Usuario :
Clave : 
 
 administrador
Manual del administrador


 Secciones
Ediciones anteriores
Premios- Distinciones
Muestras/Arte
Entrevistas- noticias culturales-histórico
Lecturas
Ensayos - Crónicas
Educación/Universidad
Sociedad
Diseño/Moda/Tendencias
Fotografía
La editora
Medios
Sitios y publicaciones web
Narrativa policial: cuentos, ensayos, reseñas
Sumario
Música
Teatro/Danza
cartas
Cine/Video/Televisión
Entrevistas- Diálogos
Servicios
Noticias culturales- archivo
Espacio de autor
Prensa
Artista invitado
Entrevistas
Fichas
Algo de Historia
Blogs de la Revista Archivos del Sur
Cuentos, poemas, relatos

ARCHIVOS DEL SUR

 Inicio | Foros | Participa
Buscar :
Estás aquí:  Inicio >>  Ensayos - Crónicas >>  La muerte y los espacios narrados en una novela de Javier Marías
 
La muerte y los espacios narrados en una novela de Javier Marías
 

La muerte y los "espacios" narrados en "Mañana en la batalla piensa en mi" de Javier Marías, una reseña de lectura desde la concepción teórica del libro "El relato en perspectiva" de Luz Pimentel es un ensayo de Jimmy Tica Bendezú, desde La Paz, Bolivia.
----------------

Lo sobrenatural se manifiesta, en primer término, como sensación de radical extrañeza. Y esa extrañeza pone en entredicho la realidad y el existir mismo, precisamente en el momento en que los afirma en sus expresiones más cotidianas y palpables.
[Paz, 1979: 127]


 

 

·        A modo de introducción

La novela Mañana en la batalla piensa en mí[1] trata sobre un singular encuentro entre Víctor y Marta; ese encuentro tiene una consecuencia inesperada, que concatena hacia otra: la muerte de ella y, posteriormente, la crisis psíquica de él.

La historia en general y la diégesis las conocemos, principalmente, desde la perspectiva de Víctor. La muerte de Marta y las consecuencias de ello hacen de Víctor el narrador por excelencia: éste entra y sale ad libitum de diferentes espacios narrativos, tanto como logra desplazarse para relacionarse con otros personajes. Así, conocemos la historia desde la focalización[2] proporcionada por Víctor, la perspectiva o situación subjetiva de éste lo es todo, narrativamente hablando. Es decir, esta narración se convierte en un acontecimiento. [Pimentel, 148]

 

 

·        Un y sus efectos

Ambos personajes (Víctor y Marta) están en el departamento de ella. Él, desde un comienzo, está a la expectativa respecto de cuál será el motivo de la invitación que Marta  le hizo; esto resulta evidente en las palabras de Víctor, cuando nos  cuenta cómo resultó su velada:

‘Qué hago aquí’, pensé. ‘estoy en una casa que no conozco, en el dormitorio de un individuo al que nunca he visto y del cual sé sólo el nombre de pila, que su mujer ha mencionado natural e intolerablemente varias veces a lo largo de la velada. También es el dormitorio de ella y por eso estoy aquí, velando su enfermedad tras haberle quitado alguna ropa y haberla tocado, a ella sí la conozco, aunque poco y después hace sólo dos semanas, ésta es la tercera vez que la veo en mi vida’.

[p. 20]

 

Así pues, queremos recalcar que hablamos de un narrador que activa el problema del acceso a la información [Pimentel, p. 144]. Todo lo que este narrador nos pone en escena es tanto lo que ha visto como lo que cree que sucederá: hablamos de dos planos que se fusionan en su discurso.

Es el narrador que posee una mirada subjetiva porque su ubicación y su perspectiva son inaprensibles para el lector.

[Beristaín, 1997: 358]

 

La historia por lo tanto, y principalmente, la conocemos a través de Víctor; el discurso de éste tiene una tonalidad subjetiva en que juegan con sus percepciones, se dan los actos de conciencia tanto como el surgimiento de las emotividades internas. Por ejemplo, constantemente se pregunta acerca de qué tipo de pretensiones pudo tener ella hacia él para invitarle a una velada privada, o se pregunta sobre las pretensiones de él mismo. Más adelante, vemos que su percepción entra en contacto con la muerte de su acompañante, cuando ve el cuerpo inmóvil de Marta el cual parece ser ya la representación[3] de la muerte misma. El niño (hijo de Marta) y el marido de ésta, quien se encuentra en Londres, son personajes con los cuales el narrador ‘interactúa’, pero solamente de manera conjetural. Víctor se abandona a toda una serie de especulaciones internas que son el mismo acto narrativo que termina conduciéndonos a saber más, pero solamente respecto de una historia plenamente avenida a su visión.

¿Por qué Víctor llega a preguntarse sobre “todo”, y ello lo va minando? Pues porque no encontraba una respuesta “lógica” a lo sucedido. Y es justamente la relación que establece con la muerte la que provoca su crisis: he ahí una manera de relacionarse con el mundo, aunque básicamente éste sería un mundo supuesto por el dicente.

El narrador deja de ser una entidad separada y separable del mundo narrado para convertirse en narrador-personaje. Del mismo modo, el acto de la narración se convierte en uno de los acontecimientos  del relato; la narración se torna en acción, sin que necesariamente esté de por medio un cambio de nivel narrativo.

[Pimentel, p. 140]

 

Así, el narrador, una vez visto el desenlace fatal (la muerte de Marta), empieza a contar lo sucedido: la muerte es material y activador del . La experiencia da continuidad expresiva al narrador; esta experiencia de cercanía con la muerte no sólo invade su ser sino también imprime fuerza a su acto ilocucionario. Si bien es cierto que el narrador no logra actuar a tiempo para salvar a Marta, sí logra dar ‘vida’ a un tipo de modus operandi narrativo.

‘Se ha muerto’, me dije, ‘esta mujer se ha muerto y yo estoy aquí y lo he visto y no he podido hacer nada para impedirlo’.

[p. 50]

 

El encuentro con la muerte no sólo hace reflexionar al narrador, sino que lo justifica como tal, muy a pesar suyo, como él dice, sobre la base de que la prisa nos hace pensar cosas contrarias [p. 54]. En efecto, Víctor piensa variados aspectos y posibilidades: qué hacer con el cuerpo, qué será del hijo de la difunta, o piensa si van a culparlo por la muerte de Marta, piensa en el marido que está lejos, y así: piensa y piensa, tanto que, de pronto, como lectores, quedamos atrapados en la focalización interna de Víctor. De este modo, es la narrativa de Víctor la que prevalece sobre cualquier sentido ‘externo’ de lo sucedido. La perspectiva del narrador domina cuando es él la fuente de información narrativa [Pimentel, p. 114]; por lo tanto privilegiaremos, para este trabajo, no sólo de lo que este narrador llega a percibir de su alrededor, sino sobre todo lo que éste llega a percibir y a representarse internamente[4].

·        Del narrador y la  muerte

¿A dónde conduce a nuestro narrador lo que le ha sucedido? El narrador es conducido a varios ‘planos narrativos’, los cuales son, como dijimos, material de un decir. Veamos.

El narrador se desarrolla como tal en espacios que, inclusive, no conoce: la muerte es la que lo impulsa para llegar a esos espacios. Por ejemplo, se cómo sería el marido de Marta, el hotel londinense en el que estaría hospedado, y aún la decoración de la habitación, etc. Asimismo, procede a imaginar otro espacio: la habitación del niño, también cómo reaccionaría éste si supiera de la muerte de la madre, etc. Es así que llegamos a afirmar que la muerte de Marta la proyección subjetiva de Víctor hacia diferentes espacios, hecho que implica la coexistencia de varios tiempos:

[...] la relación espaciotemporal entre la historia y el discurso se concibe así como una confrontación  entre la extensión del texto (una dimensión espacial) y la duración diegética (una dimensión temporal de orden ficcional).

[Pimentel, p. 42]

 

Es este ‘juego’espacio-temporal, desplegado por las elucubraciones del narrador, que permite al narrador proyectar su yo interior hacia otros planos en los que se ‘realiza’ un ‘diálogo’ ambiguo con lo “real” (ambiguo porque la versión de lo ‘real’ que los lectores llegamos a conocer –o a imaginar- es solamente la de Víctor), pues el hecho de confrontarse con la muerte logra desubicar al narrador como ser, pero logra, asimismo que ese ser del narrador se desplace por espacios y tiempos impensados. De esta manera, la muerte cobra una importancia  simbólica que impulsa el trayecto de Víctor; la imagen de la muerte, a través de su representación en Marta, lleva a Víctor a otros espacios y tiempos que construyen la figura del relato. Esa traslatio que la subjetividad de Víctor realiza es la unidad de la historia y la plena diégesis, la acción del texto, todo lo que hay qua narrar. Estas imágenes ya están dadas en el material verbal [Prada Oropeza, 1976: 78]. Todo, como ya dijimos, lo conocemos a través de las percepciones del narrador, los otros personajes son también conocidos, de manera decisiva, a través de los traslados en diferentes espacios[5] y tiempos (simbólicos) que también son promovidos por Víctor. Veamos un ejemplo:

Marta Téllez no era mi mujer sino que era la suya, ni aquel niño mi hijo, Eugenio Deán su obligado nombre, el padre y marido Deán tendría que hacerse cargo antes o después, por qué no ya, por qué no desde Londres.

[p. 57-8]

 

Pronto notamos que los espacios determinan la puesta en escena de los pensamientos, cada vez más siniestros, de Víctor en la novela; estos espacios son, por supuesto, parte de la imaginación del narrador, pues la parte determinante de los espacios nos es sugerida por él, quien no es del todo ‘testigo’ de lo que nos cuenta. La muerte es traída a veces por lo afirmativo y activo [p. 30], nos dice este narrador.

En este sentido, y retomando el carácter simbólico y representativo (en definición de Antezana) de la muerte en la novela, afirmamos que esta presencia los sentidos que otorga al mundo un hombre común y los proyecta en un acto que puede llamarse creador. La muerte de Marta Téllez en su tercera cita con Víctor logra que éste obtenga de narración; además, ya en el transcurso de la obra vemos que los motivos ‘reales’ de la muerte de ella, in sensu stricto, no son tan importantes como la activación creativa (aunque dramática) del mismo discurso de Víctor. Ya no es el tema posiblemente veraz, sino el discurso lo importante, ya no es la muerte como tal la que impresiona, sino su representación (y las repercusiones subjetivas) en el narrador. ¿Acaso, nos preguntamos, Víctor tomó la iniciativa de narrar(se) la historia como un pago hacia Marta por el hecho de no haber podido salvarla, o entenderla?, ¿contó la historia porque no entendió del todo la trama?; tal vez pudo ser así, ya que nada de ello nos consta.

[...] contar una historia como pago de una deuda, aunque sea simbólica o no exigida, nadie puede exigir lo que no sabe que existe y a quien no conoce, lo que ignora que ha sucedido o está sucediendo y por tanto no puede exigir que se revele o que cese.

[p. 142]

 

Sin embargo, debemos darnos cuenta que Víctor no se siente ‘dueño’ de la historia (cuya acción es virtual, pero sí ‘ocurre’en su cabeza): él narra una historia que no quiso que (le) sucediese: yo no lo busqué, yo no lo quise [p. 63]. ¿Qué es lo que no quiso, podemos preguntarnos al final, vivir lo sucedido o contar la historia? Quizá ambos aspectos; pues ambos, en la literatura, son, de alguna manera, inseparables.

De esta suerte, creemos que el acto de comunicación (el acto propiamente ilocutorio según Witgensttein ya que las palabras son asimismo actos)  ‘logra’ de la presencia de la muerte. En Víctor hay una necesidad de expresión; esto es notorio cuando quiere comunicarse con el marido de Marta hospedado en Londres; sin embargo no concreta su objetivo: lo llamé pero no hablé con él y nadie sabe lo que ha pasado [p. 64]. Inclusive le habla al cadáver de Marta: le hablaba en mal tono a una muerta  [p. 66]. Por todo esto afirmamos que esos actos ilocutorios son otro modo de fuga, si se quiere, respecto de las emociones tormentosas que invaden a Víctor.

Y es debido a estos mecanismos de ‘fuga’ emocional (digamos esos salvavidas simbólicos) que la muerte de Marta Téllez deja de tener la categoría de una simple mujer muerta: Marta se vuelve la imagen misma de la muerte, representándose como tal en el ser que la presencia (Víctor).

Y, como ya dijimos, la representación de la muerte es la que hace que todo ese complejo subjetivo de Víctor siga trasladándose de un lugar a otro, siempre a través de su imaginario: la casa (comedor-cocina-habitación) de Marta, Londres o el probable lugar al que Víctor fugaría. Para finalizar, veamos la óptica que Víctor nos presenta, través de su relato, respecto de uno de los espacios que su vivencia ante la muerte le depara:

Salí de la ensoñación, me volvieron las prisas. Me aparte del umbral, me acerqué hasta al entrada, aún miré una vez más por aprensión a mi alrededor, una mirada sin objetivo, me puse los guantes negros.

[p. 77]

 

La ensoñación aparece como un trayecto que lo distancia de la aprensión ante la muerta, En este sentido, decimos que esos espacios otros, que invaden su imaginación, también le permiten  desplazarse en un contexto que lo podría desquiciar; es decir, si no fuese por el activo trabajo del imaginario personal (aunque este trabajo es asimismo de carácter casi caótico), Víctor se habría vuelto completamente loco. Dicho de otra manera, pareciera que su delirio es lo que le salva de perder completamente la razón: sus palabras son las que acuden tumultuosamente para tratar de asignar sentidos a lo inconmovible de lo real: la muerte.

 

 

 

 

---------------  .  --------------

 

 

 

 

NOTAS

 

[1]  Para las citas respecto de este libro sólo se señalarán el apellido de la autora y el número de página correspondiente a la publicación de Siglo Veintiuno Editores, México D.F., 1998.

 

2 Para las citas respecto de esta novela sólo se señalará el número de página correspondiente a la publicación de Santillana  (tercera edición), Madrid, 2001.

 

3 Quien focaliza el relato es el enunciador del discurso; este enunciador, característicamente, posee un saber total o parcial respecto de los hechos narrados; asimismo, la información ‘brindada’ contiene, exclusivamente, su propio punto de vista: es el caso de nuestro narrador / testigo.

 

4 “La representación sería una figuración inflada, cargada de múltiples sentidos” [Barthes, El placer del texto, 1993: 91].

 

5 De tal manera, pondremos el acento en lo representativo: “En la narración los hechos podrían distinguir dos aspectos: un aspecto mimético y una aspecto, digamos, representativo. Cuando prima la mimesis, cuando el relato trata de “remedar” los acontecimientos, la distancia es mínima; cuando el relato se contenta en representarlos –quizá hasta con figuras simbólicas- la distancia es máxima. [Antezana, Elementos de semiótica literaria, 1977: 64]

 

6 Un aspecto, quizá importante, lo notamos en el llamado espacio virtual de la televisión, cuando una película de un tal MacMurray logra, por momentos, que Víctor salga de esa (su) realidad ‘dolorosa’ y se proyecte hacia un plano simbólico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

ANTEZANA, Luis

1977               Elementos de semiótica literaria

Edición del Instituto Boliviano de Cultura, La Paz.

 

 

BARTHES, Roland

1993                               El placer del texto

Nicolás Rosa (trad.)

Siglo Veintiuno Editores (séptima edición en español), México D.F.

 

 

BERISTAÍN, Helena

1997                               Diccionario de retórica y poética

Editorial Porrúa (octava edición), México D.F.

 

 

MARÍAS, Javier

2001                             Mañana en la batalla piensa en mí

Editorial Santillana (tercera edición), Madrid.

 

 

PAZ, Octavio

1979                               El arco y la lira

F.C.E. (quinta reimpresión), México D.F.

 

 

PIMENTEL, Luz Aurora

1998                               El relato en perspectiva. Estudio de teoría narrativa

Siglo Veintiuno Editores, México D.F.

 

 

PRADA OROPEZA, Renato

1976                               La autonomía literaria. Sistema y función

Editorial Los amigos del libro, La Paz-Cochabamba.

 

 

 Sobre el autor:

Jimmy Tica Bendezú nació en Lima - Perú;

tiene 26 años. Durante  2004 cursará el 5º año de la Carrera de Literatura en la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz - Bolivia)
Edita una revista de literatura: Matanza, Ideas y Letras.
Y, actualmente, está terminando un libro sobre un aspecto de la narrativa de Mario Vargas Llosa.

 

 

 

 



 

 
 
 
Diseño y desarrollo por: SPL Sistemas de Información
  Copyright 2003 Quaderns Digitals Todos los derechos reservados ISSN 1575-9393
  INHASOFT Sistemas Informáticos S.L. Joaquin Rodrigo 3 FAURA VALENCIA tel 962601337