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Alicia en el país de las maravillas, A través del Espejo y lo que Alicia encontró allí ...
 


Alicia en el país de las maravillas, A través del Espejo y lo que Alicia encontró allí y el placer de descubrir un libro.


Alicia en el país de las maravillas, A través del Espejo y lo que Alicia encontró allí y el placer de descubrir un libro. 

 

 

 

 

                             Uno de los libros que más disfruté en mi infancia fue Alicia en el país de las maravillas, y A través del Espejo y lo que Alicia encontró allí de Lewis Caroll.

 Lo recibí como regalo de mi abuelo,  no recuerdo si de cumpleaños o de Navidad cuando tenía unos siete u ocho años. Y a ese hombre gordo y medio salvaje en su manera de ser que era mi abuelo, pero que reservaba su ternura para mí, nieta única durante muchos años, le debo la lectura de ese maravilloso libro. Recuerdo cuando me lo trajo: apenas le quité el envoltorio al libro apareció la tapa con  la imagen de Alicia: una niña rubia de ojos azules, mejillas sonrosadas y pelo rubio con una cinta celeste en el pelo que le coronaba la cabeza con un discretísimo moño. Me dediqué a leerlo con fruición. El libro estaba ilustrado con bellísimas imágenes y un mundo extraño, fantástico e incomparable a todo lo que conocía hasta ese momento en literatura se presentaba ante mis ojos en esas páginas. Gozaba y revivía las aventuras de Alicia: su disminución de tamaño, el encuentro con el Conejo Blanco, El Jardín de las Flores vivientes que me hizo imaginar que en el jardín de mi casa las flores podrían hablarme como lo hacían con Alicia, el encuentro con la Reina roja. La lectura de esas páginas memorables acrecentaba mi fantasía de una manera que no lo había hecho nunca ningún otro libro ni film ni narración oral a la que eran aficionados tanto mi padre como mi abuela materna y algunas amistades de la casa. Si bien a mi padre le gustaba contarme historias semejantes a las de Las mil y una noches, nunca había encontrado en ninguna otra parte historias como las del libro de Lewis Caroll. Y  la lectura de  A través del Espejo y lo que Alicia encontró allí me proporcionó uno de los ejercicios más fantásticos de la imaginación que haya conocido. Porque a partir de leer esas páginas supe que en la literatura existía otra realidad, no la que se ve, sino la que se puede soñar, como dice uno de los poemas del libro:

 

 “Están en un País de las Maravillas,

soñando mientras los días pasan,

soñando mientras los veranos mueren.

 

Siempre boyando corriente abajo,

Demorándose en el fulgor dorado.

¿Qué es la vida sino un sueño?

 

                  Muchas veces en mi vida adulta he deseado y aún deseo encontrar libros que me fascinen tanto como lo ha hecho ése en mi infancia. Me ha ocurrido con algunos libros de Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Julio Cortázar , Joseph Conrad, Stevenson, Scott Fitzgerald y otros pocos más.  Últimamente me ocurre con algunos cuentos de Borges, los leo y releo y encuentro distintos significados, metáforas diversas y una suerte de felicidad en la lectura, como él decía que así debería ser. 

Jorge Luis Borges quien ha prologado el libro de Lewis Caroll, también afirmó que los libros de Alicia pueden ser leídos y releídos en muy diversos planos. Últimamente he vuelto a leer Alicia en el país de las maravillas y A través del Espejo y lo que Alicia encontró allí. El libro ya no estaba en mi casa ni en la de mis padres, seguramente lo había regalado y lo echaba de menos, en realidad lo extrañaba así que lo compré. Disfruté ese momento, el de descubrir nuevamente el libro. Me senté en un bar de la calle Florida y abrí la bolsa que me dieron en la librería. Pedí algo para comer y para tomar deseando que ese momento se estirara al máximo. Toqué el papel, miré algunas ilustraciones. Ya no estaba la cara de Alicia en la tapa  como en aquél regalo de mi abuelo, pero sí estaba el enorme placer de leer un libro que nos gusta, ahí estaba el encanto, la poesía, definida por Borges como el descubrimiento del libro.

 

© Araceli Otamendi- Todos los derechos reservados

 
 
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