
Antes que nada
o 50 aclaraciones concernientes al poema
1
no ignoro que me falta mucho saber del amor en ejercicio: de cómo se alimenta, de su implacable comercio, de la certidumbre sin sombra que requiere la delicada decisión de soñarlo, pálido pavor de no estar a la altura de esa única belleza que no proviene de la muerte
2
compongo estos poemas que no necesitamos o que vos, en todo caso, no ignorás no necesitar con el aliento de una vocación contusa que prolonga su estancia de espaldas a la puerta que descorchan los apura- dos de caminos, como si un irse veloz fuera más irse
3
los besos que dejaste por el suelo, sin barrer, se alzan se incorporan: miguitas de lluvia invertida que te dicen lo sabroso que podía ser con vos: almorzándonos toda el alma, chupándonos hasta los huesitos
4
yo ya no profeso ninguna de las dos religiones argentinas: la fe de que quien va al Paraguay volverá con un loro, o con un queso de Tafí quien fue al norte: yo sólo soy un regresado de la fragilidad
5
la risa es al deshielo de la tarde lo que el ala del pájaro a los bordes de la luna: mártir del oficio ingenuo de andar desencantando salvacio- nes. No por ello renunciará la piedra al líquido rubor que esconde ha- cia el costado sur de sus indecisiones torpemente arrojadas contra sí misma: como nubes que fueran fósiles de un cielo perdido, como arru- gas dentro de las arrugas que rasgó la fiebre sobre la cara de un hom- bre empeñado
6
¿y ese dejar cada uno su familia, su pasado, su soledad que es la lec- tura: ahora somos atropellados por la vida como antes por la ausencia suspendida entre página y página: ahora comenzamos a desentender- nos de la fatalidad de ser felices, de hoy en más no habrá un beso que no sea otra cosa que un beso, una brusca travesura del afecto
7
el amor ocurre siempre más acá de los actos -fuera de campo-: en el antes íntimo de la actitud que los atraviesa, y sólo será posible que lo huelas durante el descanso de la imagen, por entre los poros de la con- ciencia suspendida
8
un poeta ha dicho que los poetas deben evitar lo poético, tal vez para no infligirle al lector lo irreparable: la piedad
9
por un instante me quedé triste de imposible, ¿pero has visto el respi- rar de los que viven? ¿esa manifestación del aire por el pecho? ¿la inescrupulosa apertura de sus brasos, la hospitalidad de sus cuerpos? No niego ese despido de amor que es toda muerte: esa muerte de amarte con olvido de que te amaba: ese tedio de tener que andar expli- cando la voz: esa confirmación de que hoy hay más pasado que ayer, pero también escribo que prefiero hacerme quedar en la vida conver- sando con vos, mi lector, que no sos poco lector
10
por eso esta escritura es un registro del devenir y es a la vez otro es- tímulo más de dicho devenir; compadreo llamándola poesía para ga- narme un lugar entre los que tienen por costumbre no morir ni envile- cerse: gozo de los encuentros de la palabra con lo inadvertido
(c) Marcos Vieytes
Sobre el autor: Marcos Vieytes nació en 1973 en Flores, Buenos Aires, cursó la carrera de Corrección y tiene publicados tres poemarios (Cuerpo de Agua, Las grietas del cando, El que sostiene la palabra). Algunos de sus poemas y artículos fueron publicados en diversas revistas de la Argentina, Perú, Ecuador, México, España, Italia y Portugal (idioma al cual se tradujeron algunos de los poemas). Es colaborador estable de Gibralfaro, la Revistas de Ciencias Sociales de la Universidad de Málaga y de Zona Moebius, revista dirigida por la poeta Patricia L. Boero, además de encabezar el grupo Cine Sin Cine, que organiza la proyección de películas inéditas y edita una revista de crítica. |