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Estás aquí:  Inicio >>  Cuentos, poemas, relatos >>  César Rodríguez Diez
 
César Rodríguez Diez
 

SOBERBIA

 

Harina vieja esponjó su masas a fuego lento hasta quedar dorada,  entonces se sintió invencible. Un instante creyéndose perfecta, al siguiente se deshace en migajas cuando su cuerpo en otros labios se  transforma.

 

 

 

EVOLUCIÓN

 

Cruzaste la frontera para no regresar con alas sucias al lugar que te olvidó. A cuestas, las migajas que poblaron tu cuerpo en la  estación más lejana.

 

He visto arder las escamas de los peces

 

Mediste los caminos como un espía que ama la noche y sus aliados, sin prisa ni lamentos, porque alguna vez las golondrinas volverán.  Pero nosotros no.

 

El agua mojará nuestros ardores.

 

No estaremos frente al puerto donde abandonamos las redes, nadie verá nuestra piel endurecida para saber lo que somos.

 

Dejarás atrás la casa, tu cuerpo de niño, la prisa que se quedó entre las ropas.

 

No serán la distancia ni el viaje los que doblen tus alas.

 

Al partir, lo decidiste: ave o pez, agua o viento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

LA CIUDAD  SE DESTEJE

 

Afilada tu furia convoca un viento azul

sobre la misma arcilla que sacude tu sexo.

 

Quedan sepultados los comensales,

días de reserva  amontonaron tus vestidos

la noche ceniza huésped de roca

encierra en ámbar a los desertores.

 

La contraparte separó los muslos

sellados hasta purgar su abandono,

cubren tu deshonra

las piedras de cal

furias y  aullidos regresan sigilosos

a dormir entre los restos.

 

Acechas con tu espada las aves de rapiña,

el alud de lluvia que lavará tus manos

hasta disipar el humo de las últimas hogueras.

 

La ciudad en tu cuerpo se desteje

no volverán los invasores

ningún hombre, ningún aliado

excavará entre heridas

la sombra de tus latidos.

 

Mientras tanto crece en la piel

la otra ciudad que te sonríe.

 

Mil años más tarde despiertas

convertida en memoria de lava

del sueño que te dio forma

y la suaviza.

 

Adentro, inmóvil

detenido en cada una de tus  calles

un pueblo petrificado te contempla.

 

 

 

 

 

 

 

 

MACA

 

Sagrado corazón del buen camino

llévala sana y salva a su destino.

Anonimo

 

Soy un niño sin ojos

desde que  te fuiste

desandando la muerte

que  te saltaba por chiquita.

 

Lejano

no pude imaginar

como tu tiempo se apagó de golpe

y alargó las sombras.

 

Suave transición

a ese otro espacio

de no sentir mas

dolor en las espaldas.

 

Huyen por mi piel

todos los días que no tuvimos,

las esquinas envueltas en silencio

no se acostumbran.

 

Llegaré a buscar

el último destello entre tus cosas,

si mi corazón no descansa

una voz

se desprenderá lentamente

entre murmullos.

 

Llévala  pronto a su destino...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HECHICERAS

 

Busco hechiceras

que de noche

invoquen humo en sus vientres.

 

Magnetismo azul

lejanía,

descansa en ti

un pueblo asolado

tras el eclipse.

 

Dejaste en él tus mutaciones

rumor de horas malheridas

en la cadencia.

 

Plenilunio

en los ojos aparece otra luna

mi piel busca venganza

cuando se enciende.

 

Grita arrepentida por el destierro.

 

Reviven mis pecados

en regiones

que salvaron abismos.

el ritual obligatorio derrama libaciones.

 

Voladero en el ocaso

por la dureza abierta de tu danza,

largo viaje sin regreso

hacia tu boca

vuelta espuma.

 

Enemigos distantes

tu rostro

y esta figurilla que contiene

la recolección precisa de tus huellas.

 

Uña cautiva

tela de lava.

 

Últimos vestigios

desnudos en las grutas

exhalan sus aceites.

 

 

 

¿Qué sol habita en mí

luz de mi luz

habla por la boca

por mis ojos

te persigue ?

 

Se detiene en los altares.

 

Inertes cuelgan en los arcos

aves cautivas de huesos quebradizos.

 

Centellas errantes del conjuro

una señal

que te convierta en polvo.

 

Amuletos ahogados en la lumbre.

 

Exorcismos  que te invoquen

aunque mi cuerpo

no sobreviva las hogueras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OJO DE PATIO

 

Tiempo de sal vertido en corredores,

remolino de sombras

empinado en lo azul de la cornisa

en noches desiguales.

 

Por los muros indulgentes

rumor de vientos no deseados,

invicta aspa sobre el jardín desnudo.

 

Repetición de acentos

contra tu voz

enredadera

de piel predestinada.

 

Luz ámbar

detiene su espesura

en el espejo del patio

donde giramos detenidos.

 

 (c) César Rodríguez Diez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
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