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Un chapuzón inesperado
 

La autora argentina Hebe Zemborain nos ha enviado este cuento.
Un chapuzón inesperado ©Hebe Zemborain Celina vivía en una aldea bellísima, rodeada de lagos y montañas que cambiaban de color según la estación del año, con praderas verdes para delicia de los chicos que siempre tenían pretextos para justificar un picnic, un partido de fútbol o una carrera de algo. Una radiante mañana de primavera Celina y sus amigos decidieron escalar un cerro y merendar en su cúspide, por supuesto que no era el Aconcagua pero para ellos era tan importante como si lo fuera. Provistos con todos les elementos necesarios emprendieron la marcha, reían y cantaban tan entusiasmados que los pajaritos volaban lejos asustados por tanto alboroto. Celina le había pedido prestada a su abuela una sombrilla de color naranja con flores multicolores y llevaba colgada del hombro una mochila. Hacía un buen rato que marchaban cuando un vientecito molesto comenzó a soplar, primero con dulzura pero minuto a minuto tomaba impulso y sus ráfagas ya no eran dulces; parecía divertirse con las piruetas que hacían los chicos para evitar que volaran gorros, mochilas, barriletes y todo cuanto llevaban para pasar un día de fiesta. De pronto, una ráfaga furiosa los envolvió y ¡zuup! la sombrilla naranja con flores multicolores se dio vuelta como un guante y Celina luchaba por volverla a su posición normal mientras su falda se inflaba como un miriñaque. El viento se escondió y volvió la normalidad... por unos segundos pues otra pasada veloz envolvió sombrilla y vestido y los pies de Celina dejaron de tocar el suelo. Aferrada al parasol comenzó a subir... subir... subir... cada vez más alto. Los chicos la miraban aterrados y al mismo tiempo fascinados porque Celina ¡estaba volando! y a pesar del miedo, su cara resplandecía de placer. Subía y bajaba, iba hacia la derecha o hacia la izquierda, por momentos parecía estar en un tobogán y al segundo se balanceaba como un péndulo. El viento jugaba enloquecido y Celina disfrutaba aferrada a la sombrilla naranja con flores multicolores. Bruscamente, cambió de dirección y enfiló derechito, derechito hacia el lago. Aterrada, Celina veía aproximarse el agua porque no sabía nadar y pensaba que en segundos, se hundiría en las profundidades profundas del lago pero notó que planeaban sobre el bote de don Higinio Pezcaro, repleto de cornalitos, peces y pececitos de todos los tamaños y colores sobre los cuales cayó cuan larga era. _Pero... ¿qué es esto? Gritó el buen hombre haciendo equilibrios para no caer. _¡Puaj, qué olor! –dijo Celina mientras los pescados resbalaban por su cabeza, brazos y piernas hasta la sombrilla caída a sus pies. _Pe... pe... pero... ¿qué bicharraco aéreo es este? – decía atónito don Higinio. _¡¿Cómo bicharraco aéreo!?.. Sepa, señor, que soy Celina Serramora, astronauta en misión ultrasecretísima – contestó furiosa. La bocaza del hombre quedó abierta en una OOOO... interminable. Parada en medio del bote que se meneaba a diestra y siniestra Celina se sacudió los últimos cornalitos y por sacarse uno de la oreja, que no quería salir, perdió el equilibrio y... ¡plaff! cayó al agua. Por suerte pudo asirse a la sombrilla que le tendía el buen hombre y subió al bote hecha una mojarrita, sin el bolso de la merienda y con un aspecto desastroso. _Tenga, señorita astronauta, abríguese pues pillará una pulmonía – decía don Higinio mientras le daba una campera. _Graaa... graaa... graaachís – contestó Celina. _Estamos bastante lejos de la costa pero llegaremos antes de que se enferme – la alentó el pescador- quien, por causa de su reuma, remaba con lentitud. El viento había cesado, el cielo era muy azul y el bote de deslizaba suavemente, eso ayudaba a que el sol secara la ropa de la astronauta que estaba más aplastada que perejil en salsa. Una hora después, divisaron la costa todavía lejana y cuando estuvieron a unos cincuenta metros de la playa Celina preguntó: _¿ Usted ve algo en la orilla, señor? _Llámame don Higinio, como todos. Me parece que es gente. ¿Qué habrá ocurrido? _Pero es mucha gente... _Ya nos enteraremos, no te preocupes. Ni don Higinio ni Celina imaginaron que los estaban esperando pues varias personas habían visto sus evoluciones con la sombrilla y corrieron la voz... ¡Había caído un Ovni y don Higinio lo había recogido con su bote!.. Todo el pueblo fue a la costa para ver la llegada de la nave, los chicos se apretaban a las faldas de sus madres y las madres apretaban a sus hijos y los hombres estaban dispuestos a defender a su familia. Se acercó el intendente. _Es la astronauta Celina Serramora en misión espacial – aclaró don Higinio Pezcaro. _¡Ah!.. – dijo el intendente. _¡Ah!.. – repitió la multitud y sonó un estruendoso aplauso. La heroína no sabía qué decir y tenía muchas ganas de llorar, cuando le brotaban las primeras lágrimas, un chiquilín pelirrojo que chupaba un chupetín, se acercó y le preguntó: _¿Vospo sospo mipi pripimapa Cepelipinapa? _¡Sípi, sípi! – contestó ella. _Enpetonpocespe, vapamoponospo, yapa... * Y ante el asombro de los presentes, le tomó la mano y salieron a mil. Se treparon a la moto del intendente y desaparecieron. Nadie supo nunca qué pasó con el Ovni y nadie entendió las explicaciones de don Higinio por más que las repitió dos mil quinientas veces. Como jamás pudo saber la abuela de Celina por qué brotaron cornalitos de su sombrilla naranja con flores multicolores. * jerigonza: a cada sílaba se le agrega otra con p y la misma vocal: sí: sípi, ya: yapa. Sobre la autora: Hebe Zemborain nació en la Capital Federal su lugar de residencia y trabajo; escribe para chicos y cree que siempre, detrás de un lector adulto, se esconde un chico asiduo lector. Su primer libro, "La barra de Hernán" (Ed.Métodos) obtuvo la Faja de Honor de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) en 1989. Es autora además de "Mi yegüa Mora" (Ed.Torres Agüero), "Hernán y su barra" (Ed.Métodos), "La casona misteriosa"(Ed.AAL), "Clave del misterio" (Libros Uno) y "Entre sustos y sonrisas" (Libros Uno)".Tiene cuentos en varias antologías "Cuentos de ayer y siempre", "Cabeza de ratón, cola de león", "Caminantes" entre otros. Fue presidenta de la Asociación Argentina de Lectura y ha concurrido a varios Congresos de la especialidad en el país y en Europa.
 
 
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