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Estás aquí:  Inicio >>  Para profesores >>  Los valores en los libros para chicos, por María Brandán Aráoz
 
Los valores en los libros para chicos, por María Brandán Aráoz
 

La escritora argentina María Brandán Aráoz aborda el tema de los valores en los libros destinados a los chicos.

(Buenos aires) María Brandán Aráoz

 

Los valores en los libros para chicos

 

Si tuviera que nombrar los libros que más me conmovieron en mi niñez y adolescencia, mencionaría aquellos que me hicieron vibrar, llorar, disfrutar y sufrir junto los protagonistas, desear que su suerte cambiara, que su lucha desigual tuviera un final justo y feliz. Los nombraría porque aquellos libros, después de leerlos, también me cambiaron a mí. Me marcaron profundamente: el coraje de sus protagonistas, esa mezcla de debilidad y fortaleza con que afrontaban sus penurias sin declararse vencidos ni aún vencidos, el amor a los otros y la amistad.  Pienso en libros como Corazón, De los Apeninos a los Andes, La Cabaña del Tío Tom... tantos otros. Y, ¿por qué no?, esas cuatro “Mujercitas”, hermanas que luchaban junto a su madre, afrontando con dignidad la pobreza, las secuelas de la guerra, el dolor, la enfermedad, la muerte de una de ellas, y todo sin perder la frescura, el humor y las ganas de vivir las cosas propias de su adolescencia.

Ya en mi juventud, admiré obras como Las llaves del Reino y El poder y la gloria y muchas más.

Sí, hay libros que al terminar de leerlos nos hacen desear ser mejores, fluyen en nuestro interior sentimientos contradictorios: impotencia y furor frente a las injusticias, compasión y solidaridad por quienes las viven y ansias de imitar a los personajes, héroes o antihéroes, en su valor cotidiano, su capacidad de amar, su altruismo y su solidaridad ante el amigo en peligro. Esos libros arraigan en nosotros los valores esenciales en los que fuimos educados y despiertan otros que creíamos haber olvidado.

En diferentes lecturas, también somos llevados por la vorágine del misterio, el suspenso y la aventura y, sin darnos cuenta, descubrimos los valores de sus personajes inmersos en la acción. Porque el “héroe” que todos ellos llevan dentro, siempre se revela en alguna situación de riesgo. ¡Qué tremenda alegría cuando tras varias luchas y caídas, en epopeyas o aventuras cotidianas, finalmente se imponen la verdad, el bien y el amor! ¡Qué ganas de llevar en andas a los personajes!

Entonces me pregunto ¿cómo transmitir los valores esenciales a través de la literatura? ¿Cómo estimular a los chicos para que los encuentren en sus lecturas.

 

Historias y protagonistas que valen

 

Una vez tuve una charla con un gran hombre que, además de bueno y humilde, era sacerdote y poeta. En un momento de escasa inspiración, él me dio este sabio consejo. “Escriba algo que sirva”. Me dejó pensando. Poco después mi imaginación hizo el resto y escribí “Cuentos para Tiempos de Crisis”. Eran historias de vida que me habían conmovido, historias que, al ser narradas, llegué a vivir como propias aunque no me hubieran ocurrido a mí. Mi propósito al escribirlas no fue “transmitir valores”, simplemente me dejé llevar por la ficción, las emociones, las luchas, los sentimientos y valores que los protagonistas de aquellas crisis sembraron en mi corazón de escritora. Ellos hicieron el resto.

Otras veces, son los propios chicos y los maestros quienes me descubren los valores que han encontrado en mis libros: la amistad, la solidaridad, el amor, el coraje del débil y la responsabilidad del fuerte. Yo me sorprendo porque simplemente pensé en contar una historia que los atrapara y para eso elegí personajes, chicos o jóvenes, de carne y hueso, no arquetipos ni santos, y sin embargo en los momentos de riesgo ellos, con sus actitudes, se me volvieron grandes y heroicos.

Cuando me preguntan si ése fue mi propósito: transmitir tal o cuál valor, me quedo callada, sin saber qué contestarles. Simplemente me emociona que los valores se me escapen junto a mis personajes y que ellos, mis lectores, los hayan descubierto. Porque si están en mis libros, es porque los siento, porque aún sin pensar, sin proponérmelo, brotaron de mi corazón y de mi fantasía. Porque fui formada en ellos y también  porque creo en los valores de los chicos y los adolescentes de hoy. Los llevan dentro, estoy segura,  sólo esperan la oportunidad de mostrarse.

Una buena oportunidad es incluirlos en la historias y en los personajes para que ellos los identifiquen en los libros. En nuestros encuentros cada vez me reafirmo más en mi creencia: los chicos tienen una clara escala de valores, aunque a veces se olviden, se confundan (o los confundan), se equivoquen (o los equivoquen). Por eso,  lo que realmente importa es que sigan en su búsqueda.

El libro puede ser el mejor punto de partida, por eso la pregunta ¿cómo estimularlos para que encuentren los valores en sus lecturas?

 

Valores vs. Antivalores

 

La elección del libro como “modelo” para leer desde el colegio, es una gran responsabilidad. Esto no implica que los únicos libros recomendables sean las vidas de mártires y santos (que por otra parte las hay apasionantes). Obras de ficción y aventura pueden suscitar en ellos sentimientos nobles como la amistad, la solidaridad, el amor, la esperanza y el coraje, por citar algunos de los valores de los que hablábamos antes.

A la hora de recomendar,  el maestro puede no saber muy bien qué libro quiere exactamente para su año (está en la búsqueda), pero seguramente sabe muy bien qué libro no quiere para su grupo.

La moda absurda de la vulgaridad, los insultos, los temas que rondan la sexualidad chabacana (no el sano despertar del amor), la falta de respeto (disfrazada de sinceridad) tan comunes y corrientes en algunas novelitas pretendidamente “juveniles” de cierta nefasta televisión, también tienen su correlato en algunos libros. Ni hablar de las “modas” que nos imponen de afuera (¿por qué lo permitimos?) en pésimas traducciones.  O libros morbosos, plagados de sangre y golpes bajos. Esos no pueden ser los libros elegidos como “modelo” desde el colegio. “¡Pero si les gustan a los chicos!”, protesta anónima. “También le gustaría comerse un kg. de chocolate de golpe. ¿Usted lo recomendaría como menú “modelo”

” ¡Mire, si los quieren leer, los leen!” “ Ya se aburrirán por sí solos. Recomendarlos... es otra cosa.”

Dentro de los libros que atrapan a los chicos (hay que respetar sus inclinaciones y gustos) podemos encontrar cientos de obras con valores. Ellos los irán descubriendo a medida que avancen en la lectura, disfruten del relato, se apasionen con la trama; son valores que harán suyos naturalmente en medio de la intrincada aventura de los personajes.

Hasta libros de terror pueden encontrarse, con buenos finales y catarsis para la angustia. A diferencia de otros terroríficos que encierran al lector en una celda de torturas, una prisión de máxima seguridad, un escalofrío constante, sin sentido y sin salida.

Hay opciones, en todos los géneros, que abren para el chico un camino de esperanza, un refugio de la honestidad y la imaginación.

En los libros con valores, también están presentes los anti valores: delincuentes que traman perversidades, ingratitudes, desprecios y odios. Los anti valores siempre estarán presentes porque forman parte de la vida, el bien y el mal en continua lucha, y una zona fría, gris, tierra de tentaciones, donde los personajes pueden sentirse atraídos en determinado momento de la aventura (me viene a la mente Pinocho). Porque el equivocarse, caer, ser a veces injustos y egoístas, son fallas propias de todo ser humano y los chicos-protagonistas no son la excepción. Pero descubrir la verdad y el valor, levantarse y reparar también es propio del ser humano, y los chicos, más que los grandes, saben pedir perdón. En un acto el personaje podrá avergonzarse de sí mismo, y al momento siguiente superarse y cometer otro acto heroico.

El bien y mal deben estar presentes, es deseable que lo estén,  porque lo que realmente importa es cómo triunfa el personaje, aunque le toque perder. En la aventura literaria los protagonistas deben crecer “bien”, para que el lector también crezca del mismo modo.

Y en la literatura infantil y juvenil hay algo que me gusta que se dé por añadidura; como en las viejas películas de cowboys, quiero que en los libros “ganen los buenos”.

 
 
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