Las nuevas tecnologías de la información y el currículum

Luis RODRIGUEZ‑ROSELLO

 

LOS ORDENADORES EN LAS AREAS

Es preciso realizar un trabajo de delimitación de ámbitos de aplicación del ordenador en la enseñanza de las diferentes áreas. Esta tarea es propia de las didácticas especiales, que deben decidir si determinados procesos de aprendizaje pueden promoverse mejor con el uso de los ordenadores.

Existen pocos estudios serios sobre el ámbito de aplicación de los ordenadores en las distintas áreas, pero la mayoría llegan a establecer un máximo de un 20% de los temas de cada área que son posibles abordar con ordenadores, y aún en estos casos, suelen ser aplicaciones basadas en la mala didáctica usual.

En muchas ocasiones se fuerza la situación, tratando de preparar cursos completos por ordenador de distintas materias. Esto puede ser útil en la enseñanza a distancia, pero la realidad es que en la enseñanza escolar, hay una gran cantidad de actividades que debe hacerse sin estos medios, si queremos evitar enfoques reduccionistas de las materias.

Hay que tratar de desarrollar un uso de los ordenadores que represente un enfoque activo, original, en el que el medio aporte la posibilidad de favorecer nuevos aprendizajes que no podrían llevarse a cabo sin los ordenadores, o en los que estos aporten una nueva dimensión. Para ello hay que pensar en las potencialidades del medio en cuanto a interactividad, realimentación inmediata, individualización del aprendizaje, concreción de lo abstracto, metodología activa, posibilidad de exploración, etc., por citar algunas de las características más relevantes del ordenador en el proceso de aprendizaje.

Con la utilización de ordenadores, las clases de matemáticas se convierten en laboratorios experimentales que permiten al alumno explorar alternativas, aplicar diferentes estrategias de resolución de problemas, representando estos como un conocimiento activo (qué es lo que hay que hacer) frente a la notación algebraica que conduce a una perspectiva estática de los problemas.

La posibilidad de concretar el pensamiento formal en acciones que den poder al alumno de manipular activamente entes formales mediante entornos computacionales favoreciendo la exploración activa de conceptos, junto con la gran potencia gráfica y numérica de los ordenadores, convierten estos no ya en un medio didáctico más, sino en un elemento fundamental de los curricula matemáticos.

Se puede poner ahora más énfasis en los procedimientos de cálculo y la estimación de soluciones. Este proceso ya se produjo con la introducción de las calculadoras en las aulas, y ahora se ve más potenciado con el trabajo con entornos computacionales como los lenguajes de programación o las hojas electrónicas de cálculo.

La utilización de Kits de instrumentos dedicados o micromundos, posibilita desarrollar actividades de exploración y resolución de problemas. Por ejemplo, la geometría de la tortuga, micromundos para el estudio de los movimientos del plano o para la resolución constructiva de problemas geométricos permiten una conceptualización de la geometría.

Trabajando en Prolog se puede dar un papel relevante a la lógica matemática, conectándola con la Inteligencia Artificial y con aspectos importantes del tratamiento de la información, como son las bases de datos relacionales.

Las ciencias y las tecnologías son el marco más idóneo para trasmitir a los alumnos los avances del ser humano, sus descubrimientos y los artefactos que han desarrollado para la extensión de sus propias capacidades naturales.

El principal problema en el desarrollo del curriculum en este área es el avance constante de los conocimientos en este campo, cada vez más complejos y difíciles de asimilar, lo que puede dar lugar a una enseñanza superficial, a la que el propio uso del ordenador puede contribuir, al utilizar modelos simplificados de procesos complejos. Podría pensarse que algunos procesos complejos no deben enseñarse hasta que el alumno hay alcanzado una cierta madurez, sin embargo hay autores que sostienen lo con­trario; B. Inhelder, por ejemplo, opina que cualquier idea científica puede enseñarse de forma adecuada al nivel de abstracción que hay conseguido el niño. Estas vías simpli­ficadas de comprensión se convierten en caminos abiertos para las más complejas.

Los elementos que constituyen conocimiento científico: conceptos, procesos, conocimiento empírico, etc., requieren un cuerpo integrado de conocimientos, saber relacionar distintos elementos (conservación, in­variancia, linealidad, restricciones, equilibrio, variables como posición, tiempo, velocidad, energía, etc.) precisan la adquisición de modos de descubrir, experimentar, reco­ger datos, formular hipótesis, conceptualizar procesos (interacción, adapación, evolución, optimización, etc.).

La adquisición de conceptos debe construirse activa­mente en la propia mente del alumno y a partir de sus esquemas anteriores, y uno de los modos más eficaces de adquirirlos es por abstracción de ejemplos empíricos; los conocimientos relativos a procesos se pueden adquirir mediante experimentación de modelos.

La transmisión de estos conocimientos ha de perseguir como objetivo el desarrollo de capacidades de colección de datos, experimentación, formulación de hipótesis, etc. Es aquí donde el ordenador puede desempeñar un papel importante. Una simulación por ordenador de un fenómeno, utilizada con una metodología adecuada que estimule la formulación de preguntas y el establecimiento de conjeturas, puede, no sólo ayudar a adquirir un cono­cimiento específico sobre un fenómeno determinado, sino desarrollar una actitud experimental, un estudio activo de conceptos, que quedan plasmados en ejemplos direc­tamente manipulables y un conocimiento sobre lo que es el propio modelo.

Uno de los inconvenientes de las simulaciones con or­denador es la visión simplificada que aporta al tratar procesos complejos, pero en cualquier caso el nivel de complejidad que se desea trasmitir es siempre una opción.

Otro aspecto controvertido se refiere a la mayor idonei­dad del laboratorio para desarrollar muchas de las tareas que se realizan con ordenador. Solo una visión ingenua y un uso inadecuado del ordenador confirmarían lo anterior.

Sin mencionar los clásicos ejemplos de imposibilidad de llevar a cabo muchas simulaciones en la realidad, desearía destacar las mayores aportaciones del ordenador: la posi­bilidad de representación simbólica (vectores, líneas de campo, rayos de luz, partículas, etc.), que figura en la mayor parte de los textos, pero que en este caso adquieren vida, y el modo de interacción que propicia, como rapidez, posibilidad de estudiar situaciones deteniendo el proceso y representaciones gráficas que permiten visualizar resul­tados, por citar algunos.

Algunos profesores de este área son pesimistas acerca del posible uso de los programas de simulación, al carecer de software relevante para tratar toda la materia y el escaso material existente parece servir sólo a fines de recuperación. En mi opinión, no carecen en parte de razón, pero olvidan un aspecto importante: los programas de simulación en las líneas que he mencionado trascienden la concepción de medio didáctico para el aprendizaje de un contenido concreto sobre el que está realizado, ya que fa­vorece la comprensión de un hecho científico y cultural importante, como es la propia modelización por ordena­dor, así como el desarrollo de estrategias de exploración; pero para que esto sea así es preciso prestar cuidado a la metodología y hacer explícitos a los alumnos los fines que se desean alcanzar con el uso del programa, para evitar que sea considerado como un juego.

Otra posibilidad del uso de ordenadores se encuentra en el propio laboratorio, captando datos con sensores en una experimentación y tratando posteriormente estos da­tos, obteniendo gráficas o estadísticas, etc., o creando dis­positivos sencillos que pueden programarse para desarro­llar pequeños controles, dirigidos por el ordenador. Esta actividad revela otras dimensión tecnológica del ordena­dor, y permite un trabajo experimental y en equipo, con­virtiendo a los alumnos en científicos e investigadores, adquiriendo además de modo eficaz conceptos básicos como el de realimentación o la automatización.

Uno de los objetivos fundamentales en el área de Lengua es el desarrollo de objetivos de comunicación y socialización. Las destrezas básicas como la lectura y la escritura sirven en gran medida a este fin. Naturalmente hemos de considerar la lectura, como un proceso que implica necesariamente comprensión activa por parte del sujeto y para ello se requiere prestar atención a las estrate­gias que utiliza el alumno para decodificar e interpretar lo que lee.

La escritura es un acto de comunicación e instrumento de aprendizaje y de pensamiento. La redacción de un texto implica un proceso complejo de generación y organización de ideas, depuración, revisión, etc., que puede asimilarse a otros procesos de resolución de proble­mas.

Con el uso de ordenadores se posibilita el uso del lenguaje como un dominio de exploración y cambia el concepto de lo que hay que aprender, como las destrezas que implican el acceso mediante ordenadores a la información organizada en una base de datos documental, la edición de textos con ordenador, con lo que implica de asimilación de nuevos esquemas de comunicación, codificación y decodificación de información en un nuevo soporte y con un nuevo esquema de organización.

El uso de un programa de tratamiento de textos cambia considerablemente el proceso de redacción; la facilidad de modificar lo escrito, de mover textos y reorganizarlos con­vierte a la escritura en algo vivo, en constante transforma­ción, favoreciendo una expresión más libre, permitiendo escribir ideas de forma espontánea, desarrollarlas después y organizarlas posteriormente, facilitando las tareas de revisión final del texto. A partir de estas actividades instru­mentales se pueden desarrollar numerosas actividades en el aula. En ellas se puede dar mayor relevancia a las estrate­gias de redacción de los alumnos, a la depuración de un texto por refinamientos sucesivos y a la organización de sus ideas, haciendo que el alumno se concentre en las partes esenciales y no en el trabajo rutinario de escritura.

La disponibilidad de programas satélites de los trata­mientos de textos para actividades específicas, como los ejercicios de elisión o de lectura rápida, amplían las posibilidades de estos programas para fines educativos. Merecen una mención especial los entornos de escritura del tipo "elige tu propia aventura", en los que los alumnos pueden desarrollar estrategias de descomposición del re­lato que son muy motivadoras. Los relatos ramificados que se generan con estos programas, pueden servir también para involucrar activamente a los alumnos en la lectura comprensiva, al tener que interaccionar con el ordenador para seleccionar su propio recorrido en la narración.

Existen además numerosos programas de carácter lúdico, que permiten crear actividades de ejercitación en el lenguaje, como son los entornos de escritura‑acción de los juegos de aventuras.

Otros programas de gran interés son las bases de datos documentales, ya que familiarizan a los alumnos con las técnicas de documentación automatizada, y obligan ade­más a realizar análisis de textos, clasificación y descrip­ción sintética en forma de palabras clave a las que luego se puede acceder.

Un papel similar pueden desempeñar los programas de Bases de Datos en el área de Ciencias Sociales, con los que el alumno puede interaccionar para acceder a la información relevante, analizarla, resolver problemas, in­terpretar gráficas de tipo estadístico y convertirse en un investigador, formulando conjeturas y desarrollando para­lelamente conceptos básicos acerca de la información y su organización.

Las actividades descritas se enmarcan en una reno­vación pedagógica que, más que acumular información memorística, busca desarrollar criterios para seleccionarla y para aprender a procesarla, estimulando la memoria comprensiva.

 

RECURSOS MATERIALES: EL SOFTWARE

Los medios materiales que se requieren para llevar a cabo los programas descritos son los medios tecnológicos (ordenadores, periféricos, equipos de comunicación) y los programas, que permiten llenar de contenido esas cajas vacías que son los ordenadores. En esencia, un programa para un ordenador concreto, es una descripción de otro ordenador, que transforma el primero en el segundo. Pero este nuevo ordenador "a medida” que se crea por obra de un programa, puede ser una máquina que se comporta de manera lineal o un conjunto de instrumentos para crear, un automatismo o una caja de arena con la que construir.

Los lenguajes de propósito general y los entornos de resolución de problemas específicos permiten legislar las leyes de un mundo que se ha de crear en la imaginación previamente, modelizar situaciones que responden a esquemas previos. Micromundos para explorar y aprender sobre el dominio explorado, a la vez que se desarrollan estrategias heurísticas, o Kits de instrumentos para resolver problemas, se encontrarían en el nivel más flex­ible de utilización, en el de modelización. Las simula­ciones y determinados juegos pertenecerían al nivel de exploración de modelos.

Los programas de propósito general (tratamiento de textos, bases de datos, hojas de cálculo, etc.) son más instrumentales, programas de usuario es el nombre con el que se les conoce comúnmente, y como tales son en principio artefactos que facilitan tareas, herramientas para tratar textos, acceder a datos de manera eficaz, realizar cálculos de forma muy rápida y pertenecerían al nivel de uso instrumental. No servirán para adquirir mejores aprendizajes específicos sino tan solo como útiles de tra­bajo que favorecen una resolución de problemas más rápida o una acceso eficaz a la información.

La mera formación de usuario de estos programas aporta poco a la educación, sin embargo pueden ser útiles algunos aspectos instrumentales, que posibilitan centrar el interés en los procesos frente a las rutinas, bien en las relaciones que se declaran entre los datos en una hoja de cálculo, bien en la interrogación de una base de datos en un lenguaje lógico.

 

RECURSOS HUMANOS

Los profesores han de ser los auténticos agentes impul­sores de la renovación curricular, pero no hay que olvidar lo que Papert denomina el primer instinto de todo profesor ante un nuevo medio tecnológico: "utilizar nuevas tecno­logías para perpetuar viejos métodos de enseñanza". El cambio en la escuela no es tecnológico sino de ideas.

Por esta razón, es preciso poner el énfasis en la formación de profesores para que puedan llevar a cabo la renovación del curriculum que puede representar la introducción de las N.T.I.. Es fácil formar para el uso de medios didácticos cuando estos son sencillos de uso y sus ventajas son evidentes. Ya no es tan fácil hacerlo cuando las mejoras que se pretenden son culturales y cualitativas más que de eficacia en el aprendizaje de tareas específicas.

Es preciso que los profesores adquieran fundamentos tecnológicos y de lenguaje, se apropien ellos mismos del código de símbolos y de los esquemas de pensamiento generales subyacentes, así como de una fundamentación que apoyada en las didácticas específicas le permitan conocer el por qué, el qué y el cómo del uso de los ordenadores en su aula.

 

REFLEXIONES FINALES

Nunca ha existido hasta ahora un medio tan versátil, pero esa característica es a la vez su mayor ventaja y en ocasiones su mayor servidumbre. No es posible ni de­seable dar normas de uso, no existen dos profesores que trabajen de igual forma con este medio, cada uno lo llenará de distintos contenidos, con sus creencias, actitudes y valores, sus expectativas y deseos. Esto ocurre en muchos contextos educativos, no es exclusivo del uso de las N.T.I., pero el carácter de "mito" de las mismas, oscurece aún hoy el panorama.

Se han producido muchas corrientes muy distintas respecto al uso de los ordenadores en la educación muchas de ellas se superponen en la actualidad. Convive una concepción basada en la denominada alfabetización informática como fin, con las que propugnan su uso como instrumento de desarrollo del pensamiento.

Una formación de usuario no debe ser un fin en sí mismo, no aporta nada significativo al proceso formativo, el aprendizaje de un lenguaje de programación tampoco es un objetivo muy adecuado. En ambos casos se trata de aprendizajes instrumentales. Es la dimensión psicológica y cultural de estos medios la que puede aportar luz al debate actual.

No esperemos ningún cambio sustancial del proceso educativo sin tener en cuenta estas dimensiones. No esperemos, por tanto, ningún milagro del desarrollo futuro de la tecnología. Para poco servirá que los ordenadores respondan a órdenes en lenguaje natural, ya que tan sólo aportará instrumentos más eficaces para liberarnos de ta­reas repetitivas. Cuando más transparentes sean los proce­sos, menos posibilidades habrá de interiorizar esquemas de pensamientos.

Esperemos que las siglas E.A.O. (Enseñanza Asistida por Ordenador) acaban pronto en el baúl de los recuerdos, igual que nadie habla hoy de enseñanza asistida por libro. Será señal de que el medio ha sido asumido, permeando los usos habituales de la enseñanza, dejándose de ver los procesos de aprendizaje desde una perspectiva sesgada por una tecnología de moda.