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Estás aquí:  Inicio >>  Ensayos - Crónicas >>  Los nudos de Bahía, por María Cristina da Fonseca -escritora chilena -
 
Los nudos de Bahía, por María Cristina da Fonseca -escritora chilena -
 

Una mujer magra y obscura se abalanza hacia mí y atándome una cinta rosada alrededor de la muñeca, hace tres nudos : uno por salud, otro por dinero y un tercero para el amor... Adivinando el invisible nudo que lleva en el estómago, le doy unas monedas .
Los nudos de Bahía. (c) María Cristina da Fonseca Una mujer magra y obscura se abalanza hacia mí y atándome una cinta rosada alrededor de la muñeca, hace tres nudos : uno por salud, otro por dinero y un tercero para el amor... Adivinando el invisible nudo que lleva en el estómago, le doy unas monedas . Con el correr de los instantes, acabo por comprender: el nudo que aún asfixia al Brasil no es sólo el del hambre sino de la esclavitud. Abolida hace ya más de un siglo, ésta impuso trabas y ataduras tan difíciles de deshacer que el país las sigue viviendo y nosotros con sólo llegar a esta tierra nos hacemos contemporáneos de ellas. Caminar por las calles de Bahía es resumergirse en la tempestuosa noche de los esclavos, pisar sobre mazmorras, caer de bruces sobre cadenas y palos de castigo, soñar rebeliones y cimarronajes. Ni las piedras que la nostalgia trajo un día desde Portugal ni los mosaicos de sus herrumbrosos palacetes logran ocultar lo inocultable :Africa es la otra orilla de este mar tempestuoso, sobre el cual las voces de los ancestros suelen hacerse escuchar. Los nudos de Bahía. Así me gustaría llamar la obra que nunca voy a escribir sobre esta ciudad que ya tiene a Jorge Amado para bien novelarla. El escritor vive en los altos de una colina que mira la ensenada, desde donde como un diario padrenuestro envía sus palabras . Los nudos de Bahía. El título me atrae. Me demoro en él, como inmóvil y expectante me detengo ante la puerta de la Casa de Cultura . “ Fechado por carnaval “, reza un cartel a la entrada. Cerrado , también, está el Museo de las Piedras . Mas en este Vaticano Negro, lo no visto es tan importante como cuanto se ve, y , a través de los portones que el calendario mantiene juntos, miro hasta enceguecer puñados de aguamarinas, amatistas y esmeraldas refulgentes en las salas vacías. ¿Pero para qué el arte prisionero en los museos si el color deambula libre por la piel de la gente , de las piñas, parchitas y mangos , embelleciendo los puestos del Mercado e introduciéndose en el vientre de las botellas para pintar las gargantas? ¿ Para qué examinar artilugios y montajes de antiguas liturgias si esta Roma color ébano aún está sembrada de iglesias para blancos, capillas para prietos, “jardínes de Alá” y centros espirituales donde las sirenas se confunden con las vírgenes cristianas y el mar es la gran deidad. ?¿ Qué otra belleza puede uno desear cuando la noche brilla sobre las miserias, borrando la tristeza de las mansiones venidas a menos y la corrosiva huella de los aguaceros ? La caída del crepúsculo desata sobre Pelourinho la fiesta nuestra de todos los días y los bailarines de capoeira, las cocineras de esquina, los vendedores de queso asado, los dueños de bar y los precoces “ capitanes de la arena” descritos por Amado, deambulan entre luces y obscuridades . Sólo cuando esa primera noche en Bahía está a punto de cerrar sus párpados, nos topamos con una iglesia abierta en medio del acústico ir y venir de los tríos eléctricos .En ardiente testimonio de la fe derramada frente a su altar, allí cuelgan : varios corazones , una niña, una pierna y una mano de cera, el retrato de un niño tosiendo sangre pintada de rojo , la foto del tumor extraído de una espalda ya sanada. Alguien nos explica :esas ofrendas, que dan a la capilla un cierto aire de casa de muñecas se confeccionan en los tenderetes , frente al templo de Nuestro Señor del Bonfin . Siguiendo sus indicaciones, apenas despunta la mañana, salgo en pos de esa blanda anatomía . Es sólo un pretexto para perderme entre muros descascarados y calles de pesadilla . Mas los fabricantes de cerería viven la resaca del carnaval y tampoco hoy abrirán sus tiendas. Me alejo sin imagen alguna de mi cuerpo , coja y manca del alma, por siempre desprovista de una cabeza de repuesto. Y de repente, en pleno día, reviviendo el viejo papel de capataz, tres policías golpean en plena calle a un muchacho inerme . Caigo en cuenta : la esclavitud es una noche que vuelve. En busca de consuelo, huyo hasta el mar. Es febrero y quinta feria, y alguien me puede invitar a vestir de blanco para subir en una barca y arrojar flores sobre las olas. Consultar los caracoles, nos permitirá, tal vez, descifrar el alma de esta urbe tan poética de noche como sórdida de día. Sólo bajos los rayos diurnos lee los buzios el padre Luis. Sin conocerlo, vamos a su encuentro. Nos ha citado en la Catedral. Después de esperarlo por largo rato, en medio de los más católicos santos, surge ante nosotros y nos conduce a su hogar. Ante sus propios altares, vestido de adivinador , y ayudado por un naipe misterioso y las cuentas azules de un collar, nos lee los caracoles. Luego, invoca a los dioses de Africa y como haciéndome entrega de un talismán verbal, me bendice . Me levanto envuelta en un tranquilo sentimiento de euforia.: los espíritus de Bahía me protegen .. ... ( estadía en Bahía, Brasil, febrero de 1997) (1) Jorge Amado el célebre autor de “Gabriela, clavo y canela”; “Doña Flor y sus dos maridos “,” Capitanes de la Arena ”; De cómo los turcos descubrieron América, etc. aún vivía cuando este artículo fue escrito.
 
 
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