El futuro no es más lo que era

Horacio C. Reggini

(Para La Nación)


Escritas hace casi un siglo, y tal vez más actuales que entonces, las palabras de Paul Valery que contienen el título de esta nota tienen el claro sentido de una advertencia, pero contienen también un mensaje alentador para la circunstancia que nos toca vivir. Ellas nos previenen de que debemos andar a tientas construyendo el camino, pero a la vez afirman una ética: al no estar seguros del porvenir, la alternativa para el hombre actual es la acción. La incertidumbre de la hora, entonces, se transforma en acicate. El lúcido Jorge Luís Borges tiene que haber llegado a la misma conclusión cuando en Elogio de la sombra consignó: "Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena..."

Con clara conciencia de la aceleración de los tiempos valoramos doblemente el imperativo que subyace en la frase de Valéry. Ya no es posible hacer planes largo plazo, como el de los carpinteros que en 1386 construyeron el College Hall, del New College de Oxford, y con espíritu previsor plantaron los robles de cuya madera se harían quinientos años después las vigas para renovar aquel techo. Si bien en la actualidad ese tipo de previsiones es impensable, la enseñanza de la historia -maestra de vida- justamente nos indica la que debe ser hoy nuestra gran previsión: estar preparados para lo inesperado. Valéry supo decirlo con economía literaria.

Así, no obstante el hecho de la incertidumbre contemporánea que obliga al veloz "ir a las cosas", o sea privilegiar la importancia y la necesidad del hacer sin demorarse en prolegómenos paralizantes, es bueno tener presente que de las crisis suele brotar el manantial de la novedad, que la declinación de viejas ideas abona surcos insospechados. Esta es una noción fundamental que el escepticismo y el nihilismo de moda desprecian con trágica frivolidad. A esa actitud negativa y abstracta, la pasión por la vida - sin la cual nada grande se hace- opone el concreto salir al cruce con una alforja de semillas, repleta y a la vez liviana. "Si he visto más a lo lejos se lo debo a haberme subido sobre los hombros de los gigantes", dijo Newton. También en la Catedral de Chartres, erigida en la Edad Media cerca de París, los evangelistas aparecen en un vitral sobre los hombros de los profetas.

De tal modo, hacer un lema de la leyenda que da título a esta nota -el futuro no es ya lo que era- no debe interpretarse como opción por la utopía ingenua o por la nostalgia del "todo tiempo pasado fue mejor". La propuesta es "ir a las cosas" plenos de frescura. Un libro sagrado del Oriente exalta la virtud de la flexibilidad; esa sabiduría milenaria halla su correlato dentro de nuestra más joven tradición, por ejemplo, en Jacques Maritain, cuando en Humanismo integral sostiene: "el error y la verdad se mezclan íntimamente y se nutren entre sí: hay verdades que mienten y mentiras que dicen la verdad".


La mirada creativa


"Ir a las cosas" provistos de flexibilidad y libres de prejuicios exige renunciar a cualquier despotismo por ilustrado que sea. Es necesario ver con la mente y ✫�0el corazón, es decir, con mirada de ser humano entero, la complejidad de lo real que coincide con su multiplicidad. En dicho reconocimiento advertimos no sólo la miopía de la pura razón, segura de sí misma, sino la esterilidad de sentirse dueño de la verdad. Advertimos que todo está en relación con todo; que el conocimiento es hacer experiencia de la trama que liga todas las cosas, o sea, comprometerse actuando en medio de las diferencias. Hasta la cabeza de la Medusa puede convertirse en coral, dice Calvino, si nos decidimos a experimentar esa transformación.

Perseo no sucumbió a la mirada petrificante del monstruo porque evitó la fascinación de sus ojos mediante la visión indirecta de un espejo, porque sus pies alados se sostuvieron en el viento y las nubes y, finalmente, porque después de cortarle la cabeza, mientras se lavaba las manos, la depositó con cuidado boca abajo sobre un lecho de ramas y hojas acuáticas que, en contacto con la terrible piedra, mutaron en corales. Este mito alienta a Italo Calvino: "En ciertos momentos me parecía que el mundo entero se hubiese convertido en piedra: una lenta petrificación más o menos avanzada según las personas y los lugares, pero que no perdonaba aspecto alguno de la vida. Era como si nadie pudiera sustraerse de la mirada inexorable de la Medusa".

En la acción en el mundo múltiple y uno, en el mundo de oposiciones donde -como escribe Maritain- verdad y mentira se entrelazan, es obvio que no hay posición absoluta. Todo fluye como el río de Heráclito. Pero la fragilidad de la incertidumbre es un estímulo para la acción. A la inflexible mirada de piedra se la doblega con la mirada creativa. En este sentido, si no parentesco, existe correspondencia entre el pensamiento del italiano Calvino y el del lógico-matemático Alfred North Whitehead, quien en Aventura de las ideas, afirma: "Un pueblo preserva su vigor siempre que establezca una sustancial diferencia entre lo que ha sido y lo que puede ser; y siempre que lo anime la fuerza de aventurarse más allá de las seguridades del pasado. Sin aventura˜ la civilización entra en plena decadencia"



Nuestra situación


Sucintamente hemos expuesto las reglas del juego ahora el futuro ya no es lo que era. Se trata de un juego que venimos jugando en el ejercicio de la profesión, en el aula universitaria y diversos foros adyacentes, movidos por el interés de participar en la "gran conversación" de nuestro tiempo, evitando la clausura y la especialización exagerada.

Al prevalecer la composición del conjunto y lo complejo, la realidad no admite enfoques de mecanismos de relojería sino de sistemas de información. Así, en el campo de la ingeniería es imposible abstraer su aprendizaje del contexto histórico-social, a fin de colaborar en el modelado creativo del mundo; una tendencia, subrayo entre otras cosas la vinculación de ciencia y sociedad, sin omitir el elogio de aquellas aplicaciones tecnológicas que dan genuino bienestar a la gente.

Desde este paradigma -el de la complejidad- tampoco me canso de prevenir a los jóvenes navegantes de la red sobre ciertos cantos de sirenas. El espectro de la burocracia sabe flotar en lo virtual. Sólo una educación concreta y totalizadora, nunca subordinada a intereses económicos, siempre centrada en el diálogo y la pluralidad, oficiará como gozne para la acción en una circunstancia que la exige. Tal, confieso, la clave de mis desvelos.


El último libro del autor es El futuro no es más lo que era. La tecnología y la gente en tiempos de Internet, (EDUCA, Edit. de la Universidad Católica Argentina, marzo 2005).