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Juguetes- Ray Raspall Rojas
 

desde La Habana, Cuba

Juguetes

       

En una estantería estaba colocado un pequeño payaso de cuerpo de trapo,
con rostro y manos de loza pintada a mano, junto a otros objetos más o menos
curiosos. Por las noches, cuando todos dormían, el payaso despertaba. Al
terminar de desperezarse escudriñaba el estante buscando otro juguete con quien compartir la noche, pero siempre se volvía a dormir con la única compañía de su soledad. Su sección era solo de artículos de circo y el dueño del mueble, que era un coleccionista, no había podido encontrar otros muñecos de ese tipo.

        Un día, el coleccionista llegó a su casa con una enorme caja a
cuestas. Los ojos del payaso seguían expectantes sus movimientos: el hombre se sentó en su mesa de trabajo, comenzó a extraer todo tipo de objetos y a
clasificarlos; cogió luego unos cuantos y los colocó en el mismo estante en que
estaba el payaso, que reconcilió feliz el sueño.

        Al anochecer, despertó muy contento y comenzó a buscar a los que
pronto iban a ser sus amigos. De repente, sus ojos se quedaron fijos en una
muñeca de porcelana y su corazón saltó de emoción... ¡qué bella era! Se le
acercó y comenzó a brincar a su alrededor para llamar su atención. Al notar lo
que le pareció demasiado desinterés, hizo una reverencia y un alegre ademán de
saludo, pero ella siguió sin moverse. Consternado ante su extraña inmovilidad,
recorrió la mirada por la estantería y se percató de que los otros juguetes
también permanecían rígidos, insensibles como la roca.

        Comprendió que él era el único que poseía el don de la vida y, con
ojos llorosos, tomó a la muñeca entre sus brazos. Besó la frente helada de su
primer y único amor y cerró sus ojos para no volver a abrirlos.


(c) Ray   Raspall   Rojas

(texto e ilustración)


(Publicado en el libro “Amigo de las doce de la noche y otros relatos”, ed.
Yoescribo.com, Mallorca, 2002)



 
 
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