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Estás aquí:  Inicio >>  Cine/Video/Televisión >>  El castillo de la pureza, de Arturo Ripstein
 
El castillo de la pureza, de Arturo Ripstein
 

Se pudo ver en el Malba, en el ciclo Homenaje a directores latinoamericanos "El castillo de la pureza" del director Arturo Ripstein. Considerado el film más importante del realizador mexicano, la obra es de 1973.

Ver entrevista a Arturo Ripstein y en Galería de imágenes-Cine, otras fotografías de sus films.

El castillo de la pureza

Director: Arturo Ripstein

 

México, 1973

110 minutos

Claudio Brook, Cecilia Leger, Arturo Beristáin, Gladys Bermejo

 

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

 

              Una idea fija obsesiona al protagonista de esta historia: evitar que su mujer y sus hijos se contaminen con el mundo. Considerado el film más importante del director mexicano Arturo Ripstein, se encuentran algunas similitudes con “La casa de Bernarda Alba”, el drama de Federico García Lorca. En el film de Ripstein el hombre encierra a su mujer y a sus hijos llamados Porvenir, Voluntad y Utopía en la casa, prohibiéndoles todo contacto con el mundo exterior. Los hijos han estado ahí desde que nacieron. Así como la casa es el espacio físico del imperio de Bernarda en la obra de Lorca, lo es también en este film de Ripstein donde además del encierro familiar impuesto, la autoridad despótica y la lucha entre la libertad y la autoridad son temas coincidentes en los dos dramas. En “La casa de Bernarda Alba” hay un detonante a partir del cual Bernarda ordena el encierro de las hijas: acaba de morir el segundo marido de Bernarda Alba y la viuda decreta ocho años de duelo en que estarán cerradas puertas y ventanas. La casa, en esta obra, está habitada por siete mujeres de la familia más dos criadas. Las mujeres de la familia son Bernarda, sus cinco hijas y su madre y todas deberán convivir en este ambiente enrarecido.

En “El castillo de la pureza” el espectador se encuentra con una familia constituida por la mujer del déspota y los tres hijos, dos mujeres y un varón. La casa es vieja, lúgubre y decadente y es el padre, el único que tiene contacto con el mundo exterior y adentro lo dirige todo: desde el taller donde fabrican veneno para ratas, la educación de los hijos y el gimnasio donde éstos deben ejercitarse. También de noche el déspota vigila el sueño de los hijos, espiándolos a través de las paredes, como un carcelero. Nadie existe para el mundo exterior salvo el padre y es su discurso y su voz lo único que se escucha en esa casa. Solamente la llegada de una carta o un pedazo de periódico que cubre alimentos dan a la mujer y a los hijos una idea del mundo exterior.

Muchos han visto en “La casa de Bernarda Alba” un símbolo de la guerra civil que se aproximaba y que llegó dos meses después de su escritura. También se pueden hacer distintas interpretaciones del film de Ripstein: el discurso despótico del padre y el veneno para ratas que fabrican dentro de la casa lo va impregnando todo hasta un límite insoportable. El encierro de los hijos y la prohibición de tomar contacto con el mundo exterior es propicio para las relaciones incestuosas entre los hermanos mayores y también para los deseos incestuosos de la madre hacia su hijo varón. El director no ahorra nada para crear un clima asfixiante, sórdido, hasta llegar a desencadenar el desastre que el espectador intuye se producirá al final. Sólo una de las hijas buscará auxilio en el mundo exterior cuando el padre ya ha enloquecido del todo  y amenaza con matar a toda la familia. En la obra de Lorca, también sólo Adela, la hija menor, quien representa lo vital, rompe el bastón de mando de Bernarda antes de terminar suicidándose. Las dos obras, la de Lorca y la de Ripstein, se pueden interpretar como crítica social, conflicto entre autoridad y libertad. Seguramente habrá otras más.

 

© Araceli Otamendi

 
 
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