los dos pacientes que siguen se da vuelta y mira a ver si estoy despierto. No entiende nada. Se da cuenta que no lo escucho aunque lo mire. El otro no quiere diván. Y lo agradezco. Se sienta en la silla de enfrente y habla. ¿Qué carajos estará diciendo? Sus manos se mueven, se acomoda el pelo. En un momento se levanta y busca el baño. Tengo frío.

- ¿Ya nos vamos?

- ¿Por?

- Se ha puesto la bufanda.

- Está fresco. ¿Me decía?

- No recuerdo que le decía. Tengo mucho hambre. Daría cualquier cosa por estar comiendo algo en este momento.

- Buen provecho entonces. Hasta luego.

Me la dejó servida pero lo dejé pasar. Le cobré lo de siempre. La satisfacción es del orden del deseo. Además cada hamburguesa que se coma le acortará seis meses el sufrimiento terrenal. Hay que vivir.

¿Cómo hago para que no se vaya? Los hombres jamás han soportado sin pagarlo caro las demandas femeninas. Los divorcios salen carísimos y duran toda la vida. Los divorcios son peores que el matrimonio. Es que eso era soportable mientras las relaciones eran brutalmente asimétricas. Un plano inclinado hacia el hombre. ¿Y entonces? La calle tiene unos colores en otoño y uno metido en el consultorio todas las tardes. Y todas las tardes pienso en llamarte para preguntar si el cepillo que dejé hace diez años todavía está en tu casa. Una soberana estupidez pero con algo hay que comenzar la charla, ¿no? Las cabinas están cerradas y cuando llevo dos cuadras puteando caigo en la cuenta que tengo en el bolsillo un teléfono del tamaño de una Rodhesia. Me encantan las Rodhesias en plural ya que siempre compro tres. Decía tengo este aparatito obsequiado por mis hijas en mi último cumpleaños. ¿Y entonces?

(c) Samuel White - Todos los derechos reservados

 

 

 

 

 
 
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