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Venganza de seda por Carolina Espada
 

"Otro testigo. El barman. Seis vodka tonics mientras los veía de reojo. Ella se tomaba un sorbito, echaba la cabeza hacia atrás y se reía. “A ésa le van a dar lo suyo esta noche”, pensó. Y habían bailado, bien pegados. Creyó que eran pareja, pues una mujer decente no baila así, de buenas a primeras, con alguien a quien acaba de conocer"
 

        Él la violó. Ella se defendió hasta donde pudo. Pero era un metro y cincuenta y cuatro centímetros y 49 kilos, contra una mole de testosterona de un metro ochenta, llena de músculos, descomunal erección y a mí no me detiene nadie.
 
        Además del consabido desgarramiento vaginal, ella presentaba moretones en el cuello, en los antebrazos y en la parte interna de los muslos; mordiscos en los senos y excoriaciones en el cuero cabelludo.

        ¡Pero eso no se iba a quedar así! Asistida por un psiquiatra y un abogado, ella llevó su caso a juicio. Y lo perdió. Sí, lo perdió. La defensa del presunto violador alegó que la víctima no era tal cosa, que ella había deseado que su encuentro erótico fuera bestial y sangriento, y que el ahora-acusado sencillamente la había complacido. ¿Quieres violencia? No faltaba más.

        Ella no salía de su estupor y el abogado de él seguía haciendo su trabajo imperturbable. Ella y una compañera de trabajo habían acudido “solas” a ese bar (debe entenderse por “solas”: sin hombrecitos que las representen). Ella vestía una minifalda demasiado provocativa, y ni hablar del escote pues, con un busto como el de ella, muy bien se podía haber puesto algo más abotonadito.

         El abogado interrogó a su compañera: que sí, que habían ido “solas” a ver si conocían a alguien; que cuando él entró al bar las dos se quedaron babeadas, porque el tipo está… estaba buenísimo; que ella le dijo: “si te lo levantas tú, yo me voy, y si me lo levanto yo, tú te vas”; y que bueno… se había ido como a la media hora y los había dejado conversando.

         Otro testigo. El barman. Seis vodka tonics mientras los veía de reojo. Ella se tomaba un sorbito, echaba la cabeza hacia atrás y se reía. “A ésa le van a dar lo suyo esta noche”, pensó. Y habían bailado, bien pegados. Creyó que eran pareja, pues una mujer decente no baila así, de buenas a primeras, con alguien a quien acaba de conocer.

         Ella lloraba calladita.

         Finalmente lo interrogaron a él.  Que él la había llevado hasta su apartamento -al de ella-, que se habían besado en la puerta, que ella lo había invitado a subir para que se tomara un café…

        (Y todo eso era verdad).

         …que él se había sentado en la sala y se había puesto a revisar unos cds, cuando ella le cayó encima y lo lamió y…lo tocó.

        - ¡¡¡Mentira!!!

        Y el juez le ordenó a ella que guardara silencio. Prosiga usted, señor.

         Bueno, que él, hombre al fin, respondió de inmediato y, para su sorpresa, a ella le gusta el sexo con resistencia y forcejeo: agárrame por el pelo, pégame contra la pared, arráncame la ropa, insúltame,  muérdeme, ¡anda pues, papito!, más fuerte, más duro, más rápido, ¡maaaaaás!

        “Mentira”, ella susurró entre lágrimas. De nada le valió dar su versión de los hechos. Que ella sí le iba a preparar café pero, no bien él entró a su apartamento, cerró la puerta, la sometió brutalmente y la violó. Que ella gritó, que le dijo que no, una y mil veces que no, pero que nadie oyó nada. La vecina de al lado, octogenaria sorda. Los de arriba, de vacaciones. Los de abajo, en la clínica dando a luz a su primer bebé. Y ella como un trapo con un hueco diciendo que no.

         Él, absuelto. Libre de toda culpa. Ella, condenada a hacer terapia, mucha terapia. A ver si comprendía cómo de víctima había pasado a ser la culpable. Eso, y el asco y la vergüenza que sentía.

         Pero ella tenía amigas. Muchas amigas que se organizaron, establecieron horarios y se distribuyeron los turnos. Cada vez que él salía de su casa o de su oficina, a la hora que fuera, encontraba a dos mujeres silentes, vestidas de negro y bajo un mismo paraguas. Estaban en el cine, en el restaurante, en el supermercado. A dónde quiera que él iba, ellas estaban allí. Las denunció ante las autoridades, pero no se pudo hacer nada. Estas señoritas no le están haciendo nada, tal vez es pura casualidad o, incluso, su imaginación. Y llegó un momento en que no pudo dormir más. En la madrugada, reptaba hasta la ventana, apartaba un poquito la cortina y las veía allá afuera, en la esquina, bajo la luz del farol, inmutables bajo su paraguas negro.

        Fue demasiado para él, no lo soportó, a los nueve meses se quitó la vida de un pistoletazo. Su muerte nadie la lloró. A su entierro, en un día muy soleado, fueron decenas de mujeres, sin sonrisas, sin sombrillas y todas vestidas de blanco.

(c) Carolina Espada

Sobre la autora:

Carolina Espada nace en Caracas el 30 de agosto de 1957. Hija del profesor J.R. Espada y la señora Olga Cecilia Cabruja de Espada. Licenciada en Letras por la U.C.A.B (mención Summa Cum Laude). Cursa “El Taller del Actor” del maestro Enrique Porte. Actriz de teatro (Las Criadas, Muñequita Linda y Chocolat Gourmet) y de televisión (La Encantada, Emperatriz, Divina Obsesión, El Paseo de la Gracia de Dios, Mis Tres Hermanas; y  un “cameo” en el último capítulo de La Soberana y otro, en el final de Mi Gorda Bella). Libretista de  Humberto “Kiko” Olivieri (La Encantada), Salvador Garmendia (Carmen Querida) y José Ignacio Cabrujas (Emperatriz, Las Dos Dianas y El Paseo de la Gracia de Dios). Articulista de opinión del diario “El Nacional” (premio “Mejor Artículo de Humor” 1998-1999 por “Las Prendas de Rolito”)  y de los vespertinos “TalCual” y “El Mundo”. Autora de dos “unitarios”: Trampa de Seda y Soufflé, y de la historia original de la telenovela Mi Gorda Bella (desarrollada por la escritora Rossana Negrín para R.C.T.V 2002-2003). Participa en el Congreso de Escritoras de América Latina (Buenos Aires, Argentina, 2002) con su ponencia: “Melo-melo-meloso drama”. Publicaciones: “La Mágica Aventura de Oscar” (cuento infantil), “Fabricantes de Sonrisas”, “Chávez de Papel” y “Opinando en Femenino” (tres antologías). En el mes de junio del 2004 entregó a la Fundación Bigott su texto “La Telenovela en Venezuela”; libro que entrará a imprenta en el mes de septiembre del 2004 y que formará parte de la Colección EN VENEZUELA. (EL BAUTIZO SERA EL PROXIMO MES DE NOVIEMBRE, 2004).  En el 2003 integró el taller de dramaturgia del CELARG (dictado por la Lic. Xiomara Moreno, directora de la Escuela de Artes de la U.C.V.); y, actualmente, forma parte del taller de “Periodismo y Literatura sin ficción” impartido por la reconocida periodista Milagros Socorro en la Fundación Polar. Simultáneamente  trabaja en su Proyecto Oveja Negra, su próxima telenovela.  Su experiencia como docente en el área de creación, diagramación y escritura de telenovelas: taller en la Universidad Católica Andrés Bello, taller en el Icrea y seminario para escritores/dialoguistas (nivel superior) en la Fundación Academia Nacional de Ciencias y Artes del Cine y la Televisión. Además, innumerables charlas y conferencias sobre el tema (se destacan las dos realizadas para la Fundación Polar).

El url de Análitica, donde le publican sus escritos, es: www.analitica.com/bitblioteca/espada y

www.chovet.com/nojile

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