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Estás aquí:  Inicio >>  Ensayos - Crónicas >>  Flores en el desierto, María Cristina da Fonseca
 
Flores en el desierto, María Cristina da Fonseca
 

Nada es obvio ni aparente en el vasto territorio de un desierto. Esos trozos blancos que aparecen en los mapas muestran, sin embargo, abierta inclinación por lo extraordinario, llámesegolpes de viento, espirales de polvo, agresivos chubascos o jardines inesperados.
FLORES EN EL DESIERTO (Santiago de Chile) María Cristina da Fonseca . Nada es obvio ni aparente en el vasto territorio de un desierto. Esos trozos blancos que aparecen en los mapas muestran, sin embargo, abierta inclinación por lo extraordinario, llámesegolpes de viento, espirales de polvo, agresivos chubascos o jardines inesperados. El despoblado de Atacama suele brindarnos milagrosas floraciones conocidas como “ Desierto Florido “. Extraño fenómeno, que se da pocas veces por siglo y que es necesario buscar por su dirección infinita, en eterna huida de nosotros , con ojos ansiosos de ver ... Ubicado en el norte de Chile , el desierto de Atacama tiene fama de ser el más árido y reseco de todos los del planeta. No obstante, cualquiera que haya tenido ocasión de recorrerlo puede dar fe de los batallones de cactos con una corola blanca en el ojal que suelen dejarse divisar en las faldas de sus cerros. O de los macizos de minúsculas orquídeas o florcitas de intenso azul y quemante amarillo que surgen, cual breves gotitas de sed, entre quebradas y soledades. Sin embargo , hay que decirlo, no es posible encontrar en él : rosas de arena ni de Belén. Pese a la esterilidad evocada por su nombre, siempre hubo jardines en la yerma horizontalidad atacameña. Mínimos oasis de lata, plástico o papel, brotados desde el dolor y dejados a la vera del olvido en cualquier vuelta de camino. Capillas donde fijan residencia las animitas, demarcantes del lugar donde alguien franqueó el paso entre la vida y la muerte y frente a las cuales no se debe pasar sin saludar. Es costumbre antigua entre los pastores aymaraes el acicalar con estambres de colores sus bestias al cruzar el desierto en busca de pastos verdes. Florear las orejas de sus llamas les permite metamorfosearlas en jardines andantes que tejen y destejen el vacío, rompiendo la monotonía de las piedras. El desierto florido es un espejismo , uno de los tantos que pueblan esa abandonada esquina del planeta. Sólo se deja aprehender por quienes miran con mirada fina mata a mata. Fatamorgana de frágiles corolas apenas posadas ante nosotros, que se esconden en un instante tornándose invisibles y reaparecen a flor del polvo una y otra vez. Muchas veces, el despoblado ofrece sus floraciones en pequeñas dosis, en frasco pequeño. Es necesario desbrozar su superficie, examinándola pedazo a pedazo, tardando en cada trocito de arbusto o corola de alas transparentes. Otras, aparecen como nubes de intenso fucsia al pie de sus cerros o mantos de espuma sobre el arenoso suelo donde alguna vez se agitó el océano. Malvillas y calandrinas flotan en ramilletes sobre la desnuda piel del desierto, por breves pestañeos de tiempo.Sólo después de mucho polvo y sequedad es posible caer de bruces sobre manojos de azulillos o lirios rosados para entregase de cuerpo entero a sus vaivenes, a sus constantes desapareceres y resurgimientos . El desierto juega a burlarse de nosotros, a ocultarse y a dejarse ver, a aturdirnos con golpes de luz y colores voladores , cambios de telón y malabarismos de capullos tiritones. Los matices del Atacama no son fieles a sí mismos. Según desde donde se les mire, empalidecen o se intensifican. Sus salvajes ramilletes pueden ser malvas por un momento, para tornarse blancos desde un ángulo rasante y concluir siendo azul pálido, casi rosado al ser mirados en profundidad ... El desierto enflorecido es un fenómeno equívoco e indescifrable que escapa de categorías o descripciones, y huye de nuestras pupilas . ¡Una de las muchas cosas que la vida nos brinda sin revelarnos las raíz o razón de su frescura ! ¿Reflejo de qué jardín remoto es el desierto florido? ¿Qué desconocido edén depositan los rotos cristales del desierto frente a nosotros durante fugaces días? ¿Qué juego de espejos invisibles es capaz de arrastrar estas tímidas florecillas hasta el más requemado de los polvos? ¿cómo saber, si vale la pena saberlo, cuál de todos los vientos que cruzan la vasta uniformidad del vacío trajo las semillas de estas especies con nombres evocadores de orígenes y ancestros? Añañucas, huillis, churquis, manchan los faldeos de los cerros, mientras pacules de estrellas rosadas recrean trocitos de cielo en la faz del desierto. Cuernos de cabra, orejas de zorro, pata de guanaco , asoman en las quebradas. En clara reminiscencia de supersticiones colonizantes - relicarios, hierba santa, corona de fraile – despliegan sus tonos en la desnudez atacameña. Manchones de mariposas negras marcan el lugar donde amarillos “ enjambres“ de rositas se abren bajo el sol. Cubresuelos de cristalinas escarchas arrastran sus pétalos en terrenos cercanos al mar. Arbustos como la maravilla del campo impregnan de incienso la atmósfera de las planicies. Lirios de tallo tan vistoso como sus pétalos crecen frente a montañas cuyos perfil de llave gigantesca se recorta contra las puertas del firmamento . Algunas floraciones hunden sus raíces tanto en el polvo como en la leyenda. Así sucede con la garra de león que suele brotar junto a viejas vetas de oro, señalando el lugar donde pisó la Virgen al acudir en socorro de algún minero. Breve como un soplo es el momento en que encontrándose alguien el desierto , a la hora en que abren los “don diego de la noche”, siente la intangible presencia del copiloto sin cabeza junto a sí. El Atacama en flor, no es, tal vez, sino la sombra intermitente de las remotas floraciones del Artico . O todo lo contrario. Quizás, ambos tipos de florecimientos se nutren recíprocamente a través de un juego sucesivo y sin fin de reflejos. ¿Quién puede decirlo? No hay quien pueda contestar lo que quisiéramos saber sobre el despoblado y su desconocidos metabolismos. Ni libro abarcante de sus misterios. Pobres son las respuestas que la ciencia nos brinda. Se sabe de semillas durmientes que aguardan durante años por un furtivo contacto con las gotas de un chubasco o con los restos de nieve de algún cometa de ya desintegrado). Aún si nadie pueda informarnos sobre ese sitio de lo desconocido que es todo desierto, éste sí tiene mucho que enseñarnos sobre nuestro universo . El desierto florido parece ser indefinible. Mas, algo hay en sus capullos de los minerales que aguardan bajo la costra atacameña . Son éstos, tal vez, resonancia del invisible pulso que recorre esta piedra que es la tierra . Algo hay en ellos del pensamiento que mueve a éste mundo y demás mundos en viaje por el universo. O son sólo , quizás, una partida rezagada , un resabio contemporáneo de los primeras flores surgidas sobre la faz del planeta. Bibliografía : Mosaico Fotográfico. Desierto Florido III Región de Atacama – Chile, profesor Roberto E. Alegría Olivares. Editorial del Norte Ltda. Brasil 431. La Serena. Chile. (ISBN; Inscripción en el Registro Propiedad Intelectual número 128.773 )
 
 
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