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La mancha, un cuento de Sarah Bianchi
 

Esta historia, -¿o no fué una historia?-, pasó en un lugar muy común, un mísero café-bar. Si alguien hubiera mirado por el ventanal bastante sucio y de cortinas gastadas, podría haber visto una mesa desvencijada y sobre ella una botella y dos vasos a medio tomar. Y también, desdibujados por el humo, las figuras de dos titiriteros sentados, Juan y Jorge discutiendo.
La Mancha
 
(De la serie CUENTOS BREVES TITIRITEROS)
 
     Esta historia, -¿o no fué una historia?-, pasó en un lugar muy común, un mísero café-bar. Si alguien hubiera mirado por el ventanal bastante sucio y de cortinas gastadas, podría haber visto una mesa desvencijada y sobre ella una botella y dos vasos a medio tomar.  Y también, desdibujados por el humo, las figuras de dos titiriteros sentados, Juan y Jorge discutiendo.
     Juan golpeó la mesa con su puño,convencido de la verdad de su argumento, subrrayando sus palabras: -y te repito, no me vengan a mí con todas esas macanas que inventan hoy. Si no hay, -entendé,muñeco títeres-, no hay representación.
     Hacía más de media hora que discutían el tema sin ponerse de acuerdo, -que si el títere objeto, que si el títere al público, que sí...........
     Jorge ya estaba cansándose, sobre todo, cuando al querer servirse, se dió cuenta de que la botella no daba para más y entonces quiso poner punto final.  - Y yo te digo que si querés, también se puede hacer títeres sin un muñeco.
     Su compañero se tiró para atrás en el asiento mientras le decía suficiente: -Demostrámelo.
      Jorge miró la mesa, había una mancha de vino todavía mojada: -Esta mancha puede ser un títere. Mirala, mirala fijo. Seguí, seguí mirándola.
      -Como si entrara en un juego broma, Juan la miró y entonces, la mancha empezó a crecer, se transformó en una burbuja cada vez más grande, luego se desprendió del mantel y siguió creciendo en el aire hasta ser una cabeza monstruosa.  Entonces abrió su  boca enorme y se tragó a Juan.  Luego fué achicándose, hasta volver a ser una burbuja, y finalmente una simple mancha húmeda
     Jorge rió satisfecho: -¿Te convenciste ahora?-
     Extendió su mano, apoyó el índice sobre la mancha y con la yema del dedo mojada en sangre, escribió sobre la mesa: "Yo también soy un títere".
 
        (c) Sarah Bianchi                                                    
                                                            
Sobre la autora: Sarah Bianchi es profesora de letras, dramaturga y titiritera. En el año 2003 fue distinguida como Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. Autora de numerosas obras de teatro de títeres, tiene además el Museo Argentino del títere en el barrio de Monserrat.
Ver entrevista a Sarah Bianchi publicada en Barco de papel.
 
crédito de la fotografía: Araceli Otamendi
títere del Museo Argentino del títere
 
 
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