Usuario :
Clave : 
 
 administrador
Manual del administrador


 Secciones
Ediciones anteriores
Premios- Distinciones
Muestras/Arte
Entrevistas- noticias culturales-histórico
Lecturas
Ensayos - Crónicas
Educación/Universidad
Sociedad
Diseño/Moda/Tendencias
Fotografía
La editora
Medios
Sitios y publicaciones web
Narrativa policial: cuentos, ensayos, reseñas
Sumario
Música
Teatro/Danza
cartas
Cine/Video/Televisión
Entrevistas- Diálogos
Servicios
Noticias culturales- archivo
Espacio de autor
Prensa
Artista invitado
Entrevistas
Fichas
Algo de Historia
Blogs de la Revista Archivos del Sur
Cuentos, poemas, relatos

ARCHIVOS DEL SUR

 Inicio | Foros | Participa
Buscar :
Estás aquí:  Inicio >>  Ensayos - Crónicas >>  Género masculino y género femenino, dos conceptos en constante transformación
 
Género masculino y género femenino, dos conceptos en constante transformación
 

Luis Buero reflexiona acerca del tema de los géneros.

"El género no es el sexo, sino el conjunto de significados y mandatos que la sociedad le atribuye al rol femenino y al masculino en un determinado momento histórico y social. El concepto “ideal” de género en un tiempo dado nos condiciona a través de la cultura que todos vamos construyendo a diario, indicándonos una supuesta forma de ser hombre o mujer."
(Buenos Aires) Luis Buero El género no es el sexo, sino el conjunto de significados y mandatos que la sociedad le atribuye al rol femenino y al masculino en un determinado momento histórico y social. El concepto “ideal” de género en un tiempo dado nos condiciona a través de la cultura que todos vamos construyendo a diario, indicándonos una supuesta forma de ser hombre o mujer. Aún así cierto “androcentrismo” (la subordinación de la mujer al hombre) que ha prevalecido a través de por lo menos 2.500 años, está hoy en franca pero lenta transformación. El mundo laboral se divide en un ámbito privado y otro público; a la mujer se la condenó siempre a la invisibilidad del trabajo doméstico, la proveedora obligada de servicios indispensables pero gratuitos. Lo femenino es definido aún como el territorio de lo emocional, lo silenciado (de alli que tantos abusos de distinto tipo se realicen dentro del perímetro de lo privado), y todo lo que tiene que ver con la reproducción humana (la mujer debe ser madre y el embarazo es su estado de perfección bíblica, su finalidad natural). Ninguna escapa a esta discriminación, solo que algunas se convierten en Superniña; son las que corren con el celular pegado en el oído y el trajecito sastre impecable a comprar la harina impalpable para la torta del hijito. El arquetipo viril nos presenta un hombre proveedor de bienes materiales, productos culturales y de la sexualidad. El varón pertenece al sector de lo público, en síntesis, detenta el poder. Por eso las mujeres han sido excluídas durante siglos del discurso histórico y de sus símbolos fundamentales conviertiéndola en un objeto que hoy lucha por ser sujeto, a la par del hombre. Ya en la polis griega el ciudadano era definido por Aristóteles como el varón perfecto. La pobre Antígona (tal vez la primera feminista de la ficción) muere lapidada por pretender enterrar a su hermano Polinices contra la voluntad de su tío Creonte. Todas las mujeres “sin rostro”, es decir, anónimas, participaron activamente en las luchas por la independencia de distintas colonias que luego lograron su autonomía, pero cierta “lógica de las diferencias” las dejó a un costado de la gloria, salvo contadas excepciones. Hoy, aún el inconsciente colectivo sigue atribuyéndole a la mujer el rol doméstico por excelencia, a través de representaciones sociales y psíquicas que nos inclinan desde que nacemos para desarrollar ciertas potencialidades e inhibir otras. De alli, también la idea de que la mujer es sensible, dócil, emotiva, y el hombre es racional, duro y no llora. Por eso las telenovelas son para ellas y se emiten en horario vespertino, ya que por la noche llega el hombre para el cual la casa es un lugar de ocio, no asi para la mujer que “sigue estando en su ámbito laboral”. Pero las necesidades sociales que motivaron el acceso de la mujer al mundo de la producción demostraron que ellas son más versátiles y eficaces que los varones. Por otra parte la desocupación generó nuevos “amos de casa” resignados a aceptar que la representación de la masculinidad ya no se asienta en el afuera. Algunos matrimonios sucumben porque la lógica del mercado se traslada a la unidad doméstica y ellos no aceptan los nuevos roles. El varón se deprime y la mujer a veces lo fustiga y lo desvaloriza. La dama no puede admirar ahora a su Cid Campeador porque lo ve planchar la ropa y cocinar el bizcochuelo mientras ella vende seguros de vida. Hoy más que nunca la dicotomía masculino/femenino genera una nueva dramática en la que cada uno debe aceptar, compartir, negociar, respetar espacios, contener y sobre todo, amar de veras al otro. 0 de lo contrario seguir siendo un ejército de androides, demasiado solos y solas. (c) Luis Buero
 
 
Diseño y desarrollo por: SPL Sistemas de Información
  Copyright 2003 Quaderns Digitals Todos los derechos reservados ISSN 1575-9393
  INHASOFT Sistemas Informáticos S.L. Joaquin Rodrigo 3 FAURA VALENCIA tel 962601337