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Quaderns Digitals / Quaderns número 42
 La educación como lucha política en sociedades neocoloniales. La escuela modelo de Chuquisaca de 1826.
Raúl Alberto Álvarez Ortega 
 El presente trabajo explora la obra de Simón Rodríguez en su corto pero significativo paso por tierras bolivianas, un periodo de tiempo en el que pudo introducir a través de la fundación de su escuela en la capital de la naciente república, un proyecto educativo ligado a la tarea de integración entre individuo y el organismo social. Proponiendo un proyecto político-educativo en el corazón de una sociedad colonial, marcada por siglos de desprecio de lo indígena, marginación social y de perpetuación de un orden oligárquico y elitista. Aquel Primer Estatuto Educativo diseñado por Simón Rodríguez, en su condición de primer Director General de Educación en Bolivia, fue el más firme intento de romper el horizonte colonial mediante la educación, un intento por universalizar la educación y extenderla a todos los sectores sociales. Un proyecto que concibe a la educación como transformadora y formadora de los nuevos hombres americanos, y en el que sus contenidos, inspirados en una educación democrática e igualitaria, llevaron a la inauguración de escuelas para las clases por más humildes y bajas en la escala social. La propuesta político educativa del maestro Rodríguez se concretiza en el aula, con estrategias y metodología de una pedagogía activa en donde el método activo facultaba suprimir los programas autoritarios y centrarse en los intereses del niño, proyectando una educación crítica en donde el hombre sea educado para el ejercicio de su libertad y sus derechos y obligaciones de ciudadano de la nueva república. Creemos encontrar puntos de encuentros entre aquella realidad económica, social y política de entonces, con la actual condición neocolonial en Bolivia. Un país que durante los últimos años ha sido corroído por el neoliberalismo en todos los ámbitos de su vida, en donde las directrices estratégicas en términos económicos y políticos vienen de afuera (como en el periodo colonial venían de Madrid) del gobierno Norteamericano y sus organismos internacionales; así las privatizaciones, la entrega de sus recursos naturales a las empresas transnacionales, etc., son cambios políticos que no han sido iniciativas propias. La educación no ha quedado ajena y ha sufrido su propio ajuste, la ley de reforma educativa y los lineamientos para una reforma de la educación superior son parte del proyecto neoliberal impulsado desde el exterior. En ese contexto, proponemos una lectura actual de Rodríguez y de su proyecto educativo de 1826, a partir de la emergencia de acontecimientos históricos que actualmente habilitan nuevos proyectos societales en nuestro país, nuevas utopías sociales y por tanto educativas. Precisamente las propuestas educativas hegemónicas con su pesado aparataje técnoeconómico y en su oxidada racionalidad excluyen todo tipo de sentimiento utópico, un sentimiento latente en la vida y obra de Rodríguez, una pasión que abre nuevos horizontes, enseña nuevos caminos y puede materializar cambios.
 
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