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Mujeres estrellas con el alma de arco iris - Audencio Zamora Leckott
 

Este texto se encuentra en el libro Ecos de la Resistencia.
La luz de nuestros ancestros...

Mujeres estrellas con el alma de arco iris


Este texto se encuentra en el libro:


ECOS DE LA RESISTENCIA. 

PAJLHAYIS KAJIAYAYAJ PAK.

LA LUZ DE NUESTROS ANCESTROS


Ediciones Todas las culturas; subsecretaría cultura Chaco.


Autor: Audencio Zamora Leckott

Wichí – Wej Woos

Chaco Gualamba, Waj Lumpé.

Argentina


Mujeres estrellas con alma de arco iris


Una vez que los hombres atraparon a las mujeres que venían del cielo, Atsinayis Kates,  las Mujeres Estrellas, los hombres en su anonadamiento y excitados, comentaban su admiración por tanta belleza de las recién capturadas. Los hombres animales comenzaron a disputar para apropiarse de ellas. Los hombres animales, los hombres pájaros, algunos, los más grandes, querían quedar  hasta con tres mujeres.


Hasta  que, con los ánimos caldeados, llegaron al borde de desatar lo imprevisto y lo indeseable, quebrar el pacto de no agresión.


Ellas observaban atentamente todo lo que los hombres hacían. Entonces sabiamente dijeron que no veían ninguna razón para ir con ellos porque no les pertenecían. Aunque habían cortado el camino al cielo, a sus moradas, y fueron atrapadas, eso no les daba derecho a cautivarlas en contra de su voluntad. Sin embargo, les proponían un acuerdo, un pacto. Los hombres, sorprendidos otra vez y con admiración, se volvieron a ellas y acordaron escuchar la propuesta de las mujeres estrellas.


Fue al atardecer, cuando los rayos del hermano mayor, Jwaala,  iluminaba las hermosas cabelleras y los rostros alegres de las Atsinay Kates. Cada vez que hablaban, sus palabras despedían lucecitas de colores. Los fornidos hombres cazadores sentían un temor mítico; su adoración por estas criaturas celestiales aumentaba. Quedaron en silencio y expectantes. Una de ellas dijo: “Nuestra morada celestial es un mundo de luz, de risa y  de cantos. Esto nos armonizaba. Las canciones son alimento para nuestras almas, por eso nosotros cantamos siempre. Ahora, en la tierra, no podemos cantar. Pero ustedes, los hombres de este mundo, sí pueden. Por eso queremos convenir. Si ustedes cantan, después de escucharlos los vamos a elegir. Nosotras vamos decir con quién vamos a ir. Cada hombre debe cantar la mejor canción que sepa. Su melodía y tono serán apreciados, y cada una de nosotras elegirá al hombre que quiere como compañero para vivir en este mundo.”


Todos los hombres, orgullosos, se miraron y poco a poco se reunieron y consultaron un largo rato en asamblea. Como cuando van a salir de caza u otra tarea de la comunidad. Al final llegaron a un acuerdo, el de aceptar la propuesta de las mujeres estrellas.


Esa noche fue iluminada por el hombre luna; las mujeres estrellas reflejaban toda su luz. Todo se iluminó con colores jamás vistos por los hombres. Ellas estaban juntas y describían a los hombres, quienes esa noche lucían sus mejores adornos y pinturas. Con toda curiosidad y animadas, se acomodaron dando las espaldas al este; la luz del fuego dibujaba sus hermosas siluetas. Por momentos los hombres, dispersos, algunos solos, otros en grupos pequeños, quedaban  sin aliento porque se les hacían más evidentes los colores que despedían las mujeres estrellas al intentar entonar alguna de las canciones de su mundo. Sentían cada vez más intensamente el torbellino de emociones que surgía desde lo más profundo; algo que jamás habían experimentado. Por momentos su aliento se entrecortaba, sus piernas flaqueaban. Se preguntaban qué poder tenían esas hermosas criaturas que sin tocarlos lo debilitaban  y los volvían como jóvenes novatos en sus correrías de caza y pesca, cometiendo errores absurdos, como olvidarse por momentos de sus canciones sagradas. Con sorpresa, además, percibían que ya eran parte de sus vidas y que sin ellas no podrían continuar viviendo. ¡Qué extraña magia tenían!


Cada hombre se comprometió a no temer y a cantar. Previamente acordaron que el hombre más anciano entre los sabios de la comunidad, siguiendo las antiguas tradiciones, seria el primero en entonar las plegarias al Gran Espíritu, Él que comenzó todo de la nada, El Hacedor de Todo, Ahat Taj,  para bendecir la reunión. La canción fue tranquilizadora e inspiradora, y preparó a las mujeres celestiales a escuchar y prestar atención a todos los detalles; a los hombres les infundió confianza y coraje.


Fue una noche mágica, cargada de simbología. Las canciones se sucedían unas a otras interpretadas por cada uno de los Primeros Hombres; los Hombres Pájaros fueron los mejores cantantes. Así de esa manera se constituyeron las parejas que darían continuidad al pueblo Wichí. Esa noche los hombres descubrieron que las mujeres estrellas portaban en su interior un arco iris que fue liberado, y que dejó el color rojo a las mujeres, junto con la costumbre de ser ellas las que eligen a su pareja. Por eso, antes de la elección, se pintan el rostro de ese color como señal de estar en estado de “búsqueda”.


El color rojo es uno de los colores sagrados para el pueblo Wichí. En los días de su menstruación, las mujeres no se bañan en los ríos  o quebradas y guardan respeto privándose de ciertos alimentos. En su primera menstruación, tampoco salen del hogar; sus mayores les cantan canciones sagradas, les aconsejan e instruyen cómo vivir en el futuro; por las noches las reúnen en el centro de la comunidad y los hombres danzan y cantan alrededor de ellas hasta el amanecer. En los días lluviosos, ellas se cuidan de no salir y mucho menos de manchar con sangre a la tierra por respeto al arco iris.


Cuando el arco iris alarga su arco multicolor, los Wichí jamás lo señalan con el dedo porque para ellos el arco iris es un ente que puede ser muy malo siendo su ira terrible.


Los Wichí siempre recuerdan que hubo una comunidad que desapareció bajo las aguas de torrentosas lluvias desencadenadas por el Lewo, el arco iris, porque una mujer rompió el pacto establecido. Muchas veces el Lewo se transforma en una gran serpiente que continuamente vigila las aguas.


Las mujeres estrellas trajeron luz y color a la vida de los hombres Wichí.


 (c) Audencio Zamora Leckott


cuento enviado por la escritora Susana Szwarc


 imagen: Mujer Wichi tejiendo bolso (de la muestra Culturas del Gran Chaco en la Fundación Proa- Buenos Aires)

 

publicado el 21-10-2009

 

 

 
 
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