Usuario :
Clave : 
 
 administrador
Manual del administrador


 Secciones
Sitios web
Poemas
Espectáculos-Actividades para niños
Lecturas
Libros recibidos
Últimas noticias
Especial Navidad
Sumario
Cuantocuento
EnJuego
Para profesores
Sección para padres
Dibujos
Fotografìas
Recetas
Jugando con el arte
Deportes
Cartas
Carta de los editores
Saturnino
Unidad temática: EL AGUA
Unidad Temática: El Petróleo
Unidad temática: EL LIBRO
Unidad temática: LA CASA
Unidad temática: LA LECHE
Unidad temática: LAS ABEJAS
Unidad temática: MATEMATICAS Y LENGUAJE
Unidad temática: LA PATATA
Unidad Temática: LOS DINOSAURIOS
U. D. Las hormigas

Revista Barco de papel

 Inicio | Foros | Participa
Buscar :
Estás aquí:  Inicio >>  Cuantocuento >>  Noche de cuentos para un niño que no quiere dormir - Araceli Otamendi
 
Noche de cuentos para un niño que no quiere dormir - Araceli Otamendi
 

Entonces alguien del palacio pidió al pastor que lo llevara adonde estaba el cañaveral de dónde había cortado la caña para la flauta. El pastor indicó el lugar y entonces algunos caballeros cavaron dónde estaba el príncipe y éste vivía aún y salió de la tierra...
Noche de cuentos para un niño que no quiere dormir

 

   No me toquen hermanitos
  ni me dejen de tocar
  porque ustedes me mataron
  por la flor del Lirolay.

      (de la leyenda indígena La flor del Lirolay)

                                               


                                             Mar del Plata, febrero




               Miro las manos, abiertas al lado de la cara, la piel rosada, las pestañas apenas se mueven, a veces una sonrisa te ilumina . En pocos minutos va a despertarse. Son las doce, la una, no sé. La mirada se fija en las paredes de este departamento, parece una bombonera de cristal. Chiquito y arregladito, nada fuera de orden. El  living rectangular, paredes en color tierra suave menos el techo, blanco. Un jarrón azul con flores como crisantemos de pétalos rosa y blanco como la cara de este niño. Los estambres son amarillos como las flores que brillan en el pasto fresco de la calle. Al niño no le gusta el mar ni la playa, le irrita el aire, llora, el clima, demasiado fuerte para él, quiere dormir a cubierto, protegido, sin viento, sin sol. Ahora ni siquiera escucho el sonido del mar, sólo los autos y el ruido de un extraño reloj a pilas que imita a uno de sol. Pero ahora no hay sol porque es de noche. En apenas minutos el niño va a despertarse, a llorar a todo pulmón porque tiene hambre. Entonces lo acercaré a mi pecho y le daré de comer. El niño succionará con fuerza la leche tibia hasta quedar saciado y yo exhausta. Después tendré que contarle historias, cantar, recitar, pasearlo en brazos hasta que se duerma. ¿Qué historias le contaré esta noche? Hay un cuadro en este cuarto que me intriga, es un detalle ampliado, parece, de otro cuadro.  Aparecen en él Lohengrin y Pocahontas a cierta distancia. Hay otro cuadro con la figura de una mujer sentada, vestida con una túnica rojo púrpura, casi sanguinolenta que retiene en los brazos algo, no alcanzo a distinguir bien qué es y el fondo es azul. Hay en otra pared un tapiz bordado con abrigadas glicinas de lana que parecen crecer rectangulares en la pared. Y también un abanico, un abanico gigante ¿lo habrán traido de España? pienso. No lo sé. No sé nada de esta casa a la que hemos venido a vivir este verano. La encuentro tal vez demasiado ordenada, con pocos objetos. Hay una escultura muy simple, una vasija de cerámica roja y negra y un curioso objeto sobre el mueblecito donde se exhiben todos los demás. Se me ocurre que los propietarios son un matrimonio bastante mayor o tal vez una persona sola.

Ahora niño, te despertaste y gritás, gritás, tenés mucha hambre y hay que darte de comer...

Hay que tener fuerza en la vida también para comer, para pedir a gritos la comida, desde niños, y también para comer y para vivir, la lucha por la vida es constante, ya lo sabés, naturalmente ya lo sabés. No hay que indicarte nada porque lo sabés todo, sólo hay que darte de comer...

Poco a poco la leche tibia te va tranquilizando y una sonrisa leve aparece en tu cara y vuelve a iluminarte. Entonces siento que el sueño llegará rápido y es necesario contar una historia o varias, hablarte, para que te quedes dormido de nuevo y entres en ese sueño plácido que te hará descansar y a mí también. Pocahontas ¿te interesa? Pronto la verás en algún dibujo animado. Me mirás con los ojos abiertos y grandes y llorás ¿te duele algo? el nombre de Pocahontas, no te sugiere nada ahora. Te sigo contando. Pocahontas era una princesa india, llamada Matoaka, hija de un jefe indio. La leyenda dice que Pocahontas salvó la vida del capitán John Smith al cubrir su cabeza con los brazos cuando éste iba a ser golpeado a muerte por los guerreros de su padre. En el año 1612 Pocahontas fue capturada por los ingleses y trasladada a Jamestown. Se convirtió al cristianismo y tomó el nombre de Rebeca. Y en 1614 se casó con el colono John Rolfe. En 1615 Pocahontas tuvo su primer hijo, y al año siguiente junto con su familia viajó a Inglaterra y fue presentada al rey Jacobo I Estuardo, y recibió grandes honores. El día antes de su regreso a Virginia, Pocahontas o Rebeca, murió de viruela. Lloras, lloras, no te ha gustado la historia ¿y ahora?
Desde un rectángulo de la habitación un ser primitivo compuesto por luces cúbicas me mira de reojo, rehúso contestarle a ese maleducado. Dos lamparitas se asoman bajo un plafond blanco, sin ninguna gracia y el abanico enorme, rojo y dorado parece esperar que lo tome y me abanique con él. Pero a vos eso no te importa, ahora querés dormir y el sueño no te llega. Entonces te tomo en los brazos y empiezo a pasearte por la habitación y si no dormís pronto llegará el turno de tu padre, tendrá que pasearte también. Lohengrin está ahí, con el cisne blanco en la cabeza... Entonces recuerdo: Parsifal, el rey del Grial envía a su hijo  Lohengrin, para ayudar a la joven duquesa de Bravante. Se trata de una historia de envidia: Telramund y su mujer, Ortrud, especie de Lady Macbeth, acusan a Elsa,  hija del difunto duque de Bravante  de haber asesinado a su hermano para quedarse con el trono.  El rey Enrique el Pajarero, encargado de hacer justicia, reclama a un caballero cualquiera que se adelante a defender el honor de Elsa frente a Telramund. Será el juicio de Dios. Se presenta un desconocido, Lohengrin.

Lohengrin, guiado por un cisne, viaja a Antuerpia y se casa con la duquesa bajo la condición de nunca preguntarle a él quién es o de dónde ha venido. Cuando ella, no puede con su curiosidad, instigada por los malvados, y le pregunta, se quiebra el sortilegio, Lohengrin cuenta el largo relato del Grial.  El Santo Grial llama a su mensajero  y el cisne reaparece sobre el río,  Lohengrin se aleja en una barca alada con la paloma del Santo Grial que reemplaza al cisne. El cisne era en realidad Godofredo,  el hermano de Elsa que por un maleficio de Ortrud se convirtió en pájaro. Elsa muere al saberse abandonada por Lohengrin.

Llorás, llorás, no te ha gustado el cuento, la figura de Lohengrin está ahí, a pocos pasos de Pocahontas ¿y ahora?
¿qué te contaré?

En otro cuadro hay unos pastores, y ovejas, y una mujer dándole manzanas a un cordero... ¿ese animal te ha gustado? Tenés los ojitos cerrados, y de pronto, abrís los ojos y mirás el techo, las paredes y llorás, tus gritos van a despertar a todo el edificio. ¿qué podemos ver por la ventana en esta oscuridad? El cielo está nublado y el mar ruge, ruge, ahí afuera como una bestia abalanzándose en la arena y tragándose todo.

Entonces. ya sé, lo tengo, es La flor del Lirolay (1): Había una vez un rey que tenía tres hijos. El rey había quedado ciego por una enfermedad que le había quitado la vista y ningún remedio lo podía curar a pesar de haber consultado a varios sabios y doctores del reino. Hasta que llegó un mago y este mago anunció que la flor del Lirolay curaría los ojos del rey y éste volvería a ver. Pero había que conseguir la flor. Y esta flor crecía en tierras muy lejanas, había que aventurarse a ello. Entonces los tres hijos del rey se ofrecieron a conseguirla. Como premio, el viejo rey iba a coronar al hijo que consiguiera la fantástica flor.
Los tres hermanos iniciaron el viaje juntos y luego se separaron por caminos distintos. Cada uno de ellos pasó por terribles pruebas, los dos hermanos mayores no las resistieron y regresaron sin la flor. Pero el menor de los hermanos sí consiguió la flor. Los hermanos mayores, envidiosos, otra vez la envidia, esa ponzoña que envenena el alma, por todo lo que esta hazaña del hermano más chico le daría, entre otras cosas el trono, cavaron un pozo en la tierra y arrojaron ahí al hermano menor después de quitarle la flor milagrosa y lo cubrieron con tierra.
Los dos hermanos mayores llevaron la flor del Lirolay al rey quien recuperó la vista entristeciéndose por la muerte de su hijo menor.
Pero de la cabellera del príncipe enterrado brotó un cañaveral y al pasar por allí un pastor con su rebaño, cortó una de las cañas y se hizo una flauta.
Al comenzar a soplar, la flauta en lugar de música, emitió un extraño  canto:

   No me toques pastorcito
   ni me dejes de tocar
  mis hermanos me mataron por la flor del Lirolay.

Ante tan curioso hecho que había llegado a
a oidos del rey, el monarca   quiso probar la flauta él mismo y entonces la flauta dijo:

  No me toques padre mío
  ni me dejes de tocar
 mis hermanos me mataron por la flor del Lirolay

El rey, asombrado, pidió a los dos hijos mayores que tocaran la flauta y ésta, entonces dijo:

  No me toquen hermanitos
  ni me dejen de tocar
  porque ustedes me mataron
  por la flor del Lirolay.

Entonces alguien del palacio pidió al pastor que lo llevara adonde estaba el cañaveral de dónde había cortado la caña para la flauta. El pastor indicó el lugar y entonces algunos caballeros  cavaron dónde estaba el príncipe y éste vivía aún y salió de la tierra.
El rey, enojadísimo, condenó a muerte a los dos hijos mayores, pero el joven príncipe era bondadoso y había perdonado a sus hermanos y consiguió que el rey también los perdonara.
El príncipe que había encontrado la fantástica flor del Lirolay se convirtió en rey y vivió muchos años y donde él reinaba vivieron también en paz y abundancia muchos años.


Tenés los ojitos cerrados y una sonrisa en la boca, el sueño me gana la partida.

(c) Araceli Otamendi

(1) Leyenda folklórica argentina


 
 
Diseño y desarrollo por: SPL Sistemas de Información
  Copyright 2003 Quaderns Digitals Todos los derechos reservados ISSN 1575-9393
  INHASOFT Sistemas Informáticos S.L. Joaquin Rodrigo 3 FAURA VALENCIA tel 962601337