La educación básica en América Latina

 

 

Por Ana Luiza Machado

Directora

Oficina Regional de Educación de la UNESCO para América Latina y el Caribe

www.unesco.cl

 

La región de América Latina es la más inequitativa del mundo y esa inequidad no es sólo socioeconómica sino que también se evidencia en las oportunidades educativas. Se puede decir que los resultados de aprendizaje de los estudiantes dependen del país y del lugar geográfico donde viven, además del nivel socioeconómico y cultural del cual provienen.

 

Existe un importante consenso internacional acerca de la necesidad de garantizar a todas las personas la satisfacción de sus necesidades básicas de aprendizaje. Los países han expresado esos objetivos comunes en la firma de varios compromisos asumidos internacionalmente, como los de Educación para Todos suscrito en Dakar, o los objetivos educativos incluidos entre la Metas de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas.

 

En ambos casos, se plantea la necesidad de garantizar que todos los niños y niñas culminen por lo menos una educación primaria de calidad. Sabemos que en el mundo de hoy eso es insuficiente, pero si lo logramos, ya estaremos dando un gran paso hacia adelante. Sin embargo, esta es una meta que tiende a desdeñarse en nuestra región, ya que durante los últimos años hemos experimentado importantes incrementos en el acceso a la educación primaria, por lo que se asume que la meta está cumplida o está muy próxima a serlo, no representando así un desafío particularmente importante.

 

Sin embargo, si observamos la proporción de personas que ha logrado una educación primaria completa, o sea, 6 años de educación, la mayoría de los países de América Latina muestra algunos puntos que nos deben llamar a la reflexión y a la acción.

 

Son pocos los países (Chile, Argentina, Uruguay, México, Panamá y Ecuador) en los que más del 90% de los jóvenes de 15 a 19 años ha concluido la educación primaria y, por tanto, se encuentran más próximos a llegar la meta.

 

En un número reducido de países (Guatemala, Nicaragua y Honduras), en los que más del 30% de los jóvenes de 15 a 19 años no ha concluido la educación primaria, es posible que para el año 2015 más del 20% de los niños que hoy están en edad de ingresar a la escuela no logre asegurar la conclusión de sus estudios. En estos casos, la meta es aún muy distante y, por lo mismo, hoy se requiere de esfuerzos redoblados, para poder avanzar de modo significativo.

 

Como es de esperar, la población que no está concluyendo la educación primaria tiende a ser aquella que habita las áreas rurales, que tiene menores niveles de ingresos, o que pertenece a grupos sociales desfavorecidos por su origen étnico. Mientras las brechas asociadas a los niveles de ingresos son marcadas en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, las diferencias asociadas al área de residencia están presentes en Bolivia, Brasil, Honduras, Guatemala, Nicaragua y Paraguay. Las brechas correspondientes a la pertenencia a minorías étnicas son marcadas en Paraguay, Panamá, Guatemala y Bolivia.

 

Es importante mencionar que en todos los países se observa que estas inequidades han tendido a reducirse, aunque no al mismo ritmo. Países como Perú, México, Ecuador y Paraguay muestran mayor reducción de la brecha mientras que Guatemala y Nicaragua muestran situaciones cercanas al estancamiento.

 

Es importante mencionar que las diferencias de género han tendido a desaparecer o a invertirse, creando situaciones desfavorables a los niños en países como Honduras, Nicaragua y República Dominicana.

 

Si hablamos no solamente de asistencia a la escuela, sino más bien de niveles de calidad de la educación, nuestros estudiantes en general no están recibiendo una educación adecuada a las necesidades del mundo actual ni están adquiriendo las competencias necesarias para un mundo globalizado.

 

Esa situación se agrava si observamos las importantes brechas entre lo que se logra en los sectores de mejores ingresos y entre las poblaciones más desfavorecidas en lo económico, principalmente en las áreas rurales. Estos colectivos presentan tasas más altas de repetición y de abandono escolar y resultados de aprendizaje más bajos. La educación no está logrando contribuir a la igualdad de oportunidades y ser un instrumento de movilidad social.

 

El Primer Estudio Internacional Comparativo sobre Lenguaje, Matemática y Factores Asociados, para alumnos de Tercer y Cuarto Grado de Educación Básica de 13 países de la región, efectuado por el Laboratorio Latinoamericano de evaluación de la calidad de la educación (LLECE) y coordinado por UNESCO/OREALC, puso en evidencia la baja calidad e inequidad en los aprendizajes. La mayoría de los alumnos aprende menos de lo que se espera que aprendan, especialmente en Matemáticas. Asimismo, los estudiantes de centros públicos urbanos y rurales tienen un menor nivel de desempeño que los centros privados. No obstante, incluso aquellos segmentos que logran los mayores niveles de aprendizaje tienen niveles mediocres en comparación a países del primer mundo, tal como se muestra en el Estudio PISA del año 2000 en el que participaron los países de América Latina.

 

La realidad educativa de la región muestra que aún queda un largo camino por recorrer para conseguir la plena participación e igualdad de oportunidades en la educación. Esto es no sólo en el acceso, sino que principalmente en la calidad y especialmente a aquellos grupos que más necesitan acceder a la educación para compensar su situación de desventaja. Esta desigualdad educativa legitima y acentúa la desigualdad de oportunidades sociales creándose un circulo vicioso difícil de romper.

 

Para hacer frente a esta situación, los ministros de educación de América Latina y el Caribe, convocados por la UNESCO, aprobaron en el año 2002, en la Habana, el Proyecto Regional de Educación (PRELAC) que tiene como horizonte el año 2017. Se trata de un proyecto estratégico orientado a propiciar los cambios que permitan alcanzar las metas de Educación para Todos al año 2015. En él se consideró que los cambios más importantes y urgentes en América Latina y el Caribe deben focalizarse en: a) Los contenidos y prácticas de la educación para construir sentidos acerca de nosotros mismos, los demás y el mundo en el que vivimos; b) Los docentes y el fortalecimiento de su protagonismo en el cambio educativo para que respondan a las necesidades de aprendizaje de los alumnos; c) La cultura de las escuelas para que éstas se conviertan en comunidades de aprendizaje y participación; d) La gestión y flexibilización de los sistemas educativas para ofrecer oportunidades de aprendizaje efectivo a lo largo de la vida; e) La responsabilidad social por la educación para generar compromisos con su desarrollo y resultados.

 

Esos focos estratégicos son definidos con un convencimiento de que no es posible resolver los problemas y enfrentar los desafíos educativos haciendo más o mejor de lo mismo. El proyecto tiene como finalidad promover cambios sustantivos en las políticas y prácticas educativas, transformando los paradigmas educativos vigentes, para asegurar aprendizajes de calidad para todos a lo largo de la vida, tendientes al desarrollo humano.

 

La gran tarea de nuestros países hoy por hoy es hacer que las definiciones de políticas educativas tomadas en los niveles centrales e intermedios de los sistemas educativos efectivamente lleguen a la escuela e impacten en el salón de clases y entre el profesor y el alumno. O sea, poner la gestión al servicio del aprendizaje.

 

SANTIAGO

 

organización de las naciones unidas para la educación, la ciencia y la cultura

united nations educational, scientific and cultural organization

organisation des nations unies pour l'éducation, la science et la culture

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