Editorial

 SIGNOS TEORIA Y PRACTICA DE LA EDUCACIÓN - NÚMERO 3 ABRIL JUNIO 1991 . PAGINA 3 . ISSN  1131-8600

En este alucinante fin de siglo caen las siglas, los mitos y las fronteras, continuos conflictos bélicos nos retrotraen a las épocas de la barbarie humana y se desmoronan los modelos que inspiraron antaño las voluntades emancipadoras.  En nombre del mercado y de la libertad los profetas del nuevo orden auguran épocas de reformas .El signo de los tiempos es el aparente descrédito de las utopías liberadoras y del igualitarismo social en beneficio de ideales como eficacia, individualismo y prestigio.

En educación nada nos es ajeno. Ni aprender es sólo acceder al desarrollo de facultades innatas ni la selección escolar se realiza desde una presunta igualdad de oportunidades ni el sistema educativo es neutral: el mercado de trabajo , los estereotipos sexuales, raciales o sociales o los valores ideológicos dominantes son elementos que encuentran en la escuela un eficacísimo sistema de reproducción y legitimación de sus desigualdades.

A las puertas de la reforma educativa no deja de sorprender el significativo contraste entre la densa fundamentación  teórica de las concepciones sicoevolutivas y pedagógicas manejadas en torno a los procesos de desarrollo personal y del aprendizaje y la cicatería con que en los documentos curriculares se alude a la esfera sociológica y a nociones tan relevantes como poder, división del trabajo o capital cultural. Da la impresión de que una vez más se apuesta por un ajuste más sensato del sistema escolar al servicio de la hegemonía ideólogica a través de conceptos tan etéreos como los de europeísmo, competitividad o fomento de lo lúdico y de la creatividad.

En SIGNOS creemos que, desde la selección de contenidos a la organización de las áreas y los ciclos, desde los proyectos curriculares de centro hasta los aspectos más concretos de la organización escolar, desde los modelos de aprendizaje a los sistemas de evaluación, la escuela  -reformada o no-  toma opciones socioculturales y políticas concretas. Como constructo social, las escuelas no deben, a causa de las rutinas pedagógicas, jugar un papel de inconsciente adhesión al sistema sociocultural sino ser capaces de interpretar de forma crítica el entorno en el que se sitúan y transformar su propia práctica. La reforma , sin duda un paso adelante con respecto a la situación actual al incorporar aspectos innovadores , debe contribuir, más allá de los propósitos oficiales, a caminar en esta línea.