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Estás aquí:  Inicio >>  Ensayos - Crónicas >>  Mundial de fútbol, Argentina uno de los mejores en el mundial de fútbol de robots
 
Mundial de fútbol, Argentina uno de los mejores en el mundial de fútbol de robots
 

Argentina se ubicó como uno de los mejores equipos en el mundial de fútbol de robots, en Corea.
Mundial de Fútbol 2002… pero de robots Gustavo N. Risso Patrón Docentes y alumnos de la Universidad de Buenos Aires participaron de la competencia científica realizada en Corea. Se ubicaron entre los ocho mejores equipos del mundo y lograron el tercer puesto en la categoría simulación. Con los resultados a la vista quedó demostrado el potencial de nuestro país en el desarrollo de la robótica inteligente. Se trata de un mercado que mueve 10.000 millones de dólares por año. La noticia pasó desapercibida para la mayoría de los argentinos. Sin embargo, los resultados obtenidos por el equipo nacional que participó del Mundial de Fútbol Robótico jugado en Corea durante el mes de mayo, fueron mucho más alentadores que los obtenidos por el equipo de estrellas dirigido por Marcelo Bielsa que, sin pena ni gloria, fue eliminado en la primera ronda del torneo. Es que a pesar de los numerosos obstáculos que tuvieron para concretar el viaje, los problemas económicos para ultimar detalles técnicos, la crisis económica, el corralito financiera y la devaluación del peso, el equipo de docentes y estudiantes avanzados de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires que participó de este encuentro “científico-deportivo”, logró ubicarse entre los ocho mejores equipos del mundo en fútbol robótico, y obtuvo el tercer puesto en la categoría simulación, convirtiéndose en el país occidental que mejor posición final consiguió en esta categoría. Integrado por Hugo Scolnik – profesor titular del Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y director técnico del equipo argentino –, Juan Santos – experto en robótica egresado de la UBA y doctorado en Francia –, Ignacio Laplagne, Sergio Daicz, Andrea Katz, Andrés Stoliar, Patricia Borensztejn y Flavio Scarpettini, los docentes y estudiantes universitarios argentinos realizaron un arduo trabajo previo que les llevó meses para llegar preparados a la competencia, instancia que, según la opinión de los expertos, es “una excusa perfecta para probar algunas de las más complejas tecnologías de la robótica actual, la matemática aplicada y las ciencias de la computación”. A diferencia de los cotizados futbolistas argentinos de carne y hueso que participan en las mejores ligas de fútbol del mundo, los robots inteligentes creados y utilizados por los científicos de nuestro país en el Mundial realizado en Corea – del que también participaron numerosos investigadores de prestigiosos centros de estudio de todo el mundo –, son el resultado del trabajo interdisciplinar de expertos universitarios en computación, matemática y física, pero en particular, especialistas en inteligencia artificial, sistemas de visión, computación paralela, teoría de control, métodos numéricos, entre otras. ¿Cómo se juega? Como toda competencia, el fútbol robótico tiene sus reglas. A diferencia del fútbol profesional, el juego se desarrolla con 5 jugadores-robots – cubos de aproximadamente 8 centímetros de lado – por equipo y cada partido dura 10 minutos. Los robots son capaces de llevar adelante distintos comportamientos: pueden acercarse a la pelota para patear, desplazarse por el terreno de juego, interceptar una pelota pateada por el adversario, o reubicarse para evitar un ataque. Los pequeños cubos se encargan de analizar y evaluar los puntos débiles del adversario y las posibilidades de cada pase o avance en procesos de 33 milisegundos, al cabo de los cuales el robot evalúa si conviene optar o no por otro comportamiento. Esta operación tiene lugar unas 18.000 veces por partido para cada uno de los robots. Desarrollo científico La idea de realizar un Mundial de Fútbol Robótico fue del profesor coreano Jong-Hwan Kim, del Korea Advanced Institute of Science and Technology (KAIST), y al margen de lo risueño que pueda parecer la idea de imaginarse diez cubos moviéndose sobre un supuesto campo de juego, se trata de “una idea brillante que permite atraer masivamente a los estudiantes, que así aprenden en forma mucho más divertida aspectos complejos de la ciencia”, señaló Scolnik en una nota publicada recientemente por el diario La Nación. Pero además, el desarrollo de la robótica tiene múltiples usos, entre ellos, es aplicable a tareas peligrosas para los seres humanos, tales como el contacto con sustancias dañinas, rescates de accidentados, aplicaciones industriales en situaciones riesgosas, robótica en el nivel molecular, aplicaciones médicas, educación, etc. El valor de la ciencia No hace muchos años, Corea sufrió una crisis económica tan catastrófica como la que atraviesa actualmente nuestro país. Y fue en ese momento en el que la clase política coreana visualizó claramente una de las salidas posibles a la crisis: apostó al desarrollo científico y tecnológico duplicando el presupuesto destinado a universidades e institutos de investigación estatales. El caso coreano no fue el primero. De hecho, Alemania – totalmente destrozada después de la Segunda Guerra Mundial – y Finlandia – quebrada económicamente a partir de la caída del Muro de Berlín –, por citar sólo dos ejemplos, ya realizaron procesos similares. Hoy, los resultados están a la vista. Con estas experiencias como referencia, y con la capacidad instalada y excelentes recursos humanos con los que cuentan las universidades argentinas, no es casual que Scolnik se ilusione y afirme que “el éxito que tuvo el equipo de la UBA en Corea muestra que estamos altamente calificados como para desarrollar nuestra propia industria. Por tanto, no sería ilusorio aspirar al 5 por ciento – 500 millones de dólares al año – del mercado mundial de la robótica inteligente”. En la actualidad, el mercado al que se refiere Scolnik mueve 10.000 millones de dólares al año, y las proyecciones indican que se triplicará en tres años y dentro de siete llegará a los 100.000 millones. La apuesta educativa y científica realizada por las principales potencias mundiales, y los resultados obtenidos en virtud de sus programas políticos, muestran claramente uno de los caminos posibles a seguir por nuestro país para empezar a salir adelante. Lo único que falta – y que no parezca poco – es que nuestros dirigentes políticos tomen las decisiones adecuadas y entiendan que sin ciencia ni educación, no hay Argentina posible.
 
 
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