Internet, ¿qué hemos aprendido hasta ahora?
 

Alfons Cornella, ESADE Barcelona
cornella@esade.es
 

Pues bien, parece increíble pero Extra!-Net ha llegado al número 400, después de 41 meses de existencia, y un montón de ideas vertidas. Esta ha sido una interesante experiencia de aprendizaje (para escribir algo tienes que entenderlo), que ahora se plantea nuevos retos, que conocereis dentro de poco. En este tiempo, Extra!-Net, al que me gusta definir no como un boletín de información sino como un VEHICULO DE IDEAS, se ha ido acompañando de otras experiencias, como Guíame! (http://www.guiame.net), e iKono! (http://www.ikono.net), y dentro de poco se sumara el servicio Infonomics.net, aún en construcción...

El número 400 llega en un momento de reflexión crítica muy profunda. Y es que después de tanto tiempo, coincido con algunos colegas en que alguna cosa no funciona con Internet, que las expectativas no se están cumpliendo como se esperaba. Yo creo que la razón de ello es que todavía no hemos ni empezado. Esto ha sido un ensayo general, pero las verdaderas posibilidades de Internet no han sido aún estrenadas. Iremos tratando de esta idea en mensajes posteriores.

Mientras tanto, y como reflexión en voz alta sobre lo que hemos aprendido en estos años, he escrito un artículo, que presentaré el día 4 de febrero de 1999 en el Congreso de Usuarios de Internet de España (http://www.aui.es), y que está disponible en formato Acrobat (.pdf) en la dirección http://dsi1.esade.es/cornella/aaui99.pdf . Lo que sigue es un resumen.

Sé que normalmente digo que los mensajes de correo electrónico tienen que ser cortos, concisos y precisos. Pero esta es una ocasión especial: no todos los días llegas al número 400...

1) La conectividad, factor crítico: O calidad de la Red, a precio asequible, o nada.
La etapa de la simple fascinación por las posibilidades de la Red es ya cosa de otra era. Los primeros internautas estaban dispuestos a aguantar cualquier cosa, en especial la lentitud de la conexión, con una comprensión más allá de lo racional, hasta el punto de que los proveedores de servicio y los operadores de telecomunicaciones deberían estarles especialmente agradecidos. Los pioneros de la Red han tenido que aguantar mucho. Pero eso ya se ha terminado: el internauta va a exigir desde ahora un servicio de calidad, a un precio razonable y asequible. Si la Red no funciona, si las pantallas no bajan, el internauta exigirá al proveedor o al operador correspondiente un mejor servicio, e incluso podrá pensar en acudir a una oficina del consumidor para elevar una protesta o una denuncia.

2) Excesiva orientación a producto
Hemos presenciado durante los últimos años en España una explosión sorprendente de productos y servicios en la Red. Si nos quejábamos de que no teníamos emprendedores, la cantidad y calidad de los productos generados por miles de infoprendedores en el país, nos obliga a repensar nuestras concepciones. Han aparecido webs de todo y para todo.
Sin embargo, mucho de lo que hemos visto en esta explosión de producción ha adolecido de una excesiva orientación al producto. O sea, lo que se ofrece está claro, pero no a quién se ofrece, ni cómo se conseguirá recuperar la inversión. En otras palabras, se diría que muchas de las iniciativas digitales del país no cuentan con un mínimo plan de empresa. No queda claro, por ejemplo si el público objetivo ha sido bien identificado, si los recursos necesarios para llevar adelante el proyecto han sido dimensionados adecuadamente, y si existe un modelo de negocio al fin y al cabo (o sea, una previsión sobre de dónde van a provenir los ingresos). Muchos de los webs que hemos visto surgir como setas responden a un impulso del tipo "hagamos un web que ofrezca esto", pero muy pocos han pensado en las posibilidades reales de convertir ese impulso en una empresa "de verdad". Así, muchas iniciativas se han convertido en un coste, sin posibilidad de generar ingresos, y hay que reconocer que, frecuentemente, para mantener sus iniciativas digitales muchos infoprendedores tienen que dedicarse a hacer webs para terceros. Curiosa situación esta: el servicio central de la empresa cuesta dinero, y hay que hacer dinero mediante otras actividades complementarias para poderlo mantener.

3) Somos un mercado demasiado pequeño
¿Que se puede esperar, en el fondo, de un mercado de sólo 2 millones de internautas, como el español, con una oferta de productos y servicios tan amplia? Piénsese, por ejemplo, que el numero de norteamericanos que utilizan la Red es ya de casi 80 millones de personas, el doble de la población de todo nuestro país, internautas y no internautas. Y recuérdese que para los americanos el mercado es todo el mundo, que para eso tienen el inglés como lengua propia.

4) ¿Cooperar o competir? ¡Coopetir!
En la línea de lo comentado en el punto anterior, parece que en algunos campos existen más iniciativas de las que el país puede digerir. Por ejemplo, ¿cuántas iniciativas diferentes, dirigidas a los escolares españoles, caben en España? Se dirá que en el "mundo real" hay espacio mucha competencia en el sector de publicaciones escolares, pero estaremos de acuerdo en que el tiempo, la variable realmente crítica en Internet, que los escolares dedican a los libros es muy superior de la que pueden dedicar al Web. Para empezar, en muy pocas escuelas se dedica tiempo del horario "normal" para navegar por Internet (entre otras cosas, porque tal y como están muchos de los contenidos, una sesión de Internet es exactamente eso: una "navegación", pero desorientada, sin un output de utilidad clara). En otras palabras, la limitación en cuanto al tiempo disponible de los escolares hace que la oferta sea comparativamente mucho mayor en Internet que en el mundo real, y ello exige un mayor esfuerzo de cooperación entre las distintas ofertas.

5) La Bolsa española, ajena a Internet
Las empresas que todos usamos como ejemplos de éxito en Internet, como Yahoo!, Amazon.com, e-bay, etc, posiblemente no existirían sin el dinero fresco que les ha proporcionado la Bolsa norteamericana. Es cierto que sus acciones están desproporcionadamente valoradas, pero lo importante es que su salida a Bolsa les ha brindado dinero fresco con el que financiar sus arriesgadas iniciativas. La situación en nuestro país es bien distinta. No hay, al menos que me conste, ninguna empresa de existencia exclusiva en la Red que cotice en la Bolsa. Otro cosa son las empresas "reales" que han lanzado alguna iniciativa en la Red; pero su valoración no ha cambiado por el hecho de tener una mejor o peor estrategia Internet. En otras palabras, para la Bolsa española Internet no existe. Seguimos invirtiendo en activos seguros, la mayoría basados en empresas financieras o industriales. Porque, como se ha dicho más arriba, esto de Internet no pasa de ser un juego de unos cuantos.

6) Modelos de costes, más que de ingresos
Estamos llegando a un punto en que se nota ya la división de las iniciativas digitales del país en dos grandes grupos. Los infoprendedores, aquellos que lanzan su producto sin ningún o con poco soporte empresarial, y las empresas digitales, normalmente ligadas a bancos o a grupos de comunicación, que parten de planteamientos más profesionales. Los primeros han aportado la mayor parte de la creatividad e imaginación presentes hoy en la Red. Los segundos han hecho uso de su capacidad financiera. Lo verdaderamente lamentable es la poca conexión que ha habido entre ambos polos. Muchas iniciativas de emprendedores, con problemas de supervivencia en la Red, podrían haberse convertido en la solución al problema de búsqueda de contenidos que han tenido algunas de las iniciativas de esas "empresas digitales". Estas, sin embargo, han preferido normalmente partir de cero. En otras palabras, no ha existido en nuestro país una mínima sinergía entre el mundo de las ideas y el del dinero.

7) Más webs que publicidad disponible
Muchas de las iniciativas emprendedoras en la Red en España, esas que han surgido desde el enamoramiento con un producto o servicio, intentan agarrarse a la idea de la posibilidad de la publicidad para generar ingresos. De hecho, la publicidad se convierte para muchas iniciativas en la única posibilidad de generar algo de dinero. Y aquí empieza el conflicto, porque hay más páginas que publicidad disponible. Por un lado, pocas empresas tienen un presupuesto definido de publicidad en Internet; buscarlas cuesta un esfuerzo considerable, y cuando las encuentras no resulta fácil encontrar quién dispone en ella de un presupuesto para publicidad digital. Por otro, las empresas que gestionan el presupuesto de los pocos anunciantes que hoy hay, cobran unas cantidades excesivas por su intermediación, lo que tampoco es muy estimulante para la página que acepta poner publicidad; resulta que ni siquiera con publicidad te salen los números.

8) El comercio electrónico: cuestión de confianza, no de tecnología Por otra parte, existe una obsesión por el tema de la seguridad de las transacciones que hace que el discurso típico en este campo sea fundamentalmente tecnológico, cuando tendría que ser sociológico. Bancos, emisores de tarjetas, comercios, administración, etc., tendrían que hacer un esfuerzo para dar a conocer los niveles de seguridad de las transacciones en la Red, superiores por lo general a la seguridad de transacciones en el mundo real que nadie pone en cuestión. El problema en el comercio electrónico es de confianza, y, por tanto, es preciso diseñar campañas para despejar el miedo a llevar adelante transacciones digitales.

9) Mucho diseño, poca utilidad Vemos con excesiva frecuencia en nuestro país webs con diseños avanzados pero que no aportan contenidos de utilidad. En otras palabras, en muchas ocasiones la calidad de los contenidos se ha obviado, enmascarándola en un diseño muy atractivo. Uno puede preguntarse si alguno de los contenidos que ahora utiliza vía Web se le han convertido en imprescindibles. En mi opinión, la respuesta sería en muchas ocasiones que podríamos seguir viviendo tan perfectamente sin el Web. No hay prácticamente ningún contenido nacional que vaya más allá del "está bien tenerlo" para convertirse en el "no puedo vivir sin él". Y quizás justamente se trata de eso, de generar contenidos que ayuden a la gente a trabajar de otras maneras, a hacer negocio. Porque si en la Red sólo encuentra información puramente anecdótica, su interés por la misma decrecerá.

10) Demasiada información, pocas ideas Qué poca cantidad de ideas, de opiniones razonadas, de juicio fundamentado, de análisis crítico encontramos en nuestros webs. Para empezar, una gran parte aporta información sobre el fenómeno Internet, en una especie de endogamia que acaba por cansar. Y, paradójicamente, resulta muy difícil encontrar información profesional, orientada a la mejora de los negocios, que vaya más allá de la pura noticia que encontramos en los periódicos generales y económicos. La misma pobreza que encontramos en las publicaciones en papel se ha extendido a las publicaciones en el web. Y esto, que por cierto hay que resolverlo con urgencia, no se improvisa de la noche a la mañana. Requiere ideas, visión, recursos, y, de nuevo, mucho dinero.

Entonces, ¿qué funciona?

Sin la intención de hacer aquí una disección completa de lo que funciona en Internet y lo que no, la experiencia de los últimos dos años nos dice que funcionan cosas como:
· Venta de productos relacionados con la construcción de Internet, procedentes de marcas de referencia conocidas en el sector (por ejemplo: los routers de Cisco)
· Comercio negocio a negocio, en empresas que ya tenían vínculos digitales, y especialmente en las que usar el web como ayuda para la navegación por un número importante de referencias es crítico, algo que resulta tan útil que no hay vuelta atrás posible (por ejemplo: los millones de componentes de los aviones de Boeing)
· Venta de productos de empresas que ya tenían una potente cultura de venta a distancia (por ejemplo: Dell)
· Venta minorista de ciertos bienes tangibles, especialmente en aquellos casos en los que buscar entre miles de productos, en la "estantería virtual infinita", es muy ineficiente o incluso imposible si no es vía Web (por ejemplo: Amazon.com y sus n millones de libros)
· Sistemas que facilitan el contacto entre personas (por ejemplo: hoy los chats, quizás el producto de más éxito entre los internautas de España, y mañana la videoconferencia, algo que tendrá un éxito seguro)

Pero si tuviéramos que resumir al máximo qué está teniendo éxito en Internet, quizás tendríamos que decir que triunfa aquello que no existe en la vida real. De hecho, Walid Mougayar lo dice bien claro: para tener éxito en la Red no piense en lo que sus clientes pueden hacer online, piense en lo que SOLO pueden hacer online.

Al menos este el punto de vista del autor, en el momento presente.

Alfons Cornella, ESADE Barcelona
cornella@esade.es
03/02/99 13:59h