Sentido de la comunicación en la Educación

Por BETY TRIANA. (C.E.D. Federico García Lorca, de Colombia)

Sobre la base de la intersubjetividad pueden las personas ponerse de acuerdo sobre algo general que les permite identificarse a unos con otros, conocerse y reconocerse recíprocamente como sujetos similares; pero al mismo tiempo, los individuos pueden también en la comunicación mantener sus distancias unos con otros y afirmar unos frente a otros la identidad inalienable del yo.  La comunicación que base en la validez intersubjetiva de los símbolos lingüísticos permite tanto la identificación recíproca como el mantenimiento de la no-identidad de uno con otro.[1]

  En este nuevo milenio es interesante reflexionar en torno a una de las funciones que debe tener la institución escolar, tal como lo es el fortalecimiento de la comunicación, base del proceso en el desarrollo integral de los niños.  De ésta depende su desarrollo de habilidades, capacidades, convicciones y hábitos que los conduzca a pensar y actuar con independencia e iniciativa, en la búsqueda de soluciones a los problemas, partiendo de la base del proceso de la comunicación.  
Considerando la comunicación como la posibilidad en la cual las personas que intervienen en ella, expresen meridianamente lo que quieren representar con la intención de crear una correspondencia que genere el debate o la identidad, como dice Savater:
Dos hombres  si quieren entenderse verdaderamente han debido primero contradecirse. La verdad es hija de la discusión, no de la simpatía[2]. Todas las instituciones escolares deben tener como eje las relaciones de mutualidad con respeto, responsabilidad, comunicación abierta y comprensión, para facilitar la interacción, y asegurar la intersubjetividad y la acción bajo normas comunes, ya que la comunicación abierta y, por ende las formas de relación horizontal entre docentes y alumnos son factores determinantes en la conformación de  la individualidad de los escolares, las posibilidades de interactuar con su mundo social, físico y cultural dentro de las relaciones de mutualidad, los cuales son elementos esenciales de una concepción del hombre y de la pedagogía que busca con legitimidad nuevas alternativas de vida.
Quizás si logramos adoptar elementos de la concepción pedagógica Histórico cultural  o la Educación desarrolladora basada en los planteamientos de Vigotsky, en los cuales se señala la relación entre el maestro y el alumno centrada en el respeto por el otro, es decir, libre de imposiciones pero dentro de la responsabilidad que implica para el maestro su papel de mediador en el proceso de la adquisición de la individualidad, el cual posibilita al alumno disentir o argumentar desde la propia conceptualización apoyándose para ellos en la reconstitución de la realidad.
Es aquí donde se considera el papel de la investigación como eje central del acceso al conocimiento, en cuanto significa problematizar lo aparentemente obvio, y significa a su vez  búsqueda siempre insatisfecha, romper las relaciones de autoridad vertical, romper con los espacios físicos cerrados  y de múltiples fronteras, terminar  con la normatividad que paraliza; romper con la rigidez temporal, explayar las fronteras del conocimiento, construir nuevas formas de relación con el ambiente físico, nos llevaría a recobrar una de las funciones básicas de las instituciones: La Comunicación.
Algunos investigadores en la educación se han preocupado por la ausencia de comunicación en el proceso de enseñanza y aprendizaje y lo manifestaron en sus escritos como en el caso de Paulo Freire quien cuestiona el verticalismo en las relaciones maestro-alumno, y abogó por una comunicación recíproca significativa:
La tarea del educador, por tanto, no es colocarse como sujeto cognoscente, frente a un objeto cognoscible para después de conocerlo, hablar sobre él discursivamente a sus educandos, cuyo papel sería el de archivadores de sus comunicados.  La educación es comunicación, es diálogo en la medida en que no es la transferencia del saber, sino un encuentro de sujetos interlocutores, que buscan la significación de los significados[3].  Cuando en la comunicación se aprecia más la franqueza o las buenas maneras, o la facilidad para cuestionar y contraponer argumentos, o la docilidad del asentimiento absoluto, se esta contribuyendo al crecimiento del otro y de sí mismo.  Al actuar comunicativamente, no solo se pretende compresibilidad y verdad, se pretende también sinceridad (se presume que el acto de habla se expresa fidedignamente en el mundo interno) y rectitud (se presume que el acto de habla y establece una relación intersubjetiva válida y correcta,  propone y establece una relación intersubjetiva válida y correcta, en el contexto social-normativo compartido por los interlocutores.
En esta comunicación, que se hace por medio de palabras, no puede romperse la relación pensamiento lenguaje- contexto o realidad.  No hay pensamiento que no esté referido a la realidad, directa o indirectamente marcado por ella, por lo cual el lenguaje, que lo expresa no puede estar exento de estas marcas.  En la interacción lo decisivo es la posesión por parte de los sujetos involucrados, de un mínimo acervo del lenguaje común y de presupuestos normativos compartidos. Por ello la interacción se halla directamente ligada a los procesos de socialización primaria que tiene lugar en la familia y  especialmente en la relación estrecha del niño con las personas que lo educan.  Los criterios desde los cuales se juzga la interacción pueden ser muy diversos: fidelidad a la tradición, ausencia de las formas de dominación que distorsionen el proceso de comunicación, capacidad para reconocerse en el contexto de una historia cuyo significado se construye colectivamente, disposición para tematizar y criticar racionalmente la tradición.  La diversidad de criterios expresa tanto la variedad de culturas como la existencia de diferencias y contradicciones en el seno de cada cultura.
Se han reconocido marcadas diferencias entre el conocimiento (o la comunicación) que tiene lugar en el ámbito de la escuela y el conocimiento (o la comunicación) fuera de ella.  Salvo en algunos casos, en los cuales la cultura escolar se encuentra muy presente en el medio familiar, el acceso a la escuela representa u tránsito arduo y conflictivo hacia formas de conocimiento y de comunicación ajena a la vida extraescolar.  Según la perspectiva de Bernstein,
no es posible adquirir un lenguaje sin adquirir al mismo tiempo reglas que regulan su uso social y que limitan lo que mediante él puede ser expresado; estas reglas separan y jerarquizan contextos privilegiados en algunos de ellos ciertos significados y ciertas formas de expresión[4] .
La escuela como toda institución formativa, ha de establecer un espacio interactivo bien definido, tanto en su ámbito general, como a nivel particular, o sea, en el aula.  Construir el conocimiento a través del diálogo, en un ambiente participativo y cuestionador, implica comprender la disposición del escolar a participar en la actividad y seguir las reglas de interacción en ella y no como una limitante para su participación y la espontaneidad en la expresión de emociones y acciones dentro de la realización  de la tarea.  Aprender a través del dialogo no es estar dialogando  en todo momento, ni con el profesor, ni con el otro, sino llevar al escolar la vivencia que tiene un interlocutor estable en un proceso personal a quien se pueda acercar cuando lo necesite.  La posibilidad de usar el diálogo en el proceso de enseñanza y aprendizaje, permite que los escolares  puedan concentrarse en el proceso del conocimiento, sin inhibiciones y los conduzca a aprender transformando lo aprendido en aprehendido con lo que puede, por eso mismo, reinventar y aplicar lo aprehendido a situaciones concretas.  El conocimiento  exige curiosidad por parte del sujeto  frente al mundo, requiere su acción transformadora sobre la realidad, implica una búsqueda constante de invención y reinvención, exige reflexión crítica de cada uno sobre el acto mismo de conocer.
A través de la historia del hombre, la comunicación ha sido parte inherente en su diario vivir; los humanos no sólo trabajamos sino también nos comunicamos.  No es posible el trabajo sin la comunicación: ésta es la gran intuición de Habermas que le lleva desde la reconstrucción del materialismo histórico a la teoría de la acción comunicativa.
La dimensión comunicativa se despliega en la relación hombre-hombre como dimensión antropológica fundamental y que, desde el <cuasitrascendental> interés práctico, es dimensión constituyente dela realidad cultural del hombre[5] . Éste no solo trabaja, sino que se comunica lingüísticamente.  A través de la interacción comunicativa discurre la racionalidad en sus diferentes formas de ejercicio, correlativas a los distintos tipos de interacción humana.
Ojalá cada uno de nosotros, como maestros aportemos a las instituciones escolares la creación de una cultura participativa donde se respete y estimule la comunicación, pues ésta sería la antítesis de la cultura de la conducta que durante tanto tiempo ha prevalecido en los ambientes institucionales.

BETY MARÍA TRIANA NOVA
BOGOTÁ COLOMBIA.
E.Mail: betytriana@yahoo.com

[1] HABERMAS, J., (1.982): Conocimiento e  Interés, Ed. Tauros.
[2]
SAVATER, E, 81.9879: Apología del Sofista, Madrid, Ed. Tauros.
[3]
FREIRE, P. (1988): Extensión o  Comunicación, Madrid, Ed. Siglo XXI.
[4]
BERSTEIN, B.,(1979):Praxis y  Acción, Madrid, ED. Alianza.
[5] HABERMAS,J. (1985): Conciencia Moral y acción comunicativa, Madrid, Ed. Tauros.