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Estás aquí:  Inicio >>  Cuentos, poemas, relatos >>  Una de vecinos por Verónica Edye
 
Una de vecinos por Verónica Edye
 

-“¿Me querés hacer pasar por imbécil? ¡Yo te vi hoy al mediodía! ¡Eras vos con otro tipo y nada me va a hacer cambiar de parecer! ¡Nada!”-gritó Martín mientras se ponía de pie y golpeaba la mesa con furia...

Andrea llegó a su departamento a las seis y media de la tarde, se quitó los zapatos de taco alto y se sirvió un vaso de agua fría. Miró todo a su alrededor y se dirigió al ventanal, lo abrió de par en par y salió al balcón. Era una tarde de finales de noviembre y la temperatura era muy agradable, se recostó contra la baranda y dejó que los últimos rayos de sol le dieran de lleno en la cara. Se sentía reconfortada. Al cabo de un rato se desperezó y entró.

-"Bueno –dijo en voz alta – ya es hora de comenzar a preparar la cena. Hoy es un día muy especial y todo debe estar perfecto".

Se puso ropa más cómoda, se dirigió a la cocina y preparó la comida. Puso la mesa

frente al ventanal, colocó las copas de champagne y un candelabro con velas rojas. Consultó su reloj y pensó que Martín no tardaría en llegar, así que se duchó, maquilló y peinó con esmero. Eligió un vestido negro con profundo escote y un par de aros colgantes. También puso música y verificó cada cosa tratando de no omitir nada.

¡Todo se ve perfecto! Pensó Andrea mientras daba un giro. Se sentía feliz, era su

  • primer aniversario y si bien la convivencia le deparaba momentos difíciles, también tenía muchos positivos. Martín era un hombre de carácter fuerte pero se entendían bien, se amaban y Andrea también sabía poner límites cuando era necesario.

Los dos timbrazos, característicos de él, la sacaron de sus pensamientos y corrió a la puerta. Él la abrazó apenas hubo entrado y la miró de arriba abajo.

-"¡Mmmm!"- exclamó al verla.

-"Y es sólo un adelanto... "–dijo Andrea sugerente mientras lo besaba.

-"¡La noche que nos espera!"-dijo Martín y enseguida agregó: -"¿Está todo preparado?"

-"¡Claro!"- dijo Andrea con una sonrisa cómplice mientras le guiñaba un ojo.

-"¡Perfecto! ¡Te adoro!"- contestó Martín y le devolvió otro beso más prolongado. –"Me pego un duchazo y estoy de vuelta" –dijo él y desapareció por el pasillo rumbo al baño.

Andrea aprovechó para dar los últimos toques a la comida con amorosa dedicación, sacó el champagne de la heladera y llevó todo a la mesa.

-"¡Ah, me olvidé de los fósforos!" –pensó Andrea levantándose para ir a la cocina y mientras los buscaba Martín regresó cambiado y con una cajita azul que depositó sobre el plato de ella. Antes de sentarse abrió un cajón de un mueble y corroboró que allí estaba lo que esperaba hallar. Al escuchar a Andrea, cerró el cajón y se dirigió rápidamente a la mesa, descorchó el champagne, sirvió dos copas y le alcanzó una a ella, encendió las velas y le hizo señas de que abriera el regalo. Andrea se sentía emocionada y con dedos temblorosos desató la cinta plateada y se encontró con un anillo de oro con una pequeña piedra verde.

-"Para que haga juego con tus ojos". –agregó Martín y le dio un beso largo y apasionado. Luego colocó el anillo en el dedo anular de Andrea y le besó la mano con ternura.

-"¡Me encanta. ¡Ay, cuanto te amo!" –exclamó ella emocionada, con el corazón saltando de felicidad y se abrazaron largamente. –Creo que se enfría la cena. –murmuró ella de pronto, recordando todo lo que había trabajado para que esa noche fuera perfecta.

-"Entonces, comamos." –respondió Martín y se sentaron a la mesa, brindaron y ella le sirvió un suculento plato ya que a él le gustaba comer muy bien. Andrea estaba acostumbrada a cenar en silencio, a Martín no le gustaba hablar mientras comían. Sólo se concentraba en su plato y después sí charlaban o miraban algo de televisión, pero ésta vez se sorprendió cuando él le preguntó sobre su día.

-"¿Qué tal estuvo el trabajo hoy?"-quiso saber Martín.

-"Bien, como siempre." –Dijo Andrea sin darle importancia. –"¿Y el tuyo?"

-"Nada del otro mundo... Salí a almorzar con un cliente. ¿Y vos, comiste en la oficina?"

-"¿Dónde más?"-preguntó Andrea.

-"Tal vez en el bar de la esquina de Sarmiento y... Pero me acabas de decir que comiste en la empresa. ¡Que raro! Vi una mujer igualita a vos, es más hubiera jurado que eras vos, salvo por el hecho de que no estaba sola sino acompañada de un hombre al cual no conozco, que le tomaba la mano y le hablaba mirándola a los ojos. ¡Pero no era vos, claro!"-agregó él, sin mirarla a los ojos y con un dejo de ironía nueva para ella que le provocó un puntazo en el estómago.

-"¿¡Martín, qué estas diciendo!? ¡Por supuesto que no era yo!, le podes preguntar a Miriam, bajamos al comedor juntas, me crucé en el pasillo con Fernández, el conocido tuyo del club e inclusive..."

-"¿Por qué me das tantas explicaciones si no eras vos?"- le cortó Martín –" ¿Y me decís que le pregunte justo a tú amiguita, esa que vive apañándote en todo?. ¿Me crees estúpido?".-acusó Martín y tiró los cubiertos sobre la mesa con rabia contenida.

-"¡¿Se puede saber qué es lo que te pasa?! Hasta hace un momento eras un dulce y de pronto me hablas y me tratas como si yo fuera una basura. ¿¡Qué diablos está ocurriendo!?"-quiso saber ella mientras contenía las lágrimas e intentaba razonar con claridad.

-"Eso mismo me pregunto yo. Mirá Andrea, el que yo te siga el juego no quiere decir que me guste. ¡Estoy harto de hacerme el estúpido mientras mi novia sale con otro tipo que seguro tiene más plata que yo y que le puede dar una mejor vida!"-gritó Martín fuera de sí.

-"¡¿Qué decís?! Martín, por Dios tenés que creerme. Yo no tengo a nadie más que a vos. Yo te amo y no me importa si el departamento es chico o si hay que ahorrar para pagar las cuentas. Sólo me importa que estemos juntos."

Él sacó un cigarrillo, lo encendió y parecía que iba a serenarse. Pero volvió a la carga.

-"¿Me querés hacer pasar por imbécil? ¡Yo te vi hoy al mediodía! ¡Eras vos con otro tipo y nada me va a hacer cambiar de parecer! ¡Nada!"-gritó Martín mientras se ponía de pie y golpeaba la mesa con furia.

-"¿Entonces a qué vino lo del regalo, el beso?"-preguntó Andrea sin poder contener las lágrimas.

-"Quería saber hasta dónde eras capaz de llegar con tu cinismo". -dijo Martín con una mueca de asco y ella supo en ese instante que jamás volvería a ser su muro de contención.

-"Martín, por qué no nos calmamos y hablamos tranquilos..." –intentó persuadirlo Andrea.

-"¿Hablar calmados? ¿De qué? No te das cuenta que me hiciste pelota, que ya nada me importa. ¡Arruinaste todo! ¡Todo!"-y se dejó caer en una silla, llorando. Se tomó la cabeza entre las manos y Andrea aprovechó para acercarse. Pero en cuanto apoyó su mano en la cabeza de Martín, él reaccionó de un salto. –"¡No me toques!"-gritó como si le produjera náuseas su simple contacto.

-"Martín, quiero que entiendas que no era yo la del bar. ¡Te juro que no! No sé cómo hacer para que me entiendas. Ahora estás ofuscado y no entendés razones... pero te aseguro que después te vas a reír de lo tonto que estás siendo con esto y..."

-"¡Claro que soy un tonto! ¡De eso no cabe duda! Pero ¿sabés qué? Se terminó." –concluyó Martín mientras se dirigía al mueble del comedor, abría un cajón y sacaba algo de su interior. Andrea no podía darse cuenta de qué era hasta que él giró y la enfrentó.

-"¡¿Martín, qué estás haciendo?! ¡¿De dónde sacaste esa arma?!...Me asustas."

-"Mejor, por que ahora vas a decirme la verdad. Quiero que te sientes en esa silla, quiero que pienses muy bien lo que me vas a decir y quiero que me pidas perdón... Creo que fui claro... ¡vamos, movéte!"-le gritó y le indicó con el arma la silla en la cual quería que se sentara, frente al ventanal. –"Ahora, bien, te escucho y no te equivoques."

-"Martín, yo..". -Andrea no podía hablar, temblaba y no dejaba de mirar la mano de él apuntándole con el revólver y en sus ojos pudo advertir una fatiga soberbia.

-"Ah no... sin llorar. Te hubieras acordado antes. Ahora es tarde. ¡Hablá!"

-"Por favor Martín, bajá el arma..."-musitó ella, casi sin entender si lo que veía era real.

-"No. Primero habla. Soy todo oídos."

-"Ya te lo dije."-logró decir Andrea.

-"¿Decirme qué?" -le gritó Martín con furia.

-"Que yo no era, que te confundiste con otra persona. Que yo comí en la empresa... Y que te amo, te amo Martín. ¡Te juro que es la verdad!"-dijo Andrea con una voz que ya no era suya, como si un ejército de langostas invadieran su boca y apretaran su garganta..

-"¿Sabés qué?, no te creo ni una palabra. ¡Nada, maldita seas!" –gritó Martín fuera de sí y casi con desdén gatilló el arma.

-¡Nooo!-alcanzó a decir Andrea antes de caer al piso producto del disparo y se dispersó como una lluvia de granizo.

Martín primero se quedó mirando el cuerpo inmóvil de Andrea y luego como un autómata se apuntó a la sien e hizo fuego. Cayó de rodillas sobre ella con un temblor crujiente y duro.

Luego todo fue silencio. Hubo una larga pausa, hasta que el último estampido fue sólo un eco en el recuerdo de nadie.

De pronto la risa de los dos llenó el departamento de carcajadas y se fueron levantando poco a poco, tomándose el estómago que les dolía de tanto reír.

-"¡Estuviste genial!"-dijo Martín con lágrimas en los ojos producto de la risa. Andrea a su vez estaba tan tentada que apenas podía hablar.

"-¡Vos también!, Espero jamás verte así de celoso." –Y lo abrazó y se besaron.

-"¡Vamos a verle la cara!"-propuso Martín y salieron juntos al balcón.

-"¿Y, le gustó nuestra actuación? ¡Así, va a aprender a no estar tan pendiente de los vecinos! ¿Me escuchó?"-le gritaba Andrea a la vecina de enfrente.

-"¡Viva su vida señora! ¡Por que usted no es más que una enamorada de lo ajeno! ¿Ahora nos va a dejar en paz?"-vociferaba Martín.

-"¡Deje de husmear donde no la llaman! ¿Entendió?... Martín, creo que le pasa algo..."

-"¿Qué le va a pasar a esa vieja de...? ¡Uy, creo que tenés razón! ¿Se desmayó...?"

-"No sé. ¿A vos qué te parece?"-dijo Andrea preocupada.

-"Me parece que se hace la desmayada para que no le sigamos diciendo nada y me parece que hay un festejo que terminar..." -dijo Martín abrazándola y besándola con pasión.

-"Y después caliento la comida por que me muero de hambre. "-agregó ella.

-"¡De acuerdo! ¡Te amo!...Creo que no va a volver a espiarnos después de lo de hoy."– dijo Martín y entraron abrazados al departamento.

Cuatro días más tarde, Andrea y Martín decidieron salir a caminar juntos. Se pusieron zapatillas y bajaron tomados de la mano. Era un sábado a la mañana.

-¡Buenos días!-los saludó el portero del edificio que siempre estaba dispuesto a charlar.

-¡Hola! –contestaron al unísono.

-¿Se enteraron de la noticia?-preguntó el encargado utilizando un tono cómplice.

-¿Cuál?- preguntó Andrea sin demasiado entusiasmo.

-¡Fue terrible! La mujer del edificio de enfrente, la del quinto, se murió. Tuvo un paro cardíaco. Fue hace como cuatro días, pero recién ahora la encontraron... Por el olor.

Eso me lo dijo Paco el encargado, que tuvo que entrar con un cerrajero ya que la pobre vieja no tenía a nadie.

Pero hay algo muy extraño en todo esto y que ya está en manos de la policía. Escribió una nota antes de morir que sólo decía": Gracias, fue una excelente función.

Pero ojo, él no es tonto."

© Verónica Edye

 

 

 

 
 
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