Signos . Teoría y práctica de la educación 20,página 4-5 Enero Marzo  1997 ISSN 1131-8600

 

LEER, ESCRIBIR Y APRENDER

Carlos Lomas

Enseñar a leer y a escribir es hoy, como ayer, uno de los objetivos esenciales de la educación obligatoria. De ahí que, de lunes a viernes, leer y escribir sean tareas cotidianas en las aulas de nuestras escuelas e institutos. Si observamos esa cultura en miniatura ese escenario comunicativo que es el aula y nos fijamos en las cosas que los alumnos y las alumnas hacen en las clases comprobaremos cómo la lectura y la escritura constituyen una de las actividades de aprendizaje más habituales y reiteradas en todas y en cada una de las áreas del conocimiento. Sin embargo, al enseñar a leer y a escribir la escuela no sólo favorece el aprendizaje escolar de los contenidos educativos de las diversas áreas del currículo. Al leer y al escribir (y al hablar y al escuchar) los niños y las niñas aprenden también a usar el lenguaje en su calidad (y en su cualidad) de herramienta de comunicación entre las personas y entre las culturas. De igual manera, al adquirir y al usar el lenguaje aprenden a orientar el pensamiento, a regular la conducta personal y la ajena, a dominar las habilidades expresivas y comprensivas que hacen posible el intercambio comunicativo con los demás y a ir construyendo en ese proceso un conocimiento compartido del mundo.

De este modo, a través de la lectura y de la escritura, los niños y los adolescentes adquieren algunos aprendizajes (dentro y fuera de la escuela), expresan sentimientos, fantasías e ideas, se sumergen en mundos de ficción, acceden al conocimiento del entorno físico y cultural y descubren que saber leer y saber escribir es algo enormemente útil en los diversos ámbitos no sólo de la vida escolar sino también de su vida personal y social.

En el ámbito escolar es obvio que adquirir los conocimientos de las áreas del saber exige antes apropiarse de las formas de decir del discurso en que se expresan. Como señalan Miret y Tusón (1996: 4), "esperamos que nuestros alumnos y nuestras alumnas sean capaces de (re)producir o de (re)crear aquellas maneras de decir (también de hacer y de decir cómo hacen) propias del área de la que se trate". El aprendizaje de los contenidos escolares exige como condición previa el conocimiento de las formas de decir del discurso de cada una de las disciplinas académicas y en consecuencia el dominio de habilidades de comprensión y de producción de los textos usuales de la vida escolar (expositivos, científicos, argumentativos, divulgativos...) cuya función es facilitar el acceso al saber cultural que se transmite en el seno de las instituciones educativas.

Por otra parte, es también bastante obvio que leer y escribir son acciones lingüísticas, comunicativas y socioculturales cuya utilidad trasciende el ámbito de lo escolar al insertarse en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana de las personas. De ahí la radical diversidad de las formas del decir del discurso escrito y de ahí también los diferentes usos sociales de la lectura y de la escritura en nuestras sociedades: desde la lectura de los textos escritos más habituales en la vida de las personas (noticias, crónicas, catálogos, instrucciones de uso, reportajes, entrevistas, anuncios ...) hasta el disfrute del placer de la lectura literaria, desde el uso práctico de la escritura (avisos, cartas, contratos, informes, instancias...) hasta los usos más formales (informes, ensayos, esquemas...) o artísticos de los textos escritos (escritura de intención literaria, ejercicios de estilo, juegos del lenguaje...). El aprendizaje de la lectura y de la escritura aparece así como una tarea educativa que a todos

afecta (y no sólo a quienes enseñan lengua y literatura). Porque, pese al auge de los sistemas iconográficos y electrónicos de almacenamiento y de transmisión de la información, la lectura y la escritura siguen siendo al menos en el ámbito escolare el vehículo esencial de la (re)producción cultural. De ahí que la enseñanza de los conocimientos, estrategias, habilidades, operaciones y técnicas que hacen posible un uso adecuado y competente de la lectura y de la escritura siga siendo hoy, como ayer, un objetivo esencial de la educación obligatoria. Porque, como señala Raffaele Simone (1988 [1992: 85]), "ante el discurso del texto y de los textos, los muchachos están completamente solos y abandonados desde la primera infancia".

En las últimas décadas, y al compás de la extensión de la educación obligatoria a toda la población y de la incorporación a las escuelas e institutos de niños y adolescentes con diversas capacidades, motivaciones y aptitudes, el profesorado ha constatado una y otra vez a menudo hasta la desesperanza las dificultades que tienen bastantes estudiantes tanto en la comprensión de algunos tipos de textos como a la hora de escribir de una manera correcta, adecuada y coherente. Quizá por ello, en los últimos tiempos diversas disciplinas han venido ocupándose en el estudio de los complejos mecanismos que subyacen a la producción y a la recepción de los textos escritos. En sus investigaciones (casi siempre en el ámbito de la lingüística del texto, de la psicología del lenguaje y de la didáctica de la lengua) analizan cómo se producen las acciones del leer y del escribir, cuáles son las estrategias implicadas en la construcción del significado en la lectura y en la escritura y de qué manera es posible contribuir desde las instituciones escolares a la mejora de las habilidades lectoras y escritoras de los alumnos y de las alumnas.

Enseñar a leer, enseñar a comprender y enseñar a escribir con el fin de contribuir desde la educación obligatoria al aprendizaje de las estrategias y de las habilidades que permiten a las personas leer, entender, saber y saber hacer cosas con las palabras: he ahí la tarea que justifica esta monografía de SIGNOS ("Leer, escribir, aprender"). Como se subraya a lo largo y a lo ancho de estas páginas, la enseñanza de la lectura y de la escritura no se justifica sólo por su cualidad de herramientas del aprendizaje escolar. La enseñanza de la lectura y de la escritura debe tener en cuenta los usos y funciones de la lengua escrita en nuestras sociedades, orientarse al dominio expresivo y comprensivo de los diversos géneros de la escritura y adecuarse a las diversas situaciones de comunicación en las que tiene lugar el intercambio de significados entre las personas. Por eso, enseñar a leer y enseñar a escribir textos diversos en distintos contextos, con variadas intenciones y diferentes destinatarios, es hoy una manera de evitar ese desajuste evidente (y en ocasiones inevitable) entre lo que se hace en el aula y lo que ocurre fuera de los muros escolares y una forma de contribuir desde el mundo de la educación a la adquisición y al desarrollo de la competencia comunicativa de los alumnos y de las alumnas.

Esta monografía de SIGNOS ("Leer, escribir, aprender")  intenta ofrecer a sus lectores algunas ideas y orientaciones sobre la enseñanza y el aprendizaje de la lectura y de la escritura con la esperanza de que les sean útiles en el ejercicio práctico de sus tareas educativas.

Referencias

Miret, I. y Tusón, A. 1996): "La lengua como instrumento de aprendizaje", en TEXTOS de Didáctica de la Lengua y la Literatura, n° 8. Graó. Barcelona.

Simone, R. (1988): Diario lingüístico de una niña. ¿Qué quiere decir Maistock? Gedisa. Barcelona, 1992.

 

(*) Carlos Lomas es asesor del Centro de Profesores de Gijón y director de SIGNOS teléfono de contacto 985342100 clomas@almez.pntic.mec.es