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Ubú tiene santos en la playa
 

Cuento de navidad escrito por María Cristina da Fonseca.
Ubú tiene santos en la playa. ©María Cristina da Fonseca. Registro de propiedad intelectual 116.045. El único búho de Ubú es el de la casa de Celeste. Conviene aclarar que en Ubú tanto las sirenas como los búhos son de barro, pero no son obra de Dios sino de Rolando, el ceramista. Entonces, ¿por qué hay un solo búho y una única ninfa con cola de pez en la caleta? La historia es bastante larga,... empecemos por explicar que Ubú es un poblado de pescadores que llevan un corazón de caracolas en el pecho y cuyas horas, oídos y pensamientos están incesantemente ocupados por los latidos del mar. Tres veces había perdido ya su cabeza la sirena que permanece sentada frente a la playa, cuando los pescadores le encargaron a Ronaldo una bandada de búhos de arcilla. El océano era su diario plato de sopa y la gente de Ubú necesitaba de esas aves nocturnas para guiar sus lanchas. Según decían, pese a no ser verdaderas, las poderosas pupilas de los búhos iluminan las profundidades marítimas y encandilan a los cardúmenes, incitándolos a entrar a las redes. Funciones que la sirenita había dejado de cumplir, por descabezada. Ronaldo para darles gusto, se puso a preparar la arcilla . Pero, de las muchas aves que hizo todas, salvo la de Celeste, se deshicieron. Y como Celeste no era pescador y carecía de barca no tuvo más remedio que colocarla sobre el techo de su casa. Este acontecimiento , revistió tal gravedad para los pescadores, que aun cuando la culpa por la quebrazón de los búhos no era de Ronaldo sino de su horno ( sólo funcionaba si le rezaban ), nadie volvió a dirigirle la palabra. Era una buena forma de castigarlo, pues éste, amén de escultor, era muy “ conversista” . Y si bien , buzos y arponeros siguieron acicalando las lanchas y reparando sus aparejos en la playa como de costumbre, cada vez que Ronaldo se aparecía daban vuelta la cara. Al artista no le importó que no le hablaran , pues a esa época tenía varios libros nuevos en su biblioteca y no necesitaba de más nada. Pero las semanas pasaron y la situación no cambió. Más que la falta de charlas comenzó a incomodarle el no ser invitado a los almuerzos familiares ( ¡Ay! como extrañaba los olorosos suspiros de la cacerola de Quinina cuando preparaba los camarones) . Para colmo de males ya se había devorado las novelas nuevas y a fin de hacer olvidar su falta discurrió fabricar un Nacimiento en arcilla para la Nochebuena. La feliz idea consistía en hacer un pesebre como siempre han sido, pero con personajes de tamaño natural que al ser colocados al borde de la playa dieran la impresión de que el pueblo tenía muchos habitantes . Permitiendo, además, a Ronaldo cumplir con la ilusión de tomarse una foto del brazo con Melchor y adquirir fama de santidad. El pesebre de cada diciembre era una antigua costumbre en Ubú. Moros y cristianos adornaban por igual sus hogares con santitos de cera , barro o cartulina . Ronaldo sabía que, pese al asunto de los búhos, nadie se resistiría al deseo de pasar a admirar el suyo. Fue así como amasó su arcilla y se puso a trabajar sin reparar en que daba comienzo a la empresa más grande de su vida. Usaría un caracol gigante como cuna - eso, estaba claro - y junto a él colocaría la vaca, el buey y las ovejas de siempre, más un pez rosado , una anaconda con un huevo en la boca, un pulpo con regalos en cada tentáculo, un mono cargado de bananas y varios loros azules. También estaba decidido , a incluir entre los adoradores a una mulata con una cesta de dulces de leche en la cabeza y a un vendedor de rodajas de piña como los que andaban en la playa. Contaba con una colección de tarjetas navideñas para inspirarse pero, al buscar un rostro para María, es decir para quien había confeccionado el corazón del Niño, le vinieron a la mente los rasgos de una vecina que lucía una barriguita de seis meses. Pero, ¿ sería correcto incorporar a la gente común y corriente en el nacimiento de Cristo? Un artista debe trabajar con cuanto lo rodea, se dijo a sí mismo. La frase sonaba convincente, y, aun si ignoraba quién la había dicho , la idea de convertir a cada habitante de la caleta en figura de su Belén acabó por seducirlo. Nadie mejor que el ebanista del taller de los botes para representar a José . Rolando no vaciló en reproducirlo, tal y como era, con los dedos faltantes de su mano izquierda, de pie sobre un tortuga marina.. Ni por un minuto dudó que Rubens Medio Mundo propietario del puesto “ El Pan Nuestro”, de la casa de comidas, el auto de alquiler y casi todo por ahí, luciría bien como Rey Mago . Tuvo luego la idea de poner a Chico-Botella, borrachito oficial del pueblo, como un hombre flotante, a medio camino entre el suelo y el cielo , en trance de transformarse en ángel . Poco a poco, fue asignando a cada uno de los habitantes de la caleta el papel bíblico que más parecía acomodarse a su oficio, rasgos y costumbres. Ronaldo descubrió que para confeccionar un nacimiento tenía que poseer un corazón abierto al alma de las cosas ; una mirada profunda capaz de percibir que lo tosco es otra forma de belleza y un espíritu atento a los detalles de la existencia. ¡ Eso de meterse a “fabricador de pesebres ” no era un oficio fácil de improvisar! Empezó a recorrer la caleta con los ojos tan abiertos como los del búho de Celeste ; a fijarse en cada roca , barca y boya. Volvió a recorrer las veredas, procurando mirarlas con pupilas de niño, reparando en los árboles y cocoteros sin que el polvo y la pobreza ofuscaran su mirada. La tarea lo mantuvo ocupado por varios meses, pues, - cosa extraña- él que había crecido y envejecido en el lugar, tuvo la impresión de no conocer a sus propios vecinos y de estar en el pueblo por primera vez. Pero claro, eso de mirar a fondo a las personas y las cosas no constituía el mayor problema. La verdadera dificultad era otra... El Niño debía nacer en el lejano pueblo de Belén, eso era indiscutible , pero la cosa consistía en trasladar la Palestina del año I de nuestra era a orillas de los perpetuos cambios del mar y más precisamente hasta ese lugar de búhos y tortugas llamado Ubú . Como en el pueblo se vivía al abrigo del tiempo y el desértico paisaje bíblico bien podía ser sugerido por sus arenas, Ronaldo decidió que sus coloridas casitas, alineadas frente a la playa llena de redes, servían a las mil maravillas para ambientar una natividad. A poco andar, Ronaldo tomó conciencia de la responsabilidad que suponía el fabricar un nacimiento . Al principio, se preguntaba quién sería lo bastante digno para aparecer en él. Dejó de preocuparse del asunto cuando el silencio , lo ayudó a percatarse de que todos , incluso él, eran buenos y malos a la vez ... Comprendiendo que su tarea consistía en traducir a Ubú a la arcilla tal cual era, puso junto a la Sagrada Familia, al “tullido” que, tarde a tarde, se arrastraba desde su lecho hasta la puerta de su casa para disfrutar de los colores del océano. Ronaldo andaba como transportado. Tantas preocupaciones lo hacían perder el sueño . Su actitud meditabunda, sus continuas caminatas levantando piedras y haciendo croquis y las largas conversaciones consigo mismo, indujo a los vecinos a concluir que la falta de charlas lo había enloquecido. Y, como después de todo, la quebrazón de los búhos no había sido para tanto, decidieron empezar a darle conversación otra vez. Grande fue la sorpresa de la gente al descubrir el motivo de la extraviada conducta del artista. Fue entonces cuando sus verdaderos problemas comenzaron . La noticia de que Ronaldo trabajaba en un pesebre a escala natural , con Santos Personajes inspirados en los habitantes de la caleta , cundió como una bola de fuego. Y la gente comenzó a agolparse frente a la ventana del ceramista. Un aire de eufórica intranquilidad llenó la caleta y nadie volvió a hablar de otra cosa. Ubú fue adquiriendo el aspecto de un gigantesco escenario de fiesta, como si Rolando al instalar su versión tan mayúscula del nacimiento del Niño en la pequeñez de la caleta hubiese logrado agrandarla. Después de eso, ni la llegada de las tortugas para desovar en los arenales logró despertar el fervor de antes. Ubú comenzó a vivir para y por el belén. Las solicitudes para ser incluido como figura principal o secundaria en el establo comenzaron a sucederse. Ya fuera como santo conocido o anónimo adorante, todos querían desempeñar algún papel . Lo importante era asegurarse un sitio perenne frente a la playa . “¿Qué tal estoy para aparecer con una cesta llena de róbalos palpitantes por ahí?,” se ofrecían unos. Me gustaría salir haciendo entrega de un pan de queso calientito al muy Divino Crío! ” La figuración más solicitada era la del recién nacido. Todos candidateaban a sus hijos o nietos para representar el niño dormido en la caracola gigante. No ser tomado en cuenta para el pesebre equivalía a ser relegado al limbo, a permanecer al margen de todas las cosas buenas de la existencia. El afán del ceramista por hacer dialogar en el establo a ricos y pobres, amigos y rivales, miembros de distintos bandos políticos y equipos de fútbol le ocasionó tantos quebraderos de cabeza que juró no volver a hacer personas ni búhos .En el futuro se dedicaría a confeccionar larvas, insectos , de esas joyas volantes que son las mariposas o de esas estrellas fugaces llamadas luciérnagas . Ahora, cuando todo el mundo venía a interrumpirle la vida, Ronaldo echaba en falta el silencio. Las proposiciones no menguaban y él trataba de dejar contentos a todos . Pero, al percatarse de que era imposible seguir aumentando el tamaño de la natividad, decidió incluir a dos personajes, varón y mujer, con una red a guisa de manto sobre los hombros y sendos espejos a guisa de rostro, en los que cada cual pudiera verse reflejado. Al momento de hacer la figura del Niño, temiendo de que los disgustos le volvieran a dañar el horno, Ronaldo se encerró en la quietud de su taller ... y allí , con la mente puesta en cada uno de los muchachitos de la caleta, empezó a darle forma imitando las mejillas de la nieta de Silvana, los ojos color miel del hijo de fulano, las piernas regordetas de ese otro . Y terminó por echar mano de los rizos recién cortados, traídos por la madre de una mulatita muy pizpireta que , por esos días, daba sus primeros pasos . Su Niño Jesús fue una síntesis de los infantes de Ubú, pero por si acaso, para que todos pudiesen ver un reflejo de su propio vástago en él, le puso también un pedacito de espejo en la boca . Y solicitó que cada madre trajera una vela del tamaño de sus hijos para alumbrar la Nochebuena. La estatua del Rey Negro fue la que más problemas le dio. Los morenos abundaban en la ensenada y todos creían tener la exótica elegancia necesaria para representar a Baltasar o a alguno de sus pajes. Luego de superar ese escollo, las cosas no mejoraron, pues los vecinos lo abrumaban con quejas tales como : “ ¿por qué me colocaste de pastor si yo soy pescador” . Algunos, manifestaban su enojo por aparecer demasiado flacos o demasiado obesos. Otros reclamaban : “Mi madre no es tan arrugada ”, etc. etc. Situación de la que el ceramista sólo logró salir airoso al afirmar que su obra aún no estaba terminada. Menelao García , el telefonista, planteó el dilema más engorroso al solicitar aparecer en el belén cumpliendo con su oficio. En la época de Jesús, sólo se recibían mensajes por intermedio de los ángeles, alegaban los vecinos; pese a lo cual Ronaldo acabó por poner una caseta telefónica en forma de hipocampito al fondo del establo. Según él , el nacimiento del Niño era un acontecimiento que había sucedido, seguía sucediendo y no acababa nunca de suceder, es decir, algo sin tiempo que no estaba ajeno a invento alguno por más moderno que éste fuera. Tampoco faltó la sugerencia de incorporar a Santa Claus en el pesebre . La proposición fue desechada por Ronaldo pero, ante el argumento de ser éste un viejo chamán de los noruegos, aceptó colocarlo a condición de cambiar su gruesa indumentaria por una bañera roja.( Cosa que nunca concretó ). En algún momento, el artista tuvo el fuerte impulso de colocar una estrellamar arriba del pesebre, mas finalmente decidió remplazarla por un platillo volador. A su entender, la estrella de Belén se había comportado más como un Ovni que como otra cosa. Gatos para el establo no tuvo que hacerlos Más de alguno de los mininos de carne y hueso del pueblo se iría, por propia iniciativa, a echarse una siesta entre los fardos de paja. Cuando Ronaldo terminó su obra, los vecinos quisieron ver qué tal lucían como santos de pesebre y tocar sus propias imágenes en arcilla. Por eso, decidió entregarle a cada cual la suya con el expreso encargo de conservarla y sacarla a la playa cada diciembre . Cosa que los habitantes de Ubú han seguido haciendo hasta hoy. Lo curioso fue que, con el correr de los años, el propio Ubú llegó a parecerse a una aldea de pesebre, sin que nadie supiera si ello sucedía por mera casualidad o gracias a la imaginación del artista. Y , tal como las casas de la caleta terminaron pareciéndose a las de un pesebre, los propios habitantes de Ubú, sus hijos y nietos empezaron también a confundirse con las imágenes de arcilla , como si de tanto cuidarlas , la propia carne de sus cuerpos hubiese dejado de envejecer.... De allí que Ubú sea hoy un lugar al abrigo del calendario donde todo y todos son parte de un inacabable nacimiento y cada día es veinticinco de diciembre. Registro de propiedad intelectual 116.045.
 
 
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