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Estás aquí:  Inicio >>  Cuantocuento >>  La hipo de la oruga que yo conocí de Xyrla Fernández
 
La hipo de la oruga que yo conocí de Xyrla Fernández
 

Una mañana soleada
salí a mi portal y allí,
me dispuse a no hacer nada:
nada me importaba a mí.
Un “Pin-hip”, como maruga
que me estaba molestando
resultó ser una oruga
que se arrastraba, hipando.







Hasta mí llegó sufriendo,



dijo: “Ho-hop-hola-hí”;



y al verla así padeciendo



agua fresca le ofrecí.







“Vengo así desde Managua”



-tragó-: “¡Qué rica y qué fría!...”.



Ysu horrible hipo, crecía.







Mil gracias me dio, cien veces



ensalzó mi cortesía.



Dijo: “una diosa pareces”,



y su enorme hipo, crecía.







Tres horas pasé a su lado



y casi pierdo la razón,



pues, sin haberla probado



¡hasta alabó mi sazón!







“Jamás sentirás hip-tedio”



-esta fue su profecía-.



Pensé: “No tiene remedio,



¡ay!, su infame hipocresía”.

















Una mañana soleada
salí a mi portal y allí,
me dispuse a no hacer nada:
nada me importaba a mí.

Un “Pin-hip”, como maruga,
que me estaba molestando
resultó ser una oruga
que se arrastraba, hipando.

Hasta mí llegó sufriendo,
dijo: “Ho-hop-hola-hí”;
y al verla así padeciendo
agua fresca le ofrecí.

“Vengo así desde Managua”
-tragó-: “¡Qué rica y qué fría!...”.
Ysu horrible hipo, crecía.

Mil gracias me dio, cien veces
ensalzó mi cortesía.
Dijo: “una diosa pareces”,
y su enorme hipo, crecía.

Tres horas pasé a su lado
y casi pierdo la razón,
pues, sin haberla probado
¡hasta alabó mi sazón!

“Jamás sentirás hip-tedio”
-esta fue su profecía-.
Pensé: “No tiene remedio,
¡ay!, su infame hipocresía”.

(c) Xyrla Fernández
Ilustración: Isabella Ferrer Fernández
elmerferrer@cubarte.cult.cu
 
 
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