Usuario :
Clave : 
 
 administrador
Manual del administrador


 Secciones
Ediciones anteriores
Premios- Distinciones
Muestras/Arte
Entrevistas- noticias culturales-histórico
Lecturas
Ensayos - Crónicas
Educación/Universidad
Sociedad
Diseño/Moda/Tendencias
Fotografía
La editora
Medios
Sitios y publicaciones web
Narrativa policial: cuentos, ensayos, reseñas
Sumario
Música
Teatro/Danza
cartas
Cine/Video/Televisión
Entrevistas- Diálogos
Servicios
Noticias culturales- archivo
Espacio de autor
Prensa
Artista invitado
Entrevistas
Fichas
Algo de Historia
Blogs de la Revista Archivos del Sur
Cuentos, poemas, relatos

ARCHIVOS DEL SUR

 Inicio | Foros | Participa
Buscar :
Estás aquí:  Inicio >>  Ensayos - Crónicas >>  El vacío y la representación por Susana Giovannoni Giraudo
 
El vacío y la representación por Susana Giovannoni Giraudo
 

Desde Villa María, Pcia. de Córdoba, Argentina nos llega este ensayo de Susana Giovannoni Giraudo

Y  la visión de la primera bomba

en el cielo de Hiroshima

hizo venir, momentáneamente,

agua a la boca de millares de golosos de los hongos.

                                   

                                      Jorge de Sousa Braga

 

   

 

    Si hablamos del vacío y la representación, inevitablemente desembocamos en la dúctil e incomprensible existencia del arte en todas sus expresiones,  que mas allá de juicios y prejuicios, acude con sus símbolos y singularidades a ocupar el vacío, colmándolo con una enorme variedad de matices representativos, arrojándolos al voleo, con infinita audacia y esa la pasión feroz contenida en el gran enigma creativo.

       El objeto a representar y proyectar en ese vacío, puede ser  la particular y subjetiva obsesión del artista-individuo corporizada en una partitura de los Beatles, en el Guernica de Picasso, en una voltereta increíble de Mickhail Barishnikoff o en el provocativo poema Ursonate de Kurt Schwitters, que aún hoy despierta acaloradas controversias, a pesar de los casi ochenta años transcurridos desde el momento en que fue escrito.

( Fümms  bö wö tää zää Uu, // pögiff,// kwii Ee.// Ooooooooooooooooooooooooo// dll rrrrr beeeee bö // dll beeeeeee bö fümms sö,// rrrr beeeee bö fumms bö wö // beeeeee bö fümms bö wö. )

 

( fragmento)

 

              

 

     El  arriba citado poeta portugués Jorge de Sousa Braga, en un fragmento de su poema Plan para salvar Venecia  dice

     

       Me senté sobre mi siglo y ordené una coca cola.

       Es terrible llegar al final del siglo de los refrescos

       con esta infinita sensación de sed.”

 

     Ante la lectura de este pensamiento profundamente paradojal, nos hacemos esta pregunta ¿No será que todo hombre-artista-sujeto-individuo, aún siente sed de ese objeto que se proyecte y represente en el vacío, ese algo definitorio que marque el final de una era y el comienzo de otra? ¿No será la pulsión de búsqueda (que no es otra cosa que la angst de Freud) de ese objeto la que, ya sea concreta o simbólicamente, llene el vacío y represente y se  represente como objeto?

      De la escuela de Frankfurt surge el pensamiento de  Theodor W. Adorno con interrogantes y respuestas nuevas, creando una serie de retrocesos, avances y contramarchas en lo concerniente al arte como representación en el vacío, aduciendo que el arte es, por momentos, un objeto de consumo, un objeto mercantilista y mal puede desde esa condición, ocupar el vacío.

        Su pensamiento devela, por otra parte, una marcha errátil, zigzagueante, entre las manifestaciones culturales. Y los desvelos y dudas que acechan detrás de cada obra, hacen que  su juicio tenga una característica particular que da paso a la posibilidad de la equivocación.

        Lo concreto es el vacío como desafío permanente y la angustia provocativa que genera el objeto a representar en él.

         Y quién sino el artista, con su soberbia aterida por el frío de la duda, puede recoger el guante , lanzándose a crear de manera frenética y pasional , esa parte de su obra que pueda ser un fragmento de su propio yo en un intento de fusión con el yo universal.

          Y se arroja sin red al peligro, al posible fracaso, al desencanto de sí mismo, al vértigo que le produce esa sustancia formada por su fuerza creadora y lo aleatorio.

          Bendecido por dioses paganos sólo reconocidos en su contenido sorprendente y conmovedor, el arte se convierte en símbolo y torna a la pulsión creadora, a la búsqueda permanente, en el eje de la representación.

     Hay en él, una alta dosis de inconsciencia, una chispa de genio y un aluvión de locura mezcla de la bilis negra aristotélica con el mortal enamoramiento del divino Narciso. Salvador Dalí es un neto exponente de ello.  Aquí nos podríamos detener en la obra de Salvador Dalí, en su armoniosa y deslumbrante locura. Y sólo por mencionar una sola de sus pinturas (El gran masturbador) diríamos que logra representar en el vacío hasta las elucubraciones y asombros que despierta la obra en el espectador. Y esta mención es sólo un  ínfimo exponente del legado daliniano.

      Como una granada, estalla en las manos del artista, produciendo la miríada estelar de una obra no calculada en el momento de su concepción y producida a golpes de pasión, en arrebatos que surgen a veces del insomnio atroz, de la meditación profunda, de la duda existencial o de los enigmas y certezas que lo atormentan.

       Alejado de técnicas  y por sobre todas las cosas, de la praxis y la lógica, la obra refulge para siempre o muere en un instante de muerte natural.

      Y allí late el peligro que Adorno niega: “El peor peligro del arte nuevo es precisamente su falta de peligro”

        Tal vez esta teoría absoluta de la búsqueda como único y último objetivo, se acerque a la ciencia que, callada y minuciosamente pero emparentada con el arte, sigue el mismo camino inexorable ¿Qué es la investigación, sino una forma más de búsqueda?

         Se habla de apreciaciones u opiniones subjetivas, de la autenticidad o no de la creación como fuerza primigenia, se duda de lo genuino echando nebulosas sobre el arte, que el arte mismo deja de lado con desparpajo.

        En una oportunidad, dijo el novelista Eduardo Gudiño Kieffer (recientemente fallecido):   “Al que nos acuse de plagio, yo le respondo que de la nada no sale nada. Que sólo la belleza genera más belleza, el horror genera más horror, la poesía genera más poesía, pero que sólo nutriéndose puede el hombre perfeccionar lo que ya ha sido

concebido”.

          Podríamos agregar que el temor al plagio en la ciencia, nos hubiera detenido en la época del astrolabio.

          Subjetiva es la creación de una obra de arte, sujetiva la conmoción que la obra produce en el espectador.

          Dejemos la objetividad para la crítica, ése es su papel y no otro. Para eso nace, para debatirse entre la incredulidad y el academicismo y sus dogmas

 

 

                       (c) Susana Giovannoni Giraudo

 

 
 
Diseño y desarrollo por: SPL Sistemas de Información
  Copyright 2003 Quaderns Digitals Todos los derechos reservados ISSN 1575-9393
  INHASOFT Sistemas Informáticos S.L. Joaquin Rodrigo 3 FAURA VALENCIA tel 962601337