LA EDUCACIÓN SEGÚN LA LEY DE CALIDAD

 

Autor: Enrique Sánchez Rivas

 

E-mail: kiquesr@hotmail.com

 

Palabras clave: Ley de Calidad, política, legislación, reflexión, problemas educativos

 

Resumen: En el artículo se reflexiona sobre los aspectos más polémicos del Documento de bases de la Ley de Calidad, que se confronta con la LOGSE y con las actuales tendencias pedagógicas.

 

 

            La Ley de Calidad es la respuesta del Ministerio a una demanda de los agentes implicados en eso que llamamos “Sistema Educativo”. Nadie pone en duda el fundamento, tanto a efectos prácticos como teóricos, de la petición de auxilio que la comunidad educativa lanza al Gobierno. Lo que sí es cuestionable, al menos desde mi punto de vista, es la respuesta en forma de ley que la responsable de la cartera de educación trata de presentar como solución a todos los males derivados del “progresismo” de la LOGSE

 

            El sentido común sugiere que la “Teoría del blanco y del negro” no es aplicable en educación. Por ello mi opinión es que ni lo anterior (LOGSE) era tan malo ni lo que viene (Ley de Calidad) es tan bueno como nos vende la Administración. Una vez descubierta esta falacia podemos entrar en la valoración de la propuesta legislativa.

            Independientemente de las inclinaciones ideológicas, sería una necedad negar las evidencias. Y una evidencia es que esta nueva ley contiene determinados elementos que mejoran lo anterior. Esto es así, entre otras cosas, porque los responsables de su elaboración han partido de la constatación objetiva de las deficiencias del texto legislativo vigente. Algunos elementos que han mejorado son la atención al alumnado inmigrante, la organización y dirección de los centros educativos o la capacitación pedagógica de los docentes de la ESO y Bachiller.

 

            La mejora de tales apartados viene dada por la aproximación de las soluciones legislativas a los problemas reales.  Siguiendo este principio la propuesta de ley presenta como solución encubierta al problema disciplinario surgido de la estructura del sistema implantado por la LOGSE la imposibilidad de repetir dos veces un mismo curso. Dicha solución, a efectos prácticos, consiste en “sacar de escena” a los alumnos cuyas capacidades intelectuales o condiciones personales les convierten en una fuente potencial de problemas, los “repetidores”.

 

            Es obvio que una “criba” de estas características va a reducir porcentualmente el número de alumnos problemáticos en las aulas. Por lo que la finalidad legislativa de solucionar los problemas disciplinarios queda satisfecha. Sin embargo no se contemplan los nuevos problemas que pueden derivarse de la segregación del alumnado con dificultades de aprendizaje. Y no me refiero a los problemas personales (frustración, sensación de fracaso, problemas de autoestima, etc.), que ya de por sí son dignos de consideración, sino a los problemas de orden social en los propios centros. Problemas como la consolidación de dos categorías de alumnos, la creación de “guetos” (“la clase de los repetidores”) en el propio centro, etc.

 

            En base a ello creo que la Ley no soluciona los problemas disciplinarios del centro. Lo que sí hace es trasladarlos todos a una misma aula.

 

            Además de incorporarse medidas como la citada se recuperan otros métodos poco recomendables desde el punto de vista pedagógico para retomar el control de la parcela disciplinaria. Es el caso de la evaluación sumativa para la etapa de Secundaria.

 

            La evaluación deja de ser continua y, por tanto, deja de entenderse como “el conjunto de prácticas que sirven al profesorado para regular, revisar y ajustar el proceso de enseñanza y aprendizaje a los progresos o dificultades de los alumnos y alumnas, según se van detectando a lo largo de la escolarización” (MEC, 1992), para ser considerada en su acepción más tradicional, la del “examen final”.

 

            En congruencia con este modelo evaluativo se recupera la obligación de demostrar los conocimientos adquiridos durante la etapa de Bachiller en una prueba única como requisito indispensable para la obtención del título de la citada etapa y para la prolongación de la formación en el sistema educativo público. A esto hay que sumarle una nueva prueba de acceso a la Universidad que entrará en vigor con la LOU.

 

            Es irrebatible la eficacia disciplinaria de los férreos métodos educativos de antaño, que gracias a esta Ley se recuperan de los tratados de historia. Sin embargo tampoco admite refutación el hecho de que esta metodología conlleva un abandono de todos los logros pedagógicos alcanzados por la LOGSE.

 

            Pero que la Pedagogía era algo secundario en la Ley de Calidad es algo que queda patente con la mera lectura de su preámbulo, en el que se sustituye la anteriormente (LOGSE) repetida expresión “necesidades educativas” por la de “exigencias formativas”. En la línea de este giro léxico se enmarca una propuesta legislativa hecha a medida de las demandas de competitividad, eficacia y resultados propias de la globalización capitalista mundial.   

 

 

 

Reseñas bibliográficas:

 

 

Ø       MECD (2002): Documento de bases de la Ley de Calidad (presentado a los consejeros de Educación de las Comunidades Autónomas reunidos en Conferencia Sectorial).

 

Ø       MEC (1996): La evaluación de la ESO. Secretaría General de Educación y Formación Profesional. Madrid.

 

Ø       Orden de 12 de noviembre de 1992 sobre la evaluación en Educación Secundaria Obligatoria (BOE del 20).